02 - El contrato maldito, la oficina de reclamos y la taza rota
02 - El contrato maldito, la oficina de reclamos y la taza rota
May 14, 2025
Kael se sentó en la camilla de la enfermería del museo, cubierto de ceniza mágica y con el pelaje aún chispeando de forma poco legal. A su lado, un sanador novato le pasaba una toalla con expresión nerviosa, como si temiera que lo mordiera.
—Estoy bien —murmuró Kael, mientras se secaba el rostro—. Sólo exploté un poco.
Del otro lado de la sala, el genio flotaba sin culpa alguna, hojeando una revista de moda con manos mágicas. Su túnica ondulaba con un viento dramático que claramente él mismo generaba.
—¡Oh, por favor! ¡Ni siquiera fue una explosión real! Fue una liberación energética menor —dijo con voz teatral—. Te has ganado una marca mística en el alma, sí, pero te ves fabuloso.
Kael lo fulminó con la mirada.
—Me importa una mierda verme fabuloso si no puedo volver a mi casa a dormir.
El genio chasqueó los dedos y un pergamino gigante apareció con un sonido de trompetas.
—Aquí está el contrato mágico. Ya está firmado por “accidente” cuando tocaste el jarrón. ¡Felicidades! Eres oficialmente el portador de mi esencia divina.
—¡Genial! ¿Y dónde está la cláusula para renunciar?
El genio sonrió con malicia.
—No hay. Está en letra invisible.
Kael dejó caer la cabeza hacia atrás, mirando al techo con profunda desesperación.
—¿Por qué no puede ser martes? Los martes siempre son menos dramáticos…
Minutos después, en el Archivo Central, Kael caminaba por los pasillos con una caja de talismanes en una mano y el genio flotando detrás, dándole instrucciones mágicas que claramente no quería escuchar.
—¡Para canalizar mi poder, debes abrir tu chakra espiritual interior! —decía el genio.
—¿Y si lo cierro con llave y lo dejo en el baño?
—¡No puedes huir de tu destino, Kael! ¡Una fuerza oscura está por despertar y sólo tú puedes detenerla!
—Sí, sí, lo que digas, señor lámpara.
Cuando entraron a la oficina, E13, el golem recepcionista, los observó con su ojo brillante.
—Kael. Estás... acompañado.
—Estoy poseído —corrigió él, lanzando la caja sobre el escritorio con un golpe sordo—. Dile al jefe que quiero vacaciones eternas.
Pero el director Gravos ya lo esperaba en su despacho. Al ver al genio flotante detrás de su empleado más apático, el tejón levantó una ceja… y el bigote flotante se tensó como si percibiera peligro.
—Explícame. Con calma.
Kael entró, levantó una taza con café frío, la miró un segundo... y se le resbaló de las manos. Se estrelló contra el suelo.
—Eso resume todo bastante bien, ¿no cree?
Mientras limpiaban los restos de la taza con un hechizo de levitación, el genio decidió intervenir.
—¡Kael ha sido elegido como portador celestial de mi poder ancestral! ¡Juntos, enfrentaremos horrores innombrables, viajaremos a reinos perdidos, despertaremos a las bestias dormidas!
—No firmé para eso —interrumpió Kael—. Yo firmé un contrato de media jornada con opción a salir temprano si terminaba antes.
Gravos no respondió de inmediato. Solo se frotó la sien con una garra y suspiró.
—Kael… ¿desataste una entidad mágica con habilidades arcanas supremas?
—Con permiso del museo —añadió él, levantando un dedo.
—¿Y ahora estás... vinculado?
Kael asintió con una resignación casi artística.
—Según este payaso flotante, sí.
Gravos guardó silencio por un largo momento. Luego dijo:
—Bien. Eres suspendido por dos días. Con paga.
Kael entrecerró los ojos.
—Eso suena sospechosamente generoso.
—Porque en dos días vendrán a buscarte representantes del Alto Concilio. Y tendrás que explicarles por qué activaste una reliquia de nivel alfa sin autorización mágica.
Kael palideció.
—...Voy a vomitar.
El genio sonrió encantado.
—¡Empieza la aventura!
Kael sólo murmuró para sí:
—Día dos como esclavo arcano de un genio dramático: necesito una segunda taza de café... y terapia.
Kael es un joven zorro con gafas, guantes y cara de fastidio permanente. Vive tranquilamente trabajando como archivista en la ciudad de Nixval, un lugar donde la magia y la tecnología conviven… más o menos. Le gusta el silencio, el orden y su rutina aburrida. Pero todo cambia cuando, por un accidente ridículo, activa sin querer un artefacto ancestral: la Marca del Héroe.
Ahora es el "elegido" para salvar el mundo. ¿Salvarlo de qué? ¡Ni él sabe! Lo único que tiene claro es que no quiere hacerlo. Odia los combates, odia la fama, y sobre todo, odia que le digan qué hacer. Pero el destino no acepta un "no" como respuesta.
Acompañado por un grupo tan disfuncional como él, Kael se verá obligado a enfrentarse a monstruos, conspiraciones y a sus propios demonios… mientras intenta encontrar una forma de librarse del estúpido título de “héroe”.
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