-Sí… Hablé con ella. Acordamos que mi hermana se encargará mientras. Me preocupa un poco dejarlas solas, aunque sé que ambas son fuertes. Hacen mucho por sí mismas, pero… siguen siendo mi familia. — Dio una calada profunda, dejando que el humo se mezclara con sus pensamientos. Sabía que su madre no estaba del todo convencida, pero al menos no se había opuesto.
-Bueno, pero no es como si te fueras para siempre, solo es un tiempo.— Lanz se encogió de brazos, para él era algo tan sencillo, pero suponía que para una persona de “casa” como Nikolay, sería difícil. –Verás que luego de unos días vas a estar mejor-
Comentó y volvió a ponerse de pie, no tenía ganas de estar sentado, solo había aceptado por cortesía, además. el espacio era pequeño y prefería aprovecharlo estando cerca de Nikolay. Tomó un libro “remendado” y se recargó un poco al costado del hombre, haciendo como si estuviera leyendo, pero era solo una excusa para la cercanía.
-Aún me faltan algunas cosas para poder irme, calculo que en unos dos o tres días. —Notó como el otro se hacía el tonto, era obvio que no estaba leyendo, pues pasaba la página demasiado rápido y el mago dudaba mucho que el elfo supiera leer tan a prisa. Pasó su mano por la espalda del otro, a modo acercarlo, suponía que esa era su intención tratando de “no pensar tanto”. Lanzeloth al sentir el contacto, sonrió suavemente y sus orejas se levantaron ligeramente de la felicidad, era un avance.tratando de “no pensar tanto”. Lanzeloth al sentir el contacto, sonrió suavemente y sus orejas se levantaron ligeramente de la felicidad, era un avance.
El mago siguió -Planeo comenzar con el pueblo que está cruzando el río y después, donde me guíen los astros, no conozco mucho fuera de aquí, pero la idea me entusiasma mucho.— Lanzeloth levantó la mirada. La sonrisa que vio en el rostro del mago le provocó una tibia alegría. Su felicidad también era la propia.
Sus miradas una vez más se cruzaron y un nuevo beso nació con naturalidad, era suave como al inicio, pero aumentando de tono poco a poco. Nikolay estaba nervioso, intentaba calmarse y no darle tantas vueltas al asunto, estaban solos, nadie los iba a ver. Puso sus manos en la cintura del elfo, justo como lo hacían los hombres de los libros que leía en las noches.
Sintió las manos de Lanz subir por su cuello y entrelazarse en su nuca, dando suaves caricias en aquella piel sensible, seguía siendo un beso lento, pero nadie los vería, nadie iba a interrumpir en esa ocasión “¿Hasta dónde llegarían? ¿Qué debería hacer? ¿Era correcto?”. El mago ya no pensaba en eso, aquello de “no pensar” se sentía maravillosamente bien.
Los brazos del moreno lo guiaron al sofá. Nikolay se dejó llevar, sentándose mientras la luz tenue de la vela y la ventana perfilaban los rasgos del elfo. Lanzeloth se acomodó sobre sus piernas, quedando frente a frente, sus rostros a escasos centímetros. El rubor en las mejillas del mago provocó una risita en el peliblanco. Le parecía encantador.
El siguiente beso fue inevitable. Nikolay lo correspondió sin dudar, sintiendo la lengua del otro explorar su boca con suavidad. No hubo rechazo, solo entrega. Con sus delgadas y pálidas manos acarició la espalda desnuda del otro, sintiendo de vez en cuando algunas pocas cicatrices en la piel morena del otro, no había podido evitar notarlas y acariciar con detenimiento las más grandes, como si quisiera memorizar sus formas y texturas, sus orejas volvieron a bajarse por el placer.
Las manos del otro también bajaron suavemente también, acariciando el pecho contrario por encima de la ropa, provocando un suspiro placentero, se sentía bien ser acariciado, pero antes de continuar, detuvo el beso un momento.
-¿Está bien si continúo? Puedes tocarme como quieras... pero quisiera también poder tocarte... ¿Está bien?- Murmuró suavemente cerca de su oído. El mago tras unos segundos de duda, asintió. Hacía años que no vivía algo así. Estaba nervioso, pero deseaba entregarse. Observó los movimientos del elfo, y pronto sintió su mano descender, acariciando su ya dura intimidad por encima del pantalón. Lanzeloth soltó una pequeña risa, suave, sin burla.
--¿Q-que es tan gracioso?— Mencionó con el cejo fruncido, esperando que no fuera una burla a su tamaño o forma, no era un hombre acomplejado, pero no veía lo gracioso en ese momento.
--Nada, me parece lindo que estés ya duro cuando no he hecho nada más ¿Sólo con los besos te basta para ponerte así? Parece que estás muy necesitado, pero yo te ayudaré con eso— La voz coqueta del elfo le hacía sentir algo de pena, no quería dar una mala imagen suya. "¿Acaso era malo? ¿No debía ponerse "así" con los besos?". Nuevamente estaba pensando demasiado, se quedó callado por un momento, pues la mano de Lanz habilidosamente abrió el pantalón y comenzó a masturbarlo con firmeza, haciéndolo jadear profundamente, cada movimiento mandaba exquisitos escalofríos hasta su cabeza, era un placer diferente a cuando lo hacía por su propia mano, era completamente distinto.
Parecía que el elfo tenía prisa, su agarre firme era un poco intenso para el otro, aunque la mano de Lanz era delgada, no era suave, su vaivén parecía experto, la humedad en su punta provocaba sonidos mojados que solo lo avergonzaban más.
Ambos se miraban con intensidad, Lanz sonreía complacido viendo hacia abajo aquella escena, era justo como lo había imaginado la vez anterior, mucho vello y buen tamaño, no era enorme, pero tampoco pequeño y buen grosor, parecía bastante entretenido analizando la entrepierna del mago, lo cual solo confundía más al otro.
Nikolay, en un impulso, aferró las caderas del elfo, hundiendo los dedos con fuerza, y fue recompensado con un beso intenso, húmedo, en el que el sabor del tabaco se mezclaba con el calor de su aliento. La lengua de Lanz, suave y juguetona, se enredaba con la suya, provocándole un vértigo delicioso.
El éxtasis lo alcanzó y terminó por acabar en la mano morena de Lanz, quien sonrió de gusto nuevamente interrumpiendo el beso, apretando con firmeza toda la extensión de Nikolay, buscando vaciarle por completo. Le sorprendió aquella rapidez con la que el mago alcanzó el extasis, pero pensaba que al ser casi virgen, con algo tan sencillo iba a terminar pronto. La simple hipótesis le hizo sonreir, aunque no podía evitar sentirse curioso, era provocador, cual barro para moldear, quizá ni el propio azabache habia explorado aquellos gustos carnales, solo en sus sueños fantasiosos.
El mago se recargó completamente en el sillón, su profunda y agitada respiración le impedía hablar, se sentía confundido, apenas podía enfocar su mirada, los lentes torcidos, la mente nublada. Aun así, logró divisar como el elfo lamía su mano, limpiando todo rastro de aquel espeso líquido blanco, le miró con desagrado.
-Que vulgar eres... Eso no se come- Fue lo único que pudo decirle, se sentía apenado de ver como inclusive se lamía golosamente los dedos.
-¿Prefieres que lo deje derramado en tus calzoncillos? Sería un desperdicio, es espeso y bastante blanco. ¿Cuánto tiempo tenías sin hacer esto?- La idea de que Nikolay fuera inexperto en el ámbito sexual era algo gracioso y tierno para Lanz, entendía que le diera vergüenza ser visto o probado, quería conocer cómo sería cuando entraran en confianza, pero por el momento debía dejarlo ahí.
Agitado, acalorado y confundido, el bibliotecario veía al techo, incrédulo de lo que acababa de suceder, era algo tan fuera de él, Nikolay Petrov teniendo un encuentro de esa índole, se sentía hasta irreal.Nikolay Petrov teniendo un encuentro de esa índole, se sentía hasta irreal.
De nuevo sintió ese peso encima de él y un suave beso en el mentón. -Hace mucho no hacía algo así, Niko, aunque por lo que vi, tú tampoco. ¿Te habían hecho algo así?—De nuevo estaban las caricias en su pecho jadeante, luego de aquel acto ardiente, era reconfortante
-No así, no en un lugar como este, fue… no sé explicarlo— No podía ver al elfo, estaba avergonzado, claro que le había gustado, pero se sentía inmoral, culposo, después de todo no eran pareja, eran hombres y esa era la biblioteca de su padre.
-Esas cosas no se explican, solo se sienten Niko… A mí me gustó y estoy satisfecho con eso… por el momento, claro… Hubiera hecho más cosas... Te veías tan ardiente... Pero está atardeciendo y debo partir- Mencionó Lanz con voz lastimera frunciendo el cejo, realmente no quería irse, pero tenía deberes muy importantes. -No creo tener vuelta para acá en un buen rato…- Las delgadas manos rodearon la cintura de Nikolay, el otro por su parte correspondió al abrazo, su mente y corazón eran una tormenta de pensamientos en ese momento.
-No creo estar aquí para cuando vuelvas, Lanzeloth, probablemente estaré ya en mi recorrido, no sé en donde vaya a estar. — Lo acercó un poco, una parte suya quería de nuevo sentir ese calor.
-¡Tengo una idea! Tu eres mago, así que no debes tener problema con esto.— Casi da un salto al bajarse de encima del azabache, buscando alguna hoja blanca entre todos los libros que Nikolay tenía. Tomó tinta y comenzó a trazar un símbolo en el papel, nada complicado realmente. Le entregó el papel al hombre y sonrió con emoción, los planes en su cabecita blanca comenzaban a correr.
-Usa mi símbolo, traza esto con tiza o ceniza mágica y yo podré visitarte. Con eso podremos vernos, aunque no conozcamos bien la ubicación del otro, es algo así como un portal, es muy útil. Cuando quieras que te visite solo dibuja ese símbolo en el suelo y yo llegaré después— Nikolay veía el dibujo del elfo con atención, nunca había usado algo como eso, además de que era difícil de conseguir y crear una tiza de ese tipo, nunca había necesitado hacerlo en realidad. El mago también se levantó finalmente, acomodando su pantalón, fajando su camisa y ajustando su cinturón. Era vergonzoso solo recordar lo que había sucedido.
--Muy bien, entonces me voy. Todas las noches intentaré encontrarte, tu sabrás cuando quieras recibirme, querido. —Lanz acomodó un poco su cabello y ropas antes de salir del pequeño taller rumbo a la puerta.
--Espera, Lanzeloth… ¿Y las cosas? ¿Cuánto te voy a pagar?-- Caminó deprisa detrás del elfo siguiéndolo entre los estantes llenos de libros, el otro iba caminando con una alegría rebosante.
--Ammm no lo sé, Dile a tu madre que es un regalo por su hospitalidad conmigo la otra vez. Tengo que irme, guapo. Tengo una reunión sumamente importante y debo llegar en dragón, será un viaje largo… Pero nos veremos de nuevo… y espero que sea pronto.— Lanz se dio la vuelta, viendo al mago por última vez, quien estaba detrás suyo, viéndole con esa intensidad de siempre. La biblioteca estaba oscura, el sol seguía bajando y luna haciéndose presente. Se despidió con un suave beso en los labios, siendo recibido por las manos de Nikolay apretando su cintura con timidez. Haciendo que las orejas del elfo se bajaran por la emoción, sentía que se le derretían las piernas.
--Nikolay… ¡No! ¡No puedo quedarme más! Me encantaría seguir contigo, pero no puedo...—La frustración en su voz era evidente antes de girarse y salir corriendo.
Sentir la cercanía del bibliotecario, realmente había acelerado el corazón de Lanz, quería besarlo y quedarse con él, ir a cenar, pasear o solo hablar en la biblioteca… Pero tenía un asunto mucho más importante, no podía faltar y odiaba eso. Volvería a ver a Nikolay, era una promesa que se hizo a si mismo mientras corría por las calles lodosas de Peski, sopló un pequeño silbato hecho con raíz de mandrágora y metal de meteoro. El sonido trajo rápidamente a su dragón, un gran majestuoso ejemplar de color rojo sangre y alas negras, de los más rápidos y audaces de la academia.
Tenía una conexión especial con él, más allá de verlo como una mascota u objeto, era casi literalmente su familia. Al montarlo, su dragón bufó molesto, percibió prontamente un aroma peculiar en su amigo, conocía bien ese tipo de olor.
-Ya lo sé, no me digas nada, estaba… Ocupado, es una cosa que no te importa... vámonos ya- Mencionó el elfo dándole unas palmaditas en las escamas y salir volado rápidamente de ahí, en las islas mágicas de Makarovo, se estaba organizando una junta muy importante, la cual involucraba a la directora de la academia de dragones y los principales guerreros de las islas cercanas, uno de ellos era Lanzeloth, quien su presencia era exigida de forma obligatoria sin posibilidad de rechazo
En los días siguientes, Nikolay enseñaba a su hermana a manejar la biblioteca, eran tareas rutinarias, pero el mago quería asegurarse de que Anzhelika lo entendiera bien, a su vez le enseñó el oficio de encuadernador, ya que era una labor de suma importancia en el ámbito bibliotecario, le explicaba cada detalle meticulosamente.
-Es mi primera vez haciendo esto, cálmate Nikolay. —Mencionó la chica molesta mientras intentaba restaurar un libro. Amaba a su hermano pero detestaba cuando adoptaba ese aire de maestro inflexible.
-No puedo irme si no estoy seguro de que puedes con esto ¿Segura que puedes?—Suspiró el hermano mayor viendo el desastre que hacía, presionó un poco el puente de su nariz tratando de no perder la paciencia, no quería pelear con su hermana, pocas veces sucedía, pero la chica también podía tener su carácter.
-Lo dices como si fueras a irte para siempre, ridículo, no seas dramático, además… Prometo hacerlo mejor, solo que es mi primer día haciendo esto, tú tampoco eras experto al inicio ¿O sí? Sabiondo— Aunque la mayor parte del tiempo convivían en armonía, sabía que ambos podían ser un dolor en el trasero para el otro. Mientras ella continuaba trabajando, él se quedó de pie, con los brazos cruzados, esperando que los dioses tuvieran la paciencia que a él le faltaba… y que su hermana encontrara la habilidad necesaria para cuidar de lo que él más amaba.
Un día antes de su partida, terminó de preparar todo lo que necesitaría para ese pequeño viaje. En la soledad de su cuarto revisaba una lista de artículos anotados en su diario.
Todo lo anterior, acompañado de varias cosas más, lo básico para vivir y acampar, estaban ya dentro de su mochila mágica de viaje, las cosas eran del tamaño y peso de un diente de ajo.
Además de todo lo anterior, llevaba dentro las partes para armar una casa de campaña, era obvio que no siempre tendría el tiempo de llegar a un pueblo y quedarse en una posada, Nikolay pensaba que acampar era lo ideal, sentirse cerca de la naturaleza quizá le podría ayudar a conectar con la magia que había en ella y dentro de si mismo.

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