emos cosas que no nos gustan y en cambio, somos recompensado pero...
¿Que hacemos cuando la consciencia pesa mas que el reconocimiento?
Esa noche tuve pesadillas.
Aún recordaba cuando les arrebaté la vida a aquellos guardianes.En especial… al que asesiné de frente.
Soñaba que lo tenía frente a mí, pero no era el mismo. Tenía la piel gris, los ojos blancos… como si su alma hubiera abandonado su cuerpo. Tenía barro salpicado en la cara… y, aún peor, escuchaba su voz.
—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me mataste? Eres un monstruo… —retumbaba con una voz fantasmal y hueca.
No podía apartarme de él. Cuando bajé la mirada, vi que mi espada… no estaba clavada en él.¡Estaba clavada en mí!
Levanté la vista. Su cara se volvió espeluznante y estaba a apenas un centímetro de la mía. Sonreía, con una mueca siniestra.
—Dime… ¿cómo se siente?
Comencé a escupir sangre. Traté de sacar la espada de mi abdomen, pero era inútil.Entonces me levantó con la espada aún atravesándome, riéndose.
—Arrepiéntete, Traytros…
Intentaba zafarme, pero no podía. No tenía fuerza. No sentía que fuera yo mismo.De pronto, todos los guardianes estaban detrás de él. También ellos me atravesaban con espadas. Todos eran ahora calaveras en descomposición.
Me tumbaron al suelo y comenzaron a morderme. Intenté defenderme, pero eran muchos.Sentía cómo me arrancaban la piel.
Estaba por morir…
—¡Aaaahhh!
Desperté jadeando. Me miré las manos, el cuerpo… no había nada.Todo había sido un sueño.
Pero alguien tocaba la puerta. Escuché voces del otro lado.
—No puedo creer que no se haya despertado temprano en un día como este…
—Probablemente tenía cosas que hacer, ya sabes… cosas de chicos, ja ja.
Las voces me resultaban familiares. Grité:
—¡UN MOMENTO!
Corrí a ducharme, me cepillé los dientes mientras me vestía y, en menos de cinco minutos, estaba listo.
Abrí la puerta.
Era Thomas y el Capitán Frederick.
—¡Thomas! ¡Capitán! —exclamé, sorprendido y aliviado—. Me alegra verlos.
El capitán me miró con una sonrisa sarcástica.
—Vaya, muchacho… tienes energía para atacar un pueblo tú solo, pero no para levantarte temprano.
Thomas se reía. Yo me rasqué la nuca, algo avergonzado.
—Bueno… me costó dormir anoche, y cuando lo logré, ya no podía despertarme.
El capitán lo dejó pasar. Comenzamos a hablar los tres, caminando juntos por el pasillo.
—Y dime, Thomas —preguntó Frederick—, ¿cómo lo hizo Traytros en su misión? No me terminaste de contar.
—Sinceramente, me sorprendió. Pensé que tendría que rescatarlo otra vez, como en el simulador. Pero esta vez… no terminó desmayado.
—Je, me alegra escuchar eso. Y tú, Traytros, ¿a qué rivales te enfrentaste? ¿Cómo fue salir por primera vez de la Ciudadela?
—Bueno… me sorprendió. Afuera no hay casi nada. Es como si todo estuviera concentrado en la capital. Era todo distinto… desde el ambiente, hasta las personas.Y los rivales… no me enorgullece haber acabado con ellos.
El capitán se detuvo. Me puso una mano en el hombro.
—Hijo… hay cosas que no nos gusta hacer. Pero son necesarias. Todos aquí dependen de nosotros. Si nosotros fallamos, ellos también caerán.
—Sí, capitán… pero no me gusta matar por matar.
En ese momento, pensé en contarle lo que había descubierto.Pero decidí no hacerlo. Aún no.
—Tengo una pregunta… ¿por qué afuera está todo contaminado?
Frederick me miró con seriedad.
—Desde antes de que tu padre muriera, hubo muchas guerras. Golpes de estado, invasiones, enfrentamientos por territorio… Hace poco, incluso, se usaron armas nucleares. Varias zonas quedaron inhabitables.Por suerte, nuestro continente fue el menos afectado. El gobierno intentó reconstruir, pero se topó con resistencias.Decidió centrarse en las regiones más estables, como esta. Clausuró el resto.A los alrededores de la Ciudadela la contaminación es baja. No te mata, pero con el tiempo te enferma.Aquí, en cambio, tenemos tecnología que purifica el aire. Estamos bendecidos.
Así que… el mundo colapsó por guerras. Pero no en todos lados.
¿Podrían existir aún lugares sanos, con vida?
La idea me emocionó. Tal vez, si ascendía de rango, podría explorarlos.
—Hay otras regiones como esta —añadió Thomas—. De hecho, hay una llamadaAroa. Es mucho más grande que la Ciudadela. Está dividida en cinco secciones. La Sección 1 es la más importante. Quizás algún día quieras ir allá.
—Wow… suena tentador.
—Bueno —intervino el capitán—, no perdamos tiempo. Thomas, ¿nos das un momento a solas?
—Claro. Los veo en la capilla.
—¿Capilla? —pregunté, confundido.
—Sígueme —dijo Frederick con una sonrisa.
Caminamos juntos.
—Después de tu actuación en Fortul, fuiste recomendado por Kraf, Thomas… y por mí.Aunque yo ya quería ascenderte desde antes, ellos creían que te faltaba madurez.Esta misión… sabíamos que te haría pensar. Y así fue.
—¿A qué se refiere?
—A que tienes habilidades por encima del promedio. Thomas incluso dijo que podrías ser mejor que él.
—¿En serio dijo eso?
—Sí, Traytros. Todos tenemos fe en ti. Algunos incluso creen que puedes llegar a igualar, o superar… a Aruka.
—¿Quién es Aruka?
—¿No lo conoces? Qué raro… todos saben de él. Es el soldado más fuerte. Dicen que nació con ese don.Puede enfrentarse a Thomas, a Leonidas, y a otros soldados de Segunda Clase sin problema.Gracias a Dios está de nuestro lado.
Nunca había escuchado de Aruka… pero ahora, no iba a poder quitármelo de la cabeza.
—Hoy te nombraremosSoldado de Primera Clasede los Rangers. Es la unidad más fuerte.Estarán presentes Aruka, Leonidas, Thomas, el presidente… y otros invitados especiales.
—Wow… ¿por qué tanto detalle?
—Porque muy pocos llegan a ese nivel. Solo lo mejor de lo mejor.¿Vamos?
Llegamos a la capilla.
Era una iglesia solemne. Al entrar, vi a todos los que había mencionado el capitán.Ya no estaba a mi lado.Tenía que caminar solo hasta el podio, donde me esperaban el sacerdote y el presidente.
Mientras caminaba, todos comenzaron a aplaudir.
¿Es esto un sueño… o estoy muerto?
Las luces se apagaron. Un reflector iluminó al sacerdote.
—Hoy estamos agradecidos de tener aquí a un joven que, además de soldado, aún sueña con un mundo mejor.Por su valentía, ha sido reconocido por los cuatro pilares:La Plaga Mayor, los Mesías, Su Suprema Misericordia… y el presidente.Con 4 de 4 votos, le otorgamos el honor de ser ascendido aSoldado de Primera Clase:Traytros.
Las luces se encendieron. La gente aplaudía. Me indicaron que subiera.
Me arrodillé frente al sacerdote.
—Te bendigo en salud, fuerza y sabiduría —declaró.
El presidente se acercó, me quitó las placas de A1.
—Felicidades, señor Traytros. Espero que sigas mejorando.
Me levanté, saludé con la mano al público.
Después, hubo una celebración.
Me acerqué a Thomas. Estaba con dos hombres.
—¡Traytros! Felicidades. Sabía que lo lograrías.Ven, te presento a tus nuevos compañeros.
Me presentó aLeonidas: cabello negro medio largo, piel tostada, elegante, fino.Y aAruka: cabello rojizo largo, pálido, ojos como los de un gato. Alto. Callado.Ambos tenían una presencia… intimidante.
Leonidas alzó su copa.
—Felicidades, Traytros. Fue una espléndida actuación en Fortul.Te he estado observando. Has hecho cosas increíbles… aunque aún te falta ejecución.Pero tienes honor.Y las rosas… aunque hermosas… también son arrancadas.
Bebió.
Aruka fue más breve.
—Felicidades, Traytros. No esperaba un nuevo miembro en el grupo.Tengo asuntos que atender. Con permiso.
No fue irrespetuoso. Solo… diferente.
—Bueno —dijo Thomas—, disfruta de tu día. No se repite.
Salí de la iglesia y caminé hacia el lago, frente a la capilla.
Me apoyé en el barandal. Pensé en todo.
¿Tienen razón el capitán y Thomas?¿Hay cosas que debemos hacer aunque no nos gusten, por un bien mayor?
A pesar de todo… de haber sido ascendido…
Algo dentro de mí no se siente bien.
¿Será normal?
Fue entonces… cuando alguien se acercó.Me giré.
Era ella…
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