A cada paso, a cada suspiro, no puedo evitar que la nostalgia me golpee.
En mi mente llega el recuerdo de mi hermana y de mis amigos; todas las veces que llevé a Lisa a la universidad y las trasnochadas que nos pegábamos con mis compañeros cuando teníamos que hacer proyectos... Solía disfrutar mucho de eso. Sé que no debería divagar mientras camino por la ciudad, el riesgo de que me pase algo es constante, pero aun así no puedo evitar revivir el pasado.
El sonido de mis pasos hace eco en toda la calle, miro hacia adelante y solo veo edificios, pero sé que más adelante están las montañas y ahí es mi destino...
Normalmente soy una persona muy centrada en lo que hago y no suelo divagar mucho... Pero desde la llegada de los alienígenas a la Tierra, no he podido evitar soñar despierto. Bueno, más que soñar, es recordar... Una leve brisa del oeste llega a mí, trayendo todo el aroma del mar... Eso me recuerda a mi último verano, que fue hace casi un año.
Aun lo recuerdo como si hubiera sido ayer... Fue el 22 de julio del año 2023, un sábado. Con mis amigos nos reunimos ese día para ir a la playa, para pasar el rato y disfrutar. Ese día fue todo el grupo: Sara, Laika, Ángel, Edwin, Pedro, Maicol, Apolo, Mía, Amanda y sus dos hermanas mayores, gemelas Tiana y Diana. También decidí llevar a mi hermana. La gran mayoría de mis amigos los conocí en la preparatoria y a otros en la universidad, pero nos llevábamos muy bien.
Habíamos quedado en llegar a las 10 de la mañana a la playa, algunos llegaron antes y otros más tarde, mi hermana y yo fuimos de los primeros en llegar, ya que nuestra casa quedaba a tres cuadras de la playa. Maicol, Apolo y Mía ya estaban allí, vivían en una residencia estudiantil a una cuadra de la playa. Luego de un rato, el resto comenzó a llegar.
Ese día hicimos muchas cosas: jugamos vóley, nadamos, mi hermana me enterró en la arena, comimos y charlamos. Después del almuerzo me quedé dormido... Descansé durante unas tres horas aproximadamente, habrían sido más de no ser porque mi hermana y Amanda me despertaron.
- ¡Hermano, despierta! Tenemos que disfrutar un poco más antes de irnos
- ¡Frank, despierta!
El grito me dejo temblando los tímpanos, una cualidad de Amanda es que su voz es muy dulce, pero a la vez muy aguda, y cuando grita supera los 90 decibeles, así que no es muy agradable que te grite en el oído, y mucho menos si estás dormido.
- ¡Amanda, no me grites en el oído!
- Qué aburrido, ven, disfruta, ya casi será de noche y tendremos que irnos.
- ¡Vamos, hermano!
Me levanté, me limpié la arena que se había pegado al traje de baño y me dirigí al mar para darme un chapuzón. Mi hermana, que había adivinado mis intenciones, salió corriendo hacia el mar. Empecé a seguirla, no sin antes echar un vistazo. Observé a Amanda dirigiéndose hacia sus hermanas, quienes estaban hablando con Sara.
Me detuve en seco, contemplé su bello físico y la suave sonrisa que se dibujaba en su rostro. Sentí cómo mi corazón se aceleraba y el rubor pintaba mis mejillas. En ese momento respiré profundo y cambié de dirección; estaba dispuesto a hablar con ella. Amanda era mi amistad más antigua, la conocía desde la secundaria y desde hace unos años me gustaba. Ese día decidí que le diría cómo me sentía y le pediría que fuera mi novia.
Pero al final me acobardé...
Hasta el día de hoy me siento mal y con un enorme arrepentimiento por no haberle dicho en aquel momento lo que sentía por ella. No sé qué pasó con mis amigos después de la llegada de los alienígenas a este mundo, lo más probable es que hayan muerto a causa de las naves, al igual que mi hermana, mi estrellita. Pero tengo la esperanza de que algún día me vuelva a encontrar con Amanda y que por fin pueda contarle todo aquello que no pude aquel día...
Mientras siento que mi corazón se hunde en lo más profundo de mi pecho, un grito hace retumbar mis oídos y me arrastra de nuevo a la realidad. Me detengo y miro a mi alrededor.
El ruido hace eco en todos los edificios del centro de la ciudad, confundiéndome, no sé de dónde viene.
- ¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHH!
De nuevo ese grito, miro en todas direcciones, intentando descifrar de dónde viene. Cada vez que lo escucho, más me pregunto la dirección de esos gritos. Doy vueltas y vueltas sobre mí mismo, el ruido de los gritos desesperados hace que empiece a sentirme mal, siento que mi estómago se revuelve y empiezo a tener un ataque de pánico.
Esto solía pasarme cuando era niño y tenía que hablar frente a mis compañeros. Realmente deseaba en aquellos momentos que me tragara la tierra, también cuando hacía algo mal y tenía que replantearlo y corregirlo. Tenía que darle la vuelta. Sé que suena fácil, pero para alguien como yo, que soy obsesivo con las cosas y que si no las hago me siento culpable, es un gran problema. Aunque con los años lo he ido superando, aprendiendo a no obligarme a hacer cosas que se pueden hacer otro día o a tomarme un momento para relajarme y descansar.
Desearía que esta fuera una ocasión así... pero no lo es, ya que, por donde elija ir, será cuestión de vida o muerte. En este punto, empiezo a dar más y más vueltas para ver de dónde vienen los gritos. Cada segundo que pasa aumenta mi estrés, y al final, la desesperación me hace salir corriendo para huir de esa situación.
Los gritos, el estrés, la desesperación, me hacen querer escapar. Sigo intentando descifrar de dónde vienen los gritos para poder ir por el otro lado, para esquivarlos. No quiero enfrentarme a nadie ni a nada, tampoco quiero involucrarme en algún problema. Solo quiero escapar y llegar a las montañas.
La presión de tomar una decisión y los nervios que me producen esos gritos hacen que tenga esa reacción. Lo único que pasa por mi mente es el deseo de que por donde haya salido corriendo no me encuentre con lo que sea que esté generando esos gritos. El riesgo no es solo esa situación, sino que el ruido que generan puede atraer a los alienígenas y a las pandillas.
Ruego para que por donde haya decidido ir no me lleve a eso... pero si es así. Tengo que estar preparado para lo que sea. Tal vez estos sean mis últimos momentos de vida. Espero que no sea así.

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