Hoy día 30 de junio, es el cumpleaños de aquel adolescente que contraté para espiar las acciones de mis niños, pero él es tema aparte por el momento.
Tengo una vaga idea de para qué quería en aquel momento mi mujer a mis retoños, era mafiosa, más nunca lo demostraba con su hermosa figura y maneras de ángel, nadie me creería en estos momentos si les dijera que era el diablo en sí, con más de cincuenta asesinatos a sangre fría.
—amata— insistí un par de días más tarde, al sentir la ausencia de mis bebés — serías tú tan amorosa de hacerme saber el paradero de Mathilde, su tutor de piano no deja de preguntarla— su mirada otra vez mostraba terror y había empezado a juguetear con sus dedos.
—esto… — titubeó — Selen me ha contado el día de ayer que están en muy buenas condiciones, y que los ha llevado de viaje por unos pocos días — más sin embargo mi preocupación empeoró, no sabía lo que era, más no quería que mis pequeños volvieran, pero tampoco aguantaba que estuviesen lejos tanto tiempo.
Ahora sí, ¿recuerdan aquel joven que mencioné al comienzo?, una vez normal en mi casa, se me vino la maravillosa idea de contratar un espía, un espía inexperto, le comenté a mi mujer y me dijo que iba a buscar uno.
—querida flor, precisa que sea joven, es un caso de mucha urgencia— sus ojos me miraban con un poco de pavor, me asusté yo, mi mujer ¿asustada de algo? Me estaban temblando las manos, como si aquella fuera nuestra última conversación en crepúsculo.
—cariño, tengo a alguien perfecto, no te has de preocupar —la note un poco distanciada, intentando buscar su celular — voy a hacer una llamada, Adrián me va a tener que aguantar por un año más. — una pequeña mueca de burla por fin apareció de vuelta, después de medio año, me sentí relajado en aquel momento, alegría recorría mis venas, mientras intentaba mirar los rayos de sol en aquel día de lluvia.

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