Please note that Tapas no longer supports Internet Explorer.
We recommend upgrading to the latest Microsoft Edge, Google Chrome, or Firefox.
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
Publish
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
__anonymous__
__anonymous__
0
  • Publish
  • Ink shop
  • Redeem code
  • Settings
  • Log out

La Máscara

La Casa

La Casa

Dec 06, 2024

Y aquí estamos, en el salón de mi segunda casa. Esta casa tiene un pasado oscuro, aunque nada de eso es visible a simple vista. Si alguien mirara detenidamente, podría notar una atmósfera ligeramente opresiva, una sensación vaga de que algo aquí no encaja del todo. Pero mi obsesión por el orden y mi habilidad para manejar las apariencias hacen que este lugar se sienta, al menos en la superficie, cómodo y acogedor. Para ella, ahora es solo otra casa perfectamente arreglada, el escenario de una noche aparentemente normal.

Con un gesto cortés, le propongo sentarse en el sofá. Es un mueble impecable, de un diseño minimalista que refleja mi obsesión por la limpieza. Ella acepta sin dudar, acomodándose con una sonrisa mientras inspecciona la habitación con la mirada.

—¿Te parece si vemos una película? —le pregunto, sacando el mando de la televisión y encendiéndola con un clic que rompe el silencio del salón.

Ella asiente, y entonces le entrego el control remoto para que elija lo que quiera ver. Después de un breve momento de indecisión, me señala con el dedo una película romántica que aparece en el catálogo.

—¿Romántica? —bromeo, alzando una ceja con un tono deliberadamente ligero—. ¿De verdad? Qué cliché, ¿no?

Ella ríe, aparentemente sin tomarse mi comentario en serio, y simplemente encoge los hombros.

—¿Qué tiene de malo? Son entretenidas, y siempre terminan bien —responde, defendiendo su elección con una sonrisa juguetona.

No insisto. De hecho, en este caso, me conviene que sea una película romántica. Aunque yo prefiero películas de terror para citas como esta, ya que tienden a generar una conexión más inmediata al jugar con el miedo y la adrenalina compartidos, la elección de ella es perfecta para esta situación particular. Una película romántica crea un ambiente de seguridad y calma, y eso es justo lo que necesito ahora: que se relaje, que se acomode, que sienta que este lugar es inofensivo.

—Está bien, me rindo. Vamos a ver tu ñoñería de película —digo con una sonrisa, fingiendo resignación mientras selecciono la opción para empezar la reproducción.

La película comienza, y como siempre con este tipo de historias, el desarrollo es predecible. Una trama llena de clichés, personajes idealizados y un final feliz que seguramente se veía venir desde los primeros cinco minutos. Es el tipo de película que nunca logra sorprenderme; incluso diría que me aburren. Sin embargo, esta vez no importa. No estoy aquí para disfrutar de la película, sino para cumplir con mi propósito.

Dejo que la trama avance mientras hago comentarios ocasionales, pequeñas observaciones que no interrumpen demasiado. Un “claro, como si eso pasara en la vida real” aquí, un “wow, qué original” allá, lo justo para mantener una interacción ligera sin que la conversación desvíe su atención de la pantalla. Ella se ríe de vez en cuando, contestándome con bromas o defendiéndose al afirmar que las películas románticas no necesitan ser originales para ser buenas.

Mientras tanto, dejo que mi mano se desplace de manera casual hacia su pierna. Empiezo con pequeñas caricias, casi imperceptibles al principio, midiendo su reacción. Su cuerpo se relaja poco a poco, y aunque al principio parece algo tensa, pronto se acomoda más en el sofá.

—Tienes manos muy suaves —dice de repente, con una risa suave mientras mira la pantalla, como si lo hubiera dicho sin pensar demasiado.

—¿Ah, sí? —respondo, devolviéndole la sonrisa y añadiendo un toque de humor a mi tono—. Supongo que tengo que agradecérselo a mi obsesión por el cuidado personal.

Ella ríe nuevamente, esta vez más relajada. Está claro que mis gestos están teniendo el efecto deseado. No solo se siente cómoda, sino que también empieza a bajar la guardia, lo que es esencial para lo que viene después.

La película sigue su curso, y aunque no dejo de fingir interés, mi mente está en otro lugar. Analizo cada movimiento suyo: cómo se ríe en las escenas más cursis, cómo ocasionalmente se cruza de brazos cuando algo la incomoda, cómo sus ojos se iluminan al llegar a los momentos más emotivos de la historia. Todo esto me dice más sobre ella que cualquier conversación.

Cuando la película finalmente termina, ella se estira ligeramente, dejando escapar un suspiro satisfecho.

—Bueno, debo admitir que tienes buen gusto —le digo, jugando con las palabras mientras apago la televisión con el mando.

—¿Lo ves? Te dije que las películas románticas no eran tan malas —responde, mirándome con una sonrisa triunfal.

Aprovecho el momento para acercarme un poco más, apoyando mi brazo en el respaldo del sofá mientras la miro directamente a los ojos.

—Está bien, lo admito. Aunque sigo pensando que son demasiado… ideales. Nada en la vida es así de perfecto.

—Bueno, ¿quién quiere ver algo perfecto todo el tiempo? —replica, encogiéndose de hombros—. A veces es agradable escapar un rato de la realidad.

Sus palabras resuenan en mi cabeza mientras la observo. No puede imaginar cuánto está escapando de la realidad en este momento. Aquí, en este salón perfectamente ordenado, todo parece tranquilo y bajo control. Pero lo que viene después está lejos de cualquier guion romántico que haya visto.

Ella bromea, diciendo algo sobre que tengo “muy buenas manos”, y yo sonrío mientras la miro con cuidado. Estoy creando la atmósfera ideal, el escenario donde la confianza y la calma hacen que todo parezca natural, inevitable.

Mientras seguíamos hablando, la broma sobre mis "buenas manos" seguía flotando en el aire. Ella reía con cierto nerviosismo, todavía algo sonrojada, pero visiblemente relajada. Decidí aprovechar el momento, inclinándome ligeramente hacia ella y dejando que mi tono fuera tanto casual como sugerente.

—Bueno, si piensas que tengo buenas manos, ¿qué tal si te demuestro qué tan buenas son? —propuse, levantando una ceja con una sonrisa enigmática.

Ella me miró, visiblemente sorprendida por la sugerencia. Su rostro se tiñó de un leve rubor mientras reía suavemente, como si no estuviera segura de si lo decía en serio o no.

—¿Hablas en serio? —preguntó, con un toque de incredulidad.

—Por supuesto —respondí, manteniendo el tono relajado pero con una pizca de confianza añadida—. Si soy bueno dando masajes, entonces definitivamente podré demostrarte que soy bueno en muchas otras cosas también.

Ella rió otra vez, aunque esta vez había algo diferente en su expresión. Sus ojos reflejaban una mezcla de curiosidad y nerviosismo, pero también de interés.

—Está bien, pero no me juzgues si me quedo dormida —dijo finalmente, bromeando para aliviar la tensión que claramente sentía.

—Prometo no juzgarte —respondí, guiándola con un gesto hacia la cama—. Adelante, túmbate boca abajo y relájate.

Ella se levantó del sofá con un poco de vacilación, pero finalmente caminó hacia la cama. Se tumbó con cuidado, apoyando su cuerpo boca abajo sobre las sábanas impecablemente colocadas, y dejó escapar un pequeño suspiro al acomodarse.

Yo me coloqué a un lado de la cama, arremangándome la camisa de forma pausada para añadir un aire de profesionalidad al momento. Me acerqué lo suficiente como para que mi presencia fuera notable pero no invasiva, y comencé el masaje en su espalda, aplicando la fuerza justa para que se sintiera cómodo pero efectivo.

Mis manos se movían con precisión, comenzando por los hombros y bajando lentamente por su columna vertebral. Su piel, cubierta por la fina tela de su blusa, transmitía la tensión acumulada en su cuerpo, y con cada movimiento sentía cómo comenzaba a relajarse más y más.

—Vaya… realmente eres bueno en esto —murmuró con una voz que sonaba más relajada de lo que había estado en toda la noche.

—Te lo dije —respondí con una sonrisa, dejando que mi tono mantuviera una nota de confianza sutil.

Poco a poco, dejé que mis manos se desplazaran hacia sus costados, manteniéndome siempre en el límite de lo aceptable. Mis movimientos eran lo suficientemente cercanos como para que lo notara, pero no tan obvios como para que pudiera decir algo directamente. Este equilibrio era clave; quería que sintiera la intensidad de la situación, pero sin cruzar una línea que rompiera la atmósfera.

Después de unos minutos, hice una pausa, permitiendo que mis manos descansaran sobre su espalda.

—Ahora, date la vuelta —le dije suavemente, dejando que mi voz sonara más calmada y profunda, como una invitación.

Ella levantó ligeramente la cabeza, abriendo los ojos y mirándome con una mezcla de sorpresa y timidez. Pero no dijo nada, simplemente asintió y se giró lentamente, quedando ahora boca arriba. Su cabello se extendía sobre las sábanas como un halo oscuro, y su respiración era un poco más rápida de lo normal.

Volví a colocarme a su lado, comenzando nuevamente desde sus hombros, esta vez masajeando la parte delantera de su cuello y descendiendo hacia sus brazos. Sus ojos permanecían abiertos al principio, observándome, pero poco a poco se cerraron, como si se dejara llevar completamente por la sensación.

Tras unos instantes, decidí añadir un nuevo elemento. Sin decir nada, me subí delicadamente sobre la cama y coloqué una rodilla a cada lado de sus caderas, situándome sobre ella con cuidado. Mis manos retomaron su trabajo en sus hombros, pero esta nueva posición añadía un nivel diferente de cercanía.

—¿Esto te incomoda? —pregunté, aunque mi tono era lo suficientemente seguro como para asumir la respuesta.

—No… —susurró, su voz apenas audible mientras se hundía más en la cama—. Es solo… que no esperaba esto.

—A veces, lo inesperado es lo mejor —respondí, dejando que mi tono se volviera un poco más sugerente mientras continuaba el masaje.

Mis manos se movían ahora con mayor fluidez, presionando ligeramente sobre su abdomen y sus costados antes de volver a sus hombros. Ella dejó escapar un leve suspiro, el tipo de sonido que refleja tanto relajación como nerviosismo.

—Realmente eres bueno en esto —dijo finalmente, abriendo los ojos por un momento para mirarme con una sonrisa nerviosa.

—Gracias. Pero esto no es nada —le respondí, inclinándome un poco más cerca de su rostro mientras mis manos descansaban brevemente sobre sus hombros—. Si quieres, puedo mostrarte en qué soy verdaderamente bueno.

La habitación quedó en silencio por un instante, roto solo por el leve sonido de su respiración. Ella me miró, sus ojos reflejando una mezcla de curiosidad y desconcierto. Su sonrisa nerviosa permanecía en su rostro, y yo solo podía pensar en cómo cada paso me llevaba más cerca de mi objetivo.

Ella me miró con esos ojos llenos de nerviosismo, pero asintió, apenas moviendo la cabeza. Fue un gesto pequeño, casi como si estuviera respondiendo más por impulso que por decisión consciente. Su respiración se aceleró ligeramente, y sus manos se movieron de forma torpe hacia los botones de su blusa.

Yo también comencé a desabotonar mi camisa, manteniendo un ritmo pausado y deliberado, buscando que el ambiente se llenara de una tensión controlada. Cada movimiento parecía resonar en el silencio de la habitación, el suave desliz de la tela, el crujido apenas audible de las sábanas bajo su cuerpo.

Mientras nos desvestíamos, mis ojos se detuvieron en ella, recorriendo cada detalle de su figura. Tenía un cuerpo delgado, no frágil, pero que claramente hablaba de una vida tranquila más que de una inclinación por el deporte. Sus curvas eran sutiles, delicadas, y cada movimiento suyo parecía cuidadosamente medido, como si intentara no romper algo invisible en el aire.

Ella también me observaba, y podía sentir el peso de su mirada fija en mí. Mi cuerpo atlético no pasaba desapercibido, lo sabía. Había dedicado años a perfeccionarlo, no solo por vanidad, sino porque entendía el poder que una buena apariencia puede tener sobre las personas.

Decidí romper la tensión con un toque de humor, sonriendo ligeramente mientras la miraba directamente a los ojos.

—¿Te gusta lo que ves? —bromeé, permitiendo que mi tono fuera un poco más ligero, pero con un destello de seguridad en mi voz.

Ella no respondió de inmediato. Su mirada seguía fija en mí, pero algo en ella cambió. No era la típica mirada que había visto antes, llena de admiración o incluso de lujuria. Esta era diferente.

Había melancolía en sus ojos, una especie de tristeza profunda que parecía desbordar lentamente, mezclada con una sombra de decepción. Era como si, en ese momento, no estuviera completamente presente, como si algo dentro de ella estuviera cuestionando cada decisión que había tomado hasta ahora.

Fue una mirada que reconocí al instante. La había visto antes en otras personas, en otros momentos. Era la mirada de alguien que estaba perdido, atrapado en una espiral de autodesprecio y confusión. Parecía similar a cómo un adicto se pregunta, en el instante en que recae, por qué lo está haciendo otra vez, consciente del vacío que lo espera al final.

Por un momento, consideré detenerme, preguntar si realmente quería seguir adelante. Pero esa no era mi forma de actuar. Dejé pasar el tema, decidiendo que no era el momento de profundizar en lo que sus ojos intentaban decirme.

Sonreí nuevamente, esta vez con suavidad, intentando mantener el ambiente bajo control mientras me inclinaba ligeramente hacia ella.

—¿Empezamos? —le pregunté, dejando que mi voz sonara lo más tranquila y confiada posible, como si nada extraño hubiera pasado.

Ella asintió de nuevo, pero el nerviosismo en su gesto era palpable. Había algo en su forma de moverse, en la manera en que evitaba mi mirada directa, que me decía que sus pensamientos estaban en otro lugar.

Yo, en cambio, estaba completamente presente. Cada detalle, cada reacción suya, formaba parte del entramado que estaba tejiendo cuidadosamente. Y aunque su melancolía añadía un matiz inesperado a la situación, no podía permitirme perder de vista mi objetivo.

La noche aún tenía mucho por revelar.


marcoslopezbrea
DRavenwood

Creator

Comments (1)

See all
zzTigerMan
zzTigerMan

Top comment

Brutal

0

Add a comment

Recommendation for you

  • The Sum of our Parts

    Recommendation

    The Sum of our Parts

    BL 8.8k likes

  • Arna (GL)

    Recommendation

    Arna (GL)

    Fantasy 5.6k likes

  • Blood Moon

    Recommendation

    Blood Moon

    BL 47.9k likes

  • Earthwitch (The Voidgod Ascendency Book 1)

    Recommendation

    Earthwitch (The Voidgod Ascendency Book 1)

    Fantasy 3k likes

  • What Makes a Monster

    Recommendation

    What Makes a Monster

    BL 76.6k likes

  • For the Light

    Recommendation

    For the Light

    GL 19.1k likes

  • feeling lucky

    Feeling lucky

    Random series you may like

La Máscara
La Máscara

1.4k views5 subscribers

Una persona normal que por la noche tiene un pequeño secreto a escondidas de su esposa.
Subscribe

11 episodes

La Casa

La Casa

826 views 2 likes 1 comment


Style
More
Like
List
Comment

Prev
Next

Full
Exit
2
1
Prev
Next