---------
Tras llegar a Fortul, nos dimos cuenta de inmediato que esto no era como la capital. No había calles pavimentadas. El aire se sentía denso… casi contaminado.
Antes de continuar, le pregunté a Thomas:
—¿Sabes algo sobre este pueblo? ¿Por qué está tan atrasado en infraestructura y con el aire así?
Me respondió con un tono serio:
—Fortul siempre ha sido un lugar sin recursos. Solo vivían lugareños. Pero la causa de este aire contaminado está a unos kilómetros de aquí: una ciudad industrial abandonada.
—¿Ciudad industrial?
—Sí. Una zona designada para fábricas. Aquí había plantas de litio, materiales de construcción… incluso una pequeña planta nuclear. Se esperaba que la ciudad creciera, pero el proyecto fracasó. Hicieron un pésimo trabajo de prevención de riesgos, y todo el entorno quedó contaminado.
—¿Y este aire… es respirable?
—Sí, pero si vives aquí mucho tiempo, te enfermas. No es un peligro inmediato, pero yo no me quitaría la máscara. Entre más lejos estás de la capital, menos información real tenemos. ¿Quién sabe qué más hay aquí?
Decidí hacerle caso y me dejé la máscara.
Nos infiltramos en el pueblo a escondidas. Estaba desierto. Casas abandonadas por completo. No parecía reciente. Algo andaba mal. Sin querer arriesgarnos, no entramos más al interior. En cambio, fuimos al área céntrica, donde se reportaba actividad sospechosa.
Le pregunté a Thomas:
—¿Y qué haremos cuando lleguemos?
—Intentaremos entrar, pero no será fácil. Donde vamos… es como un castillo.
—¿Un castillo? ¿Dónde estamos?
—No tenemos información exacta. Por eso hay que entrar.
Eso no me gustaba nada.
Cuando nos aproximábamos, planeamos evitar el portón principal. Íbamos a escalar una de las paredes con un gancho. Pero justo al prepararlo... el portón se abrió.
Varios sujetos armados salieron. Se escuchaba el sonido de un camión acercándose. El radar de Thomas detectó algo.
—Se activó el sensor de energía. Al parecer… tenemos evidencia suficiente —me dijo.
Asentí.
—Distráelos. Yo trataré de entrar —añadió.
Me lancé a la acción. Disparé al aire.
—¡Hey! ¡Por aquí!
Los hombres reaccionaron de inmediato. Abrieron fuego sin dudar. Me cubrí tras una columna del castillo. Disparaban sin piedad. Esperé a que recargaran para contraatacar. Logré abatir a varios. Algunos tenían armaduras resistentes, pero al final… vencí.
Entré al castillo.
Lo primero que encontré fue un laberinto. En ese momento, Thomas me contactó por radio:
—¿Me copias?
—Te copio.
—¿Eliminaste a los de la entrada?
—Sí, ya está despejado.
—Bien. Sigue adelante. Al final del laberinto está el centro del templo. Ahí te espero. Si encuentras enemigos, vas por buen camino.
—¿Y tú por qué no me ayudas?
—Si quieres ser de primera clase, aprende a arreglártelas solo. No siempre estarás acompañado. No tardes. Cambio y fuera.
Suspiré. Parece que esta misión realmente tenía peso.
Avancé por el laberinto. Había arte local. Todo sugería que aquí había vida… pero, ¿dónde está toda la gente?
De repente, salieron enemigos. Me dispararon mientras gritaban:
—¡No queremos al gobierno aquí! ¡Ustedes destruyen todo!
Me cubrí, me moví, contraataqué. Logré derribar a varios. Uno de los últimos gritó:
—¡Avísenle a los demás, no es un soldado normal! ¡Prepárense!
Aproveché su distracción y lo eliminé. Revisé los cuerpos. Su armadura era extraña… artesanal, con toques modernos. ¿Quiénes eran?
Seguí avanzando. Más combates. Algunos enemigos estaban mejor equipados. En una ocasión, al acabar con un grupo, escuché un estornudo.
Me puse en alerta. ¿Había alguien más?
Observé una pared… tenía un bloque ligeramente sobresalido. Lo presioné. La pared se abrió.
Eran personas. Mujeres temblorosas, niños abrazados a sus madres con los ojos enrojecidos. Uno de ellos apenas podía contener el llanto, pero su madre lo presionaba contra su pecho, tapándole la boca.
Me quedé congelado. ¿Por qué se escondían? ¿De quién huían? ¿De nosotros?
Una niña me miró con unos ojos grandes, húmedos, sin comprender. Me levantó la mano, temblorosa, en un gesto torpe de saludo. Yo... hice lo mismo.
La puerta comenzó a cerrarse lentamente, como si el mundo quisiera enterrar ese instante.
¿Era esto lo que vinimos a destruir?
Llegué al templo. Antiguo, pero sorprendentemente bien cuidado.
Pensaba que quizás vivían dentro. Escuché pasos. Miré, pero no vi nada. Otra vez. Era como si jugaran conmigo.
Entonces, un zumbido. ¡Una daga! Rasgó mi máscara.
—¡Muéstrense! —grité.
Salieron desde distintos puntos como sombras. El primero, el del ropaje amarillo, tenía una mirada calmada, pero firme. A su lado, un hombre con cicatrices en el rostro empuñaba su espada con fuerza bruta.
Detrás, una figura más joven, delgada, con ojos inyectados de rabia, no dejaba de mirarme con desconfianza. El último era distinto: tenía el cabello recogido, y una expresión que no revelaba nada, como si estuviera midiendo cada uno de mis movimientos.
No eran soldados comunes. Eran guardianes.
—Sabemos a qué has venido. No amamos la violencia, pero si debemos morir por nuestro pueblo, lo haremos.
Hablaban latín. Me sorprendió.
—No quiero más sangre. Debemos parar esto —les dije.
—Estamos de acuerdo. Nosotros solo protegemos a los aldeanos. No somos contrabandistas ni rebeldes. Fortul fue abandonado, y decidimos ayudar.
—¿Qué hacen aquí?
—Vivimos aquí. Cuando escuchamos el ataque, escondimos a los aldeanos. Ellos no hablan latín. Nosotros sí, por preparación. Somos los únicos que pueden defender este lugar.
—¿Entonces… no son rebeldes?
—No. La energía que usamos es para el pueblo. Probablemente te dijeron que era actividad ilegal.
—¿Energía nuclear?
—Sí. Bajo el templo hay una pequeña estación que distribuye energía al castillo y al pueblo. La población creció. Consumimos más.
—¿Y cómo la obtienen?
—De distribuidoras del gobierno… pero sin que el gobierno lo sepa. Nos la venden bajo la mesa.
Tiene sentido… ya había oído de tratos así.
Thomas me interrumpió por radio:
—¡Traytros! Hay una gran masa de energía ahí abajo. No me fío. El doctor me ordenó actuar. Dicen que pueden volverse una amenaza.
—Pero usan la energía para el pueblo...
—¡No les creas! ¡El doctor lo confirmó! ¡Son una amenaza! Te espero dentro del templo. Cambio y fuera.
Suspiré. ¿A quién creer?
El líder me miró.
—¿Tus superiores te dieron una orden?
—Sí. Pero no tengo suficiente información para juzgar. Me dijeron que son una amenaza…
—Nos negamos a colaborar con ellos. Nos dejaron solos y ahora quieren que nos sometamos. Si es así… entonces pelearemos. El que gane, decidirá el futuro.
Nos miramos en silencio. El viento era lo único que hablaba.
De repente, Thomas apareció en una torre.
—¡Traytros! ¡Toma!
Lanzó una espada. Se clavó en el suelo. La tomé.
—Peleemos mano a mano. Honorablemente.
El líder asintió. Todos soltaron sus armas y empuñaron espadas.
—Pelearemos todos contra ti. A la vez.
—Me parece bien —respondí, firme.
Me puse en posición. No sabía si lo que hacía era lo correcto.
¿Era esto justicia o simplemente obediencia? ¿A quién protegía en realidad?
El viento se detuvo. Todo estaba en silencio… excepto mi respiración.
No hay marcha atrás.
—Veamos de qué están hechos...
.....
💬 ¿Y tú?
¿Qué harías si descubrieras que todo lo que creías... fue programado en ti?
Comenta, vota y comparte si quieres leer más. Tu apoyo le da vida a esta historia.

Comments (0)
See all