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La Piel del Viejo Coyote

La Caída del Dragón Dorado II

La Caída del Dragón Dorado II

Mar 29, 2025

Los pequeños dragones, ya tenían tres semanas de nacidos, el mismo tiempo en el que dragón dorado pereció, ya había abiertos sus ojos y comenzaban arrastrarse en el nido curioseando alrededor con lo que sus escasos sentidos les permitía.
En ocasiones Roberto descansaba fuera del nido, pero la mayor parte dormía a lado de las crías para entibiarlos con su calor corporal. Los acicalaba o eso intentaba, no era un amante de tal acto, pero las crías eran tan insistentes que no le quedaba opción mientras la madre no regresara.
Se apartó de ellas cuando al fin estaban dormidas, Su madre tardaría en regresar. Pero esa era la oportunidad, debía irse ahora. Salió de la habitación y llamó a una de las niñeras para que se encargara de ellos.
Hecho andar cuando se aseguró que estuvieran al cuidado de otros adultos, recorrió el palacio hasta quedar afuera del castillo, se acercó a la empinada bajada cuyo sendero se perdía ante la densa neblina.
—No vayas.
El coyote miró a los lados buscando que no hubiera ningún alma. Estiró su pata con cuidado de no resbalar, probo el suelo, presionando primero con sus garras, apretando las almohadillas de su pata, girando levemente. El coyote al sentirse seguro de no resbalar dio unos cuantos pasos, y empezó a bajar en un suave trote, ocasionalmente regresaba la mirada y veía empequeñecer al gran palacio, eso le costó un par de caídas, y rodadas cuesta abajo, pero que rápidamente se recuperaba levantándose y sacudiendo el polvo al pelaje.
Entre más bajaba, iban apareciendo unos pedazos de rocas flotantes. Roberto se detuvo cuando encontró una roca a su alcance, tanteo la distancia, caminando de lado a lado siguiendo el cúmulo de rocas, en la primera oportunidad Roberto echo un salto. Aplicó el mismo movimiento con las siguientes rocas, salto en salto iba alejándose más del suelo, dejando a la vista los hogares del reino que se veían tan, minúsculo. El gran castillo, no dejaba de verse imponente, resguardado por aquella fachada completamente carmín, con colores dorados adornando sus puertas.
—No vayas.
Se alertó moviendo sus orejas ante aquella voz, y Roberto se vio paralizado al escuchar un rugido, y fue empujado casi cae al vacío, pero inmediatamente fue sujetado del pellejo antes que descendiera hasta lo que podría resultar una más que una dolorosa caída. Aun así, por instinto, buscó liberarse, retorciendo su cuerpo, pero su captor lo sacudió de arriba hacia abajo, para luego ser soltado sobre la misma roca.
—Yun..—Tosió—Si ni quiera te vi—
La felina levantó su pata y apretó la nariz del cánido con sus garras.
—Deberías de aprender a utilizar esto que llamas nariz—dijo la tigresa a Roberto, sé que se sobó la nariz con su pata.
—¿Adónde vas cachorro?—Preguntó la tigresa clavando sus fieros ojos en el pequeño coyote
—¡No es tu problema!
—Sí que lo es¿ Acaso dejaras a Aka a merced de Deimos?
—¡Nunca!... pero debo irme...
—¿A dónde?—Roberto la ignoró, busco rehuir, tentado a saltar a la próxima roca como vía de escape; sin embargo, la mirada atenta de la felina, acechándolo, lo hacía desistir.
—Roberto, no quiero ser yo quien te entregue bajo sospecha de traición.
—Bien, bien, te diré, traeré a Kawa.
—¿Cómo? No digas tonterías.
—Olvidas mi procedencia, mi alma es humana, es lógico que sea yo.
—Definitivamente, una tontería, los arcanos te devorarán—. Dijo la tigresa con su voz cada vez mostrándose más irritada.
—No con este cuerpo—Dijo Roberto
—Sigues estando más loco que digo loco y estúpido.
—No, este cuerpo fue hecho para protegerme de ellos, la persona que me trajo aquí lo moldeó para ello, puedo hacerlo, es nuestra oportunidad, debo ir Yun
— No solamente son los Arkano hay más cosas peligrosas que puedas encontrar. Podrías decirles a Aka.
—No puedo decirle a Aka, me detendría.
—Si es una oportunidad para que sus crías sobrevivan, aunque le duela, no se negara Roberto, aunque se trate en esperanzas vacías.
—Tal vez tengas razón, pero tardará en dar la orden y es tiempo que no puedo perder, si Deimos se entera no creo durar mucho más que las crías de Aka...Y los dos sabemos —bajo la mirada hacia sus patas que enterraban su garra en la roca —que Aka me ve como una de sus crías. Además, Deimos matará a los pequeños en su primera oportunidad.
—¡Maldición!—escupió la tigresa—Bien vete, pero a cambio te acompañaré
—Pero no puedes entrar.
—Soy hija del antiguo guardián tigre Tao, no me subestimes cachorro.
—Tu poder se verá mermado Yun.
—Ja, pasará mucho antes de que mi poder se vea afectado.
La tigresa se agazapó, dio un salto hasta la siguiente roca, volteo hacia Roberto y con un ademán le insto a seguir, así escalaron saltando de rocas en roca. Roberto quedando atrás y la tigresa vigilando cuando podía el paso del coyote.
—Puedes volar, así llegaríamos más rápido—. Comentó el coyote tras un salto a la siguiente roca.
—No, hacerlo es más agotador que simples saltos, solamente en emergencias, pequeño.
—Pos esta es una
—Bueno... Una emergencia de emergencias.
Conforme se acercaban se alcanzaba a ver unas raíces emergiendo entre las nubes, la tigresa se detuvo, espero que Roberto le alcanzara. Al instante que le tuvo aún lado le tomó con un bocado de la espalda. Se agazapó calculando la distancia y el peso que llevaba, cuando la distancia fue menor entre la piedra que yacían y esas raíces. Yun saltó retrayendo sus garras para aferrarse a la madera, escalo aferrando cada una de sus patas en la raíz hasta llegar aún lugar sólido donde pisar y lanzó el cuerpo de Roberto para luego saltar.
—Lo siento, si fui algo brusca—Se disculpó Yun, revisando al coyote.
Roberto asintió al momento que se levantó, sacudió su cuerpo. El coyote, sintiéndose curioso, se dirigió a observar dónde estaban. La vista era la de un enorme árbol, cuyas raíces habían escalado, al levantar su rostro Roberto más allá del tronco, estaban sus ramas que sostenían esferas de diversos colores, era imposible contarlas desde donde estaban.
El coyote se acercó a la orilla donde la oscuridad abundaba, pero todavía podía apreciar como las raíces rodeaban al mundo del que habían salido, un mundo que para Roberto se asemejaba a una esfera de cristal atrapada por el abrazo de enormes raíces, cuya forma era similar al de una madre serpiente agazapada de manera protectora sobre su nido ante un depredador.
—Vámonos.
Un ligero tirón de su rabo por la tigresa detuvo la apreciación del coyote, Yun señaló con un ademán de su cabeza un umbral que se encontraba en el tronco, al acercarse este era incandescente con un aura entre azul y violeta, lastimando los ojos de ambas criaturas.
Cuando atravesaron el cielo pasó de unos oscuros con cientos de estrellas, a un cielo rosado rojizo con piedras flotantes a lo lejos, también había una pequeña cascada que termina formando un lago.
—Mmm no es muy distinto a casa—Menciono, Roberto.
—No te engañes, esta tierra es un sitio inestable, te darás cuenta conforme nos adentramos—La tigresa olfateo el aire a su alrededor.—Tendrás que hacer uso al cien de todo de tu cuerpo, olfatea bien, ten atenta tus orejas. No subestimes el lugar donde pisas, y por favor se atentó con cada paso que des y mira a todos los lados... Como ahora.
Gritó Yun y empujó a Roberto antes que una enorme masa los aplastara. La caída fue tan fuerte que un enorme cúmulo de tierra se levantó y causo un fuerte estruendo.
La tigresa se colocó encima del canino, protegiéndolo con su cuerpo de la tierra levantada. La felina inspeccionó con el olfato la enorme masa de pelo que tenía un aroma entremezclado de lodo y sangre. Poseía unos enormes colmillos, así como un pelaje de un exquisito color dorado.
Yun levantó ligeramente el cuello apartándose de su protegido y caminó alrededor del cuerpo olfateando su alrededor, seguido de Roberto quien el felino pidió que no se despegara de su lado. Se trataba del cadáver de un jabalí, que tenía el cuello desgarrado, era una herida fresca que había acabado con la vida del animal.
—¿Quién lo habrá matado? —preguntó Roberto.
—Ni ideas.
Buscaron a su alrededor al posible cazador hasta que Yun y Roberto se percataron de la presencia de un lobo de pelaje rojizo, mirando de perfil con su ojo derecho dorado, mientras reposaba su cabeza en la roca donde descansaba.
—¡¿Quién eres?!— Exigió Yun
El can bostezó con aburrimiento y estiró su cuerpo. Volteó a verlos de frente, revelando una cicatriz en medio de su hocico, pero lo que impacto más a Yun y Roberto fue la apariencia de ese animal. Varias partes de su cuerpo carecían de pelaje, sobre todo la parte izquierda de su cuerpo, era casi solamente pellejo al descubierto de un tono rojizo, moteado de negro, como si hubiera sido carboncillo. Una de las oreja estaba arrancada.
El lobo, aunque los miro curioso unos instantes, se vio distraído cuando una rápida ráfaga de aire golpeó el pelaje de los presentes. Un zumbido recorrió el lugar tras la caída de un enorme dragón oscuro que provocó el vibrar de la tierra. Rugió en su llegada y luego trepó encima del jabalí muerto.
Este dragón era un espécimen de forma serpentina, que recordaba al difunto rey pero poseía alas y su escama eran un oscuro tono ébano, debajo del pecho tenía una tonalidad plateada con patrón de rayas que le recorría hasta la punta de la cola , poseía un par de cuernos color Bermellón.
—¿Será...Kawa?
—No, ni siquiera es de la misma especie —comentó Yun sin quitar la vista de ambos individuos.
El dragón recién llegado soltó un rugido aunque fuerte, no se expresaba con amenaza o advertencia, era más bien un llamado.
Maní, se escuchó entre cada rugido, el gran lagarto al no recibir respuesta trepó a una roca próxima a la loba y aferrándose con fuerza a la roca , esta comenzó agrietarse por la presión. Siguió insistiendo por varios minutoscon sus rugidos, que a veces iban bajando hasta volverse chirridos para luego elevar potenciando en resonante bramidos.
—Creo estamos a salvo, pero qué incómoda situación—Dijo la tigresa con voz apenada, apartando su vista de ambos individuos.
—¡¿Qué?¡
—Estamos ante una propuesta de cortejo entre esa loba y ese dragón.
—¡¿En serio?! Pero, pero ella es muy.... Esta chiquita. Para bueno ya sabes qué cosas...
—De la misma manera que Aka con el difunto rey -Mencionó Yun — , la especie importa poco para un dragón, pueden asumir cualquiera o pueden hacer que otros asuman la de un dragón.
—Pero Aka jamás fue transformada y el rey siempre fue dragón—. El tigre soltó un suspiro—es una historia... complicada.
La loba soltó un bramido con disgusto y dijo:
—¡Rechazo tu regalo! —exclamó severa — También rechazó tu cortejo Hati.
El dragón resoplo molesto por la respuesta.
—Regresa a casa—Dijo la loba.
La hembra dio la vuelta y salto de la roca, el dragón abrió la boca soltando un resoplido seguido de un retumbante rugido que abrió un remolino que escaparon chispas azuladas, el dragón lo atravesó y desapareció tras adentrarse.
—Que bueno, ya termino —. Dijo entre dientes Yun, sacudiendo la cabeza incómoda— Es mejor así, corrimos con suerte, ese joven podría haberse desquitado, tras su... Rechazo... ¡¿Dónde estás?!—reclamó la tigresa girando su cabeza en toda direccion.
—¡¿Hey, donde vas?!
—A preguntarle la dirección, es lógico—. Acotó a lo lejos su compañero canino
—Lógico es ir con precaución, cachorro tonto.
Yun fue ignorada por Roberto en un veloz movimiento, se fue detrás de la loba, pues el can sabía que la tigresa lo detendría si no actuaba, la loba no se veía lejos, caminaba tranquila, no sería difícil de alcanzar.
—Señorita, señorita
La hembra detuvo su andar.
—Detente—. Advirtió la loba confundiendo al coyote.
Roberto tarde entendió el aviso, el suelo que pisaba se volvió inestable y empezaba a resquebrajarse, pensó Roberto que se hundiría junto a la roca pero salió una enorme cantidad de raíces que empezaron a dar forma a un árbol, Roberto esquivo de un salto, pero tambaleo y golpeó contra la madera.
—¿Estás bien?—Preguntó la desconocida, la loba se aproximó rodeando el árbol recién salido que no paraba de emerger y se colocó a lado del Coyote.
— Algo norteado, pero muchas gracias—exclamó sacudiéndose su nariz con su pata, la loba lo miro confundido, inclinó la cabeza con extrañeza.
—¿Eso significa?...
—Olvídelo, cosas mías, estoy bien, bien, pero quería preguntarle...
—¡No!—.Dijo la loba.
—Pero ni siquiera le he preguntado.
—Supongo lo viste, rechace a ese dragón, no quiero ilusionarte niño.
— Yo estoy por otra cosa señorita—Dijo con un ligero tartamudeo Roberto— No me parece bien que me rechacen sin siquiera haberme declarado.
Roberto se le erizó el pelaje avergonzado de sus palabras, quería hundir su cabeza bajo tierra.
—Bien, habla jovencito.
—Estoy buscando al dragón Kawa, se sabe que vive en estas tierras.
—Se dé quien hablas, pero lleva siglos de su llegada que no se ha acercado a la entrada de este mundo—miró hacia las montañas, según dicen, se resguarda atravesando el claro oculto por bruma, donde está el mar infinito.
—Cómo llegó hasta allí.
—Sigue el río de los espíritus , en la noches el camino es fácil de rastrear,si quieres puedes quedarte en mi guarida hasta que llegue el momento, no tengo problema indicarte como llegar.
—Perfecto, me sería de mucha ayuda, necesito encontrarlo lo más pronto posible.
—No, no, no—Era la tigresa que acentuaba cada no con un gruñido.
—Yun estás aquí, esta señorita nos ayudará.
—No las conoces, yo no la conozco, sin ánimos de ofender, señorita.
—Que descarada Yun.
—Mira, quien habla—chocó su cabeza con fuerza con el pobre de Roberto que resintió el impacto.
—¿De qué se ríe?—exclamó Yun girando su vista hacia la loba.
—Nada, jovencita, pero tienes razón, tu amigo no debería fiarse así.
—Escuchaste, hasta ella opina lo mismo—Expresó Yun.
—Sí, si ya escuche—Roberto bajó su cabeza, junto a sus orejas, sintiéndose avergonzado y pensó en su error:
«Tiene razón, ya me mal acostumbre a vivir en la comodidad del palacio, que olvide ser precavido»
—Pero les aseguro que no es mi deseo hacerles ningún mal. Soy mani.
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