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Cuervo y luna

El inicio

El inicio

Oct 30, 2025

Antes de irse, su madre hizo un pato asado en su honor, sus manos temblaban suavemente, la separación le estaba afectando más de lo que ella esperaba, aunque sabía que su hijo no se iría por mucho tiempo, lo amaba con todo corazón y temía por que le fuera a pasar algo a su hijo mayor durante el viaje. En la comida, con el ruido de los cubiertos contra los platos en un silencio incómodo, Martha se animó nuevamente a dirigirse a su muchacho.

-Ten mucho cuidado en el viaje, hijo, sé que puedes defenderte solo, no dudo de ti, sé que volverás con bien, pero aun así… Quiero darte esto.— De una de las bolsas de su delantal sacó un anillo, decorado con una gema hexagonal color negra, sorprendiendo por completo al mago, aquel era el anillo de su padre, lo recordaba muy bien, siempre lo llevaba, era usado por el primer hijo con sangre mágica de cada generación.

—Pero era de papá… ¿estás segura de que quieres dármelo ahora? —preguntó, tomando el anillo con cuidado, tragó saliva, parecía algo banal, pero esa joya era de gran valor emocional para su hijo, estaba algo maltratada, pero eso no definía su valor.

-Si, quiero que lo tengas. Tómalo antes de que me retracte, anda. - Sin dudar más, lo tomó en manos, viéndolo de cerca, notando los raspones en la plata y la gema, era el desgaste del tiempo, aquel anillo había acompañado a su familia en tantas cosas, ser el nuevo portador se sentía como un logro. Sonrió genuinamente feliz, abrazando a su madre con mucho cariño, seguido de su hermana, dándole un beso cariñoso en la frente. Confiaba en que estarían bien.


-Mándame cartas a diario, estaré esperándolas ¿oíste? Quiero saber cómo vas en tu viaje, si te pasa algo bueno o malo. Prométeme que vas a escribir- Su hijo le miró con una sonrisa suave y asintió antes de besar la mejilla de su madre, recibió como ultimo regalo, una bendición para tener un buen viaje.

Sin esperar más, tomó la mochila con sus cosas, pesaba mucho más de lo que esperaba, pues, aunque las cosas dentro de ella se reducían al tamaño y peso de una nuez pecana, de poco en poco se juntaron varios kilos, sin contar la casa de campaña y algunos muebles básicos que llevaba dentro de ella.  A su vez, llevaba también un maletín cruzado, donde guardaba un mapa cuidadosamente doblado, algo de comida, su diario de viaje y dinero a la mano. Colgó el abrigo negro sobre la mochila y guardó la varita en la funda lateral de su pantalón. Miró una vez más el umbral de la casa; la imagen se clavó en su memoria: su madre con ojos llorosos y labios temblantes, su hermana sonriendo ampliamente, moviendo enérgicamente su brazo para despedirlo.

Emprendió el camino. La ruta que escogió evitaba los senderos comerciales; ya que en las veredas de las arboledas, praderas y bosques no había mucho que descubrir, las criaturas mágicas temían de los humanos pues eran cazados o ahuyentados por ellos. Vivían alejados de los caminos y aldeas. El buscaba cosas nuevas, plantas raras, criaturas mágicas o cristales que pudiera encontrar.

Mientras caminaba por los matorrales bajos, se adentraba a uno de los bosques cercanos, veía animales comunes en la zona como: zorros marrones, canarios y una que otra ardilla, lo normal cuando iba de exploración cerca de casa. Caminar era difícil, no había un camino definido como en otras ocasiones, estaba en el corazón del bosque, la hierba era alta y fuerte, en combinación con las raíces que sobresalían del suelo y piedras, le hacían difícil caminar, llegando a tropezar en un par de ocasiones. En la segunda ocasión azotó contra el suelo, respiró hondo para evitar soltar un quejido de dolor y dejó que el aire del bosque le llenara los pulmones: húmedo, con olor a hojarasca y a resina. 

Al paso de un par de horas caminando, escuchó un ruido diferente a lo lejos frente a él, la espesura de las ramas altas y los pocos rayos de sol que llegaban al suelo dificultaban la vista.

Una masa peluda emergió entre los matorrales. Era grande, robusto y con colmillos largos como lanzas. Nikolay notó el latido de su propio corazón y, por un momento, pensó en correr.

Aquellos colmillos eran tan grandes que fácilmente podían empalar a una persona, conocía ese animal, aunque su aspecto era amenazante, éste iba caminando con normalidad, La bestia lo miró. Sus ojos eran más curiosos que hostiles; avanzó con paso medido, olfateando el aire. Captó un olor peculiar, una mezcla de miedo, pero también de algo apetitoso: seguramente las frutas que el mago llevaba dentro de su maletín. La criatura se acercó, cuidadosa, con la intención obvia de arrebatar aquello que olía tan sabroso. Nikolay permaneció inmóvil, midiendo la distancia y buscando en su interior la calma que necesitaba para decidir su siguiente movimiento.

El azabache había visto sobre ese animal en el atlas de fauna de la región, era un biven, se asimilaba a un oso de grandes colmillos, como los de un jabalí, era un animal imponente, peligroso si se le provocaba.

Sin hacer movimientos bruscos, deslizó la mano dentro del pantalón para sacar su varita. El pulso le temblaba. Apuntó con cuidado, intentando preparar un conjuro. Pero la bestia lo interpretó como una amenaza: se incorporó sobre sus patas traseras y soltó un gruñido feroz que le erizó la piel. El mago sintió cómo el miedo le trepaba por la columna. En su mente, el biven ya lo atacaba, lo despedazaba y lo devoraba ferozmente.

Tragó saliva. Gritó.

--¡IGNIS LUMEN!—  alzó el brazo con firmeza y giró la varita en espiral, de la punta de su varita, brotó una llamarada intensa y luminosa de fuego rojo, este era amenazante, moviéndose cual ave fénix en pleno vuelo, gritó con fuerza. El biven retrocedió asustado, volvió al suelo y salió corriendo entre la maleza. 


Aves pequeñas y otros animales huyeron también, agitando ramas y arbustos en su estampida. El bosque se sacudió. Luego, silencio. La llamarada se extinguió, y Nikolay quedó solo, rodeado de yerba alta y el olor a humo en el aire.

Ahora había espantado a toda criatura cercana, era lo que menos quería, pero había entrado en pánico, no había estado nunca en su vida ante una situación así y ese hechizo era un método de emergencia para ahuyentar criaturas.

—Excelente, Nikolay. Espantaste todo lo cercano. Eso fue muy cobarde… —murmuró para sí, con tono de reproche, al menos estaba a salvo y había tenido su primer encuentro directo con un animal feroz de la región, no cualquiera se enfrentaba a un biven. No quería lastimarlo, ni tampoco que lo lastimara, claro estaba. Pero, aun así, el solo hecho de salir ileso ya era una victoria. Algo digno de contar a su regreso.

Comenzaba a obscurecer y su visión se hacía más pobre. Quería descansar, sentía las piernas pesadas y la espalda rígida. Había caminado durante horas, cargando una mochila que parecía pesar más con cada paso. Según la posición del sol y las parvadas que cruzaban el cielo del crepúsculo, calculaba que llevaba unas seis horas de camino. Aún le faltaban al menos cinco más para llegar al próximo pueblo. Luego de pensarlo un poco, decidió seguir caminando, al menos hasta encontrar un sitio donde pudiera acampar, comer algo y dormir.

Cuando la poca luz del sol no fue suficiente, conjuró con su varita una esfera de luz --Sphaera Lucis— Una luz tenue iluminaba su alrededor, flotaba encima de su cabeza, la esfera tenía el diámetro de una manzana, no era intensa, no debía llamar la atención de los animales cercanos o ladrones, solamente distinguir por donde se movía.

Luego de caminar un momento más, encontró un área donde la hierba era corta, suponía que algún animal herbívoro había tenido una deliciosa cena, ya que estaba recién “podado”. Era el lugar ideal.

El mago comenzó a sacar de su mochila algunas estacas, enterrándolas en la tierra con un mazo, golpeando con firmeza, atando cuerdas y acomodando varillas para levantar su tienda. Era la primera vez que la usaba, también era de su padre, la usaba en las pocas ocasiones que tenía que viajar. Aunque era vieja, aún se sentía firme la tela, aguantadora.

Una vez estuvo completamente formada y fija, comenzó a rodear la tienda, poniendo una cadena cobriza en el suelo que lo rodeaba, terminando por hacer un conjuro de protección con su varita, caminando alrededor, mientras repetía en voz baja--Claustra Tuta, Claustra Tuta, Claustra Tuta…— Era la primera vez que usaba un hechizo de ese tipo, diferente al que usaba en la biblioteca, esto debido a que protegía un área, no un edificio, requería un poco más de magia y un elemento de concentración, que, en ese caso era la delgada cadena cobriza, eso lo defendería al menos de animales y ladrones sin magia. Esto causaba que lo que estuviera dentro del área, desaparecería para los entes no mágicos, las criaturas mágicas por otro lado, podrían ver la carpa, pero no atravesar el campo… eso si no eran lo suficientemente fuertes.

La carpa de su padre era mágica, por fuera apenas y alcanzaba los 4 metros cuadrados, pero al entrar, ésta se ampliaba tres veces su tamaño. Fácilmente dos personas podrían descansar bien acomodadas. Abrió la mochila y con su varita, fue haciendo levitar los muebles, que, al ir saliendo de la misma, crecían a su tamaño normal. Con cuidado movía solo los que usaría para esa noche, tenía lo básico para vivir, un catre de madera con una colchoneta encima, una mesa pequeña, un fogón pequeño con un conducto que daba para afuera de la carpa, un sillón grande y una alfombra vieja que cubría el suelo. Esa sería su primera noche.

Dejó la mochila encima de la mesa, buscando entre sus frascos hojas de menta piperita y resina de malva. Haría una infusión para relajar aquellos dolores musculares que lo estaban atormentando.

Mientras el agua hervía para la infusión, se sentó para escribir en su diario de viaje:

El escrito terminó con una ilustración poco detallada del biven, destacando su gordura, grandes colmillos y garras, el mago no era bueno dibujando cosas que no fueran plantas, e incluso así no era muy detallado, el arte no era uno de sus fuertes.

Mientras comía de cena las sobras del pato que su madre había empacado para él, bebía la infusión relajante, eso le ayudaría con el dolor en sus músculos y le facilitaría descansar por aquella noche.

No estaba acostumbrado al silencio, era uno que no conocía, el ruido de las hojas moviéndose con el viento, el ulular de los búhos, algunas ramas que se movían a lo lejos, seguramente por animales, amaba ese ambiente tan pacífico. Tenía una sensación extraña estando ahí solo con sus pensamientos. No era desagradable, más bien intrigante, quizá el ambiente era propicio para abrir su mente y sentidos, se sentía motivado, inspirado, ahora tendría el tiempo para leer lo que necesitaba y estudiar hechizos nuevos, serían dos semanas completas para viajar y centrarse en sí mismo… Al menos ese era su plan.

Al terminar de cenar, se acostó en el catre, pensó que sería incómodo, pero la colchoneta era bastante gruesa y cómoda, casi como un colchón normal. Se había quitado los zapatos hace mucho, poniéndose su ropa de dormir como era debido, doblándola, dejándola encima de la mesa y apagó bien el fogón. 

Quería leer un poco antes de dormir y tomó el libro en turno, era de suspenso, sobre un matrimonio que viajaba de “Luna de miel” y terminaba hospedada en un castillo embrujado donde se había cometido un crimen. Entre las líneas que hablaban de aquel matrimonio pensó en Lanzeloth, era la primera vez en todo el día que venía a su mente. Pensaba un día de esos invitarlo a su carpa, quizá preparar algo de comer para pasar el rato, conversar sobre como habían estado en aquel tiempo. Fumar un poco, quizá algunos besos y luego despedirse, sonaba a un gran plan, así no extrañaría tanto hablar con otra persona. Pero no iba a invitarle esa noche, quizá la próxima...

 Terminó por quedarse completamente dormido al paso de algunas páginas, ahí mismo aún con el libro entre sus manos, la infusión lo había relajado de más, sumado al cansancio por la larga caminata y la rica cena. La noche pasó sin problemas, los sonidos del bosque no eran suficiente para irrumpir su descanso, estaba completamente sumergido en un mar de sueños sin pies ni cabeza, como lo eran normalmente para el mago.

 

atipicaespectra
Oasis Espectral

Creator

Nikolay se va de casa, su viaje comienza y el bosque no tarda en ponerlo a prueba, un gran desafío le pondrá los pelos de punta.
Deberá demostrarse a sí mismo que puede con esas situaciones difíciles

#boyslove #Magia #Fantasy #bl #elf #magic #fairycore #cottagecore #yaoi #Wizard

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Ely18
Ely18

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El inicio del viaje de Nikolay ha sido increíble, quedé atrapada por completo con la narrativa. He seguido esta obra casi desde sus inicios y debo reconocer que tu pluma de autor ha mejorado muchísimo, ¡Sigue así! Muero de ganas por conocer el pueblo al otro lado del río 👀

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