Su respiración es agitada, mis brazos rodean su cuello, sujetándome con la poca fuerza que tengo, sintiendo cómo corre la sangre por sus venas, o al menos eso creo, pero se nota claramente que hace un gran esfuerzo corriendo y llevándome en sus brazos. Y aquí estoy, sin poder hacer nada, luchando por respirar. Me siento tan patético, me frustra no poder hacer nada en esta situación, nada para poder ayudarlo.
Detrás de nosotros, la nave nos sigue incansablemente. No sé si alguien la controla o si se mueve por cuenta propia, pero pensar en eso solo me genera aún más terror. ¿Cuál es su límite? ¿Será siempre así? La tecnología sigue avanzando sin cesar, pero ¿dónde está el fin de ese avance? Solo tengo algo claro: esa máquina no se cansa, pero nosotros sí.
Mientras Lucas corre, diviso a un lado, más adelante, un edificio que reconozco: es "El Jardín", una empresa de ropa donde trabajaba mi padre. Es un edificio lleno de oficinas, repleto de cosas. Sus puertas son giratorias y dudo que estén cerradas, la única forma de cerrarlas era desde adentro. Con las pocas fuerzas que me quedan, le hablo a Lucas.
-Entra a ese edificio, el que dice 'El Jardín', las puertas están abiertas
Él voltea y ve el edificio, sin dudar un instante cambia de dirección y se dirige hacia allí. Empuja la puerta con una fuerza descomunal, abriéndola de golpe, casi rompiéndola. Una vez dentro, la nave se detiene, apaga su foco y continúa por la larga calle en dirección al norte. Lucas respira aliviado, y yo también; ya no nos persigue y podemos descansar un poco.
Sin embargo, esta tranquilidad no dura mucho tiempo. Detrás de nosotros, se escucha un ruido, el sonido de un objeto de vidrio o cerámica callándose y rompiéndose en mil pedazos. Lucas voltea asustado hacia el lugar de donde proviene el ruido, y yo solo puedo mirar con temor. No estamos solos, alguien o algo está aquí, y ese algo puede no ser amigable. Tal vez solo busca atacarnos. Sin armas, aparte de mi pistola, esta situación se vuelve cada vez más arriesgada. No soy de mucha ayuda en estas circunstancias, de hecho, me siento más como una carga que cualquier otra cosa. Mi estado actual, casi paralizado, me convierte en una carga en lugar de una ayuda. Todo esto por culpa de esa maldita nave.
Siento cómo Lucas se muere de miedo. No es necesario mirarlo para saber que su cara muestra pánico. Y no hablemos de mí, también estoy asustado.
-Déjame y huye, sálvate
-¡¿Qué?! No, no lo haré. Tú... tú me salvaste, me salvaste la vida sin saber quién era yo. Solo lo hiciste, aunque casi me matas. No te juzgo. No quiero imaginar de qué manera ves a mi especie y qué atrocidades, pérdidas, dolores y tristezas te han generado, todo por un deseo egoísta.
Sus palabras me sorprenden. La sinceridad en su voz es impactante, como si pudiera escuchar su alma. No puedo evitar preguntarme ¿quién es en realidad? ¿quién es Lucas? ¿quién se oculta detrás de ese disfraz? Me siento como un tonto al creer que todos son iguales y que todos pagan las consecuencias y el odio de miles de personas por los actos de unos pocos. ¿Qué pensarán ellos de nosotros? Me siento estúpido.
Mientras reflexiono, un movimiento abrupto me saca nuevamente de mis pensamientos. Lucas me baja y me deja en un sofá que hay en la entrada, junto a la recepción. Se agacha y coloca mi mochila en el suelo, también deja otra maleta. Me resulta extraño, no me había percatado de que él también tenía una maleta. Supongo que la consiguió después de dejarlo en la tienda.
En eso, veo cómo abre su maleta y empieza a buscar entre sus cosas. No sé qué tipo de objetos llevará en ella, y tampoco me interesa mucho saberlo. Pero entonces, saca unos alicates. Eso me sorprende. Se va a enfrentar a esa cosa o ser.
-No te enfrentes, no sabes contra qué estás peleando. Te puedes lastimar.
Él levanta la mirada, nuestros ojos se encuentran de nuevo. Se siente como la primera vez que los vi. Detrás de ese cabello rojo largo y desordenado, me doy cuenta ahora de que su pelo es realmente ondulado, muy ondulado. Sus ojos grises, enormes y expresivos, son de esos ojos que te atraviesan. Creo que aquel dicho que dicen es verdad, "los ojos son la ventana del alma", se aplica a él a la perfección. En sus ojos veo inocencia y esperanza, y no solo eso, también una mezcla de honestidad y lealtad. Pero en lo más profundo de su mirada, hay un toque de tristeza que me genera compasión. Él solo me mira y me sonríe.
-No te preocupes, solo confía en mí...
En eso, se levanta. Yo solo puedo observarlo. Se acerca al lugar donde cayó aquel objeto. Noto cómo toma los alicates con algo de miedo. Su mano tiembla y se tensa. Está nervioso.
-Sal de donde sea que estés, ya sabemos que estás aquí. No te escondas. ¡Sal de una vez!
En ese momento, un leve movimiento se hace presente entre la recepción. Lucas se tensa y se prepara. Logro moverme un poco y veo cómo alguien sale de entre las sombras. Solo espero que no sea un enemigo.

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