Please note that Tapas no longer supports Internet Explorer.
We recommend upgrading to the latest Microsoft Edge, Google Chrome, or Firefox.
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
Publish
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
__anonymous__
__anonymous__
0
  • Publish
  • Ink shop
  • Redeem code
  • Settings
  • Log out

La Máscara

EL comienzo de la cita

EL comienzo de la cita

Nov 28, 2024

Comenzamos a caminar por el parque, avanzando lentamente por los senderos iluminados solo por las farolas dispersas. La penumbra es mi aliada; las sombras se extienden a nuestro alrededor como un manto protector, lo suficientemente densas como para que, si alguien pasara cerca, no pudieran quedarse con mi cara ni con la suya. Es un lugar perfecto: tranquilo, casi vacío, con un silencio que solo se rompe por el crujir de las hojas bajo nuestros pies y el murmullo de nuestras voces.


La conversación inicia con preguntas genéricas, las que siempre hago en un primer encuentro. ¿En qué trabajas? ¿Cuáles son tus inspiraciones? ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? He aprendido a lo largo del tiempo que este enfoque es el más efectivo. Comenzar con preguntas simples es como abrir una puerta sin forzarla. Si te apresuras a preguntar cosas íntimas, es probable que la otra persona se sienta invadida, como si un extraño hubiera irrumpido en su espacio personal. Y, aunque eso es exactamente lo que hago —entrar en las vidas de desconocidos—, sé que hay que ser cuidadoso. Todo es un juego de paciencia.


Ella comienza a hablar de su trabajo. Me cuenta que trabaja en un restaurante lujoso de la ciudad, uno de esos lugares donde las copas de vino cuestan tanto como un almuerzo completo para dos en otro sitio. Puedo imaginarla perfectamente en ese entorno: moviéndose con gracia entre las mesas, sonriendo cortésmente a los clientes ricos que seguramente se fijan en ella más de lo que deberían. Su tono al hablar me dice que no está descontenta con su trabajo, pero tampoco parece apasionada. Aun así, escucho con atención, asintiendo en los momentos correctos, dejándola sentir que su voz tiene todo mi interés.


—Debe ser interesante trabajar en un lugar así —comento, añadiendo un tono casual pero curioso—. Seguramente conoces a mucha gente importante.


Ella sonríe, pero no responde directamente, como si no estuviera segura de cómo abordar la afirmación.


Entonces, como era de esperar, ella devuelve la pregunta.


—¿Y tú? ¿A qué te dedicas? —me pregunta con una mezcla de interés genuino y ese tono que la gente usa cuando quiere medir a alguien.


Sé que no puedo decirle la verdad. Decir que soy secretario, por mucho que el puesto me haya llevado a entornos políticos de alto nivel, no tiene el peso que necesito en este momento. Así que sonrío y me coloco mi máscara, esa que he usado tantas veces en situaciones similares.


—Soy dueño de una empresa en pleno crecimiento —respondo con la confianza suficiente para que suene convincente, pero sin exagerar.


Es una mentira que he perfeccionado. Las palabras son lo suficientemente ambiguas como para no levantar sospechas si decide investigar, pero tienen el peso necesario para captar su atención. La mayoría de las mujeres buscan un hombre con más estatus o recursos que ellas, y el simple hecho de mencionar que soy “dueño” de algo suele bastar para inclinar la balanza a mi favor.


Ella me mira con algo de sorpresa, y luego ríe suavemente.


—¿En serio? Así que estoy caminando con un empresario exitoso. Supongo que debes tener mucho dinero —bromea, inclinándose ligeramente hacia mí.


Antes de que pueda responder, siento cómo su mano se desliza con naturalidad hasta mi brazo, tomándolo mientras caminamos. Es un gesto sutil, pero significativo. Puedo notar la comodidad que empieza a desarrollar a mi lado, la confianza que poco a poco voy construyendo. Es fascinante observar cómo las personas se abren, cómo una mentira bien contada puede influir en sus emociones y comportamientos.


—Digamos que no me quejo —respondo, sonriendo mientras siento el peso de su mano en mi brazo. El contacto físico siempre es un buen indicio de que el plan avanza como debería.


Ella se ríe nuevamente, esta vez un poco más relajada. Su risa es ligera, casi musical, y por un momento me detengo a pensar en lo fácil que sería perderme en la máscara que llevo puesta. Es un juego peligroso, uno que he aprendido a controlar con los años. Cada gesto, cada palabra, es parte de una coreografía calculada.


El parque parece envolverse en un ambiente aún más íntimo a medida que avanzamos. El aire tiene un ligero aroma a tierra húmeda y hojas secas, un recordatorio de que el otoño está en pleno apogeo. Las farolas proyectan sombras suaves que se mezclan con la luz de la luna, creando un escenario casi romántico. Es irónico, en cierto modo, cómo todo parece diseñado para reforzar la ilusión de normalidad.


Mientras seguimos caminando, me doy cuenta de que ella está completamente inmersa en la conversación, hablando ahora de cómo el restaurante donde trabaja le ha permitido conocer lugares que de otro modo no podría haber visitado. La dejo hablar, haciendo preguntas ocasionales para mantenerla hablando. Todo forma parte del proceso: ganar su confianza, dejar que se sienta cómoda, que baje la guardia.


Mi mente, sin embargo, está en otro lugar. Mientras ella habla, pienso en lo fácil que es manipular a alguien con las herramientas correctas. Un poco de atención, una sonrisa en el momento adecuado, y ya me tiene como un confidente, alguien en quien puede confiar. Siento un leve cosquilleo en mi pecho, una emoción que podría confundirse con excitación. Pero no es emoción. Es el placer del control, el disfrute de saber que todo está saliendo según lo planeado.


Esta noche será memorable, no solo para ella, sino para mí. Porque aunque aún falta mucho para que llegue el final, cada paso que damos por este parque nos acerca más a mi verdadera intención.


Es en ese momento cuando ella se detiene y gira la cabeza hacia un pequeño puesto de perritos calientes a unos metros de distancia. La tenue luz amarilla del carrito ilumina la zona con un brillo cálido, y puedo ver cómo sus ojos se fijan en el humo que sube de la parrilla, impregnando el aire con el aroma inconfundible de comida recién hecha. Sus labios se curvan en una pequeña sonrisa mientras se abraza a sí misma, frotándose los brazos por el frío de la noche.


—Qué bien huele —dice con un tono que no deja lugar a dudas. Luego añade, casi como si estuviera pensando en voz alta—: Tengo un poco de frío, y algo caliente me vendría genial ahora mismo.


Es una indirecta, pero lo suficientemente clara como para que entienda que espera que la lleve al puesto. Sin embargo, es la peor idea que podría haber tenido. No solo está en una zona más iluminada, sino que hay un par de clientes esperando en fila. El vendedor está completamente expuesto, observando a todo aquel que se acerque. Justo lo que quiero evitar: gente. Ojos curiosos que podrían recordar mi rostro.


Intento improvisar una salida. Me quito el abrigo y, con una sonrisa, se lo ofrezco.


—Si tienes frío, puedes ponértelo. Así estarás más cómoda.


Ella se detiene un segundo y mira el abrigo con sorpresa antes de negar suavemente con la cabeza.


—No, no te preocupes —responde, agradecida pero firme—. Eres muy caballeroso, pero estaré bien.


Me quedo sin excusas. El plan ha cambiado en cuestión de segundos, y no tengo tiempo para pensar en algo mejor. La veo entrelazar sus manos, mirándome con esa mezcla de ilusión y expectativa. Mierda. No me queda otra opción.


—Bueno, si quieres podemos acercarnos —digo finalmente, intentando mantener la calma mientras mis pensamientos se disparan.


Ella no espera a que diga nada más. Me toma del brazo con suavidad pero con firmeza, casi como si temiera que pudiera cambiar de opinión, y empieza a caminar hacia el puesto.


—¡Vamos! Si no vienes tú, te llevo yo —bromea, riendo mientras tira de mí hacia la luz.


Por dentro estoy maldiciendo cada paso que damos hacia ese maldito carrito. Mis pensamientos corren a toda velocidad, buscando soluciones. Si nos ven juntos, ¿qué pensarán cuando vean las noticias? Podrían recordar mi rostro. Dar una descripción exacta a la policía. Mi cara es lo último que quiero que alguien recuerde esta noche. Esto no puede ser. Necesito una solución, rápido.


Justo antes de llegar, se me ocurre algo. Con un movimiento rápido y casual, me subo la capucha de la chaqueta y envuelvo mi cuello con una bufanda que llevaba guardada. Mi rostro queda parcialmente cubierto, suficiente para que las sombras hagan el resto. Parece una tontería, pero en este momento es lo único que tengo. Es irónico, ¿no? Usar algo que se asemeja a una máscara para protegerme en una cita.


Llegamos al puesto, y el vendedor nos saluda con una sonrisa amigable.


—¡Buenas noches! —dice, echándome una mirada curiosa antes de añadir, con un tono ligero pero inquisitivo—. Parece que tienes mucho frío, ¿eh?


La broma me molesta más de lo que debería, pero no lo demuestro. Asiento sin mirarlo directamente, manteniendo mi respuesta breve y poco memorable.


—Sí, el clima está algo fresco hoy.


La chica me mira, divertida, y se ríe ligeramente.


—Oh, no es para tanto —dice, dándome un ligero codazo—. Pero claro, no todos están acostumbrados al frío.


Por suerte, su tono ligero desvía la atención del vendedor. Ella señala uno de los menús pegados al carrito, con ilustraciones de los diferentes tipos de perritos calientes que vende.


—Creo que pediré ese de ahí —me dice, apuntando con un dedo y mirándome con una sonrisa radiante.


—Perfecto —respondo, y enseguida me dirijo al vendedor—. Uno de esos, por favor, y otro igual para mí.


Invitarla es la mejor forma de mantener el control de la situación. Si ella percibe alguna tensión en mí o duda de mis intenciones, todo el plan podría desmoronarse. Por eso mantengo la fachada de caballero atento, sin permitir que mi frustración interna se asome.


El vendedor se mueve rápidamente, preparando los perritos mientras charlamos de manera superficial. La chica parece completamente relajada, sonriendo y riendo de vez en cuando mientras le cuenta al vendedor algo trivial sobre su día. Yo, por otro lado, apenas participo, limitándome a asentir y a responder con monosílabos. Mis pensamientos siguen enfocados en un solo objetivo: salir de aquí lo más rápido posible.


Cuando finalmente nos entrega la comida, pago con la misma sonrisa que llevo usando toda la noche. Por suerte, nadie más parece prestarnos atención. El vendedor no muestra señales de sospecha, y los otros clientes han seguido su camino. Suspiro internamente.


—Gracias por invitarme —dice ella, dándole un pequeño mordisco a su perrito caliente y lanzándome una mirada cálida—. No tenías que hacerlo, pero lo aprecio mucho.


—No es nada —respondo, devolviéndole la sonrisa mientras nos alejamos del puesto.


Por poco, todo se arruina. Pero al final, nadie sospechó nada. Esta vez he tenido suerte, aunque algo me dice que no puedo permitirme más riesgos esta noche.


marcoslopezbrea
DRavenwood

Creator

Comments (0)

See all
Add a comment

Recommendation for you

  • The Sum of our Parts

    Recommendation

    The Sum of our Parts

    BL 8.8k likes

  • Arna (GL)

    Recommendation

    Arna (GL)

    Fantasy 5.6k likes

  • Blood Moon

    Recommendation

    Blood Moon

    BL 47.9k likes

  • Earthwitch (The Voidgod Ascendency Book 1)

    Recommendation

    Earthwitch (The Voidgod Ascendency Book 1)

    Fantasy 3k likes

  • What Makes a Monster

    Recommendation

    What Makes a Monster

    BL 76.6k likes

  • For the Light

    Recommendation

    For the Light

    GL 19.1k likes

  • feeling lucky

    Feeling lucky

    Random series you may like

La Máscara
La Máscara

1.4k views5 subscribers

Una persona normal que por la noche tiene un pequeño secreto a escondidas de su esposa.
Subscribe

11 episodes

EL comienzo de la cita

EL comienzo de la cita

50 views 2 likes 0 comments


Style
More
Like
List
Comment

Prev
Next

Full
Exit
2
0
Prev
Next