Desde aquella conversación, La Ciudad de los Lagos no podía dejar de pensar en las palabras.
Un día, mientras paseaba por la biblioteca, Castilla y León la encontró sentada en un rincón, abrazando sus rodillas.
—¿Qué te pasa?
Ella dudó un momento antes de responder:
—Hermano… ¿por qué papá no me qu
Castilla y León sintió un nudo en el pecho. Acarició su cabeza con cariño y le sonriendo con ternura.
—No importa lo
La Ciudad de los Lagos alzó la mirada, con los ojos llenos
—¿Lo prometes?
Castilla y León avanza con firmeza.
—Lo p
Y así, en aquel ri
Fin del episodio 6
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