Todo era un mar blanco, como si el mundo entero hubiera sido envuelto en una manta blanca suave y silenciosa. El verde del pasto húmedo apenas se asomaba entre la capa de lo que parecía ser un lienzo blanco infinito. Me agaché, dejando que mis dedos rozaran la superficie.
«Yuka, ¿qué es todo esto?» pregunté con los ojos muy abiertos, llena de emoción, mientras tocaba aquello tan blanco y frágil. Yuka respondió de inmediato, su voz algo distante: “Agua congelada, lo llaman nieve.”
Me quedé en silencio, parpadeando. «¿Agua... esto?» pensé, incrédula. Era difícil imaginar que aquella suavidad bajo mis manos, tan diferente a cualquier otra cosa que hubiera tocado antes, fuera simplemente agua en otro estado.
Sin poder resistirme, agarré mi abrigo y comencé a amontonar toda la nieve que pude dentro. Era ligera, pero fría, ¿no?, y la sensación me hacía cosquillas. Yuka me había explicado que podíamos moldearla. “Es como el barro” me dijo. Sin perder tiempo, empeze a hacer figuras. Primero algo simple, un pequeño montículo que se fue transformando. Cada una de mis creaciones era más rara y exótica que la anterior. Lobos con alas, una especie de lobo con colas de dragón, y algunos otros intentos fallidos de lo que podría haber sido un ser increíble que pudiera existir, pero que terminó pareciendo más una bola con patas.
Los pasos crujientes sobre la nieve se oyeron a lo lejos. Los conocía bien. Giré rápidamente, y allí estaba, su figura grisácea sobresaliendo entre los árboles. El dragón salía del bosque como si estuviera hecho de la misma niebla que flotaba en el aire. El viento frío se enredaba en su cuerpo, pero él no parecía notarlo, al igual que yo que no podía sentir frío. Su sola presencia, seguía irradiando aquella paz que siempre se notaba en él.
Sin dudarlo, corrí hacia él, el frío desaparecía con cada paso que daba. «¡Hola, ¿cómo estás?!» dije emosionada, llenas de alegría. Mientras me acercaba para acariciar sus enormes escamas. Su cuerpo emitía un calor agradable, y su respiración, pesada y rítmica, me despeinó con un suave resoplido que me hizo reír.
El dragón me miró con aquellos ojos antiguos y sabios, inclinando la cabeza con curiosidad hacia algo detrás de mí. Giré para ver lo que había captado su atención, y me di cuenta de que estaba mirando las figuras de nieve que había estado haciendo. Una mezcla de formas extrañas que intentaban, en su torpe manera, parecerse a dragones. Claro, ninguno de ellos se acercaba a su verdadera forma, pero cada uno tenía su propio toque divertido y disparatado.
«¡Mira, te hice a ti!» le dije divertidamente. Intenté guiar al dragón hacia donde estaban las figuras de nieve. Él me siguió con pasos lentos, observando cada una de las figuras con atención, aunque note que el calor que irradiaba a su alrededor dejo de sentirse. Mientras se acercaba más y más a las figuras.
Llegó al primero de los "dragones" de nieve, inclinó su enorme cabeza y lo olfateó, emitiendo un suave gruñido, como si estuviera considerando seriamente su validez como uno de los suyos. Luego, con un movimiento casi juguetón, usó su hocico para empujar una de las pequeñas figuras, que colapsó en un montón de nieve. Me reí, sabiendo que él no se burlaba, sino que lo había hecho por pura torpeza eso pensé...
Era extraño pensar que aquel ser, que podría destrozar montañas y atravesar cielos en segundos, pero ahora caminaba a mi lado con si fuera una criatura similar a mi. Para mí era sorprendentemente inteligente, y en ese momento, era más como un amigo curioso que como la bestia legendaria que las historias.
Me acerqué nuevamente a él, acariciando su grueso y cálido cuello. Levantando una nube de nieve que cayó suavemente sobre nosotros. Me reí, mientras la nieve caía como pequeños copos danzantes a nuestro alrededor, añadiendo más magia al momento.
Nos quedamos un rato allí, yo a su lado, observando cómo el dragón paseaba entre nuestras esculturas, derribando algunas suavemente y dejando otras intactas, como si aprobara su forma.
Ese día, con el frío aire de invierno llenando mis pulmones y el dragón caminando a mi lado.
Luego de haber jugado unas cuantas horas, nos fuimos directo hacia el lago que siempre visitábamos juntos, era algo de casi todos los días. Hoy era sorprendentemente extraño… cesantía tan real. Pareciera un «Sueño de los que hablo Yuka una vez»..
El dragón parecía ser el de siempre, pero sus ojos ya no brillaban con el mismo amarillo puro y radiante. Había algo diferente en él, una especie de opacidad, como si el fuego que ardía en su mirada se estuviera apagando lentamente. No podía dejar de observar esos ojos, los mismos que siempre me habían dado una sensación de calma y seguridad, pero ahora... ahora parecían vacíos.
De repente, una voz empezó a surgir de la nada, apenas un murmullo al principio, pero poco a poco fue creciendo, llenando el aire a mi alrededor. La voz no provenía de ningún lugar específico, era como si viniera de todas partes y de ninguna al mismo tiempo. Me detuve pensando que era Yuka tratando de hablar conmigo, pero al escuchar con más atención. Era una voz no había conocido, aunque me pareció haber escuchado antes en los ecos más profundos de mí ser sabía quien era.
El dragón, que nunca había hablado antes, ahora me estaba hablando. Su voz era suave, pero profunda, resonando en mi interior, como si cada palabra que pronunciaba tuviera el peso de los siglos. Sin embargo, lo que decía era incomprensible. Era un idioma antiguo, Cada palabra parecía llevar consigo el eco de algo grandioso, algo vasto y desconocido, pero a la vez, imposible de entender.
Intenté concentrarme, pero cuanto más lo escuchaba, más confusa me sentía. Mis pensamientos se mezclaban, creando una maraña de imágenes y sonidos que me hacían sentir perdida. De repente, el dragón detuvo su narración y fijó sus ojos en los míos. En ese instante, todo se congeló.
El mundo, tal como lo conocía, dejó de existir. Los árboles a nuestro alrededor, el aire todo se detuvo. No sabía qué hacer, me sentía atrapada, como si el universo entero me estuviera absorbiendo. Un sonido comenzó a resonar en mi mente, uno que había escuchado antes, pero que no podía saber de donde provenía. Me recordaba a alguien, a algo, pero todo era tan confuso, como si intentara recordar un sueño de los que tanto me habían hablado, pero que este se desvanecía lentamente.
Sin previo aviso, el mundo se desmoronó a mi alrededor.
Todo comenzó a romperse en pequeños fragmentos, como si el aire mismo se quebrara en mil pedazos. Los árboles se desintegraron, la luz se apagó, y el dragón... el dragón simplemente desapareció. Todo lo que me rodeaba fue arrastrado por la oscuridad, y yo quedé flotando en un vacío infinito, sin ninguna referencia, sin ningún ancla. Solo existía el vacío.
Estaba agitada, con un miedo que apretaba mi pecho, a la vez que intentaba gritar su nombre desesperadamente: «¡Yuka» Pero mi voz no llegó a ningún lado, no hubo respuesta! No había nada. El dragón no estaba, Yuka no estaba, aquella chica tampoco. El mundo entero había desaparecido, y yo estaba sola, suspendida en la nada.
Miré alrededor, tratando de encontrar algo, cualquier cosa que rompiera ese vacío. Pero no había nada. Solo la oscuridad interminable. Sin embargo, había algo extrañamente familiar en todo esto. Algo en mi interior me decía que ya había experimentado esto antes, pero no podía recordar cuándo o cómo. Con el tiempo, el miedo se desvaneció, reemplazado por una calma fría y resignada. Ya no tenía miedo.
Decidí comenzar a explorar, aunque no había caminos que seguir, ni señales que me guiaran. Puse todas mis energías en encontrar algo, cualquier cosa, pero ya ni siquiera recordaba qué era lo que estaba buscando. Solo caminaba o flotaba en esa inmensidad vacía, buscando algo pero sin un propósito claro.
No sabía cuánto tiempo había pasado, si es que el tiempo existía en ese lugar. Todo parecía infinitamente eterno. De pronto, un crujido resonó en el vacío, haciéndome detener. Parecía que el mismo espacio a mi alrededor se estaba agrietando nuevamente. Miré a mi alrededor, nerviosa, y fue entonces cuando lo vi.
Un destello cegador apareció cerca de mí, una luz brillante que iluminaba el vacío. No sentía miedo, solo una curiosidad inmensa. Me acerqué lentamente, mi cuerpo latiendo con fuerza. Del otro lado de la luz, vi un paisaje desolado. En el centro, una pequeña esfera brillaba con intensidad, y a su alrededor, pequeñas figuras que parecían hormigas... o tal vez humanos, no podía estar segura.
Nuevamente, el espacio tembló, y todo a mi alrededor comenzó a distorsionarse. Mi mente volaba de un lado a otro, intentando comprender lo que estaba viendo. De repente, me encontré en un cielo cristalino, flotando sobre un mar que parecía extenderse tanto debajo como sobre mí. No había horizonte, solo una inmensidad azul que me rodeaba.
Debajo de mí, algo gigantesco se movía. No podía verlo con claridad, pero podía sentir su presencia, escuchar los pesados aleteos de sus alas. Parecía interminable, tan vasto que no podía comprender su verdadera forma o tamaño. Y entonces, todo comenzó a desvanecerse nuevamente.
Caí, descendiendo rápidamente hacia el agua cristalina. Cuando toqué la superficie, todo se volvió borroso. Un destello amarillo llenó mi visión, y antes de perder completamente la consciencia, vi una cara conocida mirándome con preocupación.
«Amel... sí, era Amel.»
Su voz, urgente, me trajo de vuelta a la realidad. «Oye, despierta, tenemos que irnos ya» me dijo con un tono de desesperación. Desperté algo aturdida, pero rápidamente me apresuré a levantarme. Mientras me vestía y comía el desayuno, miré por la ventana y vi cómo la nieve caía suavemente, cubriendo la ciudad con su manto blanco. Era un espectáculo impresionante, y aunque ya sabía que duraría varios meses, cada vez que nevaba me emocionaba como la primera vez.
Después de desayunar, corrimos hacia el centro de la ciudad, donde casi todos los habitantes estaban reunidos alrededor de una enorme fogata.
La atmósfera era alegre y animada. Todos cantaban y bailaban, moviéndose con pasos extraños pero divertidos. Pasamos todo el día festejando, sin saber exactamente qué celebrábamos, pero la alegría de la ciudad era contagiosa. Incluso los niños correteaban y jugaban alrededor de la fogata, sus risas llenando el aire.
La comida fue servida para todos los que estaban presentes, todos comenzaron a comer mientras el frío quedaba atrás, al menos por un rato, en medio de la calidez de la celebración. Todo fue paz
El mundo nuevamente se distorsionó, que estaba pasando. Yuka y Amel no parecían notarlo, menos poder hacer algo… sobre esto. Que estaba pasando intente llamar su atención de diferentes modos incluso golpeando a Amel… Me disculpé luego de hacerla caer por el golpe hasta que desapareció rompiéndose en millones de fragmentos. Todos empezaron a explotar… uno tras otro.
«¿Estaba volviéndome loca?» me pregunté.
Un crujido espantoso… y un sonido de explosión gigantesco hizo explotar todo, para que luego una voz. «Disculpe que interrumpa su cálido y espléndido juego, pero está rompiendo todo el universo,»
«Quien eres?»
«Disculpe mi intromisión le suplico no me destruya.»
«Quien eres!» grite exaltada y confundida
«¿Usted borró su memoria?, disculpe mi grosería… Pero necesita dejar de jugar inconscientemente»
«Quien Eres!» grite furiosa a una silueta que estaba posando en el cielo calmadamente.
«Entiendo su enojo le suplico me disculpé nuevamente. Lo reportaré cuando acabe su juego mi señor»
«Maldita sea… Quien demonio eres» ya cansada dije mis venas empezaron a hincharse tanto y mi razonamiento se estaba perdiendo. Pero… sentí un golpe suave en la parte posterior de mi cuello.
Todo volvió a aquella oscuridad…
Para luego despertar nuevamente. Esta vez rápidamente salte de la cama y empecé a analizar todo y tocar la cara de Amel inclusive llamando a Yuka que se molestó porque la llame y le gritaba tanto.
Me tranquilicé cunado comprobé que todo fue… un sueño.
Pero…, mire por la ventana que caían copos de nieve… “¿todo fue un sueño?” me pregunté de nuevo.
Amel y Yuka seguía confundidas. Pero les expliqué. Y se calmaron porque podrá haber sido todo un sueño… Aunque Yuka se sintió rara porque fue la primera vez que Lumia soñaba con algo. Pero lo dejo pasar por el mero hecho de hacerla sentir más calmada y que no se preocupara. Aunque esto le siguió molestando
Este capítulo corto y algo reflexivo para Lumia… fue algo que me encontraba intrigado de mostrarles, esta parte más humana por parte de Lumia y como ya sé ha adaptado a vivir entre los humanos.
De parte de mí: el creador de esta Novela tan extraña!, les deseo una Feliz navidad y un próspero Año nuevo. Como dato extra: Para cuando este capítulo se publique el borrador del segundo volumen debería de estar por la mitad (50%)… ¡Aunque no daré fechas!
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