A pesar de ser de noche, su silueta se me hacía muy familiar.
Mientras se acercaba, pude verla con claridad.
Sí… era ella.
Se detuvo a mi lado, se recostó del barandal donde yo estaba, y me dijo:
—Hola. Felicitaciones por tu ascenso. ¿Qué tal te pareció?
Me sorprendió. No sabía que ella iba a asistir.
—¿Estuviste ahí?
—Tal vez sí, tal vez no —respondió.
—Así que nunca afirmas nada por completo, ¿eh?
—Tal vez…
Pero tengo una pregunta: ¿por qué estás aquí? ¿No deberías estar en la capilla con todos? Al fin y al cabo, es tu día.
—No lo sé. Tal vez sí, tal vez no —le respondí con una sonrisa irónica.
—Aplicando la misma fórmula, ¿eh?
—Quizás… jaja.
Pero quise un rato a solas. Aprovechar para reflexionar.
El tiempo pasa rápido… ni siquiera recuerdo algunas cosas.
—¿Qué sientes? ¿Nostalgia, melancolía… o soledad?
Me quedé callado unos segundos, luego respondí:
—Tal vez todo eso.
Estoy feliz de haber ascendido… pero no de las cosas que hice para lograrlo. Aún tengo remordimientos.
—Eso puede ser normal.
Tal vez te exiges demasiado.
O tal vez… ya te diste cuenta de que las cosas no son como creías.
—Dime… ¿tú te sientes bien contigo misma por las cosas que has hecho? ¿Tu conciencia, a cambio de un reconocimiento, te dejaría dormir tranquila por las noches?
Porque a mí no.
Se quedó callada.
Giró su cuerpo hacia el lago y su mirada se perdió… como si estuviera recordando cosas.
—Creo que eres la primera persona que conozco que dice eso.
La mayoría simplemente piensa en el poder y en hacer lo que quieren.
Yo tampoco soy una máquina.
También siento.
Y siento que estoy rodeada de tiburones… tiburones que, en cualquier momento, podrían comerme viva.
Quién sabe… cuando ya no le sirvas al gobierno, y te vean como una amenaza, tal vez tengan que matarte.
—Entonces… ¿por qué sigues haciendo esto?
—Creo que… es lo único que sé hacer.
La primera vez que la vi, pensé que era alguien que disfrutaba lo que hacía.
Pero ahora… parecía lo contrario.
Continuó hablando.
—Nunca conocí a mis padres. Me dijeron que, al nacer, en el hospital me mandaron a un centro de adopción.
Vivir allí era sobrevivir. Los niños más grandes hacían lo que querían.
Hasta que llegó el gobierno.
Mejoraron esas instalaciones y aplicaron una ley que apoyaba a los huérfanos.
Nos dieron oportunidades: educación, techo, comida.
Un día, en la escuela, vinieron a ofrecer planes para formar parte de las fuerzas militares del país.
Esperé a cumplir los 16 para alistarme…
Pero no fui aceptada. Dijeron que era débil.
Entonces, alguien se me acercó. Me dijo que si quería formar parte de una organización que ayudaba al gobierno… una organización especial.
No dudé en aceptar.
Me dieron un cuarto para mí sola. Comida. Entrenamiento militar.
Desde ahí, aprendí todo lo que sé.
Conocí personas buenas… y malas.
—Hay cosas… de las que también me arrepiento —susurró.
[RECUERDOS DE ELLA]
Apuntaba con un arma a la cabeza de un hombre.
Detrás de ella, una figura importante de la organización la observaba, impasible.
—Dispara —ordenó la figura.
El hombre frente a ella lloraba… pero sonreía.
—Todo estará bien. No tengas miedo —dijo él con calma.
La chica temblaba, llorando. Dudaba.
—Dispara —repitió la voz detrás de ella.
Después de unos segundos… apretó el gatillo.
[DE VUELTA AL PRESENTE]
Una lágrima cayó por su mejilla.
Me di cuenta de que ella… tampoco estaba conforme con esta situación.
—Yo no recuerdo casi nada del pasado —dije.
—Me uní a esto porque creía que podía tener más oportunidades de ayudar a los demás.
Pero con el tiempo… me di cuenta de que, en vez de ayudar, no hacía más que destruir.
Estoy en una posición en la que no sé si estoy haciendo lo correcto o simplemente… hago lo que ellos creen que es correcto.
Ella volteó.
Nos quedamos mirando fijamente.
—Traytros… aquella vez que te vi…
Un sonido cortó el momento.
Su teléfono.
Lo sacó del bolsillo, lo revisó rápidamente y dijo:
—Tengo que irme.
Me tomó por sorpresa. Di un paso para detenerla.
—¡Hey! ¡Espera! Aún ni siquiera sé tu nombre. ¿Al menos me das tu teléfono?
Se detuvo.
Giró su cabeza y, mirándome por encima del hombro, sonrió.
—Nos vemos, Traytros.
Y se marchó.
Poco a poco… desapareció.
Me quedé ahí, desanimado.
Una vez más, sin saber ni siquiera su nombre.
En ese instante, sonó mi teléfono.
Había llegado un mensaje.
“Me llamo Herlin…”
No lo podía creer.
¿Cómo consiguió mi número?
Pero, al menos… me dejaba tranquilo.
—Wow… esta chica es una caja de sorpresas.
La mañana siguiente
Me dirigí al comedor del edificio de Defensa y me senté en una mesa, solo, junto a una ventana.
Pensaba en la ceremonia…
Mis compañeros celebrando.
La cara alegre del capitán Frederick.
Thomas, un poco pasado de tragos. Fue… increíble.
Y luego, Herlin.
Nuestra conversación me hizo pensar que, desde niños, no pudimos elegir.
Nos enseñaron lo que ellos querían que aprendiéramos.
"El adoctrinamiento es poder…"
Suspiré, aún divagando, hasta que Thomas apareció.
—Traytros. Acompáñame —dijo con firmeza.
—Oh… claro.
Fuimos hacia el ascensor. Noté que presionó el piso C189.
—¿Vamos donde el doctor Kraf?
No respondió.
Esto huele mal...
Llegamos. Entramos en su oficina, pero no había nadie.
—¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde está el doctor?
—El doctor Kraf fue a una misión. A un lugar llamado Kirom, en las afueras de la región de Aroa.
Nos pidió que lo ayudáramos.
—¿Se perdió?
—No. Va en helicóptero con Leonidas.
Solo vinimos a recoger algo que olvidó.
Sacó su laptop del escritorio.
—¿Se le olvidó su laptop?
—A todos nos puede pasar —respondió con indiferencia.
Esto suena a excusa...
Fuimos al aeródromo. Subimos al helicóptero rumbo a Kirom.
—¿Qué se supone que haremos allá? —le pregunté mientras volábamos.
Me miró, sonrió… y no dijo nada.
—Cabrón —murmuré.
Después de horas, llegamos a Aroa.
Era enorme. Mucho más que la capital.
El helicóptero aterrizó. Bajamos.
—¿Dónde nos encontramos con el profesor?
—En la región perimetral, cerca de la frontera.
—¿Y cuánto queda?
—Unas dos horas… en moto.
—¿Dos horas en moto?
No respondió.
Se subió y me dijo:
—Se hace tarde.
—Voy a quedar como carbón con este sol…
Después de un largo camino, llegamos.
Entramos por una zona montañosa, con entradas abiertas por retroexcavadoras.
Parecía una mina.
En la estación principal estaban el doctor, Leonidas y varios soldados.
—Perfecto. Justo a tiempo —dijo Kraf al vernos.
Nos acercamos. El doctor explicó:
—Vamos a bajar por unas muestras.
Entramos y salimos.
Pero asegúrense de usar la protección adecuada.
Allí abajo… probablemente vean cosas que nunca han visto en su vida.
"¿Cosas que nunca hemos visto…?"
Algo me decía que no sería un paseo.
Nos equipamos, colocamos máscaras de radiación y preparamos el descenso.
Fuimos los primeros en bajar: Thomas, Leonidas y yo.
Oscuridad total.
Encendimos nuestras linternas.
Era profundo.
Ya abajo, apuntamos en todas direcciones.
Nada… por ahora.
Thomas pidió por radio que descendieran los científicos.
Bajaron. El doctor nos señaló:
—Por allá debemos ir.
Empezamos a caminar.
Oscuridad. Frío. Silencio.
Hasta que…
Un rugido.
Fuerte. Provenía del fondo.
Los soldados se tensaron.
Tomamos posiciones.
—¿Qué demonios fue eso...? —dije, apretando el arma con fuerza.
💬 ¿Y tú?
¿Qué harías si descubrieras que todo lo que creías… fue programado en ti?
Comenta, vota y comparte si quieres leer más. Tu apoyo le da vida a esta historia.

Comments (0)
See all