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Sin Fragancia

Capítulo 6(parte 2)

Capítulo 6(parte 2)

Jul 02, 2025

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Sexual Content and/or Nudity
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—Vamos, no quieres que la gente se asuste al verte y salga huyendo del hospital ¿cierto? —ver como Ian quitaba ese semblante de preocupación y volvía a su cara de enfado habitual hacía sonreír al alfa, aquellos comentarios habían surtido efecto.

—¡Nadie se asustará! ¿Me estás oyendo? ¡Espérame! —proclamaba acelerando el paso para alcanzar a Víctor. Sin darse cuenta se hallaba abrochándose el cinturón en el auto del alfa. —Espera, llamaré a un taxi. —los ojos azabaches le vieron con descontento.

—No. —dijo con tono firme.

—¿Cómo qué no? —intentó abrir la puerta, pero fue inútil. El seguro no cedía y el motor del automóvil avisaba que pronto arrancarían de ahí.

—Quizás debamos pedir que te examinen de vuelta, no sé qué parte de un no, no entiendes. —decía posando la vista hacia adelante y acelerando con el fin de irse del hospital.

—Muy bien, estoy cansado como para pelear, tan solo llévame a casa. —declaraba resignado.

—... —el silencio de parte del alfa, le hizo algo de ruido.

—¿Piensas llevarme a mi casa, no es así? —Víctor seguía con la mirada fija en la carretera y sus labios continuaban sellados. —¡Víctor! —al alzar la voz sintió un ligero dolor en la garganta.

—Dime.

—Te pregunté algo.

—¿En serio? Disculpa no te oí. —el tono de indiferencia y sarcasmo en su voz de cierta forma hacía hervir la sangre del beta.

—Llévame a mi casa. —repetía viendo fijamente al alfa.

—No creo que sea buena idea.

—¿De qué hablas? Es mi casa, obvio que es una buena, no, a decir verdad, es una maravillosa idea, ¿Por qué diablos no lo sería? —Víctor orilló el carro, antes de responder nuevamente.

—... —guardó silencio por unos segundo y, antes de que el beta pudiera protestar de nuevo, Víctor pronunció palabra. —Necesito saber que estarás bien, —la cara de Ian mostraba confusión. —no logro tranquilizar la inquietud que siento en mi pecho y, el pensar que estarás solo en tu casa, me angustia. —los ojos azabache le veían directamente, por alguna razón mostraban una belleza tan intoxicante como la misma obsidiana. —Prometo no intentar nada... solo quiero saber que estas bien... solo por hoy.

Sentía como su corazón latía con mayor rapidez, estaba seguro de que el alfa sería capaz de oírlo a este paso. Bajó su mirada, sus manos vendadas que yacían en su regazo era lo que habitaba en su campo visual en ese momento y, aunque no quería admitirlo, sentía miedo de estar solo, imágenes de lo ocurrido llegaban como ráfaga, haciendo que el temblor volviera a invadir su cuerpo.

—De acuerdo... pero más te vale no intentar nada. —una sonrisa apareció en el rostro del alfa.

—Te lo juro.

La mansión de Víctor se hallaba en el área más costosa de aquella ciudad, había guardias custodiando la entrada. El automóvil del alfa estaba registrado, de igual manera contaban con la tecnología para escanear de forma eficaz y con rapidez, que la persona que iba arriba del vehículo en verdad era Víctor.

A simple vista aquella casa de dos plantas debería tener al menos unas 8 recámaras sin contar la cocina, estudios, etc. Un piso de mármol blanco les recibía, cada rincón en el que posaba la mirada dejaba ver que no se había escatimado en gastos al construir aquel lugar, pero aun así aquella casa se sentía fría.

—Vayamos al segundo piso. —conforme avanzaban, los luceros rubí veían con detenimiento aquella amplia y, musculosa espalda. Si no la hubiera visto con sus propios ojos, nunca habría imaginado que esta estaba cubierta en tatuajes. —Espérame aquí, iré a buscarte ropa. —la voz de Víctor hizo que tuviera un pequeño espasmo.

—... ok.

—Puedes dormir en esa habitación, —había vuelto muy rápido. —lo siento no tengo nada de tu talla, pero estoy seguro de que te servirá de pijama. —añadía entregando una camisa gris doblada y, una bolsa de bóxers Calvin Klein nuevos. —tienes suerte, enviaron un paquete en la talla equivocada. Puedes tomar una ducha, te ayudaré a ponerte las vendas nuevas una vez que salgas.

—Gracias...

Los rastros de sangre que habitaban las hebras de su cabello cedían con el agua y el champú. La adrenalina que había estado corriendo por sus venas ya no estaba presente, sus nudillos comenzaban a pulsar y la realidad de lo ocurrido volvía a su mente con una enorme claridad. Intentaba detener las lágrimas, pero estas seguían cayendo por sus mejillas, continuaba limpiándolas torpemente con el dorso de sus manos y, antes de que se diera cuenta escuchaba como se hallaba sollozando.

Dejo salir todo el llanto que habitaba su interior. Tardó más de lo que había planeado, pero ya estaba listo para salir. Aquella camisa era demasiado grande, le llegaba debajo de las rodillas y, aun la apertura del cuello era inmensa, haciendo que uno de sus hombros siempre estuviera expuesto. Y a pesar de que el bóxer era talla mediana, le quedaba algo flojo.

—Ven aquí, te pondré las vendas. ¿Tus manos están secas? —asintió, acercándose a la barra de la cocina. —Come.

—No tengo hambre.

—Lo sé, pero come, aunque sea un poco.

Un plato perfecto de ensaladas de frutas lo esperaba, variedades de toppings estaban a su disposición, pero el beta decidió no añadirle nada más, comió a regañadientes unos cuantos pedazos de fruta.

—... —El alfa notó como este había dejado de tomar bocados y, ahora solo estaba picoteando con el tenedor la fruta restante.

—¿Terminaste? —asintió, no había comido casi nada, pero no deseaba obligarlo aún más. —Muy bien entonces comenzaré a vendarte.

El alfa se encontraba concentrado colocando las vendas, al parecer era solo el único al que se le aceleraba el corazón con cada roce de la piel de Víctor contra la suya. La cara del alfa no parecía cambiar a pesar de que estaba tocando las manos expuestas del beta.

—Tus manos ¿en verdad no te duelen?

—Esto no es nada, así que no te preocupes. No necesito que tu hermoso rostro, tenga una mirada aún más preocupada de la que tienes en estos momentos. — Se decía a si mismo que aquellos saltos que daba su corazón al estar bajo la vista de los ojos azabaches, debían deberse a lo que había sucedido y, nada más. —No necesitas levantarte mañana para ir al trabajo, puedes tomarte el tiempo que ocupes. Vuelve cuando estés listo, muy bien terminamos. —colocó con delicadeza un beso sobre el dorso de las manos vendadas. —perfecto. —ahí estaba otra vez, la sensación de que su corazón cabalgaba a toda velocidad. —Ahora será mejor que vayas a dormir. Estaré en la habitación continua.

—...

Había pasado mucho desde que alguien que no fuera su familia, se había preocupado de esa manera por él. Sentir el toque cálido de Víctor le hizo recordar que tanto extrañaba esa sensación, no debía caer por ese alfa, no debía hacerlo. Era lo que seguía repitiéndose, pero entonces ¿porque sentía como si alguien le estrujara el pecho, cada vez que intentaba negarse a sentir esas emociones? Víctor Knox es un casanova, caer por él definitivamente es una muy mala idea.

—¿Qué haces? —cuestionaba al sentir como el beta entrelazaba su mano con la suya. Aquellos majestuosos ojos rojizos le veían directamente, conforme este acortaba la distancia los luceros comenzaban a posar la mira en sus labios. —Ian... —proclamó su nombre casi a manera de gruñido.

Había prometido que no intentaría nada, pero que debía proceder en ese escenario, cuando era el mismo beta el que había dado el primer paso. El reflejo violeta iba y venía conforme la respiración del alfa se agitaba. Si Ian fuera capaz de percibir feromonas, habría notado como las feromonas de Víctor desbordaban deseo sexual en esos momentos. Cualquiera que pudiera olerlas, notarían la fuerza de voluntad que tenía Víctor para no tomar al beta en ese mismo instante.

Presionó los labios rojizos sobre su boca, su juicio se nubló por un instante al percibir aquel calor y ese cautivante aliento, poder saborearlo nuevamente era simplemente majestuoso.

—Ian, deberías parar. No creo que sea una buena idea.

—Shhh

Silenciaba aquellos labios sin dejar de observarlos, no sabía por completo la razón, pero deseaba sentir a Víctor. Frotó su cuerpo contra el del alfa, notaba la manera en la que este respiraba, estaba seguro de que él también sentía lo mismo en esos momentos. Acarició con cuidado la mejilla de este, avanzando lento, pero determinado hacia la parte trasera de su cuello con el fin de acercarlo. Necesitaba halarlo más cerca de él, pues, aunque se encontraba parado de puntitas no lograba besar aquellos labios rosados.

—Ian. —dijo casi en forma de súplica.

—Shhh —volvía a silenciarlo, sus tersos labios lograron alcanzar la boca del alfa, lamió el contorno de la boca e introdujo su lengua para recorrer con ella la lengua de Víctor, para luego succionar la punta de esta. Era demasiado, no podía contener sus deseos ni un segundo más, la mano izquierda del alfa le tomó por la cintura para acercarlo, mientras que la derecha se aferraba con cuidado a la melena lilácea.

Era perfecto tal como lo recordaba, todo en aquel delgado cuerpo era perfecto, tan delicado, impecable y suculento que deseaba devorarlo completamente.

Se hallaban succionando y recorriendo el interior de la boca del otro con ferviente deseo, el alfa tomó al beta y sin darse cuenta, llegaron a la cama. La camisa que Ian vestía cedió ante el roce de sus cuerpos, su bóxer ahora estaba expuesto. Las manos de Víctor recorrían las blancas piernas haciendo que la respiración del beta se acelerara. Ver aquel ser debajo de él con la respiración entrecortada y las mejillas en completo rubor, era algo majestuoso. Lamió el largo de su cuello, deseaba oír aquella voz gemir aún más, succionó la delicada piel haciendo que el beta soltara un gemido, oír esa voz envuelta en placer era lo que estaba buscando, quería más.

—En verdad eres una belleza —decía al reincorporarse con el fin de remover su playera. Los ojos rubíes, quedaron fijos en el torso expuesto, volvía a ver aquellos hermosos tatuajes adornando la clavícula y el brazo izquierdo de Víctor. Sintió la mano del alfa acariciando con tanta delicadeza su mejilla y la manera en la que este le veía. Le hizo recordar aquellos tiempos en los que había sido amado. La imagen frente suyo parecía nublarse. —¿Ian? Diablos.

Rodeo al beta con sus brazos al ver como los luceros rojizos derramaban lágrimas, Ian se hallaba aferrado a su espalda mientras rompía en llanto.

—Está bien Ian, está bien. —decía besando la coronilla, el temblor parecía disminuir de a poco.

—... lo siento, perdón.

—... No tienes por qué disculparte lindura, ya todo está bien. Ahora puedes dormir tranquilo.

Permaneció aferrado a ese calor que extrañaba tanto, hasta que el sueño lo venció, ahora se hallaba profundamente dormido entre los brazos del alfa.

—Demonios, —decía removiendo las hebras de cabello que se habían pegado a las mejillas del beta debido a las lágrimas. —de a poco me encuentro cayendo cada vez más entre tus manos, pero por alguna razón... —añadía sin despegar la mirada de Ian. —no se siente nada mal.

mruiz66411
M.R.

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#SpanishNovel #Omegaverse #bl #Blnovel #spanish #alfa #Beta #AlfaxBeta #Romance_de_oficina

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