-¿Qué dijiste, puta?— blasfemó el ebrio, yendo directo con el elfo, tomándole de la camisa fuertemente con intención de golpearlo, pero un brillo puntiagudo lo detuvo en seco.
En la papada barbuda del hombre ahora había una afilada daga ligeramente presionando su piel, los demás hombres, incluido el mago, se sorprendieron de la rapidez de ese movimiento, haciendo que el bar quedara por completo en silencio, el hombre de la barra se acercó para calmar cualquier conmoción que fuera a presentarse.
-Dije que no te alcanzaría a pagarlo, cerdo. Ahora aléjate y no me molestes por favor o tendré que patear tu apestoso culo. Lárgate.—
El hombre, aún molesto solo se alejó para pagar su cuenta e irse maldiciendo a todos los elfos del mundo, no era tan tonto como para pelear con alguien con una daga. Luego del silencio, algunos regresaron a su mesa sin comprar nada y otros rápidamente terminaron de comprar pocas cosas sin hablar mucho con el elfo, por temor a que les hiciera daño, dejando a Nikolay para el final, quien llevaba más productos, había encontrado prácticamente una mina de oro en ese vendedor viajero.
-Llevas varias cosas ¿Eres brujo o algo así?— Mencionó Lanzeloth al pelinegro cuando finalmente terminó de atender a los demás.
-Sí. ¿Cuánto sería en esto? Parecen de buena calidad, me sorprendió un poco— Escuchar cómo le hablaba de “usted” le hizo al elfo soltar una risita. Cada vez le agradaba más aquel hombre. Vio los frascos que llevaba en esas delgadas y grandes manos ya juzgar por éstas, suponía que no hacía trabajos pesados, parecían bastante suaves y cuidadas.
-No me llames de “usted” Mi nombre es Lanzeloth. Y Umm déjame ver... Te pondré las cosas en un saco—
Sacó una bolsa delgada para ir metiendo las cosas, haciendo cálculos mentales de cuanto sería el valor aproximado. Mientras tanto, Nikolay sacaba su monedero, llevaba varias monedas de diferente valor y material, sabía que todo eso sería costoso, así que seguramente su monedero terminaría vacío.
--Bueno, creo que serían 40 monedas doradas por todo… Pero a ti no te cobraré eso, Invítame un trago, una buena comida y la bolsa entera es tuya— Negoció el elfo sonriendo amablemente al pelinegro, el cual solo le miró extrañado y negó mirando con algo de sospecha al elfo, luego de aquella escena pasada tenía algo de desconfianza.
-No gracias, voy a pagarlo con monedas— Nikolay acomodó sus lentes para ir abriendo su monedero, pero el elfo habló de nuevo con voz amable.
-No aceptaré otro tipo de pago, es eso o nada. Anda, solo es comida. Tengo hambre y he caminado mucho todo el día, no seas apretado. Luego de eso ya te llevas tus cosas, todos ganamos. ¿No crees?— dijo mientras comenzaba a guardar las cosas en su mochila de viaje, ya había trabajado mucho por ese día, quería cenar antes de ir a buscar una posada para pasar la noche.
Nikolay pensaba en esa propuesta, no quería compañía, no estaba acostumbrado a hablar con extraños, pues se sentía inclusive un poco intimidado por la actitud tan segura e intrépida del elfo… Pero por otro lado era una oferta única. Todo ese valioso material por solo una cena… era difícil de negarse.
-De acuerdo, te invitaré la cena y el trago, luego me llevaré la bolsa. Espero que no sea una estafa de tu parte— sugirió el mago con seriedad, Lanzeloth más allá de ofenderse, solo sonrió feliz y guiñó su ojo para seguir a Nikolay hasta su mesa. Por primera vez el mago puso atención al aspecto de aquel chico, su blanco cabello, su tez morena decorada por curiosas líneas blancas. “¿Tatuajes?” pensó.
Al llegar a la mesa ambos se sentaron viéndose entre sí, Nikolay no decía palabra, su poca experiencia en entornos sociales le impedían iniciar una conversación, más allá de lo necesario, como una persona normal y funcional en sociedad, cosa que Lanzeloth notó rápidamente.
-¿Cuál es tu nombre? Te dije el mío, pero no sé el tuyo- Preguntó el elfo mientras recargaba la pesada mochila en la pata de la mesa y dejaba el abrigo en la silla, no tenía frío, además de que quería que el bibliotecario tuviera una mejor vista de su cuerpo.
-Nikolay Petrov…— Respondió sin más, antes de que se acercara un mesero para levantar la orden de ambos, algunos hombres los veían desde otras mesas, curiosos de que aquel mago antisocial estuviera comiendo con ese bonito elfo.
-Tráeme por favor carne, como la preparen aquí, en guiso o asada, con el acompañamiento que sea… Umm y de beber un tarro de cerveza bien fría, también una botella de ron con dos copas. —Pidió el elfo, el mesero miró a Nikolay, quien pidió “lo mismo”, Se fue de ahí con la orden lista.
–Mi nombre completo es Lanzeloth Draghatis, como te dije, soy un elfo viajero… al menos por el momento, estoy consiguiendo recursos para la academia de dragones de la que formo parte—
Aquello encendió el interés de Nikolay, quien de nuevo volvió a tomar su cigarro, ofreciéndole uno torpemente al elfo, éste solo negó. Ahora el pelinegro estaba interesado en la plática, pues por el aspecto tan extraño de Lanzeloth no parecía un académico, al menos no uno como los que él conocía.
-¿Academia? ¿Eres profesor o algo así? No lo pareces. —Preguntó honestamente y sin malicia mientras fumaba, aunque quizá podría sonar algo insolente por su manera seca al hablar.
Puso atención a la ropa, por la vestimenta suponía que no era un elfo de la región, no conocía mucho de elfos, pero no era común que habitaran en las cercanías y menos de ese color de piel o cabello.
-Siendo sincero eres el primer elfo que veo en muchos años, no es común que lleguen aquí y menos solos. Generalmente vienen… “acompañados”— Nikolay no bebió hasta que a Lanzeloth le trajeron también un tarro de cerveza y de dejar que él diera primero el trago, sus modales estaban primero.
El peliblanco bebió del tarro de cerveza fría y espumosa, soltando un sonido de alivio y gusto al terminar.
-Phaa~ Vaya que tenía sed… Y bueno, sé que no es normal que un elfo bonito como yo esté solo, pero no soy cualquier elfo, aquí donde me ves, soy un guerrero, un elfo lunar, un jinete de dragón.
La academia que te comenté es de dragones, aprendemos a ser jinetes y guerreros, porque vaya la redundancia nos dedicamos a criar dragones. -- Mencionó sonriendo por su comentario, dejando ver un pequeño colmillo que sobresalía entre sus carnosos labios, detalle que el bibliotecario no pasó por alto.
-Pero cada vez hay menos dragones por la cacería desmedida. ¿Y tú a que te dedicas exactamente?, porque no pareces campesino, panadero u obrero como los otros hombres aquí, de hecho, por eso llamaste mi atención, la forma en que veías esos frascos con tanto interés...— No le incomodaba la mirada curiosa del mago sobre él, sabía que lo estaba viendo porque era obvio era muy obvio, no sabía disimular en absoluto.
Pero le gustaba, amaba sentirse visto por hombres que también le parecían atractivos.
-Soy bibliotecario, tengo una biblioteca en el pueblo… También hago pociones con mi madre, ambos negocios familiares…-- Mientras Niko bebía un poco de su tarro notó como el elfo volvía a sonreírle, lo cual le hacía sentirse algo incómodo y apenado, pero no era desagradable, inclusive le ponía un poco nervioso, tímido.
El elfo era lindo después de todo.
-Ya veo, por eso te vistes como viejito y te interesaste por los materiales, de hecho, no es algo que venda muy a menudo, la gente busca cosas más banales o para comer— Lanzeloth acomodaba su largo cabello blanco de forma coqueta, deslizando sus delicados dedos entre los mechones a modo de “peinarlo”. Nikolay lo miraba de reojo, ahora se sentía más nervioso por la actitud tan llamativa del elfo, era demasiado para él, tenía años que alguien no "coqueteaba" con él, o al menos que lo notara.
-¿Viejo? No considero que mi ropa sea… de ese estilo, solo me gusta vestir correctamente conforme a mi trabajo— Mencionó con el cejo un poco fruncido, estaba un poco ofendido por aquel comentario, Lanzeloth por su parte soltó una risita, le gustaba el rumbo que tomaba todo eso. Buscó un poco más de acercamiento rozando por un momento la pálida mano del otro, acariciando sutilmente el anillo que Nikolay llevaba puesto, sonreía viéndole a los ojos, notando el cansancio en ellos y unas ojeras marcadas. Para Lanzeloth, la mirada era la ventana del alma, ese momento en que ambos se estaban viendo entre sí, pudo sentir la intensidad del otro, era algo... complejo de entender, pero sentía que le llamaba, había algo que le intrigaba.
-No te molestes, aunque vistas como viejito creo que te ves muy bien, ese estilo te queda muy bien hombre, eres guapo ¿Te lo han dicho antes— No era nada discreto con sus coqueteos, cosa que le hizo fruncir el cejo nuevamente a Nikolay por su propia frustración al no saber cómo reaccionar a esos acercamientos, provocando un sonrojo de vergüenza, desvió su mirada a las manos del elfo viendo varias cicatrices en las mismas seguramente por batallas y el hecho de ser un guerrero.
Definitivamente no estaba acostumbrado a esa clase de comentarios, mucho menos proviniendo de otro hombre, pues, aunque los rasgos del elfo eran finos, seguía siendo un hombre.
Su experiencia en el amor se limitaba a una efímera relación de un mes con una chica hacía cinco años, forzada por insistencia y preocupación de su madre por la prolongada soltería de su único hijo varón.
Finalmente trajeron la comida, Lanzeloth ni lento ni perezoso comenzó a comer, en frente estaba un plato de lo que parecía ser un corte de cerdo muy bien cocido, acompañado de un puré de papa mal logrado, la carne no era la mejor pues estaba algo talluda, pero tampoco era terrible, mínimamente saciaría su hambre, y la compañía no era del todo mala, de hecho, se estaba divirtiendo mucho con las reacciones del bibliotecario.
-No estoy acostumbrado a hablar con otras personas… Menos que me digan algo como eso— Masculló finalmente el pelinegro después de un tiempo en silencio. También comenzó a comer, viendo como el elfo hacía lo mismo, pues, aunque decía que era un guerrero y viajero comía con cierta sofisticación, tenía modales también al tomar los cubiertos. --¿Solo estás de paso? — Bebió más de su tarro, intentaba seguir una plática.
-Pensaba irme mañana, pero… quizá me quede unos días más, creo que encontré un cliente que quiero conservar por un tiempo. — El elfo también bebió de su tarro, en esta vez no sonrió, le miró con algo de seriedad para seguir comiendo en silencio por un momento, lo cual era la muerte para Nikolay, quien solo estaba pensando en por qué Lanzeloth se había interesado en él “¿Por qué yo?” pensaba y pensaba. Aunque viendo el lado amable, no tendría que pagar por los materiales, la incomodidad valía cada moneda e incluso más.
Lanzeloth terminó su cerveza y abrió la botella sirviendo dos pequeñas copas casi rebosantes, una para él y otra para el generoso patrocinador de esa cena.
-Ten, bebe, acabándonos la botella quiero que me lleves a una posada—Aquella “propuesta” erizó la piel del mago, haciendo que abriera los ojos de la vergüenza al imaginar la posible situación íntima y negando con la cabeza, claro que no haría algo así. Aunque el elfo era lindo, no era de esos, no iba a acostarse con él o algo así. Definitivamente no.
-Ese no fue el trato, dije que solo sería la cena y me darías las cosas, elfo—Mencionó frunciendo el cejo, provocando que Lanz solo se riera y acercara la copa contraria a Niko para que bebiera, aunque era obvio que el hombre no tenía mucha resistencia al alcohol.
Suponía que tendría esa respuesta tan defensiva, pero verlo con sus propios ojos azules era mucho más divertido.
-Yo nunca dije para qué quiero ir a la posada, guapo. No conozco algún lugar para quedarme en este pueblo y dudo que quieras recibirme en tu casa ¿O sí? Para eso quiero que me lleves a la posada, solo que me guíes… ¿O acaso pensabas que podríamos hacer “algo más”? – De nuevo estaba ahí esa sonrisa pícara adornando ese bello rostro moreno.
Nikolay se quedó en silencio con el rostro sonrojado por la pena y frustración, había sido atrapado y no podía decir palabra en protesta, solo tomó la copa y bebió pensando en sus vergonzosas deducciones ¿Qué le estaba pasando? Se cuestionaba por qué había imaginado aquella situación ¿Era por la actitud coqueta del elfo?
–Te llevaré a una cercana, creo que es la mejor que hay en el pueblo…-- Suspiró profundo para calmar sus alterados nervios, aquel elfo lo estaba llevando al límite, no estaba acostumbrado a hablar con otra persona por tanto tiempo, menos cuando le coqueteaban de una manera tan descarada, le hacía sentir extraño cuando se le quedaba viendo, como si lo estuviera examinando cual bicho raro.
Al terminar de cenar el bibliotecario fue a la barra a pagar, sentía el suelo moverse con cada paso, su resistencia era poca a diferencia del elfo quien parecía no verse afectado por la bebida.
Salieron del bar a las frías y obscuras calles del centro del pueblo con dirección a la posada, era una zona segura pues ahí vivía la pequeña burguesía, era notorio por la arquitectura de las casas, las cuales estaban construidas con piedras, ladrillos, grandes ventanas y jardines bien cuidados.
Lanzeloth se puso de nuevo el abrigo cubriendo su delgado cuerpo. Comenzaba a hacer frío. Sonreía al ver el ligero tambaleo de, era obvio que estaba ebrio, se lo esperaba de un “chico bueno”, tenía la pinta, le parecía lindo.
Mientras caminaban por las calles empedradas, iluminados por las pocas farolas encendidas, algunas pocas personas que estaban fuera de sus casas murmuraban comentarios de mal gusto sobre Lanzeloth, algunos incluso apuntándole con el dedo, cosa que al elfo no le importaba pues estaba acostumbrado a que lo segregaran y hablaran a sus espaldas, pero de alguna manera oír aquellos comentarios hicieron molestar a Nikolay, que tenía un sentido de la moralidad relativamente alto.
-Que gente tan grosera… Creí que estábamos en la clase alta, pero parece que está lleno de campesinos vulgares—Dijo en voz alta para que los presentes también lo escucharan --¿No te molesta que te vean así? —El mago miró al elfo, quien simplemente levantó los hombros en un gesto de indiferencia.
-Estoy acostumbrado a eso, los elfos tenemos ese… “efecto” en la gente, Pero no me importa lo que piensen. Guapo... Se quien, y que soy, que piensen lo que quieran. —
Aquella respuesta dejó a Nikolay pensando un poco “Se quien y que soy” el elfo se veía convencido con lo que era, pero ciertamente el mago no estaba seguro de eso, nunca se había puesto a pensar al respecto sobre sí mismo.
-Anda, vamos. Olvídate de esa gente—
Mencionó tomando la mano de Nikolay para sacarlo de ese trance en el que parecía sumergido. Ambos iban en silencio… hasta un par de calles después el más alto se dio cuenta que seguía tomando la cálida mano del elfo, lo soltó con algo de vergüenza, provocando una sonrisa en los labios del moreno quien había disfrutado caminar de la mano con el otro. “Fue bueno mientras duró” pensó para sí mismo.

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