Pero en ese instante volteé al fondo del camión. Había un soldado casi acostado en el piso, escribiendo en su libreta.
Me distraje viéndolo, tanto que no presté atención a lo que hablaban ellos. Pensé que quizá yo también debería hacer lo mismo: guardar apuntes. Posiblemente sirvan para el futuro… o en caso de que muera, para alguien más.
—¿¡Entendieron!? —gritó Marcus.
No había escuchado nada.
Le pedí que me repitiera. Intentó hacerlo, pero justo cuando comenzaba, cayó un misil cerca de nosotros.
—¡Nos acercamos! Muchacho, solo haz que no te maten —gritó Marcus.
Había comenzado el conflicto.
Los camiones llegaron al punto de encuentro y todos empezaron a bajar. Era de noche. Caían bengalas por todos lados, se escuchaban explosiones y gritos. El campo era un infierno. Tanto aliados como enemigos caían. Me quedé perplejo viendo la escena hasta que Marcus me agarró del brazo.
—¡Reacciona, sígueme!
Lo seguí. Íbamos a otro punto. Al voltear atrás vi que los demás se quedaban luchando. Nosotros, probablemente, teníamos una misión más importante.
—Debemos infiltrarnos un poco más —dijo Marcus—. Entrar y cortar la luz para apagar esas torretas.
—¿Por qué no las destruimos? —preguntó Tamara.
—No, nos servirán para asegurar el área —respondí.
Logramos entrar más adentro del aeródromo, escondiéndonos tras pedazos de chatarra destruida. Frente a nosotros, dos soldados preparaban munición.
—Tamara —dijo Marcus.
—Sí —respondió ella.
Se movió sigilosamente y mató a los dos guardias sin hacer ruido. Luego nos hizo una señal para avanzar.
Entramos a la torre de vigilancia con cautela. Había soldados, pero no tantos como esperábamos. La estrategia de Marcus de atacar frontalmente había funcionado: había arrastrado a la mayoría afuera.
—Muchacho —me dijo Marcus—, ve al centro eléctrico. Es la habitación frente a esos guardias. Trata de no ser visto y apaga la luz.
Era mi turno.
Agachado, avancé detrás de un escritorio y pasé rápidamente a la habitación sin ser detectado. Adentro encontré una caja de fusibles. Tenía varios brackets… no sabía cuál apagar, así que apagué todos.
La luz se fue de inmediato. Los soldados se pusieron en alerta.
—¿Crees que era hora de que se fuera la luz? —preguntó uno.
—No, no estamos en cualquier lugar. Esto es Aroa. Mantente alerta —respondió otro.
Escuché pasos acercándose. Me puse al lado de la puerta. Uno de ellos la pateó y entró lentamente con la linterna encendida.
Cuando estaba a punto de verme…
Se escuchó un disparo.
El cuerpo del soldado cayó. Me asomé: era Tamara, la misma chica que me había salvado en el convoy.
—Con esta ya van dos veces —me dijo—. Tendrás que darme una buena paga por eso.
Marcus nos llamó para seguir. Avanzamos hasta la cima de la torre. Apenas abrimos la puerta del último piso, comenzaron los disparos.
—¡Con cuidado! ¡Eviten dañar los paneles de control! —gritó Marcus.
Nos cubrimos como pudimos. Disparé con cuidado, y después de un rato logramos abatir a todos.
—¡Rápido, revisen los paneles! —ordenó Marcus.
Probó el sistema. —Perfecto, todo está bien.
Se puso los audífonos y se comunicó por radio.
—Aquí Aroa, ¿me reciben? Estamos bajo ataque. Repito: Torre Aroa, ¿me reciben?
De pronto entraron dos hombres apuntándonos. Levanté las manos… pero los reconocí de inmediato. Eran Frederick y Conor.
—¿Traytros? ¿Qué carajos haces aquí? —preguntó Frederick.
—Ya decía yo que habían dejado la torre despejada —dijo Conor.
Bajaron sus armas.
—¿Cuál es la situación? —preguntó Frederick.
—Tamara me salvó y me llevó donde estaban refugiados. Marcus se ofreció a ayudarnos —le respondí.
—¿Dónde están las demás fuerzas?
—Caídas —dijo Marcus—. ¿Dónde están los refuerzos?
—Esperando a que liberemos el aeródromo —contestó Frederick.
—Pues, ¿qué esperamos? ¡Cada segundo es una muerte de mis hombres!
Empezamos a bajar.
—Es un placer conocerlo, capitán Frederick. ¿Usted está a cargo? —preguntó Marcus.
—Sí, estoy al mando de estos hombres… y de los que vienen.
—Qué bueno, necesitamos refuerzos. Este enemigo nos dio en los puntos ciegos.
—¿Cómo cayó tan rápido el Sector 2? ¿No actuaron a tiempo?
—No lo sé, pero esto huele a traición. Alguien debió haber dado información estratégica. Tomaron torres de comunicación sin error. Estaba todo planeado.
—¿Sabemos contra quién peleamos? —preguntó Conor.
—Son los Merodeadores, pero están armados hasta los dientes —respondió Marcus.
—¿De dónde sacaron tanto material? —preguntó Conor.
—Creemos que fue un gobierno enemigo quien patrocinó esto —dijo Tamara.
—¿Gobierno enemigo? ¿Occidente? —preguntó Frederick.
—Lo averiguaremos. Acabemos con esto primero —dijo Marcus.
Salimos de la torre y vimos cómo un misil impactaba en las zonas enemigas. Los hombres de Marcus comenzaron a avanzar.
—¡Vamos! ¡Acabemos con todos! —gritó Marcus.
Comenzó la batalla final.
Las balas cruzaban el campo, los casquillos caían como lluvia. Disparé mientras avanzaba. Una bomba explotó cerca de mí. Caí al suelo, aturdido. Todo era cámara lenta. Veía disparos, gritos, explosiones. Frederick se acercó. No lo oía.
—…
—¿Qué? —pregunté, confuso.
—¡Vamos a las torretas!
Me levanté y lo acompañé. Avanzamos disparando. Llegamos y enfrentamos otra oleada de enemigos. Finalmente, despejamos la zona.
—Conor, avísales que tomamos una torreta. Que se cubran. Abriremos fuego —dijo Frederick por radio.
—¿Sabes manejarla? —me preguntó.
—No.
—Vale, entonces haz lo que te diga.
Yo movía la torreta, él disparaba.
—Apunta a la izquierda, donde están más resguardados.
Disparó. Enemigos volaron por los aires.
—Ahora al centro.
Apunté. La torreta arrasó con el resto.
—Ve a la otra torreta. Le diré a Conor que te acompañe.
Pero cuando íbamos saliendo, la otra torreta comenzó a dispararnos.
—¡Mierda, nos vieron!
Las paredes empezaron a caer a pedazos… y de repente, todo se detuvo.
—¿Se les acabó la munición? —dijo Frederick.
Me asomé: vi a los hombres de Marcus avanzando. Y a Tamara, saliendo de la torre, levantando su arma.
Las torretas estaban bajo nuestro control.
Los enemigos rendidos fueron capturados. Nos reunimos para planificar la recuperación del sector. Se armó un punto de control dentro de la torre.
—Recuperamos el aeródromo. Llamaré a mis soldados. Traeremos a todos los civiles aquí —dijo Frederick.
—Enviaré a mis hombres a traer a nuestra gente. Haremos campamentos —añadió Marcus.
—Perfecto. Cuando lleguen, avanzaremos para terminar esto.
—¿Y por qué no llaman a la fuerza aérea? ¿Por qué no piden bombardeos?
Frederick dudó unos segundos.
—Marcus… el gobierno no nos ayudará. Mi escuadrón vino por voluntad propia. Me temo que… estamos solos.
Marcus guardó silencio. Luego estalló.
—¿¡Cómo que estamos solos!? ¿¡Nos van a dejar morir aquí!?
—…
—¡Joder! ¡Nunca hacen nada! Nunca espero nada de ellos, ¡y aún así logran decepcionarme!
—¿Cuántos hombres traerás? —preguntó al fin, intentando calmarse.
—No es la cantidad, sino la calidad. Mi escuadrón tiene a los mejores.
—Jum. Más les vale. Porque si no… adiós Aroa.
Reflexioné en silencio.
El gobierno… ¿cómo pueden dejar morir a los suyos? ¿Realmente les importa alguien? ¿Dejarían caer una ciudad entera?
Si son capaces de esto… ¿de qué más serán capaces?
Salí a tomar aire. Subí a lo alto de la torre y me senté a mirar el paisaje. Pero en vez de calma, encontré llamas. Humo. Una ciudad destruida.
La tecnología, desde su origen, no fue para mejorar la vida… sino para arrebatarla. El humano… es la guerra.
Una voz me interrumpió.
Era Tamara. Se había sentado a mi lado sin que me diera cuenta.
—¿Admirando el paisaje?
—No es lo que esperaba.
—Gracias por ayudarnos. Por no dejarnos solos. Marcus… y yo… lo valoramos mucho.
—¿Desde cuándo están en guerra?
—Cinco días desde el primer ataque.
—¿Cómo fue?
—Entraron desde adentro. Hicieron explotar las tuberías de energía nuclear. Aquí aún no llega la radiación, pero más adelante ya debe estar contaminado. Tomaron comunicaciones, aviones, helicópteros, tanques… fue una masacre.
—¿A qué te dedicabas antes de esto? ¿Y Marcus?
—Marcus es mi tío. Mis padres murieron hace diez años en un atentado. Mi hermano mayor, que estaba en la milicia, me llevó con Marcus antes de ir a luchar. Nunca más lo vi. Antes del ataque leía libros… escribía. Pero cuando cayó la bomba… nos refugiamos en una iglesia. Marcus fue reuniendo gente. Defendíamos civiles. En el cuarto día salí a buscar sobrevivientes. Te encontré. Y ahora estamos aquí.
Recordé a mi hermano. Llevaba años sin verlo. Lo último que supe fue que ayudaba a recuperar un pueblo. Pero ya pasaron más de doce años…
—Siento lo de tu familia.
—No te preocupes. Uno aprende a lidiar con el dolor. ¿Y tú? ¿Qué haces?
—Soy soldado de primera clase de los Rangers. Antes de venir aquí, Frederick me llamó. Me dijo que Aroa estaba sola… pero él tenía un escuadrón independiente: Fénix. Vendrán a ayudarnos. También llegarán otros tres soldados de primera clase. Frederick… es un buen hombre.
—Me alegra que hayan venido. Si no fuera por ti… ya estaríamos muertos.
—Es nuestro deber proteger. Aunque a algunos se les olvide.
—¿Cómo es la capital?
Hablamos toda la noche. Tamara parecía una persona agradable. Solo que… en estas situaciones, uno se endurece.
Las personas actúan según lo que viven. Como dijo un famoso:
“El hombre no nace bueno ni malo, sino que se define por sus acciones y las circunstancias.”
Pero… ¿Qué hombre terminaré siendo yo?
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