Perdone señor Hawthorne por esta vaga interrupción.
Más no puedo dejar que se hable mala lengua de mi persona, ni de mis hermosos retoños.
Permítame retroceder a la parte en la que empezó usted su historia.
Aquel día en el que usted dijo que yo le insistí permanentemente por un tiempo juntos, minutos antes me había entrado una llamada;¡Que extraño!.
Nunca había visto aquel número, la voz tampoco se me hacía conocida, lo único que sabía en ese entonces era que la mujer al otro lado quería que estuviéramos muy pendientes de mis bebés, y yo, por más hacer, quería dejarlos en las manos de alguien suficientemente capaz de protegerlos, y como el esposo de Selen, Alec, era policía, pensé en ellos.
Le comenté todo aquel problema a la persona en la que más confiaba, y luego intenté explicárselo a usted. Momentos antes de abrir la boca, escuché la voz de mi padre, debía ser un recuerdo, ese hombre había muerto más de diez años atrás, mi padre, cómo siempre con sus sabias palabras, me aconsejó de nunca contarle a usted sobre aquella amenaza hacia mi persona.
Él siempre había dicho que la bella mujer, jamás debía sentirse amenazada, por lo tanto y más, decidí inventar una salida, dónde usted no preguntará por los niños, y yo soltaría el celular.
Lo intenté, pero el descontacto con mis preciosos hijos no me era posible, los llamaba cada hora, e intentaba buscar, por medio de mi trabajo, a aquella mujer que había llamado.
Usted sabía que mi trabajo era peligroso, y aun así se casó conmigo, buscando y buscando, cada vez estaba más cerca, como aquella mujer me tiene de manos atadas, lo más posible es que jamás le revele quién es.

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