El Anciano luego de la evaluación, hablo con Mi Sheng invitándolo a participar en una evaluación que se llevara acabo en un mes donde 5 sectas poderosas la llevarán a cabo para reclutar personas
La conversación con el anciano terminó dejando una idea fija en la mente de Mu Sheng: para participar en las pruebas de las cinco grandes sectas de la región debía cumplir dos requisitos inquebrantables: tener menos de dieciocho años y ser mínimo nivel 10.
Ese primer requisito lo cumplía. El segundo… no.
Pero alcanzarlo no lo preocupaba en lo absoluto.
Luego el anciano le dió un pequeño artefacto que podía medir el nivel desde novato hasta amateur (1-29), ya que el anciano sintió que le sería de ayuda.
Mu Sheng le dió las gracias al anciano por el artefacto y la información, luego salió de la asociación sin expresar emoción alguna. Su mirada permanecía serena, afilada como el filo de la katana que llevaba a su costado. Durante toda su vida pasada había avanzado entre amenazas que harían temblar a veteranos; subir tres niveles más no era un desafío digno de inquietarlo.
El bosque lo recibió con un silencio húmedo. Mu Sheng avanzó sin prisa, rastreando presencias a su alrededor con una precisión que no provenía de ningún tatuaje, sino de instintos cultivados en otra vida.
Una sombra surgió entre las ramas y atacó.
Una bestia de piel ceniza.
Un movimiento de muñeca bastó. La katana cortó sin resistencia; la criatura cayó sin emitir un gemido.
Los siguientes días transcurrieron igual: paso firme, mirada fría, acero afilado. Bestias de distintos tamaños se cruzaron en su camino, pero ninguna representó una amenaza real. A cada combate, el cuerpo de Mu Sheng se acostumbraba un poco más a su nueva condición, integrando la fuerza de su tatuaje dorado sin siquiera comprender su activación verdadera.
Al cuarto día, el artefacto que marcaba su avance subió una vez más, alcanzando el nivel 9.
Justo entonces, un olor extraño impregnó el aire. Marchito, seco, como flores que murieron hace siglos. Mu Sheng siguió el rastro con cautela, sintiendo que algo diferente lo aguardaba más adelante.
En lo profundo del bosque encontró a la criatura.
Era una bestia marchita: una figura semihumana, delgada como ramas secas, con la piel cubierta de grietas que exhalaban un tenue resplandor dorado. Sus ojos carecían de vida, pero su presencia era abrumadora. Una energía mental, densa y afilada, vibraba alrededor de su cuerpo.
Era perfecta.
Sin cambiar de expresión, Mu Sheng desenvainó su katana.
La criatura lanzó un ataque psíquico que habría dejado inconsciente a cualquier novato… pero Mu Sheng, endurecido por experiencias mucho más crueles en su vida pasada, apenas sintió un leve zumbido en la mente.
Avanzó.
El choque fue breve pero intenso. La bestia, rápida como un latigazo, se retorcía para esquivar cada tajo, pero Mu Sheng se movía como si hubiera visto el combate antes. Cuando la criatura intentó lanzar un segundo ataque mental, él realizó un corte descendente impregnado con su fuego interno —una técnica que reservaba solo para finalizar—.
La bestia marchita ardió con un fuego silencioso y se desintegró.
Mi Sheng extrajo el tatuaje dorado de sus restos, extendiéndose como una enredadera luminosa que trepó por el brazo derecho de Mu Sheng. La forma final era elegante y siniestra: una vid marchita con nudos oscuros y hojas secas.
En cuanto se asentó en la piel, una oleada de claridad llenó su mente. Sintió que sus sentidos se tensaban, captando sonidos más lejanos y movimientos imperceptibles.
Luego de unas horas de meditación y soportando el dolor de la integración del tatuaje, finalmente se fusiono completamente con el.
Una semana después de salir de la asociación, Mu Sheng regresó.
Había alcanzado nivel 10 sin grandes dificultades.
El anciano lo esperaba, como si hubiera previsto su regreso. Al ver la enredadera dorada recorriendo su brazo, sus pupilas se dilataron con sorpresa.
—¿Dos tatuajes dorados… en etapa Novato? —murmuró, incapaz de ocultar su asombro—. Muchacho, Sabía que no eras común, no me desepcionaste, luego el anciano pidió poder examinar el nuevo tatuaje.
Mu Sheng extendió el brazo sin emoción. El anciano recorrió los símbolos con un dedo tembloroso y luego lo miró fijamente.
—Escucha bien. El tatuaje en tu ojo izquierdo… no es solo una marca estética. Cuando lo activas, puedes ver a través de ilusiones, engaños, distorsiones… y aumenta tu fuerza física mientras permanece activo.
Activarlo… esa era la clave.
Mu Sheng frunció ligeramente el ceño, la primera señal de duda desde que entró.
El anciano continuó:
—Y este nuevo tatuaje… —pasó la mano por la enredadera marchita— permite ataques mentales directos. No solo eso: cuando se activa, tus sentidos se agudizan de forma extraordinaria, como si fusionaras tu percepción con el entorno.
—¿Activarlos? —preguntó Mu Sheng, inexpresivo.
El anciano abrió mucho los ojos.
—¿No… sabías cómo?
—No.
—¡Y aun así llegaste a nivel 10! —El anciano casi gritó, totalmente incrédulo—. Niño, lo que lograste sin activar tus tatuajes… es absurdo.
Mu Sheng guardó silencio. No tenía la costumbre de presumir, así que pidió al anciano que le enseñará como usar el poder de los tatuajes.
Aunque se puso a pensar por un momento como este anciano sabía exactamente el poder de sus tatuajes quien era realmente y que tan fuerte era.
La historia sigue a Mu Sheng, un joven que reencarnó en un nuevo mundo después de ser asesinado en su vida anterior. En este nuevo mundo, las personas pueden adquirir poderes y habilidades al matar monstruos y obtener tatuajes. Mu Sheng busca proteger todo lo que tenga en esta nueva vida, mientras también descubre más sobre este nuevo mundo y su lugar en él. A medida que crece, Mu Sheng se convierte en un joven habilidoso y decidido, con un secreto que no puede compartir con nadie: es un reencarnado con recuerdos de su vida anterior.
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