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La Máscara

El Objetivo

El Objetivo

Dec 03, 2024

Mientras la consolaba tras su pequeño numerito, no podía dejar de preguntarme por qué me había contado todo eso. Alguien normal no lo haría, especialmente en una primera cita. Si le confiesas a alguien que has sido infiel en el pasado, ¿qué clase de confianza esperas generar? Lo lógico sería ocultar algo así, especialmente si buscas construir una relación con esa persona.

Claro, esto a mí no me importa en lo absoluto. Todo terminará esta noche, independientemente de lo que diga. Sin embargo, no deja de resultarme extraño. ¿Qué la llevó a confesarme algo tan personal? Supongo que tiene que ver con lo reciente de la situación. Quizás, al pensar en la posibilidad de comenzar algo nuevo, algo dentro de ella se rompió, y no pudo controlarse. La presión de recordar todo su pasado, su traición y lo que eso implicó, debió superar su capacidad de mantenerse tranquila.

Eso me lleva a una conclusión interesante: esta chica es bastante sentimental. Cada lágrima, cada pausa en su relato, indica que está llena de emociones que no sabe manejar del todo. Y eso, en cierta forma, puede ser útil para lo que quiero lograr esta noche. Alguien tan emocional es más fácil de leer, más fácil de manipular si sabes cómo tocar los botones correctos.

Sin embargo, hay algo que no encaja del todo. Alguien que ha sido infiel no puede ser considerado una persona pura. Y mi objetivo siempre ha sido encontrar a esa persona, la más pura, la que no esconde nada, la que no lleva máscara.

Desde que empecé este camino, he buscado algo muy específico: honestidad absoluta, una transparencia inquebrantable. No hablo de la honestidad que se muestra en palabras o gestos superficiales, sino de algo mucho más profundo. Quiero encontrar a alguien que, en su día a día, sea completamente auténtico, que no necesite disfrazarse emocionalmente para encajar o protegerse. Alguien que sea lo que es, sin más.

Esa búsqueda me ha llevado a este momento, a esta cita. Pero el problema es que la pureza real es casi imposible de identificar a simple vista. La gente está llena de capas, de máscaras cuidadosamente colocadas para esconder lo que son. Las usan para protegerse, para engañar, para sobrevivir. ¿Cómo distinguir lo verdadero de lo falso cuando todo el mundo está actuando constantemente?

La única forma de descubrir la verdad, la única forma de ver quiénes son realmente, es enfrentarlos con su propia mortalidad. Puede parecer cruel, lo sé, pero cuando alguien está al borde de la muerte, cuando sienten que todo está a punto de terminar, bajan todas sus defensas. Es en ese instante, cuando el miedo los consume, que muestran su verdadera personalidad, sus objetivos, sus traumas, sus secretos más profundos.

Es ahí donde puedo ver si alguien es verdaderamente puro. Es en esos momentos finales cuando una persona se revela completamente, cuando dejan de esconderse detrás de su máscara y muestran su verdadero rostro. Y yo busco a alguien que no necesite ese momento extremo para ser auténtico. Quiero encontrar a alguien que, incluso en su día a día, no use máscara alguna, que sea pura por naturaleza, que no tenga nada que ocultar.

Por eso hago lo que hago. Algunos podrían llamarlo un experimento, otros lo verían como una crueldad sin sentido. Pero para mí, es una búsqueda. Una búsqueda de algo que la humanidad ha olvidado, algo que parece haberse perdido en el ruido y las mentiras de la vida moderna.

Y esta chica... no estoy seguro de que sea ella. Su confesión sobre la infidelidad me da señales contradictorias. Por un lado, su arrepentimiento, su vulnerabilidad al contarlo, muestra que es capaz de sentir culpa y dolor. Pero, por otro lado, el acto en sí revela una grieta en su carácter, una falta de integridad que no puedo ignorar.

Mientras la sigo abrazando, su cuerpo temblando ligeramente contra el mío, reflexiono sobre lo que haré a continuación. Mi plan siempre ha sido claro, metódico, pero esta noche siento algo que no había sentido antes: duda.

¿Es ella la indicada?

Tal vez sí. Tal vez no. Pero eso no cambia el hecho de que tengo que seguir adelante. Porque, en el fondo, solo hay una manera de estar completamente seguro.

Mientras reflexionaba sobre todo lo que ella acababa de contarme, me sorprendió verla levantar la vista hacia mí. Sus ojos, aún algo vidriosos, reflejaban una mezcla de vergüenza y arrepentimiento.

—Perdón —dijo, rompiendo el silencio con un tono suave pero cargado de emoción—. No debería haberte contado todo esto. Es algo demasiado personal… y no es justo soltártelo así.

Sus palabras tenían un dejo de sinceridad que podría haber conmovido a alguien más, pero yo solo asentí, poniendo mi mejor sonrisa falsa, la que he perfeccionado para momentos como este.

—No te preocupes, de verdad. No pasa nada —respondí con un tono calmado, casi cálido, como si sus palabras no hubieran tenido ningún impacto negativo en mí.

Ella me observó por un instante, buscando en mi rostro alguna señal de incomodidad o molestia. Pero no encontró nada, por supuesto. Mis máscaras son impenetrables. Finalmente, pareció relajarse y dejó escapar un suspiro.

Seguimos caminando un rato más, nuestras pisadas resonando suavemente en los senderos del parque. El silencio entre nosotros no era incómodo, pero tampoco natural; era más bien el tipo de pausa que necesita llenarse con algo. Y yo sabía exactamente cómo llenarlo.

Decidí continuar la conversación, esta vez con un cambio sutil pero calculado.

—Sabes… —dije, con un tono aparentemente casual pero que buscaba captar su atención—, me alegra haber tenido esta noche contigo. Es raro encontrar a alguien con quien puedas hablar de cosas reales, ¿sabes?

Ella me miró de reojo, esbozando una pequeña sonrisa.

—¿De verdad lo piensas? —preguntó, con una mezcla de sorpresa y gratitud en su voz.

—Claro que sí —afirmé, dejando que mi tono se volviera un poco más íntimo—. No me malinterpretes, me encanta conocer gente nueva, pero la mayoría de las veces las conversaciones se quedan en cosas superficiales. Contigo siento que hay algo diferente.

Vi cómo bajaba ligeramente la mirada, sonrojándose apenas. Era una reacción predecible, pero efectiva.

—Gracias… eso significa mucho para mí —respondió, su voz ahora más suave.

Era el momento perfecto para hacer mi jugada. Decidí lanzarme con la propuesta de manera sutil, envolviéndola en una capa de aparente ingenuidad.

—¿Sabes? Se me acaba de ocurrir algo… —empecé, fingiendo dudar, como si estuviera pensando en voz alta—. ¿Qué te parecería terminar la noche en mi casa? Podríamos seguir hablando, tomar algo... Lo que quieras.

Vi cómo su expresión cambiaba ligeramente, primero mostrando sorpresa, luego duda. Inmediatamente, levantó la mano y negó con la cabeza, sonriendo con algo de nerviosismo.

—No sé si sería buena idea… —dijo, casi más para sí misma que para mí—. Creo que debería volver pronto…

—Oh, claro, lo entiendo —respondí, adoptando un tono comprensivo pero insistente—. Pero te prometo que la pasaremos bien. No tiene que ser nada complicado. Además, después puedo llevarte a donde necesites con mi coche.

Hice una pausa, dejando que mis palabras se asentaran. Mi tono fue deliberadamente relajado, como si realmente no estuviera presionándola, aunque sabía que cada frase que decía la empujaba un poco más hacia mi propuesta.

Ella me miró, sus ojos reflejando un breve conflicto interno. Finalmente, suspiró y asintió con la cabeza.

—Está bien… pero no puedo quedarme mucho rato.

Por dentro, sentí una satisfacción fría y calculada. Por fuera, le dediqué una sonrisa tranquila, como si su respuesta fuera una agradable sorpresa.

—Perfecto. Te aseguro que no te arrepentirás —le dije, con un guiño que pretendía añadir un toque de ligereza al momento.

Seguimos caminando hasta un lado más apartado del parque, donde había dejado mi coche estacionado. Lo había colocado cuidadosamente, lejos de las luces principales, pero no tan escondido como para llamar la atención. A medida que nos acercábamos, vi cómo sus ojos se posaban en el vehículo.

No era un coche especialmente caro, pero gracias a mi obsesión con la limpieza y el orden, parecía recién salido del concesionario. El negro brillante de la carrocería reflejaba las luces del parque como un espejo, y no había una sola mancha o mota de polvo que empañara su perfección. Para mí, era importante mantener esa imagen.

Me adelanté unos pasos y abrí la puerta del copiloto con un gesto fluido.

—Por favor, pasa —le dije, manteniendo mi tono cortés.

Ella sonrió, visiblemente impresionada por el estado del coche.

—Vaya… —murmuró, mientras pasaba una mano con cuidado sobre el marco de la puerta—. Está impecable. Se nota que cuidas mucho tus cosas.

—Digamos que tengo una pequeña obsesión con el orden —admití, fingiendo un leve tono de vergüenza—. Pero creo que es algo bueno, ¿no?

—Definitivamente lo es. Eres muy caballeroso, ¿sabes? —añadió, mientras se acomodaba en el asiento con cierto cuidado, como si no quisiera estropear nada.

Cerré la puerta con suavidad y rodeé el coche para entrar por el lado del conductor. Antes de arrancar, ajusté los espejos y el volante, una rutina que realizaba siempre, aunque en realidad no lo necesitara. Era más un ritual, una forma de prepararme para lo que venía.

Ella observaba el interior del coche, claramente impresionada por lo limpio y ordenado que estaba.

—Nunca había visto un coche tan… perfecto por dentro —comentó, con un toque de admiración en su voz—. Es como si nadie lo hubiera usado nunca.

—Bueno, digamos que me gusta mantener las cosas bajo control —respondí, lanzándole una mirada rápida acompañada de una pequeña sonrisa—. Pero ahora que estás aquí, me alegra poder compartirlo contigo.

Ella rió suavemente, quizás un poco nerviosa, mientras se acomodaba en el asiento.

—Gracias por invitarme… aunque todavía siento que estoy invadiendo un espacio demasiado perfecto.

—Para nada. El coche está aquí para disfrutarse —dije, mientras encendía el motor y ponía el coche en marcha.

Mientras salíamos del parque, sentí una calma helada apoderarse de mí. Todo estaba en su lugar, cada pieza del plan avanzando con precisión. Y ella, sentada a mi lado, no tenía ni la menor idea de lo que le esperaba.


marcoslopezbrea
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