Volumen 1: El Origen De Todo
Capítulo 11: “Mi hermana”
En cuanto la mujer dejó de darle el pecho al bebé, este se quedó completamente dormido. Con cuidado, lo llevó hasta la cuna.
¡Por Dios! Me duele la cabeza y estoy tan cansada…
Sus pensamientos resonaban mientras se dejaba caer en un sillón. Bajó la mirada, con una expresión abrumada.
Así que mi hermana tuvo un hijo…
Suspiró profundamente. Bueno, en realidad no sabemos con certeza si es hijo de mi hermana, pero todo apunta a que sí. Su nombre, el color de piel y el lugar donde encontraron al bebé nos hacen creerlo.
¡Por Dios! ¿¡Qué tenías en la cabeza, hermana, para irte así como así!?
El dolor y la frustración crecían en su interior. Si tan solo te hubieras quedado en el pueblo… Si no hubieras sido tan curiosa…
De solo imaginar lo que pudo haberte pasado allá afuera, se me rompe el corazón.
Cerró los ojos con fuerza, intentando contener las lágrimas. Todos estos años he esperado que regresaras a casa, pero en lugar de eso, apareces y dejas a tu hijo en las puertas del pueblo. ¡En serio! Eres tan… tan…
La mujer, de cabello blanco que le llegaba hasta los hombros y ojos rosados, finalmente rompió en llanto. Las lágrimas rodaban sin control por sus mejillas, y aunque intentaba secárselas, eran demasiadas.
“¿¡Por qué te fuiste!?” exclamó, con la voz rota por el dolor.
“¿¡Por qué te fuiste!?” repitió, con el pecho oprimido por recuerdos y emociones que la abrumaban.
Recordó los momentos felices que había compartido con su hermana. Su corazón se sentía vacío.
De repente, un hombre de cabello atado se colocó a su lado y la abrazó con una mano, mientras sostenía al bebé con la otra. Era el bebé de su amiga, aquella mujer que, hacía apenas un momento, había amamantado al hijo de su hermana.
“Debe ser muy doloroso, Sariel. No puedo imaginar lo que sientes por esta pérdida,” dijo con suavidad. “Pero tu hermana, Ariel, y su esposo, Inir, tomaron sus propias decisiones. Estas son las consecuencias de sus sueños.”
“No digo que estuvieran equivocados, pero las cosas sucedieron así por algo. Por ahora, solo podemos rezar para que estén bien allá afuera, donde sea que estén.”
Hizo una pausa, mirando al bebé de su amiga que estaba tranquilo en sus brazos. “Si ese niño es realmente hijo de Ariel, entonces deberías sentirte feliz. Al menos nuestro sobrino llegó con vida hasta las puertas del pueblo.”
Sariel levantó la mirada, con los ojos hinchados por el llanto.
“Gracias por estar siempre a mi lado y ayudarme en este momento, Lehrt. No sé qué haría sin ti.”
Aunque intentaba calmarse, su tristeza no menguaba. La idea de que su hermana estuviera muerta no podía cruzar su mente. Hasta hacía unas horas, se había convencido de que Ariel andaba por el mundo, persiguiendo esos sueños tan locos que siempre tuvo.
Pero ahora… ahora todo era diferente. Habían encontrado sangre en las telas que envolvían al bebé, y las palabras de su madre al hallarlo resonaban sin cesar en su mente.
No podía dejar de pensar en lo peor. ¿Qué fue lo que te pasó, Ariel?
Le causaba terror pensar que la persona con la que había vivido la mayor parte de su vida ya no pudiera verla, saludarla o reírse con ella.
Sariel, entre lágrimas, puso sus labios sobre los de Lehrt y compartieron un pequeño beso lleno de amor.
“¡Dejen de mostrar su amor frente a mi hija!”
Sariel escuchó una voz familiar a lo lejos. Fue imposible no asustarse por el repentino grito de su amiga. Luego, dirigió una mirada de culpa al bebé que su hombre tenía en uno de los brazos. Al mirarla, la bebé solo sonreía y parecía divertirse.
“Tu hija es muy tierna, Nyria”, expresó Sariel con una sonrisa que inspiraba tranquilidad.
“¡Lo sé! Es mi hija, después de todo. Heredó la belleza de su maravillosa madre”, respondió Nyria con fuerza y una sonrisa carismática.
Al mismo tiempo, tomó de vuelta a su hija y se sentó en un sillón frente a ellos. Tras eso, su marido le comunicó que lo mejor sería que hablaran a solas y entre amigas.
“¿Y bien? ¿Es cierto que el causante de que todo el pueblo se volviera loco hace unas horas es ese bebé, el hijo de Ariel?” preguntó con una expresión seria.
Al escuchar la pregunta de su amiga, Sariel suspiró y afirmó moviendo la cabeza.
“Nyria, tú siempre te enteras de todo rápido. Eres sorprendente.”
“¡Lo sé!” respondió Nyria con una expresión orgullosa.
“Lo cierto es que aún no sabemos si ese niño es hijo de mi hermana, pero todo parece indicar que sí”, expresó Sariel con cierta duda.
“¿Por qué piensan eso?... Aunque creo que es bastante obvio con solo verlo”, comentó Nyria.
“Sí, tienes razón. No solo es un niño puro de nuestra raza, sino que tiene rasgos que demuestran que es hijo de mi hermana e Inir: tiene los ojos rosados característicos de nuestra familia y una piel morena como la de Inir. Además, cuando madre lo encontró en el bosque junto con los otros, las mantas en las que estaba envuelto tenían escrito el nombre ‘Nykash’, y este solo lo sabíamos nosotros”, mencionó Sariel con un tono melancólico.
“¿Ese nombre podría ser…?” dijo Nyria, sorprendida, pero fue interrumpida antes de terminar la frase.
“Sí, era el nombre que madre había decidido para el nacimiento de su primer nieto. Al principio iba a ser para…” Su rostro se tornó triste. “…pero claramente ese nombre terminó siendo para su hijo. Además, es el nombre perfecto para que tanto madre como yo sepamos que es parte de la familia. Mi tonta hermana tomó una buena decisión.”
“Ah, definitivamente es el hijo de mi hermana.”
Sariel lo dijo con tristeza. Recordar el nombre ‘Nykash’ le traía muchos recuerdos que había escondido en lo más profundo de sus pensamientos. Le hubiera gustado olvidarse de ellos en ese momento.
Al principio, Sariel tenía dudas sobre el bebé, pero mientras hablaba sobre sus rasgos, se dio cuenta de que no había forma de que no fuera su sobrino.
Mi hermana debió haber estado muy triste cuando dejó a su hijo escondido. Bueno, creo que entiendo su sentimiento; después de todo, pasé por algo similar, pensó con la cabeza baja.
Ese pensamiento se desvaneció en cuanto su querida amiga le habló.
“¡Así que así están las cosas! Me hubiera gustado ver a Ariel una vez más. Éramos muy amigas”, expresó Nyria con un tono melancólico. “Aún recuerdo cuando éramos pequeñas y salíamos a jugar al bosque. Era una chica muy animada”, agregó con un rostro sereno.
“¡Qué recuerdos! Ella siempre nos encontraba en las escondidas, y cuando peleábamos, nos daba una buena paliza”, comentó Sariel con una sonrisa nostálgica.
“Ni lo menciones. Odiaba su habilidad para pelear, era demasiado buena…” Nyria hizo una pausa antes de continuar, esta vez con un comentario que sorprendió a Sariel: “Aunque lo que más me sorprende es que Inir haya tenido los huevos para tener relaciones con ella, ¡Jajaja! Todavía no puedo creer que ese tranquilo y asustadizo Inir haya sido capaz de tener un hijo justamente con una chica que era todo lo opuesto a él”.
“¡Ah! El amor es sorprendente”, añadió Nyria.
Ambas rieron como nunca mientras recordaban los momentos más lindos con Ariel.
De repente, el rostro de Nyria cambió a una expresión seria, algo que tomó por sorpresa a Sariel. No era común ver a su tranquila y serena amiga de esa manera, lo que despertó su curiosidad por saber qué iba a decir.
“¿Encontraron el cuerpo de Ariel? Supongo que si no vino con su hijo, algo grande tuvo que haber ocurrido”, preguntó Nyria con un tono grave.
“Tienes razón. Pero, según me dijo madre, no encontraron nada. Lo único que vieron fue mucha sangre dispersa por los alrededores del lugar. Eso es todo lo que mencionó. Estaba tan enojada que daba miedo”, respondió Sariel, también con seriedad.
“No me imagino el dolor que debe estar sintiendo tu madre por ella en estos momentos. Ellas eran muy unidas, y las cosas no terminaron bien entre las dos. Al menos, que no haya un cuerpo es algo bueno… o eso quiero creer”, dijo Nyria con un aire reflexivo.
“Ni siquiera ha venido a ver a su nieto. Debe estar encerrada en su casa como siempre”, comentó Sariel con preocupación.
Su madre era una persona bastante cerrada, alguien que vivía en su propio mundo. Por eso, hablar con ella solía ser complicado, y más aún en estos momentos. Le preocupaba pensar qué estaría haciendo su madre ahora mismo, pero creía que lo mejor era dejarla sola para que pudiera reflexionar tranquilamente.
“Por cierto, ¿qué tienes pensado hacer con el niño?” preguntó curiosa su amiga.
Ante la pregunta, Sariel se quedó pensativa. Era el hijo de su hermana, y tenía que tomar una decisión adecuada sobre qué hacer con él. No podía evitar preocuparse por alguien que formaba parte de su familia.
“Creo… creo que lo cuidaremos nosotros.”
“¡Mejor dicho, él será parte de nuestra familia!” mencionó con determinación.
La mujer, que tenía a la bebé en brazos, se levantó de su asiento y comentó con una sonrisa:
“Bueno, me esperaba esa decisión. Si necesitas de mis pechos, me avisas. Tengo suficiente leche para Lucy y Nykash” agregó entre risas.
“Está bien, espero contar con tu ayuda, amiga” respondió Sariel con gratitud.
Nyria se acercó a la puerta y, antes de salir, se giró con una gran sonrisa.
“Espero que nuestros niños sean tan buenos amigos como nosotras.”
Con estas palabras, Nyria se despidió.
Es divertido hablar de vez en cuando del pasado con una amiga, pensó alegremente Sariel.
Hablar con su amiga la había ayudado a recordar momentos felices. Pero no solo eso, sino que, gracias a esa charla, pudo calmar su corazón, que hasta hace unas horas parecía a punto de explotar por la carga de emociones que llevaba.
Ariel no había sido solo su hermana, sino también una amiga en quien siempre podía confiar. Cuando ella se fue del pueblo, Sariel sintió como si una parte inmensa de sí misma hubiera desaparecido. Era un vacío que la atormentaba desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, ahora estaba más tranquila. No entendía muy bien por qué, pero en ese momento se sentía cálida y reconfortada.
-CONTINUARA-

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