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Solid Stein

8- ¿Te sentirías sola sin mí?

8- ¿Te sentirías sola sin mí?

Jun 24, 2025

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Cursing/Profanity
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Se dice que en las arenas del desierto Dédalo, el viento pule las piedras hasta desaparecerlas. 
En cuanto a las memorias agrias, el tiempo no perdona su dureza y deshace su sólida estructura. Pero el polvo sigue siendo parte del todo, nunca sabrás de dónde provino, ya sea de piedras duras y rasposas, o de aquellas lisas y suaves.

La noche se hizo con el protagonismo del planeta Canarius Ater, aquí no es como la Tierra, no hay Luna. La noche es profunda y cerrada, el cielo está cubierto por un gas que amplifica la luz un poco, durante la noche, parece que las estrellas están diluidas en agua. 

Si te posicionas frente a un mar, no sabrías en donde empieza el cielo, ni en donde termina el agua. En tierra firme, las plantas usan la fotoluminiscencia, así atraen polinizadores. Los depredadores también atraen así a sus presas. Incluso algunas piedras del desierto brillan en la oscuridad.

No hay ruido, solamente los lamentos del viento que choca contra los cactus de papel (los llamamos así porque son flexibles y se mueven con el viento). De vez en cuando, algunos pequeños roedores salen de las grietas del suelo, saltan y juegan en mis pies.

— Te ves preocupado.

Aether rompió el silencio con esas palabras. Lleva un rato mirándome, aunque es inevitable, estamos tras una duna de arenisca y nuestras miradas se cruzan seguido.

— ¿Preocupado? No lo estoy.
— Lo estás. 
— ¿Cómo sabes eso?
— No has dicho algo estúpido en horas, además me lo acabas de confirmar.

Cierto, es una máquina, si alguien me puede derrotar con lógica, ese alguien es ella.

— Bueno, me siento un poco culpable.
— ¿Por matar brutalmente a tus enemigos a pesar de sus suplicas?
— ¿¡Eh!? Bueno, no, pero gracias por echarle sal a la herida.
— Aquí no hay sal y no estás herido. ¿Es una expresión humana?
— Luego te la explico, jeje.

Volteé a otro lado, tal vez fui demasiado brusco. Mientras me arrepentía por mis palabras, Aether recogió un palo y lo usó para picar mi cara.

— ¿Por qué sientes culpa?
— B-bueno, hace unos días, no pude evitar que te hirieran. Mientras estés conmigo siempre te pasarán cosas así. 
— Estar contigo me pone en peligro, nada garantiza que me protejas, no sacaré nada valioso por acompañarte y definitivamente estoy mejor sola que contigo.

Cada frase fue un golpe directo a mi corazón. Estaba a punto de disculparme por mi existencia, pero ella añadió:

— Te acompañaré, humano. 
— ¿No te importa nada de lo que dijiste?
— Claro que importa, son variables que debo considerar demasiado, pero no puedo dejarte de lado.
— ¿P-por qué?
— No sé. 

Fue una respuesta poco lógica. ¿Las máquinas pueden responder eso? 

— ¿A qué te refieres con que no sabes?
— Me refiero a que hay una pieza importante de definición inexistente, una neurona que está formada pero no puedo entender con mi conocimiento actual. La palabra humana más aproximada sería "soledad".
— ¿Te sentirías sola sin mí?
— Te dije que no puedo definirla adecuadamente. Veo que retomaste lo de preguntar estupideces. ¿Te sientes mejor?
— Eh, bueno, no sé.
— No te sientas culpable por dejar que te siga, lo hago porque quiero, y porque no quiero sentir aquello que no puedo ni entender. Es lógico.
— Ya veo... gracias.

Aether no es muy diferente a mí, cuando regrese a casa estaré solo, al menos aquí puedo tener la certeza de que alguien espera mi regreso. No es muy sano, pero es lindo.

Mis reflexiones fueron interrumpidas por ruidos extraños, son pisadas, son al menos 10 enemigos, están cerca de nuestro escondite y parece que buscan algo o alguien.

En este desierto abundan los "Robert". Fueron apodados así por el Robert de Marte, se dice que en el día, la arena es color cobre rojizo como la del planeta rojo. Las máquinas que transitan por aquí están adaptadas a las condiciones extremas del desierto Dédalo.

Aether sacó lentamente su M98 Magnum. Me preparé para volverme su escudo. Entonces ella hizo una señal: Manifestó dos destellos rojos en la oscuridad de las cuencas de su máscara. 

Me expulsé hacia la izquierda de la duna, gritando y llamando la atención. Entonces las vi: Cuatro unidades de infantería y 3 sabuesos mecánicos. Los sabuesos se llaman así por ser rastreadores (no tienen nada que ver con los perritos lindos). Son gigantescos.

Parecen humanos cuadrúpedos de metal, sus cuellos son alargados y en su rostro hay una pantalla con datos escritos sin límite e ilegibles. Tienen una cabellera de cables negros que se mueven sin control. En la espalda tienen dos protuberancias en donde está montada una Hotchkiss en cada una. 



Hay una leyenda urbana que dice que un tipo le contó a las máquinas sobre los camellos y éstas intentaron recrearlo, sinceramente, no les salió. Alguien gritó "¡Ahí!" y las balas no tardaron en impactarme.

— ¡No duele! 

Lo dije para hacerme el duro. Duele como el carajo.
Aether salió desde la otra dirección y dio de baja a la infantería. Incluso usó una misma bala para abatir a dos de ellos.

Rápidamente arremetí contra los mecha sabuesos, cubrí los disparos con una mano, con la otra arranqué sus cabezas, ahí está su computadora general, entonces no tardan en venirse abajo sin ella. Dicho y hecho, cayeron sin problemas. 

— Perdón...
— No tiene sentido disculparse, su programación no es igual de compleja a la mía, son herramientas.
— Aún así, no lo puedo evitar.

Las máquinas derrotadas empezaron a prenderse en llamas azules. Los Robert del desierto tienen esa característica, de esa manera sus componentes no pueden ser robados. Incluso el metal se derrite lentamente.

— Bueno, ya no hace falta escondernos, tenemos que seguir adelante. Vamos, humano.
— Ah, sí.

Para mí sería fácil acabar con los enemigos, pero no puedo, es algo personal. Prefiero evitar el conflicto, de esa manera Aether está segura y yo no tengo que matar a nadie. Es una estrategia cobarde, sé que debo hacer el trabajo cuando sea necesario, pero cuando no lo es, prefiero no hacerlo.

Después de caminar un rato, puedo distinguir luces neón y algunos anuncios a la distancia. Ese lugar que parece Las Vegas se llama "La América Carencia". Es una locación no muy grande que está dedicada a mantener "la paz".

En este lugar hay una tregua. Entre los años 2086 y 2090 se hicieron esfuerzos para pactar la paz con las máquinas, entonces hubo lugares que tenían el propósito de mezclar nuestras culturas para dar ese paso. La mayoría terminó en ruinas.

"La América Carencia" fue uno de los pocos lugares que no pereció, aunque se intentó derrumbar, ganaron los esfuerzos entre Bernsteins y máquinas para mantenerlo. Es uno de esos pocos lugares en donde la paz existe.

¿Por qué se luchó por mantener en pie este lugar? Apenas llegamos, la exótica multitud devoró nuestra presencia. Había Bernsteins y máquinas con apariencias coloridas, por un momento olvidé la post-guerra que vivía. Por suerte, nadie aquí parece ser violento, es un respiro bastante inesperado.

Dos máquinas con apariencias femeninas me tomaron de ambos brazos, vestían trajes de maid y tenían voces bastantes suaves.

— ¡Señor! ¡Hay descuentos en techno-bailes privados! 
— ¿Qué es eso?
— ¡Hay baile, luces, electrónica y programación en nuestro idioma!

Suena tentador, pero Aether me separó y me llevó del brazo hasta lo más profundo de las calles y la multitud. 

— ¿Q-qué haces?
— Te salvo de un trauma. Digamos que los "jumpers" de esas máquinas solo pasan corriente. 
— Ya veo, no entiendo nada.

Ella apretó con algo de fuerza mi brazo. 
Dolió mucho. ¿Sabe que me duele?

— O-oye, ya estamos lejos, ya puedes soltarme si quieres.
— No.
— ¿No?
— No quiero.
— Ya veo, tampoco entiendo nada.

Ella estranguló mi brazo con más fuerza. En serio, me vas a arrancar el brazo. 
Volverlo a pegar es difícil y doloroso. ¿Sabes?

Aether continuó llevándome por las calles iluminadas de neón, a ratos parecía estar sorprendida por los artilugios que ahí se vendían. 

Resbaló su mano hacia mi muñeca, y la tomó con la característica fuerza a la que mi brazo se había acostumbrado momentos antes.

En ningún momento me soltó. Miré de reojo el perfil de su máscara y su cabello que se ondulaba con los movimientos de su cabeza, parecía una muñeca.
Ella y yo nos pedimos entre la multitud.



kamisaiasjasso
kazammkamm

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Empieza la segunda parte del primer capítulo. Victor y Aether llegan a La América Carencia.

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