Punto de vista de Flins:
Después de una larga tarde de caminata entre escombros, calles colapsadas y restos de cadáveres, Sunny y yo regresamos al campamento. Una vez el grupo estuvo reunido, Naelia empezó a organizar. — He localizado y destruido tres huevos de Banju en el distrito norte, todos de grado uno, sin rastro de Banjus crecidos ni brotes plantados. — Informó. Su postura tenía un tinte militar, cómo siempre. — Eso es todo de mi parte; Ahora repórtense. —
— ¿Qué es un brote plantado?— Le susurré a Sunny, mientras los demás daban su experiencia del día.
Este me imitó y bajó la voz. — Algunas veces, cuando destruyes un huevo de Banju, si la raíz está lo bastante madura, todavía puede sobrevivir un par de días más. Son casos raros, pero revitaliza el huevo y este sobrevive. —
—¿Lo revitaliza? ¿Por qué?—
Sunny desvió la mirada. — Todavía no lo sabemos. — No pregunté más, principalmente porque llegó nuestro turno de reporte. Naelia miró al chico y este se aclaró la garganta. — Distrito sur, cinco huevos de Banju; Tres de grado uno, un grado dos y, otro grado cinco. Ningún Banju crecido en el distrito ni en las cercanías de la ciudad. — Explicó. — Tampoco hay rastro de brotes plantados. Fin del reporte. —
—¿Ni siquiera el de grado cinco? — Preguntó la muchacha con seriedad.
Sunny negó con la cabeza. — Esa cosa no va a sobrevivir de esta noche, pero, si te preocupa le echaré un vistazo mañana. —
—Hazlo, no quiero más sorpresas hasta que volvamos al capitolio. —
—¿Son muy fuertes los grado cinco? — Pregunté, cuando se hizo un hueco de silencio.
—No son fuertes, sino impredecibles. — Respondió Erika. — A partir del grado cinco los Banjus empiezan a mostrar particularidades; Son más grandes, vuelan, algunos escupen veneno, otros fuego… nunca se sabe. —
—Puedo matarlo, pero si eso conlleva exponer a mi equipo a ser envenenado o a quemar nuestros suministros, entonces prefiero huir. — Concluyó Naelia. — Si eso es todo, Flins, le recomiendo que coma y descanse, mañana empieza su labor en serio. —
— ¿Cuánto tiempo tengo para la crónica?—
—Dos días, es todo el tiempo que puedo darle. Si necesita más debería haberlo pensado mejor antes de perderse en Clark. — Y dicho eso le dio la espalda — Al amanecer nos dividiremos para patrullar la ciudad y buscar nuevos huevos, mismos equipos de hoy. Eso es todo. —
Y con ese ultimátum, Naelia se sentó a comer junto a la hoguera. Rápidamente el resto la siguieron. Sin embargo, yo me quedé quieto, pensando. Al notarlo una sonrisa se dibujó en el rostro de Sunny, algo poco habitual. —¿Qué? ¿Estás nervioso porque Naelia te ha echado la bronca? —
—¿Sunny, cómo de fuerte es un Banju de grado diez?— Pregunté.
La burla del chico desapareció, su expresión se volvió aburrida. —Lo bastante cómo para entretener al rey de la sangre. — Y dicho eso se adelantó hasta la hoguera y se sentó también. Yo me quedé ahí, observándolo.
Cuando la luna se alzó alta en el cielo, las luces del campamento se atenuaron. De la hoguera ya solo quedaban unas débiles brasas. Demasiado apagadas cómo para alumbrar. Demasiado discretas cómo para reparar en ellas. Insignificantes. Cerca de estas dormían Olanka y Ruth, cada uno acurrucados entre sacos y gruesas capas de mantas. Parecían soñar bien. En el interior del camión dormía Naelia, probablemente agarrada a su espada, o, como mínimo con ella bajo el brazo. Sunny en cambio descansaba sobre unas ruinas algo alejado del grupo, sin mantas y a la intemperie, cómo los animales. Por supuesto había quienes todavía seguían despiertas, o al menos, lo intentaban porque era su turno de guardia. Erika cabeceaba contra en hombro de Undere, mientras que esta, ordenaba cuidadosamente los enseres de su maletín médico. Ninguna prestaba mucha atención a su entorno.
Nadie estaba alerta, así que nadie reparó en que se había abierto el maletero del furgón y las brasas se habían apagado.
Por cierto, también faltaba alguien.
A la mañana siguiente todos se levantaron puntuales, incluido yo. Naelia dio instrucciones al grupo, mientras que Erika configuró y repartió los radares. Unos dispositivos facilitados por el capitolio que al parecer podían detectar huevos y brotes de Banjus. Seguramente era obra del rey de la sangre y la gobernadora. En fin.
En la parte trasera del furgón, Ruht estaba haciendo recuento de material, revisó las cajas, las raciones y el armamento. Una vez contó las balas, los explosivos y los rifles, salió y cerró la compuerta, todo parecía estar en orden. Mientras tanto Sunny merodeaba medio dormido por la zona de la hoguera, con la trenza despeinada y los pantalones mal abrochados. Parecía estar buscando las sobras de la noche pasada, y debió encontrarlas pues rápidamente se puso a hurgar en la olla cómo un cerdito.
Me acerqué por detrás, sigiloso, con la intención de deshacer su trenza. Sin embargo, rápidamente se giró y el pelo se escapó de entre mis dedos. —¿Qué estás haciendo? — Preguntó, ya no parecía estar tan somnoliento.
Compuse la mejor de mis sonrisas. —Estás un poco despeinado, solo quería ayudar. —
Me miró por un momento, con la boca llena de sopa coagulada. Luego tragó lentamente. —No me gusta que me toquen. — Y dicho eso se dispuso a seguir desayunando, solo para toparse con que la olla ya estaba vacía. Así pues, metió la cabeza y empezó a lamer. Me quedé viéndolo, luchando por mantener una expresión sería.
—Es cómo un animal salvaje ¿cierto?— Escuché decir a mi espalda. Se trataba de un hombre moreno, y de perezosos ojos grises. — Da gusto ver a alguien disfrutar de mi comida para variar. —
—Ya, no creo que nadie salvo un cerdo lo haga. —
—¿¡A quien llamas cerdo?!— Saltó Sunny. — Te advierto, con esa actitud no vas a conseguir que Olanka te enseñe nada.—
Olanka miró a Flins, sorprendido. — ¿Necesitaba usted que le enseñara algo?—
—No tengo idea de que habla.—
El ceño de Sunny se arrugó. —Espera ¿no estabas ayer llorándome para que te enseñara a luchar?—
Tuve que aguantar la risa. —¿Luchar? ¿Yo? ¿Por qué expondría mis delicadas y preciosas manos a algo tan desastroso?—
—¿Entonces a que te referías cón- — El chico no pudo terminar la frase pues la voz de Erika resonó entre nosotros. —
—¡Undere mira, están interactuando!— Chilló, ilusionada. Undere estaba a su lado luchando por respirar bajo el brazo de la chica. —Sunny por fin le ha contestado. —
—¿Qué?— Sunny rápidamente cambió su atención a las chicas. — ¿A quién?—
—A mi hermano. — Logró articular la peliblanca. — Es la primera vez que le respondes. —
Sunny hizo memoria, luego miró a Olanka quien asintió, avergonzado. — ¿Es en serio? —
—N-No, descuida, entiendo que te es difícil acercarte a otros.—
Mi sonrisa se ensanchó, casi sentí la burla en ella. — ¿Cómo era? ¿ “¡Yo tengo amigos por todo Extor!” ? —
Erika rompió a reír, y de la carcajada casi se le cae la gorra. Frente a aquello Sunny acabó tan rojo cómo la cuerda que envolvía su cuello. —¡C-Cállate! — Ladró. — ¿¡No tienes cosas que hacer con tu estúpida radio?! ¡Vete a enviar un mensaje! —
—¿A quién?— Contestó, todavía sin aire. — ¿A tus amigos? ¿O las respuestas que no le diste a - —
—Parece que os lo pasáis bien. — Irrumpió una voz desde su espalda. Naelia, se puso entre Erika y Undere, separándolas. Parecía ligeramente molesta. — Os recuerdo que solo nos quedan dos días de misión.— Lentamente apartó la mano del hombro de Erika, parece que le costó. — Todo el mundo a trabajar. —
Así pues, cada uno cogió sus cosas y empezó a recorrer su parte de la ciudad. Al igual que ayer hice mi ronda con Sunny. El chico todavía parecía afectado por lo de aquella mañana, pero me guio en silencio. Esta vez no añadí nada, me había metido mucho con él últimamente y no quería que me cogiera más asco del que ya me tenía. Sunny me guío hasta cierta posada. Se trataba de la misma posada vieja y destrozada que habíamos visitado el día anterior. La única diferencia respecto a ayer es que el muro que Sunny había roto se había desprendido definitivamente, y, que el brote negro había desaparecido bajo los escombros.
—Parece que no ha sobrevivido. — Comenté.
Sunny soltó un suspiro. — Al fin una buena noticia. —
—En ese caso, asumo que es mi turno de guía ¿verdad? —
—¿Eh? Sí, supongo. — Asintió, sin mucha pasión. — Tampoco sé muy bien cómo va eso de la crónica. —
Tomé su mano, sonriente. —En ese caso sígueme, te enseñaré. — Apenas tardó un segundo en azotar mi palma. Sin embargo, no me desanimé.
Primero revisamos los viejos ayuntamientos en busca de registros o cuentas que pudieran haber sobrevivido. Buscamos entre los cadáveres, identificando grupos de mercenarios o viajeros. También archivamos el origen histórico del enclave, las investigaciones de gestión exterior, sus tratos comerciales con otras ciudades… Poco a poco le enseñé a Sunny cómo se hacía una crónica, y pese a que el chico no tenía mucha idea, fue de bastante ayuda. Era útil tener a alguien que levantara las piedras pesadas y abriera camino.
Al cabo de un par de horas, cerré el libro. — Bien, movámonos al distrito este. —
Y Sunny quien estaba sujetando una pesada losa para hacernos espacio, ladeó la cabeza, confuso. — ¿Estás seguro? Todavía hay zonas del distrito por las que no hemos pasado. —
—El tiempo apremia, tengo que hacer cuatro distritos en dos días. — Expliqué. — Además, la mitad de este lugar ya lo registré ayer mientras buscabas huevos. —
—¿A sí? — Sunny miró hacia atrás, no muy convencido. Sin embargo, no pareció importarle lo suficiente como para poner más pegas.
Al final terminé la crónica del distrito sur y este antes de que callera la noche. Estaba exhausto, pero por suerte, a mí y a Sunny se nos asignó la última guardia, por lo que tenía un buen margen para dormir.
Así que, cuando llegó el momento, me acerqué a la roca de Sunny y lo zarandeé. Este se levantó con dificultad, desubicado, luego me miró. — Flins… — Bostezó. — ¿Ya es nuestro turno? —
—No, pero lo será pronto. — Y antes de que pudiera replicar, añadí. —Necesito que me acompañes a un sitio. —
—¿Que? ¿Ahora?— Miró a su alrededor. — Si tienes que ir al baño, puedes hacerlo allí atrás, nadie va a mirar. —
—Quiero continuar con la crónica. — Aclaré. — Todavía hay cosas sin completar, y solo me queda un día antes de irnos. —
La expresión de Sunny se volvió seria. — Naelia lo dejó muy claro; Nadie va solo por la noche. —
—Y por eso te pido ayuda, para no ir solo. — Espeté, luego me acerqué más, lastimero. — Es zona limpia, ni siquiera hemos encontrado nuevos huevos de Banjus e incluso si los hay, estás tú ¿Qué hay que temer? —
—Eso es cierto. — Reconoció. — Pero si Naelia se entera me va a matar. Además, es nuestro turno de guardia ¿quieres que deje a mi grupo desprotegido? ¿Y si pasa algo? —
—Tranquilo, ya lo he hablado con Undere, está dispuesta a cubrirnos. — Insistí. — Solo quiero desenterrar algo, volveremos antes del amanecer. — Sunny dudó y en cuanto lo hizo añadí. — Por favor, en cuanto nos vallamos vendrá el equipo de reconstrucción, y entonces ya no habrá hueco para ninguna crónica. — Hice una pausa. — No quiero irme dejando nombres y recuerdos enterrados bajo los escombros. —
Poco a poco el rostro de Sunny se empezó a arrugar, pensando. Finalmente se llevó una mano a la cara. — Si lo dices así, parece que el malo soy yo… —
—¿Y lo eres? —
El chico suspiró, exasperado. — Hoy no. —
Al final Sunny cedió, y juntos nos adentramos entre las ruinas. Estaba oscuro, increíblemente oscuro. El único consuelo de luz era la luna y la pequeña lamparilla de mi linterna. — Oye, este es el distrito Sur. — Observó Sunny, a mi espalda. — ¿No lo habías registrado ya? —
—Ya te lo dije, hay algo que quiero desenterrar. — Expliqué, sin siquiera mirar atrás. — Lo entenderás cuando lo veas. — Sunny no añadió nada más, en parte porque ya era tarde para volver. Y en parte también, porque debajo de esa fachada amigable, era más arrogante que nadie. Nada parecía una amenaza para el sol.
Hábilmente conduje a Sunny hasta lo más profundo del distrito, una zona apartada y que apenas habíamos pisado los últimos días. Y cuando lo consideré necesario, empecé a hablar. — ¿Sabes qué, Sunny? Los últimos días he estado pasando bastante tiempo con Ruht. —
—¿En serio? — Respondió, animado. — Me alegro, es mudo así que le cuesta mucho acercarse a gente nueva, pero es muy bue- —
—Es un gran mecánico. — Proseguí. — Las armas que crea son excelentes, sobre todo sus bombas. —
—¿Eh?— Mi respuesta lo descolocó un poco. —Sí, lo es…—
—Su poder destructivo es tremendo, suficiente cómo para destruir una pequeña ciudad. — Sunny se detuvo, confuso y antes de que pudiera decir nada, saqué el detonador de mi bolsillo. — Quedan seis minutos para que vuele todo. — Advertí, incluso en la oscuridad vi cómo el rostro de Sunny palidecía varias veces. — Si quieres el código de detención, escúchame. —
—Es un farol. —
Sonriendo levanté unas piedras cercanas y de su interior desenterré un grueso disco metálico. Uno que Sunny conocía muy bien. El chico desenvainó su lanza, incluso sin unos sentidos tan agudos cómo los suyos, era fácil escuchar el tambor de sus latidos. — Yo que tú me quedaría quieto. — Rodé el disco al interior de mi capa. — Si recibe un mal golpe ¿Quién sabe cómo acabaremos? —
Sus manos temblaron, sudorosas. Sin embargo, el tiempo apremiaba, y eso era algo que Sunny entendió muy bien. Casi podía escuchar a los engranajes de su cabeza girar. Finalmente bajó la lanza. —¿Qué quieres? —
—Te lo dije ayer, llevo mucho tiempo buscando a alguien cómo tú. — Lentamente me acerqué. — Haz un pacto conmigo. — Los ojos de Sunny se movieron, mecánicos. —Dame tu poder, Banju. —

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