Kami se encontraba en un pequeño jardín, el jardín descubierto dejaba ver un cielo despejado, pero, sorprendentemente, al alzar su cabeza podía ver la Tierra a lo lejos, en vez de un cielo despejado y lleno de estrellas. En el jardín había un lago pequeño que reflejaba el color azulado del cielo nocturno y estaba rodeado de árboles y arbustos, una banca pequeña y blanca se encontraba no muy lejos, llena de hojas. Ella se encontraba casi a la orilla de la ciudadela. Kami se levantó y buscó algún camino, pero ella no conocía ese lugar, a pesar de que ahí había nacido. Algo era seguro, nadie debía verla, ¿quién sabe quién era un traidor?
La ciudadela estaba llena de edificios rústicos, hechos de una piedra blanca, y ocasionalmente fuentes con símbolos de luna y/o estrellas del mismo color. Era un lugar pacífico. Kami notó una extraña y gran estructura, el palacio de la luna, ahí debía dirigirse. Se movió entre callejones sombríos y oscuros para evitar que la vean, pero al final no fue muy efectivo, pues alguien notó la presencia de una intrusa. Kami siguió corriendo, buscando cómo escapar y en medio de un callejón sin salida escucho una voz suave de una mujer por una puerta a su lado: "¡Rápido! ¡Por aquí!". Kami decidió confiar en aquella extraña, después de todo, no le quedaba de otra, entró en la casa, dejando a los que la perseguían atrás.
Kami ahora se encontraba en una especie de tienda, con objetos similares a los que Stuart tenía en su casa. La mujer, vestida de un largo vestido lavanda, con algunos pines de estrella, y de cabello negro se presentó:
—Mi nombre es Stella, y tu debes ser Eclipsa, ¿me equivocó?
Kami, un poco sorprendida de escuchar su verdadero nombre, respondió que sí. "¿Cómo lo sabes?", preguntó después. Cuando la vio mejor se dio cuenta de que ya la había visto antes, en el cuadro de la casa de Stuart. Stella le contestó que era amiga de Stuart y lo ayudó a salvarla junto a sus otros amigos, de modo que sabía lo ocurrido y que el anillo de Kami era de la hija de Selena, ella trabajaba en el palacio de Selena y podía ayudar a Kami a entrar. Le dio a Kami una capa cian, que, según ella, era mágica y la ocultaría. Antes de partir, al ver que Stella era tan formal con ella (y le incomodaba) le dijo una cosa:
—Puedes llamarme Kami, ese es el nombre con el que crecí.
—Muy bien, Kami.
Fueron por la parte de atrás del palacio, le preguntaron quién era la persona que acompañaba a Stella y ella respondió:
—¿Sabes quién es Kami?
—No, ¿por qué? —respondio el guardia.
—Porque es ella, es hija de una amiga mía y vengo a mostrarle como es este lugar.
—Está bien, ¿por qué tiene una capa?
—En realidad, es porque es algo tímida y quiere evitar el contacto visual y esas cosas, no quieren que la vean.
—Me parece bien, pero no olvides terminar tu trabajo.
Al alejarse y entrar al palacio, Kami comentó algo, solo por chiste: "¿le mientes a tus colegas?". Stella contestó: "técnicamente, no le mentí", respuesta que sorprendió a Kami, pues estaba diciendo que era amiga de su madre, Selena.
Pasaron por la cocina, a Kami le extrañó la idea de que dioses necesitaran comer, pero Stella le contesto que en algún momento fueron mortales comunes y corrientes y dejar ciertos hábitos era imposible. Unos amigos de Stella sabían en realidad quién era Kami, pero guardaron el secreto, pues sabían sobre el peligro que pesaba sobre esa información. Kami y Stella hubieran ido de una a ver a Selena pero no estaba seguras aún, de modo que, para seguir con el rol establecido, hicieron algunos quehaceres mientras Stella le mostraba el lugar.
Stella usaba ocasionalmente su magia para facilitar sus tareas. Mientras hacían eso, hablaban, hablaban de forma cautelosa de lo que le había pasado a Kami. Ella le preguntó a Stella si ella era la amiga que mencionó Stuart, a pesar de que la respuesta era obviamente que sí. También mencionó lo del cuadro de su casa y ella quedó algo conmovida. Kami se dio cuenta al mencionar lo ocurrido en el templo de la luna que entre ellos dos había algo más que solo una simple amistad, a pesar de que no quiso expresarlo.
Más tarde, pasaron por la biblioteca para limpiarla. Estaba llena de libros de escritura antigua, la misma que había visto en el templo de la luna, donde había dejado a su amigo. Ahí Stella le dio un mapa que encontró, el del palacio, por si acaso. "Esta habitación del centro, es donde se guarda la varita de la Luna, la antigua reliquia. Aún no es seguro, no puedes encontrarte con tu madre, no sin antes demostrar que eres su hija. Sólo Selena o su descendencia puede sacar la varita de la Luna", le dijo.
Justo en ese momento, oyeron la llegada de Eduard y otros traidores. Según lograron escuchar, querían hablar con Selena sobre Stuart, el traidor, que estaba en la prisión del palacio. Seguramente iban a acusarlo de homicidio para formar la guerra. Stella le dijo que era muy peligroso ir con Selena ahora, Stella debía tratar de ayudar a Stuart y Kami debía ir por la varita para probar que era hija de la Luna y detener esta locura.
Así pues, tomaron caminos separados. Kami siguió el mapa y por un momento dudó en entrar a la habitación donde estaba su madre junto a ese traidor de Eduard. Escuchó un poco su conversación:
—Selena, ese Stuart ya se atrevió a formar parte de ese complot para secuestrar a tu hija, pero, en vez de aceptar tu piedad y vivir una vida normal como mortal, ¡decide vengarse y trata de matarla!
De pronto, escuchó una voz femenina, dulce y suave, que resonaba en su memoria más lejana, sin poder recordarla en realidad:
—Eduard, por favor, no quiero más sufrimiento, sé que quieres rescatar a Eclipsa pero no podemos declarar la guerra, no es lo correcto. Deberíamos hablar primero con Solaris.
—Pero él no lo desea, debemos usar nuestra única opción: usar la fuerza. Sólo imagina lo que debe estar sufriendo. Además, Stuart sabe dónde en realidad está, no está en el Palacio del Sol, como creíamos.
En un momento de silencio, Selena se quedó a pensar. Sin embargo, se rompió el hielo cuando un guardia vio a Kami como una desconocida que espiaba una conversación, alertando a los demás cuando ella huyó, alertando a Eduard y Selena también.
Kami huyó hasta perder a sus perseguidores, dejando descubierta su cara (antes cubierta por la caperuza), entonces se dirigió hasta donde se guardaba la varita de la Luna, una sala circular clara donde la varita, una simple varita con una gran luna creciente en la punta, estaba reposando en un pedestal. Kami tomó la varita con algo de esfuerzo y la luz de la sala se apagó. Sintió una magia muy potente en sí misma. Sin embargo, Eduard apareció junto a los otros traidores de antes. Estaba atrapada, sólo pensó en una cosa: defenderse con la varita y sus poderes estelares. Entonces lanzó una advertencia:
—¡No te muevas o voy a usar esto!
Eduard se rio:
—No hablas en serio, ¿o sí? No conoces su verdadero poder, pero yo sí, por eso voy a tomarlo ahora que lo sacaste, gracias. Tal vez si me lo das amablemente, perdone tu miserable vida.
Kami se dio cuenta de su terrible error y se quedó en silencio.
—Además, ¿qué esperas? ¿Matarme? ¿Olvidas qué no soy mortal?
—No... pero puedes serlo...
Eduard y todos los demás se dieron cuenta de lo que planeaba. Kami elevó la varita apuntándolo y comenzó a hablar:
—Eduard Brilliant, yo, Kami Jas... Perdón, Eclipsa, hija de Selena, diosa de la Luna, ¡te condenó a ser mortal el resto de tu vida o hasta que cambie de opinión!
—¿Qué? ¡No va a funcionar! ¡Tus poderes son muy jóvenes!
Dicho esto, un rayo de luz golpeó a Eduard y Kami sintió como la varita trataba de absorber sus poderes. Sin embargo, la varita no podía hacerlo sola y los poderes de Kami apenas se desarrollaban y el rayo de luz se rompió. La varita se le resbaló de entre de las manos y Eduard la tomó, y lanzándole a Kami un rayo de luz dijo: "Te dije que no funcionaría. Gracias por la varita".
Kami terminó gravemente herida y la dejaron en aquella habitación oscura, pues sabían que iba a morir.

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