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Overmage: Reencarné en un mundo sin magia… así que decidí crearla

Capítulo 08: “Lo siento, mamá no puede jugar contigo ahora”

Capítulo 08: “Lo siento, mamá no puede jugar contigo ahora”

Aug 25, 2025

Volumen 1: El Origen De Todo

Capítulo 08: “Lo siento, mamá no puede jugar contigo ahora”

 

Mientras apoyaba la espalda contra el tronco del árbol detrás de él, Inir mantenía la mirada fija en su esposa y en su hijo, que permanecía en sus brazos. Ambos no dejaban de observarlo mientras, poco a poco, se alejaban.

Con cada segundo que pasaba, veía cómo Ariel se distanciaba más y más del lugar donde él estaba. Finalmente, cuando su esposa y su hijo desaparecieron de su vista, las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro, una a una.

“¡No es momento de arrepentirse!” Se dijo a sí mismo, mientras llenaba su pecho de valor y cerraba los puños con fuerza.

No hay por qué arrepentirse… o eso creo.

Alguien debía hacer el sacrificio. Alguien tenía que quedarse y ganar tiempo para que los demás no fueran atrapados.

La mejor opción era yo. Un niño no puede crecer sin su madre; ella es el pilar más importante de una familia.

Además, con esta flecha atravesándome el pie, huir sería imposible. Solo sería un estorbo para ellos.

Con decisión, colocó la mano sobre la flecha y, con un movimiento firme, cortó una de las partes para que no le estorbara al caminar. Apenas lo hizo, un dolor punzante lo recorrió y soltó un leve grito ahogado.

El dolor era insoportable, pero nada comparado con todo lo que ya habían sufrido allá afuera.

Suspiró, intentando controlar el ardor que sentía.

Sinceramente, no me importa morir ahora mismo. He estado tantas veces al borde de la muerte que, en algún momento, sabía que llegaría mi hora. Lo bueno es que moriré con un propósito.

Voy a morir dándolo todo por mi familia.

Sí… todo por mi esposa y mi hijo.

Meditaba mientras su respiración se volvía pesada y agitada, consecuencia de su cansancio extremo. Su físico estaba al límite, y sabía que el precio de su desgaste estaba por llegar.

Sé que dije que intentaría no arrepentirme de nada, pero me cuesta no hacerlo. Hay tantas cosas que me hubiera gustado hacer…

Sé que no debería hablar de mi muerte como si ya estuviera escrita, pero esta es mi realidad.

Solo quisiera haber pasado más tiempo con mi hijo y haber cumplido con tantas cosas pendientes. Pero esto es lo que hay.

Puedo arrepentirme de no estar en el futuro junto a la mujer que amo y a mi hijo, pero nunca me arrepentiré de esta decisión que he tomado. No lo haré, porque sé que, gracias a esto, las dos personas que amo tendrán un futuro. Vivirán por mí.

Su mano temblaba mientras pensaba en ello. Estaba lleno de miedo, pero sabía que debía hacerlo.

Cuando todo parecía estar sumido en un silencio absoluto, los escuchó. Podía oírlos claramente. No estaban lejos todavía, y gracias a sus sentidos agudos podía sentirlos y ubicarlos con precisión.

Puedo escucharlos perfectamente, pensó para sí mismo. Incluso puedo sentir dónde está cada uno de ellos.

En ese momento, se arrepintió de no haber practicado nunca algún tipo de defensa personal. Soy un inútil para esas cosas, pensó, riendo torpemente ante su autocrítica.

No voy a poder contra todos, pero al menos me llevaré a alguno conmigo.

Sus sentidos le recordaban que su cuerpo era superior al de ellos. Ellos son inferiores, y se los demostraré ahora mismo, pensó con determinación.

El temblor en su cuerpo cesó. La adrenalina comenzó a recorrer sus venas, llenándolo de una energía incontrolable. Sabía que debía cumplir su objetivo: retrasarlos el mayor tiempo posible. Su tarea era simple, en apariencia, pero para alguien como él resultaba enormemente difícil.

Si tan solo Ariel estuviera en buena forma física, esta historia sería diferente, pensó con cierta melancolía.

No soy tan fuerte como Ariel, pero haré lo posible para que se sienta orgulloso de mí, se dijo en su mente con una sonrisa cargada de sentimientos encontrados.

Entonces, alzó la voz con toda la fuerza de su alma:

“¡Te amo, Ariel!”

“¡Te amo, Nykash!”

Con una expresión decidida y una mirada llena de convicción, se preparó para enfrentar a sus perseguidores. Sabía que no podría ganar, pero estaba listo para darles una buena dosis de problemas antes del final.

***

Habían pasado varios minutos desde que Ariel dejó atrás a Inir.

Debido al estado débil en que se encontraba su cuerpo, no podía correr; a duras penas lograba mantenerse en movimiento con una caminata apresurada.

Había llegado al límite. Estaba agotada. Su cuerpo hacía maravillas solo para mantenerse en pie. De hecho, ni ella misma entendía cómo podía seguir avanzando.

¿Será gracias al poder materno que aún sigo de pie?, pensó, exhalando con esfuerzo.

Desde hacía un rato ya no sentía a sus perseguidores. Eso significaba que su querido esposo estaba cumpliendo —o ya había cumplido— con su tarea de mantenerlos lejos.

A medida que se adentraba más en el bosque, el camino se le hacía familiar. La simple idea de reconocer aquel lugar le arrancó una sonrisa cansada, pero llena de esperanza.

¡Estamos cerca!

¡Estamos cerca!

¡Conozco este lugar!

Para cualquiera, ese podría ser un punto idéntico a cualquier otra parte del bosque, pero para Ariel no.

He jugado muchas veces aquí cuando era niña. Recuerdo esos momentos como si hubieran sido ayer.

Aunque su piel siempre había sido blanca, ahora estaba completamente pálida, casi translúcida. Cada parte de su cuerpo daba la impresión de pertenecer a alguien sin vida. Esa blancura sobrepasaba cualquier límite imaginable.

Bajo sus ojos se dibujaban profundas y oscuras bolsas, como marcas de su agotamiento extremo.

De repente, sin previo aviso, sintió el leve silbido de una flecha que pasó a escasos metros de ella. Ariel se detuvo, completamente sorprendida.

No esperaba un ataque en ese momento.

Lo esquivó por muy poco, pero la flecha rozó levemente la parte superior trasera de su brazo izquierdo. Por suerte, había logrado moverse unos segundos antes.

¡No la sentí! ¡No la sentí!

Si me hubiera movido un segundo tarde, la flecha me habría atravesado el brazo… y habría terminado dándole a mi hijo.

Si la flecha lo hubiera alcanzado…

Si lo hubiera alcanzado…

No sé qué haría con mi vida.

¡No es momento de pensar en eso!

Se había dejado llevar por la tranquilidad del momento y el cansancio, lo que lo hizo desconcentrarse. Que sus sentidos le hubieran fallado de esa manera le aterraba. Nunca había pasado por algo así, y ahora tenía miedo. No sabía si podía confiar en ellos o no. Era una duda que no dejaba de atormentarla.

Sin embargo, esa no era su mayor preocupación. La verdadera angustia era lo que podría haberle sucedido a su esposo si los perseguidores ya estaban tras ella. No quería ni pensarlo, pero el solo hecho de imaginar que Inir podría estar muerto la paralizaba.

Pensara lo que pensara, debía seguir adelante. Tenía que aprovechar el sacrificio de Inir tanto como pudiera. No tenía opción. Era todo o nada.

Ya estoy cerca. No falta mucho. Estoy cerca de casa. Estoy cerca de mamá…

Pero justo cuando la luz al final del túnel comenzaba a iluminar su camino, se detuvo. El pánico la abrumó

Se dio cuenta de algo que no había considerado hasta ese momento.

No puedo volver a casa. No puedo volver a ver a mamá. ¡No así!

No podía poner en riesgo a todo el pueblo por su culpa. Había huido sin importar las consecuencias, y ahora no podía llevar a los perseguidores hasta su hogar. Sería un desastre total.

Volvería a traicionar a su familia y amigos.

Su cuerpo comenzó a temblar por el miedo que la invadía al darse cuenta de la gravedad de la situación. No podía permitir que esas personas llegaran a su pueblo bajo ninguna circunstancia. Allí había familias, niños… inocentes que podrían salir lastimados. Aquellos pensamientos la llenaron de preocupación y angustia.

No sabía qué hacer. Estaba al borde del pánico.

¿¡Qué hago!?, pensó, desesperada. Debo salvar a mi hijo, pero no puedo llevar a los perseguidores al pueblo.

Con manos temblorosas, se mordió los labios hasta sentir un leve sabor a sangre. Sus ojos se llenaron de determinación mientras susurraba:

“No tengo otra opción. Mi hijo tiene que vivir.”

Nykash es el fruto de nuestro amor, pensó, sintiendo una mezcla de tristeza y alegría. Él es la prueba de que seguimos vivos, de que nuestro amor perdura a través de él.

Inspiró profundamente y habló en voz baja, como si tratara de convencerse:

“Cuerpo mío, te pido un último esfuerzo.”

A pesar de su anemia y la debilidad que la debilitaba, Ariel corrió como si su vida dependiera de ello. Aunque, en realidad, no corría por su vida, sino por la de su hijo.

Sus piernas no eran rápidas, pero lograron avanzar lo suficiente para acercarla un poco más al pueblo. Aunque todavía estaba lejos, reconocía la zona: era un lugar por donde los suyos solían transitar.

Entre jadeos, divisó un árbol rodeado de arbustos pequeños, un escondite ideal para lo que tenía en mente. Se acercó rápidamente y, con sumo cuidado, colocó al bebé, envuelto en telas desgastadas, detrás del tronco y entre los pastizales altos que le llegaban casi hasta la cintura.

En ese instante, un dolor agudo le atravesó el hombro. La sangre seguía fluyendo sin cesar, empapando su ropa. Sin embargo, aquella adversidad le dio una idea.

Con los dedos temblorosos, tomó un poco de su propia sangre y escribió en las telas el nombre de su hijo: Nykash. Era su manera de asegurarse de que, cuando alguien lo encontrara, supieran quién era.

Es tan lindo…

Podría quedarme todo el tiempo del mundo viéndolo y, aun así, no me cansaría.

Ser madre es una sensación maravillosa.

Mientras pensaba eso, no pudo aguantar más y rompió a llorar frente a su hijo. No era un llanto leve; sus ojos eran un verdadero mar de lágrimas.

“¡Lo siento!” exclamó con la voz rota.

“¡En serio, lo siento por ser tan irresponsable! Te trajimos a este mundo y ahora nos vamos a ir sin siquiera haber pasado tanto tiempo juntos.”

De repente, el bebe, con una sonrisa inocente, se rio y estiró sus brazos en dirección a ella.

¿Qué sucede?, se preguntó, sorprendida.

Ahora que lo pienso, todo este tiempo que estuvimos huyendo, no hizo ningún ruido. ¿No se supone que los bebés son muy ruidosos?

“¿Quieres jugar con mi cola o con mis orejas?” le preguntó, como si pudiera obtener una respuesta.

“Lo siento, mamá no puede jugar contigo ahora” dijo con tristeza mientras apretaba sus puños.

Se acercó para darle un beso en la frente, pero el bebé le sujetó el rostro con sus pequeñas manos, mostrándole una sonrisa tierna.

En ese momento, Ariel quedó desconcertada, aunque de una manera agradable. Parecía que su hijo quería abrazarla o, al menos, eso interpretó ella.

Se quedó un par de segundos apreciando el tierno rostro de su pequeño, mientras las lágrimas comenzaban a cesar.

“Gracias por preocuparte por mí, amor” susurró.

Tras eso, Ariel finalmente le dio el beso en la frente y se puso de pie.

“Sé que no me vas a entender, pero quiero que sepas que, aunque no estemos presentes para ayudarte cuando nos necesites, siempre vamos a estar dentro de ti, apoyándote y animándote. Nunca vas a estar solo, tenlo por seguro. Siempre estaremos contigo.”

Las lágrimas volvieron, pero esta vez no eran de tristeza, sino de emoción y felicidad.

“Además, no vas a estar solo. En ese pueblo hay mucha gente buena. Mi madre y mi hermana, de seguro, te darán todo el amor que yo e Inir no podremos darte. Confía en ellas.”

Ariel intentó secarse las lágrimas, pero estas no dejaban de brotar, y era imposible limpiarlas todas.

“Ya es momento de que me vaya… No quiero que nos terminen atrapando a los dos.”

Se inclinó una última vez hacia él y, con una mezcla de firmeza y ternura, le susurró:

“No hagas ruido y quédate en silencio.”

Acompañó sus palabras con un gesto en su mano y labios, pidiéndole guardar silencio.

“Nos vemos… Te amo”, le dijo a su hijo mientras se daba la vuelta, con los ojos llenos de lágrimas.

Tu padre y yo siempre estaremos velando por ti, para que te vaya bien en todo, pensó mientras corría en otra dirección, intentando secar las lágrimas que no dejaban de brotar.

Al mismo tiempo, mientras se alejaba, gritaba con fuerza para llamar la atención de sus perseguidores. Su intención era clara: asegurarse de que no se acercaran a su hijo.

-CONTINUARA-

nicolasreynoso6868
Sluk

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