No sabía quién podía haber sido. No comparto mi número con nadie.
Aunque me generaba curiosidad, lo único que sabía del mensaje era que “C189” es un número de piso del edificio de Defensa. Está aquí, en la Ciudadela Militar.
Me alisté, y fui directo a los ascensores del edificio. Tecleé el piso C189.
Mientras ascendía, recordé que ese era un nivel administrativo. He escuchado rumores: ahí reside la oficina del doctor Kraf, el científico más respetado de la Ciudadela. Nunca lo había visto, pero su nombre se repetía con un tono entre reverencia y misterio.
Llegué al piso. Las puertas del ascensor se abrieron con un susurro mecánico.
Un pasillo largo y silencioso me recibió. Solo había una puerta al final. Todo el nivel parecía estar diseñado para esa única oficina. No había estado nunca en un lugar así.
Sentía una vibra extraña. Como un retumbar mudo que me presionaba el pecho y me invadía la conciencia. No era miedo… pero algo se sentía fuera de lugar.
Al llegar frente a la puerta, esta se abrió sola. Me detuve por instinto. Al mirar dentro, vi una silla giratoria de espaldas… y a su lado, con los brazos cruzados, estaba Thomas.
Me sorprendió. No sabía qué estaba pasando.
¿Tal vez me relevarían de mi puesto por no seguir órdenes al pie de la letra?
¿O era algo peor?
Entré e hice un leve carraspeo.
—Cof, cof…
Thomas giró la cabeza, me sonrió. La silla se dio vuelta lentamente, y por fin vi al hombre que estaba sentado allí.
Thomas fue el primero en hablar:
—¡Hey, Traytros! Qué bueno verte. Te presento al doctor Kraf.
El hombre alzó la mano con cortesía y una expresión imperturbable.
—Un gusto, Traytros. Por fin nos conocemos. He seguido tu historial. Interesante. Con algunos... inconvenientes, pero sin duda, por encima del promedio. Además...
Me rasqué la nuca, incómodo, sin saber bien qué responder.
—Bueno, nadie es perfecto. Ni siquiera Dios, que nos creó… y al parecer, se arrepintió.
Me acerqué a la mesa. Había algo en el ambiente que me ponía alerta, pero no sabría decir qué.
—Vayamos al grano —dijo el doctor Kraf, entrelazando las manos—. Hemos detectado una actividad sospechosa fuera de la capital. Específicamente, en la región de Los Libertadores, cerca de la cordillera. Un pequeño pueblo llamado Fortul.
Thomas tomó la palabra, como si ambos ya hubieran practicado esto.
—Al parecer, ha habido avistamientos. Presuntos individuos que, según los reportes, coinciden con el perfil de los rebeldes.
Mi pecho se aceleró. Emoción. Adrenalina.
—¿Cuál es la misión? ¿Cuándo salimos?
Pero el doctor levantó la mano, interrumpiéndome.
—Esta es una misión encubierta. Debemos actuar con precaución. Si se detecta actividad enemiga… tienen permiso para actuar.
—Es una zona complicada —añadió Thomas—. Nivel 3 de contaminación. Además, según los informes, podría haber actividad nuclear.
Me detuve. ¿Actividad nuclear?
—¿Nuclear? ¿No se supone que solo el gobierno tiene acceso a esas energías? ¿Y qué quiere decir con “contaminación”?
El doctor Kraf se inclinó hacia mí.
—Debería ser así, pero últimamente los rebeldes han interceptado varios camiones de suministro de energía nuclear. Lo utilizan para abastecer otras regiones… y otras cosas.
Sobre la contaminación, no dijo nada más. Solo una mirada que me dejó más preguntas que respuestas.
No insistí. Ya habría tiempo para respuestas. O eso quería creer.
—Thomas te ha recomendado para esta misión —continuó el doctor—. Y, dependiendo de tu rendimiento, consideraremos ascenderte a soldado de primera clase. Estarías al nivel de Aruka, Thomas y Leónidas.
Me quedé boquiabierto.
—¿¡OH, EN SERIO!? ¡No se arrepentirá, doctor!
El doctor asintió con expresión neutra.
—Eso espero. De esta misión dependen muchas cosas.
Thomas me miró con seriedad, como si todo lo anterior hubiera sido solo la introducción. Se acercó, colocó su mano sobre mi hombro y dijo:
—Prepárate, Traytros. Mañana partimos hacia Fortul.
Mi primera misión fuera de la capital.
Mi primera vez allá afuera.
Y algo, en el fondo de mí, sabía que no sería como lo imaginaba.
Esa noche no pude dormir bien.
Mi mente no dejaba de pensar en todas las preguntas sin respuesta.
¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué no decir más detalles sobre la misión? ¡Podríamos morir!
Con suerte, Thomas sabrá más. Aunque no contaría con ello...
Pasé las horas pensando, y sin darme cuenta, me quedé dormido. Me despertó la alarma y salté de la cama.
Comencé a alistar mis cosas. En ese momento noté que Thomas me había enviado un mensaje:
“Ve a la armería. Dirígete a la sección de ‘Tóxicos y radioactivos’. Allí equípate con material contra radiación y contaminación. En caso de confundirte, habrá un asistente. Pídele ayuda. Nos vemos a las 6:00 p.m. en el aeródromo de la Ciudadela.”
Terminé de leer el mensaje y miré la hora.
¡Eran las 7 de la mañana!
Tenía bastante tiempo, así que decidí ir a equiparme primero. Luego vería qué hacer con el resto del día.
Bajé a la armería y me dirigí a la sección que Thomas mencionó. Nunca había estado allí antes. La puerta se abrió con un leve zumbido y entré.
Había muchos casilleros metálicos alineados, luces tenues, todo limpio pero silencioso. No sabía por dónde empezar.
Recordé que Thomas mencionó a un asistente… pero no lo veía.
¿Quizá alguien se quedó dormido?
Empecé a caminar por el pasillo, intentando encontrarlo. En el camino, me topé con varios tipos de armaduras. Todas tenían una especie de mascarilla. Parecían máscaras de gas, pero más sofisticadas.
¿Para qué será esto...?
Al fondo vi una pequeña oficina. Me acerqué y noté que había alguien adentro.
Golpeé suavemente el marco de la puerta.
—¡Hey! ¿Hola? ¿Se encuentra bien?
La persona, dormida sobre su escritorio con un libro tapándole la cabeza, se levantó de golpe, sobresaltado.
—¡Aaaah, aléjense, yankees!
Cuando volvió en sí, me miró confundido, como si tratara de recordar dónde estaba. Me observó con más atención.
—Tú... muchacho. ¿Eres el que mandó Thomas?
Asentí con la cabeza.
—Sí, soy Traytros. Vine por el equipo de la sección de Tóxicos y Radiactivos.
Se sorprendió y se acomodó en su silla.
—Entonces... es verdad. Je. Es una lástima que un soldado tan joven y con buenas condiciones lo sacrifiquen así...
Sus palabras me sorprendieron. No esperaba algo así.
—¿Sacrificar...? ¿A qué clase de condiciones se refiere?
El viejo soltó una risa corta, medio burlona.
—Mejor descúbrelo tú mismo, chico.
Después se levantó y me hizo un gesto para que lo siguiera. Caminamos por un pasillo igual a los anteriores, paredes grises, luces intermitentes.
—¿Eres de clase 3? —preguntó sin mirarme.
Lo miré con cierto fastidio.
—Soy soldado de segunda clase.
Hizo un gesto indiferente, como si no le importara en lo absoluto. Sacó un bolso de un casillero y me lo entregó.
Dentro había una mascarilla, un uniforme extra, pastillas... y una jeringa.
Lo miré con curiosidad.
—¿Para qué la mascarilla y la jeringa?
Suspiró.
—Chico, vas a una zona contaminada. ¿Nunca te lo han dicho? Fuera de la capital, nada es igual y...
Se detuvo de golpe. Parecía haberse dado cuenta de que había dicho más de lo necesario. Cambió rápidamente el tema, como queriendo disimular.
—Oh, probablemente te mandaron a una misión especial. Sí, eso debe ser. Jeje. Solo los soldados de alto rango son asignados a ese tipo de misiones. Y tú... ¿cómo dijiste que era tu rango?
—Clase 2.
—¡Eso! Clase 2. Un rango alto. La mascarilla es por precaución. Las pastillas... bueno, las etiquetas lo explican. Léelas antes de tomarlas. Y la jeringa... úsala si empiezas a sentirte mal allá afuera.
Lo miré, intentando descifrar qué era lo que realmente sabía. Pero comprendí que no me diría nada más. Así que me hice el desentendido.
Agarré las cosas, asentí y me dirigí a la salida.
—Bueno... gracias. Nos vemos.
El anciano susurró mientras me daba la espalda:
—Sí... nos vemos luego. Jeje...
Lo escuché.
Pero me hice el tonto.
Salí de la armería con el bolso al hombro.
Qué tipo tan extraño.
Probablemente estaba medio loco.
Pero… ¿a qué se refería con "sacrificio"?
Yo no soy tonto. Él disimuló algo.
Esto cada vez me enreda más... al final, el que se volverá loco seré yo.
Llegué a mi habitación y preparé todo para estar listo a la hora. Me senté un momento, pensando en qué hacer después.
Hasta que lo decidí.
Voy a explorar la ciudad.
Quizás aproveche para investigar algo sobre el atentado…
Bueno… ¿por dónde comenzamos?
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¿Qué harías si descubrieras que todo lo que creías… fue programado en ti?
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