Revisé mi teléfono para ver quién podía ser. Era un número desconocido. Probablemente sería Makiavelo. Está más obsesionado que Kraf con hacerme pruebas para evaluar mi nueva condición tras la modificación genética en la incubadora.
Herlin aún dormía. Parecía cansada. Traté de zafarme de la cama sin despertarla. Cuando logré levantarme, la arropé. Se notaba su agotamiento… y no me refiero al físico, sino al mental. Ese pesa más con el tiempo.
Me alisté y fui al simulador.
Al llegar, Makiavelo me esperaba junto a otros científicos. Al verme, sonrió.
—Traytros… jeje, qué bueno que llegas. Hoy vamos a probar qué tan fuerte te hiciste… y cuánto puedes sobrevivir.
En mi opinión, Makiavelo era el típico científico loco. Tenía el cabello negro con canas, unos lentes grandes, una nariz muy larga. Siempre juntaba las manos cuando tramaba algo. Daba pinta de traicionero.
Acepté someterme a las pruebas. Al entrar, me informaban por radio lo que vendría.
—Prueba de baja presión comienza en 3... 2... 1...
Comenzó a disminuir el oxígeno. Sentía una presión en el cuerpo, como si fuese a explotar.
Al otro lado del cristal, Makiavelo observaba atentamente cómo reaccionaba mi cuerpo.
No sabía cuál era mi límite. Como iban las cosas, probablemente terminaría desmayado.
Ya estaba arrodillado en el suelo, a punto de desplomarme, cuando Makiavelo habló por la radio:
—Traytros… tus signos vitales al principio mostraban que ibas a morir, pero con el tiempo se fueron adaptando. Es… sorprendente. Tu cuerpo muestra señales de que puede ajustarse a la situación. Jeje… sorprendente. Esto tomará tiempo, así que mentalízate… hoy probaremos todo contigo. Je... je...
Ya me lo imaginaba. Lo que me preocupaba era cuánto tiempo más duraría allí… y si lograría sobrevivir.
Cada prueba era peor que la anterior. Perdí la cuenta.
—Prueba de agua comienza en 3... 2... 1... —Prueba de fuego comienza en... —Prueba de radiación comienza...
Después de casi todo el día, había superado incluso la de radiación. Pero me dejó completamente agotado. Me desmayé.
Mientras estaba inconsciente, tuve sueños... o algo más. Aparecían seres extraños. Me hablaban, pero no les entendía. Me mostraban escenarios: ciudades ardiendo, llantos, muerte, guerra...
Cuando desperté, estaba en enfermería. Probablemente me habían traído después de las pruebas. Me sentía cansado, pero bien.
Makiavelo entró.
—Traytros, hola.
—Makiavelo… ¿qué pasó?
—Bueno, quise ver hasta dónde llegabas. Tengo dos noticias. Uno: lastimosamente no pude seguir con todas las pruebas que tenía en mente. Pero… dos: jeje… eres un espécimen asombroso. Superaste las expectativas. Probablemente nos veremos en el futuro, jeje.
—¿Entonces no me vas a decir cuáles son mis cualidades?
—No serás fácil de matar. Pero eso no significa que no puedas sufrir. Lo interesante fue lo que vimos mientras estabas inconsciente: tu energía cerebral mostró alteraciones... como sueños, pero más intensos. ¿Recuerdas algo?
No sabía qué responderle. Recordaba poco. Y no sabía si me tomaría por loco si le decía lo que vi. Así que decidí negarlo.
—No... solo cosas borrosas. Nada más, Makiavelo.
Me miró con la mano en la barbilla, pensativo.
—Seguiremos investigando. Pero por ahora… eso es todo. Puedes irte.
Después de exprimir cada fibra de mi cuerpo… me dejaba botado como si nada.
Salí de la enfermería y decidí tomarme un tiempo en la plaza. Pero me llamó el Capitán Frederick.
—¿Frederick? ¿Qué será?
—Traytros, necesito que vengas de inmediato a mi oficina. Es urgente.
Su tono era seco, directo, y sonaba preocupado. Colgué sin responder y me dirigí allá lo más rápido posible.
Al llegar, vi que Frederick estaba reunido con varios soldados. Estaban Leonidas, Thomas y Aruka. Esto era serio.
Entré. Frederick habló con firmeza:
—Bien, ya estamos todos. Señores, esto es importante. Aroa está siendo atacada y el ejército no puede ir. Así que enviaremos a lo mejor de los Rangers y al escuadrón Fénix. Partimos al amanecer. Apenas tengamos el equipo, nos vamos.
¿Aroa? ¿Por quién? ¿Por qué? Todos los caminos llevaban a Roma… y tarde o temprano, me tocaría conocer Aroa.
Frederick continuó:
—Thomas, Leonidas y Aruka irán primero para analizar el área. Cuando informen que está despejado, entra el escuadrón Fénix y aseguramos la zona. Conor, Traytros y yo iremos a la torre de control. Nuestro objetivo es recuperarla para restablecer la comunicación. El gobierno no aprobó esta misión, así que iremos por cuenta propia.
No entendía por qué el gobierno se negaría a ayudar a una región de su propio país. ¿No querían derramar sangre? ¿O simplemente no les importaba?
Si ellos caen, no tardaremos en caer nosotros. Frederick confía en mí. Tengo que cumplir.
Al salir, Thomas se me acercó.
—¿Entendiste lo que sucede?
—Creo que sí… pero… ¿a qué nos enfrentamos?
—A los Merodeadores. No tienen bandera. Solo saquean. No tienen piedad. Matan, violan, queman. No sabemos lo que son capaces de hacer.
—¿Entonces atacaron solo por saquear?
—Probablemente. Aún no lo confirmamos. Solo te digo esto: mátalos a todos. No tengas piedad. Si los perdonas, te cortarán el cuello. Nos vemos en el aeródromo.
En pocas palabras… eran sicarios sin ley. Y aunque no me gusta matar por matar, Thomas fue claro: no se puede confiar en ellos.
¿Pero… realmente eso era todo?
Al llegar a mi habitación, todo estaba ordenado. La cama tendida. El piso limpio. Y un plato con comida.
Me senté. Tenía varios mensajes sin leer. Eran de Herlin.
“No sé a dónde fuiste, pero seguramente fue algo importante. Disculpa, me quedé dormida sin darme cuenta.”
“¿Estás bien? No me has respondido. Te ayudé a ordenar tu habitación como agradecimiento. Hice algo de comida para ti. Espero que te guste.”
“Traytros… creo que sé dónde estás… o estarás. Atacaron Aroa. No puedo creer que estén atacando la región más grande del país como si nada… y el gobierno no hace nada. Creo que tú estarás allí. Por favor… cuídate.”
Se notaba preocupada.
Iba a responderle… pero recibí una llamada de Frederick.
—Traytros, ¡ven de inmediato al aeródromo! ¡Han caído el sector 2 y están por derribar el 3! Las defensas colapsaron. ¡Apresúrate! Solo hay un helicóptero disponible. Tú, Conor y yo partiremos primero.
Todo se estaba desmoronando. No pude escribirle a Herlin.
Lo siento.
Fui al aeródromo y me subí al helicóptero. Despegamos de inmediato.
Durante el vuelo, Frederick nos explicó el plan.
—Han avanzado muy rápido. Sorprendentemente, las fuerzas de Aroa están siendo arrasadas. No hay comunicación: tomaron las torres y bloquearon las señales. Cuando aterricemos, debemos asegurar el aeródromo para que los nuestros puedan llegar. Y luego… iremos directo a la torre.
Todo sonaba como una misión suicida. Aroa era un campo de batalla en llamas.
Desde el aire… lo vimos: explosiones, edificios destruidos, humo. El infierno.
Cuando nos acercábamos al aeródromo…
Un misil impactó la cola del helicóptero.
—¡Nos dieron! ¡Agárrense! —gritó Frederick.
La alarma del helicóptero se encendió.
“PELIGRO. DESCENSO INMINENTE. PELIGRO.”
El helicóptero comenzó a girar violentamente. Me agarré de una barra como pude.
Frederick me gritó:
—¡Sujétate, Traytros! ¡Aaaah!
Los pilotos repetían:
“¡Nos dieron! ¡Estamos cayendo!”
Logré subir de nuevo al centro… pero ya estábamos muy cerca del suelo.
Uno de los pilotos gritó:
—¡PREPÁRENSE PARA EL IMPACTO!
Frederick exclamó:
—¡¡SOSTÉNGANSE!!
El helicóptero descendía en picada…
Hasta que…
Cayó.
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