Please note that Tapas no longer supports Internet Explorer.
We recommend upgrading to the latest Microsoft Edge, Google Chrome, or Firefox.
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
Publish
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
__anonymous__
__anonymous__
0
  • Publish
  • Ink shop
  • Redeem code
  • Settings
  • Log out

La Máscara

El primer encuentro

El primer encuentro

Nov 24, 2024

Y aquí estoy yo, caminando hacia el lugar donde había acordado encontrarme con mi cita. La noche comenzaba a caer, envolviendo la ciudad en una mezcla de luces artificiales y sombras alargadas. El aire fresco de la tarde acariciaba mi rostro, y a cada paso, mi mente vagaba entre pensamientos oscuros y anticipaciones que solo yo podría comprender. Reflexionaba sobre la chica que estaba a punto de conocer más de cerca. Durante nuestra breve interacción, había captado solo un destello de su personalidad, pero el misterio aún permanecía. ¿Tendrá una familia grande? pensé fugazmente. ¿Le importará mucho a alguien? ¿Tendrá amigos que la busquen si desaparece?

Pero rápidamente aparté esas preguntas. Me di cuenta de que no importaban en lo absoluto. Lo único que realmente me interesaba de cada una de mis víctimas era lo que ocultaban en sus mentes, las complejidades de su psicología, los secretos que nadie más veía, las emociones y miedos enterrados bajo la superficie. Esos eran los verdaderos tesoros, y yo estaba impaciente por descubrirlos. Un vistazo a mi reloj me mostró que todavía faltaban unos cinco minutos para llegar al parque, así que dejé que mi mente se sumergiera de nuevo en aquel recuerdo, en el momento que la conocí.

Había sido una tarde común en apariencia, otro día agotador en la oficina, cuando decidí acompañar a algunos compañeros de trabajo al bar. El lugar estaba abarrotado de vida y ruido: conversaciones animadas, risas fuertes y el tintineo de los vasos contra las mesas. Entre ese bullicio, mis compañeros bebían como si el mañana no existiera, sus caras enrojecidas y sus voces cada vez más arrastradas por el alcohol. Fue entonces cuando la vi, sentada sola en la barra.

Parecía frágil, casi fuera de lugar en ese entorno tan caótico. Tenía el cabello oscuro cayendo en suaves ondas alrededor de su rostro, y había algo en su postura —la forma en que sus dedos jugueteaban con el borde de su vaso— que captó mi atención. Me quedé observándola por un instante, tratando de leer más allá de su apariencia. Había una delicadeza en ella, una vulnerabilidad que me hizo querer acercarme.

Cuando mis compañeros finalmente terminaron sus cervezas, estaban tan borrachos que podrían haberse olvidado incluso de sus propios nombres. Sabía que no prestarían atención a nada de lo que hiciera, así que me alejé de ellos sin preocuparme. Me acerqué a la chica, con una sonrisa cuidadosamente calculada en mi rostro.

—¿Qué hace alguien tan dulce como tú sentada sola en un bar? —le pregunté, inclinándome lo suficiente como para que mis palabras llegaran solo a ella.

Ella levantó la mirada, sus ojos oscuros se encontraron con los míos y noté cómo la sorpresa brillaba por un instante antes de ser reemplazada por una sonrisa tímida.

—Estoy esperando a alguien —respondió, su voz suave y casi musical. Sus dedos seguían jugueteando con el vaso, como si no pudiera decidirse entre mirarme o apartar la vista.

—¿Alguien especial? —pregunté, inclinando la cabeza con una expresión de interés genuino.

Ella dudó por un momento, y pude ver cómo sopesaba las palabras antes de contestar.

—No, solo un amigo —dijo finalmente, pero había algo en su tono, una especie de inseguridad que me hizo pensar que tal vez no estaba diciendo toda la verdad.

Me senté a su lado, sin invadir demasiado su espacio, pero lo suficientemente cerca como para crear una sensación de cercanía.

—¿Alguien como yo? —repliqué, dejando que la sonrisa se ensanchara ligeramente. Mi tono fue un poco más bajo, un poco más íntimo, como si le estuviera revelando un secreto.De esta forma formando una relación más cercana sin siquiera conocernos.

Ella se sonrojó ligeramente, y sus ojos me miraron con cierta desconfianza mezclada con curiosidad. Se tomó su tiempo antes de responder, mordiendo levemente su labio inferior, un gesto que me pareció encantador.

—No tienes pinta de ser un amigo cualquiera —dijo, con una risa suave, como si tratara de leer mis intenciones.

Sonreí y, con un aire de confianza que había perfeccionado a lo largo de los años, me incliné un poco más.

—Quizás no tenga pinta de serlo. Pero podría ser alguien interesante para ti. —Dejé que la frase flotara en el aire, y vi cómo sus ojos parpadearon rápidamente, como si procesara lo que acababa de decir.

Había una chispa de emoción y sorpresa en su mirada, algo que yo había aprendido a reconocer y manipular. Sentí que el momento era perfecto para jugar mi carta.

—¿Tienes novio? —pregunté, mi voz ahora baja y directa.

Ella se quedó quieta por un segundo, el tipo de pausa que dice más que las palabras. Luego, negó lentamente con la cabeza, aunque algo en su expresión sugería que había más en la historia.

—No… —respondió, pero parecía estar dudando, como si no estuviera completamente segura de su respuesta.

Decidí no darle tiempo para pensar demasiado. Me acerqué aún más, reduciendo la distancia entre nosotros a solo unos pocos centímetros, lo suficiente para que pudiera oler mi colonia y sentir el calor de mi proximidad.

—Entonces, ¿te gustaría salir a dar un paseo conmigo? —le propuse, mi tono suave, pero con una firmeza que no dejaba lugar a la duda.

Sus ojos se agrandaron un poco, y por un instante pude ver la lucha interna en su mente. Finalmente, asintió, una mezcla de ilusión y sorpresa se escondía en su mirada.

—De acuerdo, pero… —hizo una pausa, como si estuviera a punto de retractarse—. ¿Tienes un número de teléfono para que podamos mantenernos en contacto?

Sonreí con un toque de misterio.

—No tengo teléfono. Tendremos que fijar el día y la hora ahora mismo. —La verdad era que si tenia un telefono pero no suelo dar mi numero a las chicas que conozco por ahí.

Ella parpadeó, claramente desconcertada por mi respuesta, pero de alguna manera no parecía importarle tanto.

—Está bien —aceptó finalmente, encogiéndose de hombros como si mi rareza fuera solo otra anécdota que contar. Así, fijamos la cita: miércoles, a las siete de la tarde, en un parque tranquilo donde podríamos caminar y conocernos mejor. Nos despedimos después, y yo observé cómo se alejaba, preguntándome qué secretos podría descubrir de ella.

Detengo mis pensamientos cuando finalmente llego al parque. El lugar está tranquilo, casi desierto, iluminado por las luces cálidas de las farolas que proyectan sombras largas y vacilantes sobre el pavimento. Es un escenario casi perfecto para lo que quiero hacer esta noche. Miro mi reloj: las siete, justo a tiempo. Como siempre, la puntualidad no es algo que tome a la ligera. Para mí, cada segundo tiene un propósito, cada momento cuenta, y llegar tarde es una falta de respeto al orden que tanto valoro.


Sin embargo, al alzar la vista y mirar a mi alrededor, me doy cuenta de que no hay señales de mi cita. El parque está vacío, salvo por el susurro del viento que juega con las hojas de los árboles. Es un silencio reconfortante, aunque también extraño. Por un lado, la ausencia de personas es favorable para mis planes. Pero, por otro, la tardanza de la chica comienza a inquietarme.


Me siento en un banco de madera, la superficie ligeramente fría bajo mis manos. El banco está situado bajo una farola cuya luz crea un círculo tenue a mi alrededor. Espero, dejando que el tiempo pase con una paciencia que normalmente me enorgullece. Sin embargo, tras unos minutos, esa calma comienza a desmoronarse. Cinco minutos, y empiezo a sentir un ligero hormigueo de irritación en mi mente. ¿Y si me ha dado plantón? Esa idea me parece absurda. Recuerdo su expresión en el bar, la forma en que aceptó la cita. No parecía ser el tipo de persona que haría algo así, y mucho menos con alguien como yo. Sin embargo, la duda persiste. ¿Habrá tenido algún percance? Si ese fuera el caso, no me molestaría, pero sí me decepcionaría. La frustración surge ante la posibilidad de que mis planes puedan quedar inconclusos. Y esta chica, esta chica en particular, parecía perfecta para cumplir mi objetivo.


Mientras estos pensamientos revolotean en mi mente, los descarto tan pronto como la veo aparecer. A lo lejos, su figura se mueve con un paso apresurado, casi tropezando con su propia urgencia. Su cabello oscuro se balancea con cada movimiento, reflejando la luz de las farolas, y su rostro lleva una expresión que mezcla disculpa y vergüenza. Su presencia me calma y, al mismo tiempo, alimenta un nuevo tipo de frustración.


Diez minutos tarde. Mi mente grita en silencio. No soporto a las personas que llegan tarde. No es tan difícil ser puntual, ¿verdad? En una era donde las aplicaciones pueden calcular con precisión cuánto se tarda en llegar a cualquier lugar, ¿qué excusa válida podría tener alguien para hacerme esperar? La puntualidad es una muestra de respeto, una señal de control sobre uno mismo y sobre las circunstancias. Pero en lugar de dejar que esa irritación se refleje en mi rostro, me pongo mi mejor máscara, la que siempre utilizo para ocultar mi verdadero ser.


Cuando llega, se detiene frente a mí, todavía tratando de recuperar el aliento. La expresión de disculpa en su rostro es casi adorable. Su rostro ligeramente sonrojado por el esfuerzo y la brisa nocturna, sus labios curvados en una sonrisa tímida, como si no supiera cómo disculparse correctamente.


—Perdona por llegar tarde —dice finalmente, con una voz suave y nerviosa. La sinceridad en su tono es evidente, aunque no alivia por completo mi molestia.


Levanto la mirada hacia ella, mis labios formando una sonrisa tranquila, como si todo estuviera perfectamente bien.


—No te preocupes —digo con un tono despreocupado, incluso amistoso—. Yo también acabo de llegar.


Ella parece aliviada por mis palabras, y eso es suficiente para disipar cualquier rastro de incomodidad que pudiera sentir. Me levanto del banco, ajustando ligeramente la chaqueta de mi traje para mantener mi apariencia impecable.


—¿Empezamos a caminar? —pregunto, inclinando la cabeza hacia el sendero que serpentea a través del parque.


Ella asiente, todavía un poco avergonzada, pero al mismo tiempo emocionada. Nos ponemos en marcha


Y así, comienza lo que estoy seguro que será una de las mejores noches de mi vida.

marcoslopezbrea
DRavenwood

Creator

Comments (0)

See all
Add a comment

Recommendation for you

  • The Sum of our Parts

    Recommendation

    The Sum of our Parts

    BL 8.8k likes

  • Arna (GL)

    Recommendation

    Arna (GL)

    Fantasy 5.6k likes

  • Blood Moon

    Recommendation

    Blood Moon

    BL 47.9k likes

  • Earthwitch (The Voidgod Ascendency Book 1)

    Recommendation

    Earthwitch (The Voidgod Ascendency Book 1)

    Fantasy 3k likes

  • What Makes a Monster

    Recommendation

    What Makes a Monster

    BL 76.6k likes

  • For the Light

    Recommendation

    For the Light

    GL 19.1k likes

  • feeling lucky

    Feeling lucky

    Random series you may like

La Máscara
La Máscara

1.4k views5 subscribers

Una persona normal que por la noche tiene un pequeño secreto a escondidas de su esposa.
Subscribe

11 episodes

El primer encuentro

El primer encuentro

70 views 2 likes 0 comments


Style
More
Like
List
Comment

Prev
Next

Full
Exit
2
0
Prev
Next