El viejo es bueno en lo que me falta, su manera de usar su poder es eficiente, guía solo lo correcto cuando es necesario, no antes ni después, no poco y demasiado solo lo necesario.
El viejo sintió los cambios en su cuerpo.
Cada movimiento de Cabreus se volvía más apresurado acompañado con un desequilibrio de poder, una consecuencia por querer imitar el control del viejo.
—Aprender es bueno mocoso, pero imitar y aprender son dos cosas diferentes.
—Las personas aprenden mediante la imitación, al ver, aprenden a hablar imitando las palabras que escuchan, solo porque en un principio todo es fracaso al imitar no significa que el final del resultado sea un fracaso.
Maldito viejo, solo eres un adulto sin paciencia, al chocar espadas contigo me di cuenta de que las armas no son lo mío, mi instinto lo dice. Arroja la espada sin previo aviso al rostro del anciano.
—Pequeño mocoso —desvía la espada sin dificultad—. Abandonar tu arma en un combate es una sentencia de muerte.
—Como si me importara tu opinión.
Cabreus sobrecarga sus piernas con mantra, avanza al doble de su velocidad normal.
Al concentrar todo el mantra en las piernas perdí el campo de visión, todo a mi alrededor es oscuro, solo tengo que avanzar, predecir, y extender la visión nuevamente, pero con un rango reducido.
Para que su estrategia espontanea funcionara el viejo debería permanecer en su lugar sin moverse.
El viejo por primera vez ataca extendiendo su espada apuntando a la nariz.
Debo enseñarle a este mocoso a controlarse sino acabara muerto por imprudente.
La espada no causo ruido, solo atravesó el aire con rapidez llegando al instante a la nariz de Cabreus.
Cabreus se rio frente al viejo cuando sintió el aire atravesado por la espada que estaba por tocar su nariz.
Hay personas que nacen con sus sentidos intensificados, en las dos vidas que he tenido es lo mismo, pero también lo siguiente es lo mismo, si la vista falta el resto de los sentidos se intensifica, entonces cuando puede potenciarse un sentido si faltan los otros cuatro.
El cuerpo humano siempre ha sido capaz de adaptarse a las circunstancias, y el responsable de ellos es el cerebro que siempre logra encontrar una solución, el órgano más importante, entonces será este mismo órgano que logra intensificar la sensibilidad de los sentidos por simple instinto de supervivencia.
—Es la primera vez que me siento vivo —su rostro mostro una sonrisa distorsionada parecida al de un psicópata.
Movió su cabeza a la derecha esquivando por milímetros el filo de la espada, uso su pie izquierdo como pivote centrando su peso más precisamente en su dedo gordo (hallux) como lo hacen los boxeadores para controlar su giro, al girar levanta su otra pierna esta vez imitando la patada de un futbolista cuando remata de volea.
Y pensar que estoy combinando futbol con boxeo.
Este movimiento no lo había visto antes. Intentado contrarrestar el ataque con su espada, ataco la cabeza con la parte plana, pero en ese instante Cabreus comienza a caer debido a que sintió el movimiento del aire de la espada, entonces levanto su pierna izquierda sin dejar de atacar con la derecha.
—Eh —pronuncio el viejo antes de ser golpeado en el abdomen con una patada.
Cabreus estaba en la tierra exhausto al llevar sus piernas al máximo, cerca suyo el viejo maldiciendo sin parar por el golpe recibido.
Los dos no sabían que su combate improvisado estaba siendo observado.
En la puerta trasera de la mansión se encontraba la familia de Cabreus observando sin interrumpirlos.
—Fue un movimiento planeado o improvisado —se cuestiona Aleria.
A Amelia no le importaban esos detalles, solo le importó que su hijo no sufriera daño, solamente al final suspira aliviada. Tadeus se encontraba sin palabras.
Carl sonrió sabiendo que su sobrino es más fuerte de lo que aparenta, a la vez sintió un poco de enojo al recordar su puño en su nariz.
En el campo aun agotado por pelear el pecho de Cabreus subía y bajaba con rapidez.
—Lo viste viejo —su voz era irregular tratando de controlar su respiración.
—Maldito mocoso —el viejo se levanta tocando aun su abdomen golpeado—. Podrías ser un poco más amable con este costal de huesos.
—La edad no importa viejo.
—Eh —se quedó atónito al escucharlo.
Carl se acerca.
—¿Cómo te sientes Fernandinho al ser golpeado por un niño?
—Señor —sacude su ropa—. Es tal como dijo, tiene buena fuerza a pesar de no saber usar la energía y buenos instintos de pelea.
—Lo escuchaste sobrino.
—Si.
Carl recoge el bastón.
Esta es mi oportunidad de llevarlo conmigo, con mi hermana solo estará encerrado sin disfrutar la vida viviendo a la sombra de sus hermanos. Levanta a Cabreus y le da el bastón.
—¿Cómo quieres vivir? —le susurra al oído.
Interesante, ¿será la oportunidad para conocer el mundo y comunicarme con los dioses menores que me ayudaron?
Los tres ya estaban con la familia en las escaleras de la puerta trasera de la mansión, Amelia se acerca preocupa a inspeccionar el cuerpo de su hijo preocupada, en ese momento olvidó lo que estuvieran haciendo sus otros hijos en la mansión.
—Tienes un hijo valiente —menciona Aleria.
Amelia no sabía que responder ante su comentario, solo asintiendo, aceptando el elogio, no obstante, sintió una pequeña punzada en su corazón al verlo pelear.
Tal vez la forma en como veo a mis hijos es imparcial, pensando que el mayor no podría hacer nada en este mundo, creyendo que estaría conmigo para siempre, pero al parecer fue una ilusión que cree yo misma cuando nació y su condición fue la razón por la que tuve más hijos.
Cabreus se quedó en las escaleras conversando con Fernandinho, mientras el resto fue al salón a conversar.
En la mesa estaban las tazas del té adornando el ambiente con su vapor irregular, la iluminación era buena, con solo una lampara en el techo acompañada de los rayos del sol que entraban por las ventanas.
Había tres sillones rodeando la pequeña mesa. En uno Carl y su prometida, en otro Amelia y su esposo. El ambiente del lugar estaba cargado con algo de tensión, en su mente Amelia pensaba en las posibles palabras de su hermano.
—¿Qué piensas de tu hijo? —Carl fue el primero en romper el silencio.
Amelia bebe un poco del té.
—¿Cuál de todos? —esquivando la pregunta con otra pregunta.
—Creo que sabes lo que te voy a proponer.
—Creo que no lo sé —intentando desviar la conversación a otro tema.
En esta situación Carl no sabía que palabras utilizar, por una parte, no quería herir a su hermana y por otra quería ver hasta donde podía llegar su sobrino.
—¿Piensas mantener encerrado a Cabreus toda su vida? —dijo Aleria directamente sabiendo que su prometido no se atrevía.
—Yo... —Amelia intentaba responder, pero por alguna razón sus palabras no salían de su garganta.
Para sorpresa de todos Tadeus se levantó, los más sorprendidos eran su esposa y su cuñado que lo conocían desde hace tiempo y sabían que era una persona que evita los confrontamientos y siempre se mantenía callado.
Tadeus recargo sus manos en la mesa.
—Si.
Su respuesta dejó confundido a los presentes, no eran la respuesta que esperaban al ver su actitud.
—Por eso pensamos que en el futuro siempre estaría a nuestro lado a diferencia de sus hermanos, siempre lo creímos así desde que nació.
Tadeus agacha la cabeza avergonzado, en la mesa lagrimas comienzan a caer.
—Soy un fracaso como padre al pensar que mi hijo es un inútil desde que nació, que no tendría un futuro, el pensar que estar a nuestro lado estaría mejor —miro a su esposa a los ojos y después a su cuñado—. Yo los veo, pero estuve cegado al pensar que mi hijo podría cuidarse solo. Cuñado ¿planeas entrenarlo?
Carl asiente.
—¿Cuándo planeas llevarlo contigo?
—Después de la boda.
Amelia intento hablar, pero Tadeus la detuvo, solo negando con la cabeza.
—Se que él nos visitara en el futuro, estoy seguro y aún tenemos tiempo para convivir... aprovechemos ese tiempo.
Antes de marcharse Carl los detuvo hablo con ellos un poco más hasta que los convenció de quedarse a vivir en la mansión.

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