Comencé a preguntarme si Alice había encontrado algo que no debía, si su curiosidad la había llevado demasiado cerca de gente peligrosa, un grupo que, al igual que los inquisidores de antaño, se creía con el derecho de juzgar y castigar a las mujeres que consideraban una amenaza. Era una coincidencia aterradora, pero comenzaba a hacerme sentido. Pensé en algunas publicaciones que he visto. "Las veces que alguna víctima de desaparición llega a ser encontrada muestra signos de tortura de todo tipo..."
Procesar esta información no era fácil, la rabia y la impotencia me llenaban. Alice en su búsqueda por lo desconocido se topó con las personas incorrectas, sin saberlo se adentró en lo más horrendo del corazón humano. Y ahora me preguntaba ¿Qué clase de sádicos estaban detrás de esta inquisición moderna? Por supuesto después de investigar un poco, difícilmente podía imaginar a alguna mujer involucrada por voluntad propia, ya que en esencia eran el objeto de desprecio y su base ideológica no era más que una justificación absurda para las atrocidades más inhumanas contra ellas.
Me puse a indagar en internet en busca de algún indicio más esclarecedor, hasta el momento solo estaba suponiendo cosas. Me sentía asustada, y sobre todo enojada. La burocracia y sus protocolos sin sentido se sentían como un enorme lastre, algo que me mantenía atada de manos esperando quieta mientras Alice probablemente estaba sufriendo. Su voz seguía resonando en mis pensamientos mientras buscaba alguna pista de su ubicación. Entré a grupos de ocultismo en redes sociales, encontré uno donde Alice era miembro, y de inmediato pedí acceso, tras unos minutos y contestar un par de preguntas pude ver el contenido.
Una vez dentro, comencé a desplazarme entre publicaciones y comentarios. La mayoría eran lo que esperaba: teorías sobre entidades antiguas, prácticas de adivinación, referencias a símbolos de protección. Era como un foro donde Alice se sentiría en su elemento, llena de personas con la misma curiosidad por lo esotérico. Sin embargo, algo más sombrío captó mi atención, un usuario, bajo el nombre "Profeta Heinrich" se nota que era un miembro activo y publicaba con regularidad, y me detuve a leer sus posts. Casi todas sus publicaciones estaban llenas de referencias medievales, invocaciones, y juicios con reminiscencias a la Inquisición. Las cosas más asquerosamente fascistas disfrazadas de misticismo bíblico. Pureza, rectitud, las mujeres y el mal, eran los topos comunes de todo lo que sus dedos esputaban, y aún con la censura que caracterizaba esa red social, la violencia se sentía en sus palabras
"Ellas son el portal de la corrupción y el pecado, y deben ser redimidas o destruidas. A través del dolor, el cuerpo puede expiar los pecados que el alma soporta. Solo aquellos que atraviesan el tormento podrán ser liberados de la oscuridad que ellas mismas atraen."
Sentí un profundo asco, esta persona tenía todas las señas de ser un inquisidor moderno, una mente enferma con una obsesión medievalista y un desprecio retorcido hacia las mujeres. Comencé a buscar en sus publicaciones cualquier pista que pudiera indicar una ubicación o detalles de su identidad, alguna conexión con Alice. Pero no encontré nada concreto, solo referencias vagas a lugares de reunión y a "templos escondidos" donde, decía, el "fuego del juicio ardería nuevamente."
Me detuve en una de las publicaciones de Heinrich que era reciente, hecha unas horas antes "Esta noche, el juicio será ejecutado en honor al fuego purificador. Las puertas de la carne se abrirán y el mal será arrancado de su raíz." Me sentía tentada a enviarle un mensaje, preguntarle, interrogarlo directamente; pero sabía que cualquier error podría poner en peligro a Alice, si es que realmente estaba con estos fanáticos. "¿Dónde estás, Alice?" murmuraba en un intento desesperado de calmarme. Cada minuto parecía eterno, y la urgencia empezaba a castigarme.
Aún en medio de la ira pude detenerme y buscar sobre el evento al que había asistido Alice. Me enfoqué en buscar alguna publicación al respecto, y lo que encontré fue una reunión de brujas y hechicería, por lo que vi era una especie de bazar y exhibiciones. Entré a la convocatoria del evento y la organización como la asistencia parecía estar conformada casi exclusivamente por mujeres. Por primera vez sentí esperanzas, revisé las personas dentro del grupo que confirmaron asistencia y estaba el nombre de varias chicas ¿por dónde empezar? Revisé la tarjeta de perfil de esa lista y lo que llamó mi atención fue el indicativo "1 amigo en común" el cual remitía al nombre de Alice. Le escribí a las chicas que tenían alguna relación con Alice, y fueron unas 5 o 6, redacté un mensaje general explicando la situación y lo envié a cada una de ellas esperando su respuesta
No esperaba respuestas inmediatas, pero la comunidad demostró ser mucho más activa y dispuesta a ayudar de lo que imaginaba. En cuestión de minutos, algunos mensajes comenzaron a llegar. Algunas dijeron recordar haber visto a Alice en el evento, pero solo eso señales de que fue vista ahí. Entre los mensajes, uno en particular me llamó la atención. Una chica que se hacía llamar Lilith respondió que, aunque no había visto directamente a Alice, tenía información. Me apresuré a responder la conversación mientras sentía la ansiedad retorciendo mi estómago.
"Hace unos meses, intentaron secuestrarme después de un evento parecido. Me contactaron personas con ideas muy oscuras, gente que desprecia a las mujeres como nosotras. Si quieres saber más, te dejo mi número. No me siento cómoda hablando de esto aquí." Sin dudarlo acepté. En menos de una hora ya estábamos hablando por teléfono, y lo que Lilith me contó terminó de confirmar mis peores temores.
Sentía su miedo aún a través del auricular, contó cómo, había comenzado a recibir mensajes de personas que se interesaban en sus prácticas y conocimientos. Al principio, pensó que eran otros entusiastas de lo esotérico, pero pronto notó algo perturbador en sus palabras y en la obsesión que mostraban por la "pureza" y el "fuego del juicio".
—Me escribía alguien que se hacía llamar Profeta Heinrich —dijo Lilith, y sentí escalofríos— Al principio parecía interesado en el misticismo, en los rituales antiguos. Pero luego empezó a hablar de cosas extrañas como el “control de la carne”, la “expiación a través del dolor” y otras cosas muy oscuras. La última vez que lo vi fue en uno de estos eventos, cuando trató de persuadirme de ir con él a lo que llamaba su "templo".
Lilith me contó de cómo la situación se tornó peligrosa cuando algunos hombres intentaron forzarla a entrar en una camioneta después de otro evento similar. Ella logró escapar por lo que describió como una mezcla de astucia y suerte, pero desde entonces era cautelosa y evitaba los eventos públicos. Aun así, siguió investigando sobre el grupo de Heinrich, convencida de que se trataba de algo mucho más siniestro.
—Ellos operan en grupos pequeños y organizados. — Continuó — Heinrich es solo uno de varios "profetas" que se dedican a sustraer mujeres, especialmente a aquellas que se interesan por todo lo "pagano". Están obsesionados con la idea de la pureza, pero también con el castigo y la tortura. Creen que las mujeres que practican estos conocimientos tienen "demonios" dentro de ellas y que debe ser purificadas o destruidas.
Para este momento su voz se escuchaba rota y al borde del llanto, supuse que no era fácil decirlo en voz alta, y de algún modo me contagié de su miedo y su rabia, emociones que ardían en mi estómago al pensar a Alice en ese contexto.
—He conocido a varias que lograron escapar de esta secta, como yo. —Dijo tratando de recomponerse — Algunas han investigado lo suficiente para saber cómo operan y dónde suelen reunirse. Si tú estás dispuesta a enfrentar esto, puedo ponerte en contacto con ellas.
—Si, por favor —dije con la urgencia golpeando mi pecho — Si estas mujeres tenían la valentía y la experiencia para enfrentar al culto, definitivamente necesitaba de su apoyo. No iba a poder hacerlo sola. Era una esperanza a la me iba a aferrar sin dudarlo.
Lilith me agregó a un chat grupal privado con tres mujeres más, todas ellas sobrevivientes de estos encuentros y con la voluntad de ayudarme a traer a Alice de regreso. Una de ellas, que se hacía llamar Circe, parecía ser la más directa y experimentada. Ella había investigado varias ubicaciones donde operaba el culto y había identificado patrones en los días y horas de sus rituales. Sus conocimientos me dieron un mapa básico de cómo operaban y cuáles eran los lugares clave.
Durante las horas siguientes, el grupo, compuesto ahora por cinco mujeres, se organizó en torno a una estrategia. Decidimos que la mejor opción era infiltrarnos en una de las reuniones que, según Circe, tendría lugar en una de las casas abandonadas del Barrio Viejo. Era arriesgado, pero sabíamos que esta sería nuestra oportunidad de obtener información y, con suerte, localizar a Alice.
Hablamos sobre lo que había pasado cada una, sobre el miedo
y el deseo de venganza que ardía en cada una de nosotras, y, sobre todo,
comenzamos a idear una incursión en su "templo" hasta llegar al punto
de establecer una hora de reunión, qué haría cada quien, y después de leer
nuestra conversación, Lilith por fin envió un mensaje tan contundente como
inesperado "Las acompaño". Su respuesta me pareció sorprendente, y
creo que las demás pensaron lo mismo, pero Lilith lo explicó de forma simple
"Estoy asustada, pero, sobre todo, les tengo odio y asco, y si puedo
devolverles un poco del infierno que me hicieron pasar valdrá la pena".
Adaptamos nuestro plan para integrar a Lilith en él, no teníamos certeza de que
algo como eso pudiera funcionar, éramos solo nosotras, nuestra determinación y
la rabia que viene con el deseo de venganza.
En la primera hora del anochecer Lilith y yo nos encontramos en el punto de reunión, ahí nos esperaban Circe y poco después llegaron Agatha y Morgana, las otras dos chicas del grupo. Aunque todas eran de edades y características diferentes compartían puntos en común, como la forma de vestir extravagante (cada una a su forma), los símbolos esotéricos en sus accesorios, y ese aire de misticismo que les rondaba como una nube. En todas y cada una de ellas vi un poco de mi Alice. Respiré hondo antes de pronunciar palabras, sabiendo que yo era la única persona que parecía no pertenecer ahí.
—Les agradezco que estén aquí, aunque sé que no solo vienen por ayudarme a mí, cada una de ustedes tiene motivos fuertes para no dejar que sigan pasando atrocidades como esta, y sin importar lo que pase quiero que sepan que ustedes son más valientes que la autoridad que debería protegernos
Hubo un breve silencio, y antes de cualquier respuesta Agatha, quien parecía la más joven de nosotras intervino
—El plan no va a funcionar si vas vestida así— dijo entregándome una bolsa de plástico — Cámbiate para que nos vayamos pronto.
Tomé la bolsa entendiendo por qué lo decía y me apresuré a
obedecerla mientras las demás revisaban sus mochilas llenas de la
"utilería" necesaria para nuestro plan, y por mi parte, yo llevaba mi
propio "equipo", metí la mano bajo el asiento de mi carro para palpar
el objeto que siempre consideré que necesitaba para defenderme. Cuando
estuvimos listas las chicas abordaron mi carro, mientras yo conducía con Circe
ocupando el lugar del copiloto ya que ella era quien me indicaría el camino.
El lugar era como Circe lo había descrito, una casa abandonada, con los vidrios rotos y las paredes despostilladas, se notaba que llevaba años abandonada. Las luces de la calle no eran suficientes ni para iluminar la fachada, y el entorno era desolador, para empezar porque para llegar ahí hay que atravesar un camino de terracería en el cual a penas y hay señalamientos o alguna infraestructura urbana. Procuré no acercarme demasiado para no alertar de nuestra presencia a quien estuviera en la casa.
Apagué el motor y miré de reojo a las chicas que parecían concentradas aún en la oscuridad casi absoluta en la que estábamos. Bajaron del auto y tomaron sus cosas para empezar con nuestro plan. Circe abrió una de las bolsas que había traído, sacó varios amuletos de aspecto antiguo y objetos religiosos de magia negra que había conseguido. Entre ellos unos rosarios con crucifijos invertidos, velas negras y una pequeña cubeta de plástico cerrada que desprendía un olor peculiar. Agatha puso a un lado de la bolsa un pequeño cuenco de metal y un par de cuchillos rituales, mientras Morgana colocaba en un candelabro una serie de velas dispuestas en forma de pentagrama. Nos miramos y supimos que la apariencia debía ser lo más convincente posible.
—Listas para la misa negra —dijo Agatha con un toque de ironía, y todas reímos, aunque nuestra risa fue corta y nerviosa.
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