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Cuervo y luna

La habitación de Nikolay.

La habitación de Nikolay.

Aug 08, 2025

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Sexual Content and/or Nudity
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Los hombres que solían rodear a Lanzeloth eran guerreros imponentes en presencia. Robustos, curtidos por la batalla, con la piel cicatrizada por el filo de las espadas y el peso de las armas. El mago, en cambio, era distinto. No menos digno. Solo… distinto.

—Pero, Nikolay… No está bien que te sientas así. No eres tu padre, aunque te pareces mucho a él a juzgar por la pintura en la sala… Tú eres tú. ¿Por qué cargas con esa expectativa?—

Se incorporó y empezó a recorrer la habitación, inspeccionando con curiosidad cada objeto llamativo, cada cuadro, libros y demás, hasta que sus ojos se detuvieron sobre la cajonera. Sobre ella, un altar discreto que llamó su atención.

Curioso se acercó para ver de cerca, había velas de diferentes colores, algunos amuletos en forma de luna, sol y estrellas, un incienso que incluso apagado perfumaba el aire con notas de lavanda, un tazón de cuarzo con diferentes granos y tierra. Todo frente a algunas pequeñas estatuillas, suponía que eran dioses de la cosecha, lluvia, sol o algo como eso, era común en aldeas y pueblos pequeños adorar o rendir tributo a los dioses para no pasar sequías o hambruna.

—No lo sé, no me gusta pensar en eso. Desde que mi padre murió, he tenido que ocupar su lugar en tantas cosas… No solo en casa, también en la comunidad, y con los años han sido aún más. Amo la biblioteca y hacer pociones con mamá, pero… no sé cómo explicarlo—


Hablar sin ver a Lanz era más sencillo. Se sentía mucho menos nervioso. Hilar palabras era menos complicado, trataba de acomodar su mente, pero no podía del todo, no eran temas que pensara a menudo. El sonido de la lluvia era su refugio, su distracción del caos que era su cabeza.

–Creo que… quizá es por la expectativa que los demás tienen sobre mí, se me inculcó que debía ser como mi padre, pero él era una persona tan diferente a mi... Sirvo al pueblo con los rituales y ceremonias de la cosecha, he dado clases algunas veces en la escuela y me encargo de la biblioteca… Pero no soy él—

Lanzeloth veía la lucha interna reflejada en aquellos ojos cansados. Suspiró y se acercó quedando frente a él, viendo aquel largo cabello oscuro.

—No tienes que ser como él. Debes ser tú mismo, libre. Si quieres quedarte en la biblioteca o en el taller, que sea porque lo deseas, no porque alguien te lo impone. ¿No crees? Es un consejo que puedo darte como… amigo. No hay nada mejor que la libertad—

Tomó su mano. Nikolay se apartó por un instante, pero luego se permitió ceder dejando que Lanz entrelazara los dedos de ambos y nuevamente cruzaron miradas, la del azabache era intensa, había un fuego contenido… uno que comenzaba a avivarse.

—¿Por qué te preocupas por mí? Apenas nos conocemos. Además, ¿tu pierna no estaba herida? ¿Cómo subiste las escaleras?—

No esperaba aquellas preguntas. El moreno solo sonrió, un poco apenado, buscando torpemente una excusa. —Creo que tu poción sirvió muy bien. Aún me duele, pero al menos puedo caminar mejor y... Umm... No hablemos de eso, hablemos sobre ti.—

Ahora, la dura mirada de Nikolay lo ponía nervioso. No parecía molesto, pero sí interrogante, como si tratara de descifrar sus intenciones. Con una sonrisa incómoda, el elfo continuó:

—Me preocupo porque creo que eres un hombre... interesante de alguna manera. Llamaste mi atención, no creo que seas tan distraído como para no haberte dado cuenta.— Sus mejillas ardían. Aunque por su piel obscura no era tan obvio, incluso así, el sonrojo estaba presente.

—Me pareces atractivo… en cierto modo, inteligente y todo eso... pero más allá de eso, te digo esos consejos porque… Creo que puedes avanzar en lo que me has dicho sobre cómo te sientes. Pareces ser un joven habilidoso, y quizá... solo haga falta descubrir ese potencial. Yo creo que puedes lograr muchas cosas. ¿N-no lo crees?—

Nikolay aún tenía ganas de interrogarlo más sobre su pierna, pero los halagos eran... vergonzosos. Y al mismo tiempo, agradables. Ver a Lanz titubeante y apenado le resultaba extrañamente reconfortante. Sus pensamientos sobre el incidente pasaron a segundo plano, centrándose solo en sus últimas palabras. No hablaba de sí mismo muy a menudo.

—Debo pensarlo. No puedo irme así como así… Tengo muchas responsabilidades en casa y el pueblo.— Se dio cuenta de que aún tenían las manos entrelazadas. Lo inquietaba la idea de que no le molestara que Lanz lo tocara. En otras circunstancias, ya se habría marchado o incluso lo habría echado de la habitación. ¿Por qué no se sentía de la misma manera?


—Sé que podrás hacerlo, Niko. No tienes que abandonar a tu familia, puede ser un viaje temporal. Si no te gusta, puedes volver a casa. Y yo… Quisiera seguirte viendo, visitarte entre mis viajes— Abrazó al mago con firmeza, oliendo su peculiar aroma. Estaba acostumbrado al olor varonil de los guerreros con quienes convivía a diario, cebada, sudor, pino y agua de río… Pero Nikolay tenía un aroma diferente, le gustaba. Café, hierbas, incienso y jabón. Era… diferente, envolvente.

El otro no respondió, parecía sumido en su propio laberinto de pensamientos. Lanz se puso de puntillas y rodeó suavemente su cuello delgado con los brazos, obligándolo a bajar la mirada. Aquel hombre pensaba demasiado, esa cercanía terminó de animar al elfo. —¿Puedo darte un beso?—

El sonrojado ahora era Nikolay. con una expresión confundida y el cejo fruncido, asintió ligeramente al paso de un par de segundos. Cerró los ojos inclinándose un poco para poder alcanzar los labios del elfo.

Lanz lo recibió sin demora, suspirando suavemente. Los primeros segundos fueron torpes, besos lentos, tímidos. Pero el peliblanco quería más. Con paciencia, lo envolvió en un beso profundo, lento, disfrutando de aquellos labios delgados e inexpertos. Un roce delicado en su cintura lo sorprendió, eran las manos de Nikolay que tímidamente lo envolvían, después de todo, estaban solos.

Como respuesta, Lanzeloth se dejó llevar completamente, deslizando su lengua sobre los labios de Nikolay en una silenciosa petición de acceso. Sorprendido por ese atrevimiento y luego de un par de segundos de tortuosa confusión, el mago aceptó, su deseo aún desconocido, le impulsó a corresponder.

Sus bocas se encontraron con timidez al principio, pero pronto la intensidad creció. El mago probó el amargor en los labios de Lanzeloth, seguramente a base de la poción que le había dado momentos atrás. La respiración de ambos se volvió errática, entrecortada, sus cuerpos buscando más contacto.

Nikolay no había sentido tal excitación antes, inclusive cuando estuvo con su única novia… era diferente. No había sentido una emoción tan visceral. No podía ni tampoco quería detenerse, necesitaba más de aquella cálida sensación que Lanzeloth le estaba regalando.

Las manos del elfo bajaron de su cuello hacia su pecho, acariciando sutilmente, no esperaba que fuera a dar ese giro, el mago parecía tan reservado y tímido… pero ahí estaban en su habitación, besándose de manera tan cercana y húmeda que erizaba su piel. Sus largas orejas estaban bajas, las líneas de su cuerpo brillaban suavemente demostrando su excitación, la señal inconfundible de las emociones intensas en los elfos lunares, ellos brillaban intensamente cuando estaban felices, emocionados, ansiosos, furiosos o en el caso de Lanzeloth, excitados.

El embriagador deseo lo ataba a la compañía de Lanzeloth, pero su mente se debatía entre el deseo y la razón. Había leído sobre esas sensaciones, sobre el amor y la pasión en las páginas de los libros que devoraba en la soledad de la noche.

Lanzeloth, en cambio, sabía exactamente cómo guiar la situación, tenía mucha experiencia en eso. Pausó el beso solo para observarlo con una sonrisa. Nikolay, atrapado en la intensidad de su propio sentir, permaneció en silencio, sus ojos reflejaban una mezcla de vergüenza y necesidad.

Nunca había estado en esa situación, el bochorno por su propio “entusiasmo” presionando sus pantalones y el lugar donde estaban le dificultaban pensar claramente. ¿Estaba bien eso? ¿Estaba bien tener esa clase de acercamiento con un alguien que no era su pareja? La respuesta parecía tan lógica pero…  Sentía un despertar que no había experimentado antes… Un calor que brotaba de su pecho.

—Todo está bien, Niko —susurró Lanzeloth con suavidad cerca de sus labios —No pienses demasiado. Estamos solos.--

Sus palabras, firmes pero tranquilizadoras, disiparon parte de las dudas del mago, quien volvió a entregarse al beso, ahora con menos reservas. La confianza crecía, al igual que su deseo, pero, en un momento Nikolay se detuvo, antes de que Lanzeloth preguntara el por qué, sintió la cálida lengua del otro en su cuello, repartiendo pequeños besos tímidos a lo largo de éste. provocando que el otro soltara un inesperado jadeo de placer.

No hubo palabras, el silencio estaba lleno de jadeos entrecortados. Entonces, la mano del elfo descendió a la entrepierna del otro, provocándole un espasmo por la vergüenza de ser tocado, aun así, su miembro comenzaba a endurecerse, algo que el peliblanco no tardó en notar, parecía tener un tamaño nada despreciable, cosa que le hizo sonreír coqueto. No había sido su objetivo, pero estaba muy feliz con ese resultado. La vergüenza era evidente en la expresión del más alto, pero su cuerpo hablaba otro idioma, uno que Lanzeloth entendía perfectamente.   

–Lanzeloth espera. Me siento nervioso, no he hecho algo así en mucho tiempo, créeme, hablo de años…– La tormenta rugía en el exterior, ajena al deseo que los envolvía. El bajito sonrió con una tranquilidad seductora.

—Tranquilo, sé que estás tenso —susurró— Pero déjate llevar. Nadie va a interrumpirnos, puse el pasador y… Parece que necesitas atención aquí abajo.--

Los besos del elfo descendían sobre su pecho, recorriendo la tela que le cubría. Cada botón de su camisa se convirtió en una pausa tortuosa, sus manos explorando lentamente la espalda del mago. Nikolay lo observaba con nerviosismo y curiosidad, atrapado entre el deseo y la incertidumbre.

Besó por ultimo los botones del pantalón y se puso de rodillas frente a él levantando la mirada mientras frotaba su nariz y labios contra el bulto que crecía debajo. Nikolay contuvo el aliento, su corazón latía con fuerza, su cuerpo estaba en llamas y su cerebro en blanco, no sabía que debía hacer. Quería eso, claro que quería… Pero estaba nervioso, nunca había estado así con alguien y muchos menos en su propia casa, cualquier cosa podría pasar, le preocupaba ser descubierto.

Los ojos azules de Lanz lo tenían atontado, no entendía que estaba pasando ¿Debía seguir y dejarse llevar por los deseos de su cuerpo? ¿O reprimirse como siempre y guardar la compostura?

—Yo me encargo —susurró el elfo con un tono que no admitía dudas —No tienes que preocuparte por nada, cariño.--

Abrió los botones del pantalón contrario dejando ver un camino de vello que bajaba desde su ombligo y continuaba bajo su ropa interior, tenía una mancha húmeda en la misma, por donde sin dudar el moreno pasó su caliente lengua, provocando un espasmo en el miembro contrario, Nikolay se encontraba jadeando en silencio por la excitación de ver un plano tan erótico. ni en sus más calientes fantasías pensó que algo así pudiera pasarle, el placer y la curiosidad lo tenían dominado.

Cada reacción del bibliotecario era un deleite completo para el elfo, amaba cada reacción, su rostro rojo, sus labios temblorosos, la manera en que se acomodaba los lentes para poder verlo bien, esa mirada tan intensa que recibía de su parte. Cada cosa era un regalo exquisito.

El ambiente era denso de deseo, erótico, íntimo… Pero entonces, algo los interrumpió

–Niko ¿Estás ahí? Dice mamá que bajes a comer, ya está la comida– Tocaron a la puerta, era la hermana de Nikolay. El sobresalto fue inmediato. ambos se miraron, sus ojos reflejando la sorpresa. El azabache tragó saliva antes de responder.

–Si, dile a mamá que en un momento bajamos.-- Había recuperado parte de su compostura, su respiración se había estabilizado y abotonó de nuevo sus pantalones. Sin decir más, abrió la puerta y se adelantó, permitiendo que el elfo saliera primero.

Un delicioso aroma a cerdo los recibía bajando la escalera. Ahora Lanz se había propuesto portarse bien, después de casi ser descubiertos debía moderar su comportamiento.

El comedor tenía un aire tradicional, consistente con el resto de la casa. La madera tallada con delicados patrones florales en la mesa le daba un toque artesanal, reforzado por el mantel de crochet que la adornaba. En el centro, un elegante jarrón de cristal alojaba un pequeño pez que nadaba con calma.

Aquel comedor estaba junto a la cocina, en una de las paredes había un gran estante con una cantidad casi ridícula de frascos con diferentes polvos, suponía que cada uno de ellos era una especia diferente, a juzgar por la comida, la cual tenía un aroma bastante condimentado.

Martha, la madre de Nikolay, les dirigió una mirada amable al verlos aparecer.

—Ya volvieron. Por un momento pensé que te habías escapado, chico. Siéntate, la comida está lista —dijo con tono hospitalario— ¿Le mostraste la casa, Niko?

Su querido hijo, quien había comenzado a servir la comida se quedó pensando, no sabía que podría decirle a su madre, era malo con las mentiras, pero mientras ideaba una excusa, recordó ver a Lanzeloth estar husmeando en sus cosas. –Ahh, si, le mostré el altar en mi habitación, el de los campos de cultivos.—

Lanz se sentó en la mesa, mostrando una sonrisa, tratando de respaldar la mentira del otro, habló.

–Si, es que yo le comentaba a Niko que es común en los pueblos agricultores tener altares, pero nunca había visto uno en una habitación, solo en templos.—A diferencia del mago, él era bueno mintiendo cuando era necesario. Así que la señora no dudó.

Del otro lado de la mesa estaba la hija menor de la familia, quien lo veía con incredulidad, teniendo una mirada igual de imponente que su hermano pero de una manera no tenebrosa, más bien amigable. 


atipicaespectra
Oasis Espectral

Creator

Nikolay y Lanzeloth están solos, abriendo cada uno su corazón, hablando sobre las expectativas y el duelo de ambos padres. Sin embargo, también se abren a conocerse más, de maneras más íntimas de lo normal. Para el mago, esto es un nuevo territorio, comenzando un conflicto interno entre dejarse llevar al deseo y caricias, o solo parar y contenerse como siempre lo había hecho.

#cottagecore #bl #fairycore #yaoi #magic #boyslove #elf #Wizard #Magia #Fantasy

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A lo largo de la novela seremos espectadores de duelos, fiestas, batallas, pasiones, viajes, comedia y tragedias.
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