Tras casi medio día de caminata a través del bosque, los aventureros bajo el mando de Martin, avanzan hacia la base de la montaña para dar fin a tal terrible mazmorra.
Durante largo rato son escoltados por los costados y desde la retaguardia por enormes y pequeñas arañas, pero solo se limitan a vigilar a los humanos que caminan temerosos por la presencia de tales monstruos que podrían devorarlos. Sin embargo y por alguna razón no realizan ningún movimiento audaz como el intentar atacar, casi como si alguien los estuviera protegiendo a los aventureros de tal destino.
La ya poderosa presencia de la marca del emperador es suficiente para que ninguna criatura quisiera oponerse a Martin por más que lo deseen.
Martin se detiene unos momentos y se voltea hacia el grupo:
–Descansemos un poco y luego regresamos a la misión.
–Pero Martin, estas criaturas…– dice Paulo mientras señala a las arañas que se mueven alrededor del grupo, manteniendo una distancia prudente–. No podemos relajarnos.
–Si tuvieran la intención de matarnos, lo hubieran hecho hace tiempo. Nos tomaremos veinte minutos y regresaremos a la caminata a la montaña– responde Martin.
–Entendido.
Estela se acerca a Martin y le da un pedazo de sándwich:
–Oh, muchas gracias– agradece Martin en tono tímido.
–N-No…de nada– responde sonrojada– Lo hice para ti– agrega en voz baja, muy nerviosa.
–Esta delicioso, muchas gracias Estela– vuelve a agradecerle mientras saborea el sándwich.
Martin sonríe y continúa comiendo con expresión feliz, mientras piensa:
–Todo marcha bien – Mira a las arañas que siguen deambulando por el bosque, acechándolos– Pero estas criaturas…no tenemos que relajarnos, porque podría ser malo – Luego mira hacia a los aventureros, y el nivel de estrés que está provocando la mazmorra–. No tengo dudas, debo protegerlos a todos – Finalmente regresa su mirada a Estela, quien se percata y le sonríe al cazador–. Principalmente a ella debo proteger más que nadie…no dejare que ocurra lo mismo que hace años atrás…con mi padre…y su grupo. – Aprieta su puño al recordar tales terribles sucesos que arruinaron a su familia.
Después un breve descanso, el grupo regresa al camino rumbo a la montaña. Con una formación puramente defensiva, ideada por Paulo, los cazadores avanzan por un camino que cada vez se hace más angosto hasta que se acaba fundiendo con el bosque.
Esto los obliga a permanecer en alerta máxima, frente a las criaturas que aun los sigue, y mucho más peligroso aun, es el hecho de que esta anocheciendo, y las arañas de mazmorra son excelentes cazadoras nocturnas:
–Martin, yo creo que deberíamos avanzar más rápido – dice Estela, mientras camina al lado de su compañero, algo nerviosa a pesar de que ahora es una cazadora de Rango B.
–Si, quizás tengas razón, está anocheciendo y no podemos saber en que resultara si continuamos en este bosque.
–¿Tienes algún plan? – pregunta ella, preocupada por la situación en la mazmorra.
–Es aun precipitado, pero primero debemos continuar hasta el anochecer, luego veamos cómo se comportan las arañas. – Toma a Estela de la mano izquierda, sorprendiéndola gratamente –. Solo mantente a mi lado, y concentra tu poder de curación en el grupo. Si liberas una fina capa alrededor de ellos, estará protegidos, al menos un rato. No te preocupes por el maná, tengo reserva ilimitada, aunque no sepa hechizos.
–Si – responde Estela sin dejar de preocuparse por él.
–Y descuida, te protegeré, cueste lo que cueste – le dice en voz baja, muy serio y aferrándose con fuerza a la mano de Estela, como si no quisiera dejar que se repita lo de hace unas horas atrás.
La oscuridad de la noche cubre toda la mazmorra, inaugurando el momento del día donde las Arañas se vuelven verdaderas cazadoras de humanos y animales. Es en ese momento donde el verdadero problema o circunstancia se produce, y es que lo que se creía que sucedería, al final no ha pasado, ninguna araña ha atacado, y lo que llena aún más de dudas a Martin:
–Algo anda mal…– Se voltea y mira con una sonrisa a los demás cazadores que esperan ordenes de el – Por lo visto se han cansado de seguirnos, lo mejor es que sigamos, no es prudente esperar a que se decidan.
Los aventureros comienzan a presentir que algo está fuera de lugar, y por unos breves momentos miran a Martin, casi como dudando de sus palabras, pero Paulo se acerca a él y le dice en un tono para que nadie los oiga:
–No entiendo que sucede, pero confiare en ti.
–Gracias, eso creo– responde el joven a la confianza que le otorga el experimentado cazador.
La mano izquierda de Paulo se desliza hacia el mango de la espada, y desenvaina el arma mientras exclama en un tono moderado, pero enérgico hacia sus compañeros:
–Completemos de una buena vez esta mazmorra…yo confío en Martin.
Martin, que había empezado a dudar de su capacidad como líder, ahora se ve rebosante de confianza y entusiasmo, gracias a Paulo quien lo apoya sin dudarlo luego de ver de lo que es capaz como cazador.
Algunos cazadores del grupo que no estaban convencidos de su capacidad para liderarlos, comienzan a verlo como alguien en quien deben confiar y apoyarse, más aún en tal terrible situación como lo es estar en una misión que ha cambiado drásticamente, y los supera con creces.
A pesar de avanzar con más seguridad, no evitan sentir escalofríos cuando llegan a un enorme árbol con cientos y cientos de huevos colgando, y capullos de telaraña donde posiblemente haya animales putrefactos que luego serán digeridos. Martin mira muy impactado al enorme árbol, que nunca había visto:
–Esto…es muy extraño – deja escapar con sus ojos abiertos.
–¿Martin? ¿Qué sucede? – Estela mira el rostro del joven, como se ha tornado pálido y una gruesa gota de sudor cae desde su mejilla.
–Algo no está bien aquí, ese enorme árbol…no lo había visto ni siquiera desde la cueva.
–¿A qué te refieres? Quizás solo estaba cubierto por el bosque.
–No…es como si…fuera puesto a propósito aquí…como si…
Estela le golpea disimuladamente con el codo al brazo de Martin, para hacerlo entrar en razón y no verse dudoso frente al grupo, que espera temeroso por alguna orden o indicación.
Realmente para Martin comienza a ser difícil el encontrarle sentido a la mazmorra.
Sin embargo, aquel árbol comienza a temblar y poco a poco unas gruesas patas salen de los costados, y apoyan sobre el suelo. Una gigantesca araña llamada Niñera, se había posado en el lugar, solo para que la nueva generación pueda nacer, sin contar con que allí se encuentra Martin y los demás:
–Araña Niñera…Clase C+…– Martin se voltea y mira a sus compañeros – Inclusive para ellos no sería difícil encargarse. Gracias a la Marca del emperador puedo saber la información que tiene cada monstruo, desde rango y clase hasta sus estadísticas, y sin duda esta araña no tiene buen ataque, tampoco defensa, pero posiblemente sea resistente.
–Tendremos que enfrentarla– dice disgustada Estela.
–No hay de otra. – Gira un poco la cabeza y mira a los demás –. No creo que ellos tengan ahora la fortaleza mental para esto, no puedo dejarlos tan desprotegidos, pero tampoco sería adecuado que me encargue yo solo de la mazmorra. Aunque yo sea más que suficiente para limpiar este lugar, y Estele sea mucho más fuerte que antes, esta gente tendrá que cumplir con una parte activa – piensa preocupado sin perder de vista dentro de su campo de visión a la enorme araña niñera.
–Martin, ¿qué es lo que podríamos hacer? Esa araña gigante nos estorbaría el camino, y aún estamos lejos de la montaña – pregunta Paulo en voz baja para que los demás cazadores no se preocuparan de la aparente difícil situación que se aproxima.
–Estela…– murmura cerca del oído de su compañera.
–¿Sí? – pregunta ella.
–Necesito que vayas con los demás y les digas esto…– le pide Martin.
Martin le explica bien su plan, aunque al principio Paulo se muestra muy impactado y negándose a aceptarlo, termina por ceder, reconociendo que no queda otra.
Después de hablar sobre el plan, Estela se acerca al grupo y les explica que deben hacer, atrayendo solo histeria y al igual que Paulo en un comienzo, negación. Sin embargo, Paulo se acerca y logra persuadirlos con su carisma como Líder, pero, aunque las cosas se logran calmar, el descontento sigue entre los demás cazadores:
–Disculpen, pero no puedo aceptar esto, ¿porque debemos ser nosotros quienes enfrentemos a la criatura que tenemos enfrente? – pregunta Lucas al borde de la histeria.
–Es cierto, inclusive Martin podría acabarla muy fácilmente sin necesidad de ayuda– dice María, dándole la razón a su compañero.
–Además, ¿no es cazador rango F?, ¿cómo es que siendo tan débil puede enfrentar a tales criaturas? ¡Está ocultando algo! – exclama Claudio, cuestionando al cazador recientemente elegido como líder de la misión.
–Pues, el asunto es…– Paulo intenta poner orden, pero la situación lo desborda.
El grupo comienza a elevar la voz y a criticar sin parar a Martin, hasta que la pacífica y dulce Estela explota en una voz casi imperceptible pero poderosa que los obliga a escucharla:
–Escúchenme, Martin no puede hacer este trabajo solo, él quiere ayudarlos y la mejor manera es que todos cooperemos. Si queremos salir de aquí con vida, escúchenlo y dejen de cuestionarlo, no saben nada de él así que no traten de insultarlo de esa manera – Al terminar, Estela se da media vuelta y camina hacia Martin.
Después de aquel discurso, la voluntad de los cazadores se recupera y rápidamente todos se forman detrás de Martin, y cada uno le da una disculpa, a pesar de que aún no están seguros de poder cumplir con lo que el actual líder de misión pretende.
Los cazadores se preparan para el ataque contra la araña niñera bajo una formación creada por Martin, quien debajo de toda su seguridad y confianza en sus compañeros de misión, el sin duda alguna los protegerá si sucede algo realmente crítico. No obstante, el éxito de esa cacería dependerá de los demás cazadores.
Martin da la señal, y rápidamente los cazadores especialistas en fuerza atacan a las patas, con frecuentes golpes al mismo sitio una y otra vez hasta que una de ellas cede y cae al suelo, ocasionando un rugido casi silencioso. Mientras los especialistas en ataque a distancia y en magia atacan a los capullos, previniendo que nazca alguna criatura inoportuna, y los curanderos entre ellos Estela mantiene a los demás a salvo con hechizos de recuperación de fuerza, resistencia y vitalidad.
El ataque no dura ni diez minutos cuando la enorme criatura cae completamente muerta y con los capullos destruidos por la coordinación del equipo, esto es motivo para que festejen por tal hazaña, excepto Martin, que se mantiene serio al encontrarse la zona en un estado de silencio sospechoso. Para poder evitar algo innecesario, expande su campo de visión:
“Percepción Imperial”
–Es extraño, no hay ninguna criatura, ni siquiera ese miserable de Fabio…algo es extraño. ¿Tendré que ver con la criatura que vive en la montaña y gobierna a estas arañas? –piensa Martin con sus ojos cerrados y la Percepción imperial expandiéndose, pudiendo detectar todo a los alrededores.
El hecho de que las criaturas no aparezcan, siendo que hace unos momentos había decenas de ellas acechando entre la vegetación, hace extraña la situación, más que nada porque tampoco Fabio había aparecido en el rango que abarca varios kilómetros:
–Debemos continuar, no se separen de mi… ¡Rápido! – le ordena el joven cazador al grupo, que rápidamente detiene los festejos continúan con el camino – Con mi percepción imperial debería poder detectar a cualquier ser vivo inclusive aquellos que han muerto…¿que está pasan…?
Martin se detiene frente a todos, Estela se le acerca preocupada porque haya otro enemigo, pero cuando le ve el rostro a su amigo, nota que sus ojos están blancos y sus manos tiemblan:
–¿Martin? ¡¡Martin!! – le grita al verlo en tal condición, preocupada porque le haya pasado algo grave.

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