El silencio volvió a envolvernos, pero esta vez no era incómodo… solo quieto. Henry tomó una de las libretas que Grace había dejado y comenzó a dibujar. Lo observé de reojo, curiosa. Su concentración era tal, que apenas notaba mi mirada.
Pude distinguir las formas de un barco formándose entre sus trazos.
—¡Tu dibujo es muy lindo! —exclamé sorprendida—. ¿Te gusta dibujar Henry? ¿Podrías hacer uno para mí?
Había un aire de incomodidad entre Madelyne y yo, más evidente después de aquel roce accidental de nuestras manos. Para distraerme, tomé una libreta y comencé a bocetear cualquier cosa, sin pensar demasiado.
—¡Tu dibujo es muy lindo! —exclamó Madelyne con una sonrisa que iluminó su rostro— ¿Te gusta dibujar, Henry? ¿Podrías hacer uno para mí?
Fue la primera vez que la vi sonreír de verdad. Sus ojos azules parecían reflejar la luz del lago, y por un momento me quedé completamente inmóvil.
—¿Henry? —insistió ella, acercándose un poco más— ¿Puedes?
—S-sí, está bien… ¿qué te gustaría que dibujara?
—Mmm… dibuja lo que tú quieras —respondió pensativa, girando ligeramente la cabeza.
¿Lo que yo quiera? ¿Qué podría dibujar para ella?
—Si prefieres, puedo voltearme para que te concentres —añadió con un leve tono de burla.
Sonreí sin responder. Después de unos minutos, terminé el boceto y se lo entregué, sintiendo cómo me temblaban las manos.
—Ya puedes mirar.
Madelyne tomó la libreta con curiosidad.
—Es un cascanueces… pero parece mujer.
—Eres tú, Madelyne —dije bajando la mirada.
Ella se quedó callada un instante y luego sonrió con dulzura.
—¿En serio? Es precioso, muchas gracias, Henry —murmuró—. Me gustaría darte algo también… ¿puedo?
—Si quieres.
Henry había dibujado un hermoso cascanueces. Por un instante me invadió la culpa, había sido grosera con él el día anterior, y después de eso su padre lo había lastimado. Mientras hablábamos, noté lo largo de su cabello, algunos de sus caían mechones sobre sus ojos.
—¿Podrías cerrar los ojos un momento? —le pedí.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó, desconcertado.
—Por favor, no te haré nada malo —insistí.
—Mmm… está bien.
Me incliné despacio hacia él. Quería mirar de cerca su rostro, ver si tenía algún moretón. Descubrí un pequeño lunar bajo su ojo izquierdo y una fina cortada en el labio. El espacio de existía entre nosotros parecía que se recortaba cada vez más, y puede notar que nuestras respiraciones se entrelazaron sin querer. Antes de pensar demasiado, tomé uno de mis listones y lo até con suavidad alrededor de su cabello, apartando los mechones de su rostro.
—Listo —susurré mientras me alejaba.
—¿Qué me pusiste, Madelyne?
—Solo un listón.
—Pero… eso es para las niñas.
—Es solo un listón para el cabello, y me gusta cómo se te ve —respondí.
—¿De verdad te gusta?
—Sí. No es común ver a un chico con el cabello largo, pero si algún día decides dejarlo crecer… creo que te verías bien.
—¿Tú has conocido a más chicos? Ni siquiera vas a la escuela, ¿cierto?
—No hay necesidad de ir a la escuela —respondí con calma—. Grace y yo tenemos un tutor que viene dos veces por semana. El pueblo está un poco retirado de nuestra casa.
—¿Y por qué viven tan apartados de la sociedad?
—No estamos apartados de la sociedad —contesté, algo a la defensiva—, solo preferimos estar cerca de la naturaleza.
—¿Pero por qué?
—Grace está enferma. Desde pequeña tiene problemas para respirar. Los médicos les recomendaron a mis padres que una vida tranquila en el campo sería mejor para ella. Y, en lo personal, a mí me gusta mucho.
Henry asintió en silencio, pensativo. Después de un momento, levantó la mirada.
—Ya veo —dijo finalmente, antes de añadir en voz más baja—. Madelyne, ¿puedo pedirte un favor? No le digas a nadie que dibujé hoy.
—¿Por qué?
—Si mi padre se entera, se enojará. No le gusta que pierda el tiempo en cosas así.
—Pero tienes talento, Henry. No entiendo cómo puede molestarse por algo tan hermoso.
—Por favor, Madelyne.
—Está bien —cedí con suavidad—. No diré nada.
A lo lejos, la voz de Grace rompió el silencio del campo.
—¡Madelyne, Henry! ¡Ya es hora de irnos!
Recogimos nuestras cosas y emprendimos el camino de regreso. Al llegar a la casa, mi padre y el señor Charles nos esperaban en la entrada. Todo parecía tranquilo, hasta que la mirada del señor Charles se clavó en Henry… y en el listón que yo le había puesto en el cabello.
—¡Henry! ¿Qué estupidez te pusiste? —gritó furioso, levantando la mano dispuesto a golpearlo.
Sin pensarlo, me interpuse entre ambos.
—¿Qué intenta hacer? —pregunté con firmeza, sintiendo cómo el corazón me latía con fuerza.
Continuará...
Esta novela también está siendo publicada en el idioma inglés, por esta misma plataforma llamada Between our heaven across the sea, te invito que de igual manera me ayudes como lector, de antemano muchas gracias y nos veremos en el próximo episodio.
Atte. BF Crunch <3

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