Volumen 1: El Origen De Todo
Capítulo 19: “Algo me Observa”
El hecho de pensar en la magia lo llenaba de un sinfín de emociones positivas. Era el sueño de cualquier persona que hubiera leído o jugado videojuegos de temática medieval y de fantasía. Aunque, quizás no era necesario haber hecho alguna de esas cosas para sentir la fascinación que la magia provocaba. La magia, por sí sola, ya era algo especial.
Abría un sinfín de caminos, o al menos así lo veía Nykash.
Habían pasado ya dos horas desde que comenzó a leer y no lograba encontrar nada. De hecho, llevaba días leyendo los libros de aquel lugar, buscando información sobre la tan ansiada magia, pero sin éxito alguno.
Esto no debería ser tan difícil, pensó, frustrado. Es magia. Debería estar mencionada, aunque sea de forma superficial, en cada libro que he leído. Pero no hay nada de nada. No entiendo por qué no aparece.
Su mente divagó. Ya debería haber encontrado un montón de información sobre la magia y, aun así, no hay nada. Es como si… no existiera.
Sacudió la cabeza, intentando alejar ese pensamiento. Naa, no puede ser posible. Esto es un mundo de fantasía. Es imposible que no exista. La magia es lo primordial en mundos así.
Miró de reojo la pila de libros que aún le quedaban por revisar. Todavía no he terminado con todos estos. Si sigo buscando, seguro encuentro algo sobre la magia, se animó, aunque un tinte de tristeza se reflejaba en su expresión.
Desde su punto de vista, era inconcebible que no existiera la magia. Para él, los mundos de fantasía perdían todo sentido si carecían de ese elemento esencial. Con una mezcla de inquietud y esperanza, se sumergió nuevamente entre las palabras y páginas del libro.
Sin embargo, la falta de hallazgos sobre la magia le provocaba un fuerte sentimiento de desasosiego y molestia. Aunque claro, Nykash reconocía que esas emociones eran mucho más llevaderas en comparación con los sueños horribles que lo atormentaban desde que había renacido en ese mundo.
Recordó uno de esos sueños, el primero que tuvo al llegar a este pueblo. En él, veía su propio cuerpo muerto, una imagen tan aterradora como desconcertante. Y no solo era ese sueño; otros igual de inquietantes se repetían con frecuencia, dos o tres veces por semana. Siempre eran perturbadores, con extraños entes oscuros de formas humanas que lo llenaban de terror.
Al principio, estos sueños le impedían dormir varias noches seguidas. Pero con el tiempo, se fue acostumbrando. Aunque aún sentía miedo de vez en cuando, sabía que no importaba lo que hiciera: los sueños seguirían apareciendo. De todos modos, comparado con lo que había vivido en su vida anterior, esos sueños no eran nada.
“Ah, terminé con este libro”, murmuró, acompañado de un largo suspiro.
Y no encontré nada. Ni una sola palabra que se acerque al significado de ‘magia’.
“¡Tocará seguir leyendo!” se dijo a sí mismo en un tono de falsa motivación, tratando de animarse.
Miró hacia los costados en busca de un libro, pero lo único que alcanzaba a ver era el tumulto de libros ya leídos que lo rodeaba. Estaba justo en el centro de aquel lío de ejemplares dispersos.
Uh, voy a tener que acomodar todo esto si no quiero que mamá me grite. Da miedo cuando se pone así… Incluso papá se pone sumiso, pensó, un poco asustado.
“Será me…” Apenas iba a terminar de hablar cuando algo lo abrumó.
En el instante en que sintió aquella mirada sobre él, se levantó de golpe y miró en dirección a donde percibió la presencia, adoptando una postura defensiva. Todo había sido por pura reacción.
¡Eh! ¿¡Qué fue eso!?
¡Estoy seguro de que alguien me estaba mirando desde esa ventana! Reflexionó alterado, con los pelos de punta.
No se trataba de una sensación malvada ni hostil, pero lo había tomado tan desprevenido que no podía evitar sentirse confundido. Observó detenidamente la ventana, pero no había nada. A pesar de no ver a nadie, sabía que sus sentidos no le habían fallado… y mucho menos los de su raza.
En su vida anterior como humano, algo así jamás lo habría percibido. Era imposible pensar que los sentidos humanos fueran capaces de captar algo tan sutil. Sin embargo, desde que reencarnó en esta nueva raza, sus sentidos eran abrumadores.
Al enterarse de las características de su especie, comprendió por qué su primera madre era capaz de esquivar flechas disparadas por la espalda, sin siquiera mirar, mientras huían durante aquellas primeras horas de su vida como Nykash. Sin duda, los sentidos y las habilidades físicas de esta raza estaban en un nivel muy superior al de los humanos.
Por esta razón, confiaba plenamente en sus percepciones y estaba seguro de que esa mirada que había sentido no era imaginaria. Aunque aún no sabía exactamente de quién o de qué se trataba, sus sentidos, aunque poderosos, no estaban tan desarrollados como los de sus padres.
Estoy seguro de que sentí algo observándome…
“Ahh, aunque podría ser algún animal o algo por el estilo. Estoy en el primer piso… Es imposible que alguien me esté mirando desde esa ventana”, murmuró, tratando de tranquilizarse tras su reacción abrupta.
Debe ser un animal. No hay otra explicación… Seguro fue eso, pensó para calmarse.
Una vez que descartó cualquier posibilidad extraña, dirigió su mirada hacia la estantería donde estaban las dos últimas hileras de libros que le quedaban por leer. Al ver que estaban a una altura considerable, no pudo evitar sentirse un poco preocupado.
No iba a permitir que la altura lo derrotara, así que empezó a escalar la estantería utilizando los espacios vacíos como si fueran escalones de una escalera.
De esta manera, logró llegar a una de las hileras superiores. Sin pensarlo demasiado, comenzó a tomar uno por uno los libros que aún no había leído, soltándolos desde esa altura sobre los que ya había repasado, como si el desorden no le importara en lo más mínimo.
Sí que me faltan muchos libros por leer…
No pensé que fueran tantos. Al menos es una buena noticia.
De seguro algo sobre la magia encuentro en alguno de estos libros, pensó, esbozando una larga sonrisa motivada, que en cuestión de segundos desapareció.
Antes de que pudiera afirmarse mejor, su pierna no se había asentado bien sobre la estantería, provocando un pequeño desliz. Perdió el equilibrio y cayó desde esa altura con el libro que tenía en las manos.
“¡Mierda!”, gritó mientras caía, soltando el libro sin darse cuenta.
Durante ese instante, un inmenso miedo lo invadió. Todo fue tan rápido que, cuando logró reaccionar, ya se encontraba sobre una montaña de libros dispersos por el suelo.
Cuando pensaba que no podía sentir más dolor del que ya tenía, el libro que había llevado en las manos cayó directamente sobre su rostro con fuerza. Lo sintió de inmediato, justo cuando intentaba levantar la cabeza, obligándolo a recostarse de nuevo.
¡Ah! Estoy destruido. Me duele todo el cuerpo. No doy más.
Nunca en mi vida me había golpeado tan fuerte… me refiero a esta vida.
¡Pero en serio me duele todo el cuerpo!
¡Mamá me va a matar… o, mejor dicho, va a quemar toda la estantería con lo sobreprotectora que es!
Adiós a todos mis libros…
Su cabeza no dejaba de dar vueltas. Todo parecía confuso, acompañado por un dolor extendido en casi todo su cuerpo.
Sus ojos giraban y giraban. Tuvo ganas de vomitar, pero, en cuestión de segundos, esa sensación se desvaneció.
“¡Sí que fue un golpe duro!”, expresó mientras se quitaba el libro de la cara y levantaba la parte superior del cuerpo, quedando sentado.
“Uh, me siento bastante tonto. Todo me da vueltas”, murmuró mientras miraba hacia abajo.
Entonces, al levantar la vista, se encontró con algo abrumador, pero no en el mal sentido, sino todo lo contrario.
Las palabras que describían su expresión eran claras: asombro puro. Su sorpresa se reflejaba en cada minúscula parte de su cuerpo.
Frente a sus ojos, una inmensa cantidad de pequeñas esferas doradas flotaban por doquier, de manera fantástica.
-CONTINUARA-

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