Habían pasado algunos días desde que Elizabeth logró rescatar a sus padres del intento de secuestro. En el refugio subterráneo, contaban con suficiente comida y provisiones para varias semanas. Durante ese tiempo, Elizabeth y Chris se enfocaron por completo en mejorar el traje. Le añadieron nuevas armas, nuevas defensas y sistemas de vuelo más avanzados.
—Si vamos a luchar —dijo Elizabeth mientras conectaba un nuevo módulo al pecho del traje—, lo haremos como verdaderos guardianes. Esta armadura no será solo una máquina… será un símbolo. El águila de la libertad… con los colores de nuestra bandera. No peleamos por venganza. Peleamos para proteger. Para dar esperanza. Seremos más que soldados… seremos héroes. Y este será el emblema de quienes se niegan a rendirse.
Inspirados por sus palabras, comenzaron a trabajar en el diseño visual. Las alas desplegables fueron pintadas de rojo y azul, el casco adoptó la forma estilizada de un águila y una estrella blanca brillaba en el centro del pecho como símbolo de justicia.
Una vez finalizado, Elizabeth sonrió satisfecha.
—Bueno, chicos… me iré a salvar al mundo. Chris, si alguna vez quieres un traje para ti, puedo construirte uno.
—No, gracias —respondió Chris entre risas—. No nací para volar. En eso… aún tengo mucho que aprender. Puedo ser el programador, ayudarte en lo técnico… pero las alturas no son lo mío.
—Está bien —dijo Elizabeth, poniéndose el casco—. Deséenme suerte.
Ingresó en el traje, que se selló a su cuerpo con precisión. Las alas azul y rojo brillaron al activarse. El diseño completo era espectacular, digno de un emblema nacional: un casco en forma de águila, una estrella blanca en el pecho, y colores patrióticos en cada rincón de la armadura.
Salió volando con fuerza, mientras su madre la miraba con lágrimas en los ojos. Chris la abrazó con suavidad.
—Ella es la mejor aviadora —susurró—. Por algo la eligieron una vez para una misión de espionaje. Sabe lo que hace. Es única… y valiente.
Durante el vuelo, Elizabeth activó su conexión con Einstein.
—Intenta rastrear al grupo terrorista. Coloqué un rastreador en una de las camionetas. La otra la destruí.
Einstein procesó los datos y respondió:
—Logré acceder a la cámara interna del vehículo. Hay una conversación grabada… puedo interceptarla. Escucha:
La voz de un terrorista se oyó clara en los altavoces del traje:
—¡Señor, la chica logró escapar! Esa arma que creó es indestructible. Al llegar a su casa… no encontramos a nadie.
—¡Inútiles! —respondió con furia el líder—. Regresen a la base. Faruk El-Hazir e Isaac Melac están trabajando en un arma similar. La obligaré a colaborar con nosotros. Si no puedo matarla… al menos obtendré su tecnología. Es imparable.
—Vamos a detenerlos —dijo Elizabeth con voz firme—. Nadie amenaza a mi familia.
Aceleró y llegó hasta la base señalada por Einstein. Sin dudar, disparó una de sus nuevas armas y derribó parte del muro del complejo.
Sahir Al-Malekh, el líder terrorista, huyó hacia una caja metálica. De ella emergió con un traje blindado gigantesco, sin brazos, que caminaba sobre dos patas mecánicas. El armamento estaba integrado en los hombros y el torso.
—¡Te mataré y me quedaré con tu tecnología! —gritó con risa sádica—. Estas armas están hechas del mismo material que tu traje. ¡Tus balas no me harán nada!
Disparó una ráfaga que Elizabeth logró esquivar, pero un segundo disparo le dio de lleno. El traje tembló por el impacto. Aun así, se mantuvo en pie.
—¡Einstein, necesito un punto débil! —ordenó Elizabeth, esquivando nuevos disparos.
—Buscando… —respondió la IA—. No tiene puntos vulnerables directos, pero su sistema es lento. Podemos usar el nuevo jetpack adaptado del F-19. ¿Estás segura? Es muy peligroso…
—¡Debemos sacarlo al aire libre! —decidió Elizabeth.
Rompiendo otra pared, salió disparada hacia el exterior. El monstruoso traje de Sahir la siguió, confiado.
—¡Tiene miedo! —se burló—. ¡No escaparás!
Elizabeth calculó el terreno. Si lo hacía girar lo suficiente, podría desestabilizarlo.
—Bien, amigo —le dijo a Einstein—. Esto consumirá mucha energía… pero hagámoslo.
Activó el jetpack. La velocidad se multiplicó, y comenzó a girar a toda velocidad alrededor del enemigo. El blindado intentaba disparar, pero no lograba enfocar. Mareado, desorientado, comenzó a perder el control.
Entonces, Elizabeth lo golpeó con una embestida precisa. El traje de Sahir comenzó a chispear y a emitir humo. Los sistemas colapsaron. Un cortocircuito se expandió por toda la estructura.
—¡Noooo! —gritó el terrorista.
Un segundo después, la máquina explotó.

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