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Banjus

Nueva normalidad

Nueva normalidad

Dec 11, 2025


Punto de vista de Sun:

     Era una pesadilla. Tenía que serlo. Me convencí de ello, o al menos, lo intenté. Lo intenté cuando Flins me arrastró de vuelta al campamento; Cuando me hizo acompañarlo y ayudarlo durante su último día de crónica; Cuando maté Banjus en el camino de vuelta; Y lo hacía ahora mientras removía mi comida en aquella taberna.

Finalmente, Erika saltó. —¡Ya no lo aguanto más! — Me señaló con la cuchara. — ¿Qué demonios te pasa? Llevas sin abrir el hocico desde hace tres días. ¡Tres! Eso es inaudito, incluso para ti. —

Abrí la boca para contestarle, pero callé. Se me escapó un suspiro. Odiaba mi vida.

—Oye, Sunn- —

—Déjalo así, Erika. — Irrumpió Naelia. — ¿has olvidado dónde estás?—

La chica se sentó de nuevo, todas las miradas del bar estaban en nosotros. Sin embargo, no fue por el jaleo, si no por el contenido. Esta era la ciudad libre de Extor. Un pequeño anexo del capitolio. Un lugar donde el pasado nunca se mencionaba. No importaba quien fueras, de donde vinieras o los delitos que hayas cometido, si eras útil, aquí podrías ser alguien nuevo. Cómo imaginaréis, las conversaciones personales eran poco frecuentes, por no decir que mal vistas. El pasado está prohibido; Era una ley no escrita. Yo nunca pregunté por la vida de Erika, de Naelia, ni de Ruth y nadie tampoco sintió curiosidad por la mía. Era el único sitio para alguien cómo yo.

Sintiendo la atmosfera, Undere cambió de tema. – Entonces, señor Flins ¿Qué planea hacer ahora que el encargo ha terminado? — Preguntó. —¿Buscará otra crónica? Hay muchos equipos buscando Cronistas. —

Y Flins, quien había estado bebiendo alegremente de su copa, la devolvió la sonrisa. Hijo de puta; Prácticamente resplandecía desde que hicimos el pacto. Ya lo he dicho una vez, pero, odio mi vida casi tanto como odio a Flins. Y mientras yo me hundía en aquellos oscuros pensamientos, mi contratista posó sus ojos en mí. —No lo sé, creo que me quedaré un tiempo por el capitolio. —

Eso no tenía nada que ver conmigo. Me lo repetí una y otra vez mientras fijaba la atención en mi comida e ignoraba la persistente, y nada disimulada, mirada de Flins.

 



            Al cabo de un largo e incómodo rato finalmente salimos de la taberna. El aire del capitolio nos recibió con entusiasmo. Sus calles, aunque bulliciosas, eran relativamente estrechas para un enclave tan importante. Eso se debía a que la ciudad libre de Extor no era un sitio normal. Sino un anexo. Un constructo aislado en el que el capitolio rara vez se inmiscuía. De vez en cuando mandaban un encargo u dos para algún grupo de mercenarios destacado, como el nuestro, por ejemplo, pero ya. Esa dejadez podía verse en la precariedad de los edificios, en la suciedad de las calles y en la multitud de mercenarios que las abarrotaban. Prácticamente no había población civil. Los dueños de los bares, de las posadas y las boticas eran mercenarios lisiados o exconvictos que no podían salir de la ciudad. Mientras que las herrerías, armerías y tiendas de especialidad eran comerciantes pasajeros o visionarios del capitolio que vieron futuro en nuestra pequeña ciudad. Tal vez los niños que corrían entre la bruma de los callejones eran los únicos libres de algún pasado, principalmente, porque no tuvieron tiempo de escribirlo.

Así, cuando salimos del bar, nos despedimos de los chicos y me fui a casa. Quería relajarme, dormir la noche del tirón y atiborrarme con sangre vieja de Banju en la mañana. Quería alejarme de Flins.

Así que ¿Por qué estaba aquel tipo en mi casa?

—Que asco. — Dijo al ver el lugar.

—¡Si no te gusta lárgate! —

Mi alojamiento era un pequeño apartamento cerca de la entrada al capitolio. Era estrecho y viejo, pero funcional. Tenía una cama, una nevera y un baño que, por cierto, jamás había usado. ¿Para qué más? ¿Y que, si el suelo estaba sucio, o si había telarañas? Solo lo usaba para dormir, y a veces ni eso.

—Que desconsiderado. —Bufó fisgoneando la estancia. — ¿Vas a dejar a tu pobre amo tirado en la calle? —

—Contratista. — Corregí — Y acabas de cobrar seiscientas langras, no estás en la calle.—

—Con seiscientos no me da ni para alquilar un par de noches en un sitio decente, soy escrupuloso ¿sabes? —

Miré a mi alrededor. — ¿Entonces que haces aquí?—

—La calidad precio es buena, porque es gratis. — Espeto. — Además tengo servicio. Si lo has entendido, prepara esto para mí, tenemos muchas cosas de las que hablar. —

Me lleve una mano a rostro, exasperado. — Escucha, no puedes quedarte aquí. Sí él se entera de …— No pude terminar la frase.  De repente Flins se puso rígido, se levantó de la cama de un salto. Alguien estaba frente a la puerta.  — Mierda… —

 


Punto de vista de Erika:

            Normalmente la vuelta a casa era el mejor día de todos. Cobrábamos, cenábamos generosamente y luego solo quedaba pasar la resaca hasta el próximo día de trabajo. Sin embargo, hoy no, hoy no salimos del bar cantando, no alargamos la cena ni tuvo que llevarme Naelia en hombros a casa. Sencillamente nos fuimos.

—¿Sigues preocupada?— Preguntó esta cuando llegamos a la puerta.

—Es ese tipo, el cronista, me da mala espina. — Reconocí mientras seguía a Naelia al interior. — Desde que apareció no ha parado de dar problemas ¿Y si le ha hecho algo a Sunny? —

La chica alzó una ceja. — Te recuerdo que Sunny puede matar grados ocho por su cuenta, como no le haya atacado con jabón veo complicada una agresión. —

—Hay otros tipos de violencia.  — Mientras hablaba dejé la bolsa sobre la mesa. — Undere me dijo que Flins estaba colado por él.—

Se congeló. —¿En serio? —

Asentí, luego abrí cierta puerta, lo que reveló detrás fue una larga y oscura escalera. Ambas empezamos a bajar. —¿Lo entiendes ahora? Ese loco detrás de Sunny. ¡Si se pone a temblar hasta cuando Ruth le abraza! Imagínate cómo reaccionará si alguien lo presiona. —

—No me digas… — Finalmente la comprensión llegó a sus ojos. — ¿Crees que lo ha forzado? —

—¡Eh! Yo no he dicho eso, Sunny no es tan tonto. — Cuando llegamos abajo encendí la luz. Rebelando una larga fila de lonetas de plástico. —Pero es sensible. Estoy segura de que ha tenido que pasar algo. —

—Entiendo. — Dijo. —Mañana interrogaré a Flins, y si le ha tocado un pelo, le cortaremos el “amigo”—

—Oh… Me gusta cómo suena eso. — Riendo abrí paso entre las lonas. — Las damas primero.—

Con un bufido Naelia entró al pequeño laboratorio y empezó a desvestirse junto a la camilla. Por mi parte me adelanté hasta el panel de al lado y preparé las agujas. El sitio se iluminó revelando un tanque de líquido azul bajo la recostada Naelia. —¿Cómo te encuentras? —

—Cómo siempre. —Se lo pensó mejor. —Siento algo de presión en el pecho, tal vez esté cansada. —

 —Ha sido casi una semana desde la última vez. Lo siento, tendriá que haber llevado al menos una dosis, por si acaso. —

—Fui yo quien te insistió en dejarla ¿recuerdas?—

—Ya, pero…—

—Sin peros. Puedo aguantar mucho más y lo sabes. — Hizo un puchero. — No soy tan delicada. —

Reprimí un suspiro. —Tienes razón. — Luego me giré y acerqué la jeringuilla a su brazo.

—Erika. —

—¿Si?—

—¿Te importa si duermo un rato? —

Sonreí, me costó. — Puedes hacer lo que quieras. —

Así Naelia se durmió. Su corto cabello negro caía pesadamente sobre la plancha de acero, este brillaba frente a la luz de los tubos que conectaban sus brazos, dándole un toque espectral, cómo un fantasma. Su piel era pálida, sus brazos delgados y su cuello caía con tanta delicadeza que casi parecía que pudiese partir en cualquier momento. La contemplé un rato, limpiando las pequeñas gotas de sudor que bajaban por su sien. Al final acabé sentándome y dejé caer mi cabeza junto a su pecho. Aun latía. Y para mi eso era más importante que nada.



 

Punto de vista de Sunny:

Se acabó. Estaba frente a la puerta. Mi atención saltaba de Flins a la persona que llamaba. —¿Sunny?— Antes de poder contestar ya había entrado.

Se trataba de un hombre alto, más que yo incluso. Aparentaba unos treinta, pero solo por la forma en la que se movía sabías que tenía más. Su pelo era de un miel anaranjado, este caía hasta casi sus hombros, proporcionándole una dejadez natural a la par que elegante. Era curioso ver aquel color enmarcando un rostro tan fino. Sus ojos, fríos y almendrados brillaban con una peculiar lavanda. Era poco común, más aún que su ropa. Esta era cara y de buena calidad. Estaba hecha para lucir no para combatir, algo raro de ver incluso en lugares cómo el capitolio. Sin embargo, lo más llamativo no era su apariencia, si no la presencia. A mi espalda Flins apena se mantenía en pie. —¿Por qué no saliste a recibirme? ¿Te pillé durmiendo? — Dijo

—Arka…— Rápidamente me acerqué a él, pero antes de poder decir nada más, sus ojos viajaron al muchacho del fondo. La voz de Arka se volvió fría. — ¿Quién es? —

Respiré hondo, me serené en un instante. — Este es Flins el cronista de nuestro grupo, necesitaba un lugar para pasar la noche así que le ofrecí quedarse. —

Arka inclinó la cabeza. —¿Se lo ofreciste? ¿Tu? —

—Sun. — Añadió Flins, su tono parecía alegre, casi pícaro. —Si tenías planes, podías haberlo dicho, no estoy tan desesperado. —

—¿Seguro? — Respondí, siguiendo la corriente.

—Le pediré a Undere que me haga un hueco en el sofá. Seguro que no le importa. — Hábilmente el cornista se escurrió hasta la puerta. Fue increíble, se paró derecho al lado de Arka. — Disculpa la molestia, de haber sabido que tenía compañía me habría negado. En fin… Nos vemos mañana, Sun. — Y dicho eso se despidió y se fue.

La puerta se cerró y solo quedamos Arka y yo. —¿Y bien? — Empezó, mandando escalofríos por mi columna. —¿Cómo es que te olvidaste de que día es hoy?—

—¡N-No me olvidé! —

Se llevó una mano al pecho, afligido. —No pasa nada, si tienes tan pocas ganas de verme puedo irme. —

—Yo no he dicho…Ahg…—Conteniendo un bufido lo abracé. —Bienvenido. —

El hombre sonrió. — Eso es lo que quería escuchar. —

 


 

Arká se sentó en una silla cerca de la ventana y yo sobre él a horcajadas. Así clavé los dientes en su cuello y empecé a beber. La sangre corrió por mi garganta cómo un manantial y las pequeñas gotas carmesí pintaron los bordes de su camisa. Mientras tanto el hombre acarició mi espalda, como si fuera una madre amamantando a su hijo. Me deshizo la trenza y apartó el pelo. Sus dedos acariciaron el sello. Luego bajaron, por mi nuca, mi espalda, mi cintura, se detuvieron ahí. Permanecimos así un rato y cuando lo vi oportuno separé mi boca de su cuello. Sin embargo, Arka la empujó de nuevo.

—Continua. — Ordenó. — Toma toda cuanto puedas. — Aquello me desconcertó, pero obedecí y seguí bebiendo. Y, notando mi inquietud, el hombre se explicó. — Tengo un trabajo que hacer en el norte, parece serio, así que no sé cuándo volveré. Hasta entonces no salgas de la ciudad. — Me detuve en seco y levanté la cabeza. Arka sonrió. — ¿Qué pasa, a que viene esa cara? —

— Me prometiste que las cosas iban a cambiar. —

Inclinó la cabeza, confuso. — Y lo he cumplido, ¿acaso no estás contento viviendo aquí? —

—Pues claro que lo estoy. El mundo humano es divertido, la caza es buena y su comida también. —Afiancé mi abrazo. — Además, ahora nos vemos mucho más. —

—¿Entonces? ¿Cuál es el problema? —

—No me gusta que desaparezcas. —

Frente a aquello el hombre río. — Sunny, solo es una salida un poco más larga de lo habitual, volveré en seguida. —

—¿Y la parte de encerrarme en la ciudad? ¿A qué viene eso? —

—Es por precaución. — Contestó, y cómo eso no me contentó, añadió. —Algo feo marcha del norte. Todavía no sabemos muy bien que es, pero viene hacía el capitolio. —Empezó a acariciarme el cabello.— Solo por si acaso, quédate aquí, necesito tenerte localizado. —

—Pero yo…— No pude acabar la queja pues Arka tiró de mi pelo y me dobló el cuello.

—O también puedo llevarte de vuelta al pantano. — Susurró, todo rastro de amabilidad había desaparecido. Y el recuerdo se superpuso a cualquier otro pensamiento. Cerré la boca, pero la mano que tiraba solo se hizo más fuerte. —¿Qué prefieres? —

—L-La ciudad. — Balbuceé. —me quedaré aquí. — Finalmente me soltó, pero solo para asegurarme lo volví a abrazar. — No iré a ningún sitio, lo prometo. Así que, por favor, Arka… —

Levanté la mirada y aunque no se que tipo de expresión tenía pareció calmar su humor. Empezó a acariciar mi cabeza otra vez. — Si lo entiendes está bien. — Dijo y la paz en su voz me trajo de vuelta a la vida. — Pero tienes razón, te he dejado muy solo últimamente. — Sentí sus manos debajo de mi camiseta, así que me separé un poco. Arka se inclinó sobre mí. — Te compensaré antes de irme. —

Entonces me mordió.

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