Mientras el sol se eleva en el horizonte, sus rayos acarician mi rostro, regalándome un hermoso amanecer.
Abro los ojos, permitiendo que mi mente se conecte con el entorno. Siento una ligera molestia, un dolor de cabeza, persistente pero leve. De repente, los recuerdos del día anterior inundan mi mente: la explosión de la nave, el encuentro con Lucas, el aterrador encuentro con los pandilleros, entre otras cosas, Estos recuerdos tensan mis músculos y hacen que mi dolor de cabeza empeore, volviéndose aún más molesto.
Decido levantarme y buscar alguna pastilla para aliviar mi dolor de cabeza, explorando los botiquines en busca de alguna solución. Encuentro un frasco lleno de analgésicos, lo cual me alivia bastante. Tomo dos pastillas y me sirvo un vaso de agua para ingerirlas. Mientras lo hago, levanto la mirada hacia donde se encuentra Lucas. Todavía se ve como un extraterrestre, con su piel verde, orejas ´puntiagudas y sus dos antenas que lo delatan. Pero si no fuera por esos detalles mínimos, no parecería un alienígena, luciría como cualquier humano. Nuestras especies son similares y diferentes al mismo tiempo, pero con un odio mutuo implacable.
Aún me sorprende que un extraterrestre haya descendido a la Tierra sin protección y en solitario. Pero también me asusta pensar en cuántos alienígenas pueden estar entre nosotros en este momento. Si antes no se podía confiar en nadie, ahora mucho menos. Los alienígenas y los humanos somos muy similares en muchos aspectos y si se compara la imagen que Hollywood nos ha vendido durante años con la realidad, no se parecen en casi nada físicamente. Lo único en común es que ambos caminamos sobre dos piernas, pero en términos de inteligencia, nos superan de manera estratosférica.
Después de tomar el analgésico, me pongo en movimiento. Tomo mi maleta y la lleno con todo lo que pueda necesitar: comida, agua, botiquines y una manta. Cierro la maleta y la cargo sobre mi hombro, preparado para continuar mi camino. Me dirijo hacia la puerta y justo antes de abrirla para salir de la zona de descanso, me vuelvo para mirar a Lucas. Aún está dormido. No sé cuánto tiempo necesitan los alienígenas dormir para no volverse locos. Aun así, debo dejar atrás aquel enigma lleno de preguntas y respuestas. Abro la puerta y salgo de aquel lugar que ha estado perturbando mi mente. Una vez afuera, dirijo mi mirada hacia las montañas, consciente de que ese es mi destino. Comienzo a caminar hacia lo desconocido, hacia un futuro incierto.

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