Siento cómo, a cada paso, mi presión aumenta y la rabia me impulsa a correr cada vez más y más rápido.
En muy poco tiempo lo alcanzo; parece que las heridas le están afectando y hace que pierda fuerza, corriendo cada vez más lento. Cuando estoy cerca de él, me lanzo y lo tomo de uno de sus brazos, deteniéndolo de golpe. Él no opone resistencia, como si se rindiera. Cuando lo arrastro y lo tengo cerca de mí, le hago una llave para poder inmovilizarlo. Saco mi arma y le apunto a la cabeza, Siento cómo la adrenalina y la rabia corren por mis venas, pidiendo a gritos que dispare.
Pero no puedo. No logro apretar el gatillo, no sé, no sé si es mi conciencia que me frena o mi miedo, pero no puedo. Siento su pequeño cuerpo temblar y cómo empieza a sollozar. No pensé que esos bastardos pudieran sentir algo luego de todo lo que han hecho desde que llegaron.
A cada segundo que pasa siento más rabia, pero a la vez algo de lástima. ¿Por qué? Estos gusanos mataron a mi hermana y lo más probable es que a la mitad de la población humana... pero, ¿Cuáles son las posibilidades de que sea su culpa?
Aun así, ellos mataron a mi hermana. Además, ¿para qué vino él si no era para involucrarse en esta catástrofe? ¿Pero y si lo obligaron? Siento cómo mi mente está en guerra, no sé si matarlo o dejarlo vivir. Si lo mato me estaría vengando, pero sería igual de malo que ellos. Pero si lo dejo vivir, puede que les diga a los demás alienígenas y así ser el culpable de la extinción de la humanidad, o, mejor dicho, lo que queda de ella.
- ¡Por favor, no me mates! ¡Ten piedad, te lo suplico!
Sus palabras me sacan de mi mente, dejándome más en duda que antes. Siento cómo la presión empieza a consumirme poco a poco, segundo a segundo. Y mi corazón solo retumba en mis oídos, pidiendo que lo deje salir.
- ¡¿POR QUÉ?! ¡USTEDES MATARON A MI HERMANA!
Siento cómo de nuevo las lágrimas salen de mis ojos, perdiendo algo de fuerza en la llave. Él voltea la cabeza un poco y me mira con una mueca de terror, miedo y sorpresa. Es como si le hubiese dicho algo malo o algo inesperado.
- ¡¿Qué?!
Como "¡¿Qué?!" Su respuesta me impresiona y confirma un poco mi teoría, pero me hace preguntarme, ¿será que él no sabe qué hace aquí? Siento que es muy raro, pero ¿y si es así? No es su culpa lo que le pasó a mi hermana y sería un delito matarlo. Incluso, si lo fuese, ¿merece el mismo destino que tuvo ella? Siento cómo la rabia, adrenalina y presión desaparecen poco a poco, y así caigo en cuenta de mi entorno y de lo que me rodea. Realmente no sé si sentirme feliz o aterrado por esto...
- Maldición
No había notado que estábamos ya muy lejos de la tienda. Es decir, sí sabía que estábamos fuera de la tienda y que nos habíamos alejado, pero no casi una cuadra. Todo el escándalo que habíamos generado pudo haber llamado la atención de cualquiera y ponernos en peligro. Siento cómo la sangre baja a mis pies, dándome un escalofrío.
En eso, escucho unos pasos acompañados de unas voces. ¡Demonios! Pandilleros. Lucas parece notarlos también. No lo pienso mucho, lo tomo del brazo y salimos corriendo. Él rápidamente entiende la situación y me sigue. Juntos corremos de nuevo a la tienda.
No sé por qué lo ayudo. Somos enemigos, pero, aun así, lo hago. Intento planear qué hacer, cuál será el siguiente paso. No puedo hacer las cosas sin tener un plan. Es muy peligroso en estos momentos hacer algo sin pensar. Sería casi un suicidio. Así que tengo que pensar rápido qué hacer.
Cuando llegamos a la tienda, casi instintivamente, entramos al área de empleados. Decido justo antes de cerrar la puerta poner el cartón para disimularla un poco, como lo encontramos cuando llegamos hace un par de horas.
Mientras los pasos y las voces se acercan más y más, cierro la puerta lo más sigilosamente posible para no ser escuchados, pongo el seguro y me recuesto en ella, preparo mi arma, listo para disparar. Me quedo en silencio, esperando. Lucas también se recuesta en la puerta y ambos nos quedamos callados, en silencio, preparados para lo que sea que pueda pasar. Siento cómo mis músculos se tensan al escuchar los pasos dentro de la tienda, recuesto mi oreja en la puerta para oír mejor, miro a Lucas y él también hace lo mismo.
No sé qué tan buenos o malos sean los sentidos de los alíen, si pueden oír o ver mejor. Tengo tantas preguntas, pero las dejo en el aire. Este no es el momento para ponerme como un niño pequeño y preguntar por cualquier cosa que vea o escuche. Es el momento de quedarse quieto y prepararse para lo peor. Fuera se escuchan unas 3 voces. 2 de ellas son de chicas y la otra es de un chico. Se ríen y charlan entre ellos. Parece no importarles que lleguen las naves y los maten o que vengan otras pandillas y se enfrenten. Afuera, muchas cosas se escuchan caer: cajas, paquetes, botellas y quién sabe qué más. Luego de un rato de búsqueda y tirar cosas, se van entre bromas y risas.
Siento cómo mis músculos se relajan y puedo respirar tranquilo. Miro hacia donde está Lucas, quien también respira ya más calmado. Doy unos pasos atrás al notar que estamos muy cerca el uno del otro, alzo mi arma y le apunto a la cabeza otra vez. Su mirada se dirige justo a ella y luego a mí. En su cara, el miedo y la incertidumbre salen de sus ojos en forma de gruesas lágrimas.
Respiro profundo y, como si mi corazón y mi mente se hubieran puesto de acuerdo por fin, de mi boca sale el veredicto final de este juicio.
- Escúchame bien, no te voy a lastimar.
- Ay, qué bien, ya el suspenso me estaba matando
- Pero es bajo las siguientes condiciones. Primero, no le contarás a tu gente nada de este encuentro.
- Tranquilo, jamás pasará
Me quedo un momento callado, analizando sus palabras y no entendiendo por qué lo dijo de esa forma, como si les tuviera cierto resentimiento, pero no me detengo mucho en eso y sigo.
- Segundo, luego de mañana cada uno tomará su camino. Y tercero, no me buscarás ni me seguirás ¿entendido?
- Entendido.
Quito mi arma de su cara y la apunto al sofá. Casi instantáneamente, él se dirige hacia él. Yo no le quito el ojo de encima, preparado para cualquier cosa.
- Duérmete, es mejor que descansemos lo que queda de noche
- Está bien... descansa.
Toma la manta y se recuesta. No pasa ni un minuto cuando veo que se queda dormido. Bajo mi arma y suspiro, relajándome.
Verifico el seguro de la puerta, no sea que los pandilleros vuelvan a buscar más cosas. No quiero despertar a las cuatro de la mañana con una navaja en mi cuello y rodeado de gente que me quiere matar o lastimar. Eso es lo último que me faltaría. Me dirijo al otro sofá y me recuesto en él, dejando caer mis músculos, mientras mis ojos se dirigen hacia donde está Lucas y noto que casi todas sus vendas están empapadas de sangre. Me preocupa un poco, pero no hago nada. No es mi responsabilidad cuidar de él, así que dirijo mi mirada a otro punto del cuarto.
Tomo la manta que se había caído al suelo y me arropo con ella. Espero unos minutos a ver si me da sueño, pero nada. Mi mente en blanco empieza a divagar y hacerme miles de preguntas.
¿Por qué Lucas bajó solo? ¿Por qué se enojó al nombrar a su gente? ¿Quién habrá sido en su pasado? ¿Y su familia? ¿Los alíen tienen familia? ¿Sabrá alguien que lo conozca que está aquí? ¿Será que él no sabe las atrocidades que su gente ha hecho a la mía?
Luego de un rato, mis preguntas se disuelven en mi mente, olvidándose en el mar de la conciencia, mientras mi respiración se vuelve cada vez más lenta. Siento los párpados cerrarse por una fuerza invisible llamada sueño. La oscuridad abarca mi vista mientras Deseo que esto sea un sueño, un mal sueño del que quiero despertar. Pero lamentablemente sé que es la realidad y que mi despertar será un grito más de dolor y muerte.
Y así, en medio de esa oscuridad y pesadumbre, caigo en un sueño profundo, envuelto en mis propios pensamientos y temores.

Comments (0)
See all