Volumen 1: El Origen de Todo
Capítulo 02: “En el lugar donde no hay nada”
Transfiriendo datos…
¡ERROR!
Reiniciando sistema…
Procesando…
Procesando nuevamente los datos transferidos.
Instalando sistema…
Falla al intentar instalar el sistema.
Se ha detectado una forma de vida desconocida… Nuevo error: “criatura error”… Sistema error…
Falla al intentar instalar el sistema por segunda vez.
Procesando datos actuales del individuo…
Sistema actualizado.
Corrigiendo errores…
Advertencia: No se detecta ningún individuo al que instalar el sistema.
Proceso finalizado.
Resumen:
No se ha detectado ninguna forma de vida.
***
Año 3152, después de las singularidades…
¡Ay… ay… ay! Qué dolor de cabeza…
Sentía como si algo dentro de él se evaporara, lentamente.
No era un dolor constante. Más bien, se trataba de pequeñas punzadas, precisas y espaciadas. Cada pocos segundos, una nueva.
¿Qué es este lugar…? ¿Dónde estoy…? ¿Cómo llegué aquí…?
Vacío. Era todo lo que hallaba cuando intentaba buscar una respuesta.
No recordaba nada.
Hace unos instantes, o al menos eso creía, se encontraba en…
¿Dónde estaba…?
Intentó aferrarse a una imagen, un sonido, una palabra. Pero su mente era como una biblioteca sin libros, solo estanterías polvorientas y vacías.
Y entonces, como una descarga repentina, una tormenta de recuerdos lo sacudió. El dolor volvió, punzante, pero tan efímero como una chispa. Luego… nada.
¡Claro! Estaba en la biblioteca. Esa chica extraña… Y luego…
Esa cosa me tragó. O me hizo algo. Después de eso… terminé aquí.
Desde que esa cosa cubrió su visión, la oscuridad se volvió absoluta. No podía ver. Ni siquiera a sí mismo.
¿Por qué me lancé a salvar a esa chica?
No recordaba con claridad sus últimas palabras. Solo su enojo
¡Dios…! Todavía no entiendo qué fue lo que pasó. Y mucho menos lo que está pasando ahora.
Se sentía raro. No solo por haber olvidado casi todo, sino por lo que lo rodeaba… o mejor dicho, por lo que no lo rodeaba.
¿Dónde se supone que estoy? ¿Será este el mundo que espera a la gente después de morir? ¿O tal vez… es el infierno?
Si este es el infierno… es bastante decepcionante.
Esperaba llamas, gritos, cadenas…
Pero no.
Solo silencio. Solo vacío.
Aunque… ¿no es mejor así?
Lo más inquietante no era el lugar en sí.
Lo verdaderamente extraño era que no sentía nada.
Ni calor. Ni frío.
Ni miedo. Ni desesperación.
Solo una calma hueca…
Y una paz que nunca antes había conocido.
Me siento… libre. Como si me hubiera quitado un peso de encima.
Pero la paz fue efímera.
Como una presa que cede, su mente se desbordó de recuerdos.
Dolorosos. Crudos.
Recuerdos que hubiera preferido enterrar en lo más profundo.
Cuando al fin se libró de su familia y creyó que empezaría una nueva vida a su modo… apareció ella. Pensó que la amaba. Que por fin podría ser feliz.
Qué ingenuo fui…
Si no hubiera sido por ella, jamás habría ido a esa biblioteca.
Esa persona… la que creía especial… lo acusó de acoso.
Amenazó con extorsionarlo, con difundir fotos falsas si no le daba dinero.
A él. A su familia.
Y, como era de esperarse…
Su familia le dio la espalda.
Le exigieron que se entregara.
Y entonces, todo se fue al carajo.
Fue así… fue así como terminé en aquella biblioteca, intentando leer algún libro antes de que la policía viniera a arrestarme.
Un intento patético de distraer la mente. De fingir que, de alguna forma, todo era normal.
Entre el dolor que representaban esos recuerdos, había dos que le perforaban el pecho con un amargo arrepentimiento.
La primera…
Su hermana.
No había podido disculparse. No como debía. No con las palabras justas, ni con el corazón en calma.
Ella fue la única que se puso de su lado cuando todos lo abandonaron. La única que creyó en él cuando nadie más lo hizo. Y aun así…
No pude contenerme… Le grité. La lastimé. Como si fuera su culpa…
Y ahora… ahora es demasiado tarde.
La segunda era más simple. Más tonta. Pero no por eso menos dolorosa.
No pude seguir jugando a Stelaris.
Había pasado semanas intentando acceder al reino de Orbis. Y cuando finalmente lo logró, cuando al fin había logrado su sueño…
Todo se vino abajo.
Ahora no podré volver a jugar. Jamás.
Era absurdo, sí. Pero esas dos cosas eran importantes para él.
Profundamente importantes.
Y sin nada más que hacer en ese vacío insondable, empezó a prestar más atención a su entorno. Tal vez encontraría respuestas. O al menos, algo que lo distrajera del dolor.
Pero no había nada.
Literalmente nada.
A su alrededor, solo oscuridad.
Un vacío que no tenía forma ni dirección. No existía arriba ni abajo. No había fin ni comienzo. No había puntos de referencia. Ni sonido. Ni tiempo.
¿Estoy con los ojos abiertos… o cerrados?
No lo sabía.
Intentó mover un brazo. Una pierna. Algo.
Pero tampoco sintió nada.
Era como si su cuerpo hubiera dejado de existir, o quizás… como si nunca hubiera estado allí en primer lugar.
No tenía tacto, ni peso, ni voz. Solo conciencia.
Solo pensamiento.
Parece que la muerte sigue siendo incomprensible… incluso después de haber muerto. Aunque… ni siquiera estoy seguro de que esté muerto.
No entiendo nada. No sé ni lo que soy en estos momentos. Ni siquiera puedo hacer algo más que estar aquí. ¿Qué es “aquí”?
Ni eso sé.
Lo único que tenía claro… era que seguía siendo él mismo.
Soy yo. Si no lo fuera, no podría pensar como lo hago. No podría recordar lo que pasó.
Sus pensamientos fluían como si hablara, aunque no movía los labios.
No podía.
No sentía su boca. No escuchaba su propia voz.
Y aun así, pensaba como si estuviera conversando consigo mismo.
Este lugar —si es que podía llamarse así— no tenía explicación.
Un espacio sin forma, sin sentido, sin reglas.
Un “espacio inexplicable”.
Así lo llamaré… aunque ni siquiera sé si tiene sentido.
Y entonces…
“¡Vael’nar!”
Una voz resonó de golpe, desgarrando el silencio.
Desconocida. Lejana.
Atronadora.
¿Qué significa eso…?
¿Hay alguien más aquí…? ¿Alguien está hablando?
Otra vez.
“¡Vael’nar!”
Y una vez más.
“¡Vael’nar!”
Las palabras retumbaban como truenos dentro de un mar sin cielo. Como si el eco se replegara sobre sí mismo, multiplicándose.
No lo entiendo… No sé qué significa. No sé qué hacer.
El desconcierto lo devoraba.
Y fue entonces cuando la vio.
Una luz.
Pequeña.
Lejana.
Pero terriblemente intensa.
En medio de toda aquella negrura infinita… apareció.
“Sorien’ha valon dar’neth…”
La voz volvió a surgir, profunda y distante.
Era distinta. No tan áspera como antes… pero igual de incomprensible.
La luz —aquel punto lejano, casi imperceptible— explotó de golpe. En cuestión de segundos, se expandió como una marea blanca, envolviéndolo todo. Toda la oscuridad fue devorada por su fulgor.
¿¡Qué está pasando!?
Gritaba en su mente, incapaz de hacer otra cosa mientras la luz lo cegaba por completo.
“Kairos vel’thain, draemor ul’tariv.”
“Onar’kai sorien’ha.”
Palabras desconocidas lo envolvían como un cántico ritual.
Sonaban más claras que antes. Más nítidas.
Al principio, pensó que se trataba de un mensaje en clave. Algo oculto. Algo dirigido directamente hacia él.
Pero al escuchar con más atención, lo comprendió.
No son claves. Ni profecías…
Eran parte de un idioma que jamás había escuchado.
Fue entonces cuando abrió los ojos.
Sí… los abrió.
Hasta ese momento, creía tenerlos abiertos. Pero no era así. Los había tenido cerrados.
Y eso lo desconcertó. Porque en ningún momento lo había notado.
¿Cómo es posible? ¿Cómo me cegó una luz… si mis ojos no estaban abiertos?
No había explicación lógica. Solo confusión.
“Valon thain’ria, nai varos.”
“Ilun’reth tarial, kai ul’varion.”
Ahora las escucho con claridad…
Una voz masculina.
Y otra femenina.
Ambas diferentes, pero armoniosas.
Su visión seguía borrosa, aunque ya podía distinguir formas, contornos, manchas de color que se mezclaban y giraban.
Era mejor que la oscuridad absoluta de antes.
Como si alguien estuviera ajustando la nitidez de una pantalla, su vista comenzó a enfocarse.
Hasta que finalmente… vio.
Y lo que vio fue un rostro.
Una sonrisa inmensa lo recibía como si se tratara de una bienvenida.
¿¡Y este quién demonios es!?
¿¡Quién se supone que lo invitó!?
¿¡Qué está pasando aquí!?
¿¡Y por qué su cara está tan malditamente cerca de la mía!?
-CONTINUARA-

Comments (0)
See all