Amelia abraza con felicidad a su hermano por su inesperada visita, el abrazo duró bastante, igual que el tiempo que estuvieron sin verse.
Tadeus se mantuvo al margen un poco nervioso por la visita de su cuñado, Amelia ignorando a su esposa guía a su hermano al comedor donde estaban sus hijos.
—Es tiempo de que conozcas a tus sobrinos.
El piso se llenó de charcos por las botas del visitante.
Amelia se para a su lado, con una gran sonrisa les presenta a sus cuatro hijos, el ambiente se volvió más animado en poco segundos, las preguntas incesantes al tío que conocen por primera vez.
—Carl, cuéntame como te ha ido en el ejercito — Amelia le pasa una tasa con café esperando escuchar sus aventuras.
—Bueno por donde empiezo —le da un leve sorbo al café—. Pues no es tan sorprendente como se esperaba, pelear con otras personas, combatir con monstruos, nada de eso, la mayoría del tiempo es estar en la base revisando documentos, entrenar a los soldados, acatar ordenes, recibirlas.
—Eso es bueno, ¿no? —dice Tadeus.
Carl solo asintió.
—El reino ha mantenido la paz durante mucho tiempo, es bueno que la paz perdure, pero no es eterna.
—14 años sin guerra es un lujo —comenta Amelia.
Los niños solo escuchaban la platica de los adultos, Cabreus al prestar atención identificó un poco de la situación de su nación.
—Ya basta de hablar de trabajo —Carl se toma el resto del café de un sorbo—. Realmente vine a darles una buena noticia.
—No me digas —Amelia tenia una ligera sospecha de boda.
—Si te digo... me voy a casar.
Amelia emocionada lo abraza nuevamente.
Siempre pensé que mi hermano quedaría solo para toda su vida, me alegra que por fin siente cabeza. Pensando en quien enamoró a su hermano pregunta.
—¿Cuándo la conoceremos?
Carl dejo de sonreír y aparto su mirada, pero la insistencia de su hermana lo hizo hablar.
—Ya la conoces —dice nervioso.
—¿Es famosa?
—Algo así.
—Dime quien es —su voz se vuelve más severa al ver su actitud.
—Recuerdas a esta chica Aleria.
Amelia recibe un gran impacto en su mente llenándose de recuerdos ocultos, viendo nuevamente en su mente el rostro de aquella chica que la molestaba en la academia y siempre la humillaba, sin embargo, mantuvo la compostura, pensando que podría ser otra chica que fuera conocida de Aleria.
—Un poco —dijo rechinando los dientes.
—Me caso con ella.
La reacción de Amelia fue instantánea, cerro su puño derecho y lo estrello contra la nariz de su hermano.
—Púdrete en el abismo.
Lo golpea repetidas veces hasta que lograr sacarle sangre de la nariz, Tadeus a su lado se regodeaba de la golpiza, los niños asustados por la ira de su madre y Cabreus pues solo estaba ahí sorprendido por la fuerza en los golpes y más sorprendido por la resistencia de su tío.
—Deja...
—No mereces hablar maldito traidor —golpeo con más fuerza hasta que su respiración se volvió agitada.
Lentamente Amelia se retiró y se acomoda en la silla mecedora, la sala queda en silencio.
—La traición siempre viene de quien menos lo esperas. Tantas mujeres y decides casarte con esa puta.
Vaya, sin duda debe odiar a esa Aleria. Cabreus se levanta y toca el hombro de su padre.
—Tranquila madre, tu hijo no te traicionara.
—Te equivocaste de hombro —murmura Tadeus.
Cabreus lo hizo a propósito, camina de nuevo y esta vez toca el hombro de su tío.
—Hombro incorrecto sobrino.
—Esta vez es el correcto.
Mamá gracias a ti puedo probar mi fuerza, me diste la oportunidad de tener un saco de práctica.
Carl con la cara hinchada lo vio, no pensaba que fuera a ocurrir algo mas, Amelia tampoco quería seguir peleando, lo que nadie esperaba es que Cabreus golpeara en la cara a Carl.
Cabreus reforzó su puño con el mantra dándole más fuerza y velocidad, tomando desprevenido a su tío.
El golpe impacto directamente en la nariz de Carl, este tenía las defensas bajas, aun así, su cuerpo era tan resistente como el acero, por lo que se sorprendió al sentir su nariz romperse con el golpe de un niño ciego.
Carl cae hacia atrás por su descuido, su nariz chueca, su vista se pone en el niño ciego que mantiene una sonrisa de desprecio.
Este niño es fuerte a pesar de no tener entrenamiento y esa energía en su cuerpo es de las peores, sobre todo logro darme un golpe preciso sin ver. En ese momento Carl habría tomado una decisión que no diría por el momento.
Carl se levanta con la cara ensangrentada y se acomoda la nariz.
Se escuchan pequeños crujidos cuando la acomoda.
Amelia se levanta temiendo que golpeé a su hijo.
—Calma, no le hare daño —Carl solo ríe—. Este mocoso es fuerte.
Amelia y Tadeus suspiran aliviados, sus hijos no saben como reaccionar, Cabreus suspira aliviado en su mente, pensando que sería golpeado.
Carl saca de su ropa una invitación y se la da a Amelia.
—Quiero que vayas a la boda y olvides el pasado, ella ha cambiado y se arrepiente de lo que te hizo, espero que puedas hablar con ella antes de la boda.
Amelia mira la invitación con dudas.
—Lo pensare.
—Hazlo por mí.
Carl se despide y le da unas palmaditas a Cabreus felicitándolo por su golpe.
—Tienes potencial pequeño bastardo, tu golpe fue inesperadamente fuerte.
—Gracias.
Carl solo vio la pequeña sonrisa de su sobrino, realmente pensaba entrenarlo, abandona la casa sin mas, la familia se reúne en la sala, pero no había emoción como hace un rato.
Marda le pregunta a su madre sobre la prometida de su tío, por el contrario, su madre no quería hablar de ella así que dejo a su familia y se fue a su cuarto a relajarse y pensar sobre la invitación.
Así que el siguiente al que cuestiono Marda fue a su padre, igual que su esposa intento irse, solo que los trillizos no lo dejaron irse.
—¿Qué quieren saber? —dice resignado.
—¿Por qué mamá reacciono de esa forma al escuchar el nombre de la prometida del tío? —Marda pone una cara de inocencia y curiosidad.
Tadeus se rasca la cabeza.
—Hubo algunos roces entre ambas.
—¿Que son roces? —dice Marda.
—Este —piensa en como decirlo para no crear problemas—. Bueno ellas tuvieron pequeñas peleas.
—Su reacción no es de pequeñas peleas —menciona Cabreus.
Tadeus quería golpear a sus hijos porque esa simple oración despertó más la curiosidad de los trillizos.
—Ellas competían mucho, y su madre pues... perdía casi siempre.
Los hijos no estaban convencidos e insistieron aun más. Tadeus llegó a su limite y lo dijo sin rodeos.
—Ella golpeaba a su madre en la academia.
La ira de los trillizos despertó con una simple oración.
Al final, siempre habrá alguien que disfrute el molestar al resto, aun mas si las personas no se defienden, como sería el caso de mi madre con su personalidad.
—El chico tiene potencial.
Carl se frotaba la nariz frente al espejo.
—¿Enserio?
Se escuchaba la voz de una mujer al otro lado de la pared.
—Lastima, el mantra no es de las mejores energias para el combate.
—Es mejor que nada.
Carl sale del baño y se acomoda en la cama.
—Y es ciego.
La mujer entra al cuarto usando una bata.
—Un chico sin suerte, entrenarlo es una perdida de tiempo.
Carl muestra una mirada determinada.
—No es una perdida, solo tendrá que aprender a ver sin ver.
—Aprender a ver sin ver —se notaba el sarcasmo en su voz—. Luego que sigue, aprender a hablar sin hablar.
Avergonzado Carl se arropa y trata de dormir.
—No se lo que piensas, pero si planeas entrenarlo, procura no matarlo en el proceso.

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