El mapa indicaba que aún quedaban más de sesenta kilómetros de viaje, mientras Tatiana saltaba de canción en canción en la radio del coche.
—Saoko papi, ¡saoooko! —cantaba Tatiana mientras hacías aspavientos dentro del reducido espacio del copiloto —. Yo soy muy mía, yo me transformo... Una mariposa, yo me transformo...
Parecía que se había olvidado por completo del resto de la letra, porque lo único que hizo en lo que quedaba de canción, fue tratar de bailarla torpemente. Así que le dio más volumen a los altavoces, y le puso cara de pato a su amiga, mientras seguía moviendo la boca, como quien finge saberse la letra.
—Ya, ya, bájale a eso. —trató de decir Dan, sin que ninguna de las dos lo escuchase.
—¿Qué? No te oigo —gesticuló Tatiana, señalándose las orejas
—Que lo bajes un poco —repitió Dan, señalando el móvil de Tatiana.
—¿Qué haga qué? —continuó ella.
Dan bajó de golpe la música a un nivel más humano, ya que no parecía que lo fuese a hacer ella.
—Pon la música a un nivel decente, que nos la vamos a pegar así.
—Si eres la pámpara —le respondió Tatiana.
—Te lo estoy diciendo en se...
—Nada te pue' pará —lo interrumpió Tatiana.
—¡Tatiana, escucha lo que te digo, porfa! —insistió Dan, acentuando su seriedad, pero sin levantar la voz.
—Vale, vale, está bien. Ni pa' ti, ni pa' mi; lo pongo al quince.
Tatiana volvió a subir el volumen, algo alto, pero sin ser potencialmente peligroso para los tímpanos de nadie.
Entre canciones de Rosalía volaron los primeros treinta minutos de viaje, algo de lo que Tatiana no parecía cansarse, aunque a Dan se le notaba cada vez más aburrido.
—Ponte otra cosa que no sea la Rosalía, ¿no?
—Eso, eso —apoyó Julia desde el asiento de atrás.
—Pero si no hay nadie mejor que ella. —replicó, haciéndose la digna.
—Que sí Tati, que sí, pero que a este paso vamos a escucharnos toda su discografía —mantuvo Julia.
—Bueno, pues poned vosotros algo —dijo una dolida Tatiana, mientras desconectaba su móvil del bluetooth y se ponía a mirar por la ventanilla.
Julia abrió la aplicación de música. Y antes de escoger una canción de su lista, pensó que, Dan, quizás quería escuchar algo. Y al ser su coche, era lógico que le preguntase.
—Dan, ¿quieres que ponga alguna?
—Pues mira, si quieres, ponte "Three Little Birds" de Bob Marley. —sugirió como si llevase pensando en ella un buen rato.
Los leves y rítmicos acordes de guitarra, de la alegre canción Jamaicana, envolvió la atmosfera del coche. Por un breve instante, Julia se olvidó completamente de su móvil, se quedó embobada mirando las montañas de los alrededores, que estaban rodeadas de nubes algodonadas, que parecían estar dibujadas.
Julia se sintió como en una acampada entre amigos, mientras la relajante y alegre canción seguía sonando de fondo. Julia aprovechó ese momento para saciar su curiosidad por la relación que tenía Dan con Luciano.
—Luciano —se le escapó a Julia —. ¡Ay! Que digo, Dan. ¿Tu has notado algo raro en Luciano últimamente, antes de que se fuera?
—Pues, no mucho... Un poco, quizás. Una vez que estábamos en el sofá viendo una película, me preguntó sobre que pensaba yo sobre el origen de los humanos... —se detuvo un momento para pensar, y retomó la conversación—. También me preguntó por lo que yo creía que había después de la muerte.
El ambiente se cargó con una inquietante sensación de incertidumbre, nadie dijo nada, pensaron durante unos veinte segundos, con Three Little Birds sonando de fondo.
Todos en el coche trataban de buscar una explicación sosegada a las sombrías preguntas que hizo Luciano, antes de desaparecer.
—Eso es porque estabais colocados —. Rompió el silenció, Tatiana.
—Pues no te voy a decir que no. —se rio Dan.
Julia siguió pensando en las palabras de Luciano, e hizo que se le removiese algo en el estómago.
—Para en la siguiente gasolinera, por favor, Dan —. Julia cruzó su estómago con el brazo izquierdo, y posó su cabeza en la mano derecha. Pudo notar mucha humedad en su frente, aunque su frente estaba completamente fría.
Tatiana, que no le quitaba ojo a Julia. Siguió mirándola a través del retrovisor. Y su mano dentro de la mochila para sacar una botella con agua.
—¡Juli! ¿Quieres? —le ofreció, y puso la botella en su frente.
—No, no. Si bebo algo ahora, siento que voy a potar. —. Julia se retrajo aún más. Como si cada palabra que saliese de ella, la empujase a sacar todo lo que tenía dentro.
No tardaron mucho en llegar a una gasolinera, pero para cuando llegaron, a Julia ya se le había pasado el mareo. Aun así, por precaución, decidieron quedarse y hacer una pequeña pausa.
—Oye Dan, que no hace falta que paremos si no quieres —comentó Julia sin querer ser una molestia.
—Si me viene bien, así lleno el tanque y compro algo de beber.
—Pues aprovecho y me hecho una piti-pausa —añadió Tatiana.
Julia abrió la ventanilla y se quedo dentro del coche, miró su teléfono pero todo seguía igual, no había ningún mensaje de Luciano. Su amiga, que estaba a su lado fumando un cigarro, se agachó y le acercó la cajetilla, ofreciédole uno.
—No, a Lulu no le gusta el olor a tabaco —dijo Julia, con desánimo.
—Tía, lleva dos semana sin querer responderte, no tiene derecho a ponerse especialito. —insistió Tatiana.
—¡Que no quiero, Tatiana! —. Le contestó
—Vale... —. Tatiana, estaba algo confundida. No sabía muy bien por qué la había contestado así. Pero sabía que algo le pasaba.
Dan estaba saliendo de la gasolinera, en dirección al coche. Cuando al mirar a Tatiana, pudo notar como le hacía gestos para que se fuese. Julia, que estaba dentro del coche, no la pudo ver, pero tampoco se habría dado cuenta, porque estaba atenta a su móvil, mirando las redes sociales.
—Julia, perdona, no era mi intención que hicieras algo que no quieres. —se disculpó Tatiana.
—No es por el tabaco Tati, es que, sé que tienes razón. Es verdad que lleva muchos días sin hablarme, y que debería sentirme enfadada, y que no tiene por qué importarme lo que le moleste o no.
Julia no había terminado de hablar, pero abrió la puerta del coche, para ponerse junto a su amiga. Ambas se apoyaron en la carrocería de aquél Seat amarillo chillón, mientras miraban a los coches pasar.
—¿Está preocupado por él, no? —soltó, suavemente, Tatiana.
—Sí... —. Julia casi se ahogó al pronunciar aquel "Sí", mientras sus ojos se llenaban de lágrima y se encogía en sí misma.
Tatiana la abrazó por instinto, no sabía que debía de hacer, ni como gestionar la situación. Solo podría quedarse escuchándola y dando su compañía, hasta que Julia, por si misma, logró calmarse un poco.
Tras haber llenado el tanque y haber vuelto a la carretera, Julia se quedó dormida, tapada con una manta sobre el cuerpo y su cabeza.
—Dan, ¿te gustan los Smiths? —. Le preguntó Tatiana.
—Nunca los he escuchado, ponlos si te apetece.
—Estoy segura de que te va a gustar. Esta se llama "There is a Light That Never Goes Out".
Tatiana había puesto el volumen muy bajito, y ambos continuaron el viaje en silencio, dejando que la carretera y la voz melancólica de Morrissey llenaran los huecos que Julia había dejado al dormirse.
Afuera, el cielo se encapotaba, pero dentro del coche aún quedaba una luz que nunca se apaga.

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