🌌Capítulo 3 – “El secreto entre las costillas”
En la nave de Shin, rumbo al Planeta de la Luz
Shin estaba de pie en la cabina de mando, observando el flujo de datos lumínicos que recorrían las paredes. De repente, una onda de disonancia cruzó la red de conciencia colectiva de la guarnición lunar.
Uno de los soldados a su cargo —un veterano de la 7ª Formación Alada— había dejado de existir. No caído en combate.
Extinguido. Y no en la Tierra, sino en el Módulo de Alta Seguridad… donde solo había una prisionera.
Los cristales de Shin se encendieron con una luz fría y aguda. ¿Gemma?, pensó. Pero no solo ella… era la firma del Vacío la que había hecho el daño, perforando la defensa lumínica como un ácido.
—Cambio de curso —ordenó sin levantar la voz—. Regresamos a la Luna. Ahora.
El piloto, sin cuestionar, comenzó el giro. Shin no miró hacia atrás. Solo apretó el puño y sintió, por primera vez en siglos, algo parecido a urgencia.
– En los corredores secundarios del Módulo Lunar
Kael sintió la muerte como un grito silencioso en su pecho. No el sonido, sino la ausencia repentina de una frecuencia familiar en la red. El soldado era de su mismo eslabón. Lo había visto horas antes, imperturbable ante la celda de Gemma.
No… No puede ser…
El instinto le dijo que corriera, que alertara a alguien… pero las palabras de Shin resonaron dentro de él: “No le informarás a nadie.”
Pero esto era diferente. Esto era una muerte.
O… quizás no. Quizás Shin ya lo sabía. Quizás todo era parte de algo más grande, y él, Kael, solo era un peón que no debía mover ficha.
El miedo lo paralizó. Luego, lo hizo moverse… pero no hacia el puesto de guardia, sino hacia abajo, hacia los niveles inferiores, los que no aparecían en los mapas oficiales. Los que solo conocían los nacidos en la Luna.
Llegó a una puerta sellada con runas de luz desvanecida. Puso su mano sobre ella, y la puerta se abrió con un suspiro de energía gastada.
La sala secreta
Era un espacio pequeño, iluminado por un único cristal amortiguado en el techo. Había rollos de datos antiguos, herramientas de afinación lumínica y, en una esquina, una pequeña plataforma cubierta con un tejido suave hecho de luz solidificada en estado flexible.
Ahí estaba Elio.
Alto, de hombros anchos, con cristales de color ámbar en lugar de los azules de Kael. Sus alas, aunque plegadas, se veían más grandes, más definidas, como hechas para el vuelo largo. Era de los pocos Seres de Luz asignados a mantenimiento de los generadores de gravedad, un trabajo que le daba libertad de movimiento… y de secretos.
Al ver a Kael temblar en el umbral, Elio se levantó de inmediato.
—Kael? ¿Qué pasó? —su voz era más grave, serena.
Kael no pudo contenerlo. Se derrumbó contra el pecho de Elio, y todo salió: el miedo a Gemma, la amenaza de Shin, la muerte que acababa de sentir, la impotencia, el “sí, papá” que aún le quemaba los labios.
—No quiero volver ahí —lloriqueaba Kael, su cristal parpadeando en ritmo agitado—. No quiero obedecerle más. Tengo miedo, Elio. Miedo de lo que ella es… y miedo de lo que él hará.
Elio no dijo nada. Lo envolvió con sus alas, creando un espacio íntimo y silencioso. Luego, con suavidad, le dio un beso en la frente, justo entre el borde superior de su cristal y la línea del cabello lumínico. Un gesto que en su cultura no era romántico, sino de reafirmación, de anclaje emocional.
Pasaron tres segundos. El tiempo justo para que la frecuencia de Kael se calmara un poco.
Entonces Elio apartó suavemente a Kael, mirándolo fijamente.—Kael… espera. Tu padre… y mi suegro… es el comandante Shin. Si él descubre esto… —hizo un gesto amplio, refiriéndose a ellos, a este lugar—, no solo nos desintegrará a los dos. Borrará todo rastro de que existimos.
Kael lo miró, el pánico asentándose de nuevo, pero ahora mezclado con otra cosa: determinación.—Entonces no puede descubrirlo.—¿Y la humana?—La humana… —Kael miró hacia la puerta, como si pudiera ver a Gemma a través de las paredes—… puede que sea la única que pueda enfrentarse a él.
Elio frunció el entrecejo, pero no discutió. Tomó la mano de Kael y la apretó.—Estoy contigo. Siempre. Pero necesitamos un plan. Y necesitamos saber qué es realmente esa chica.
FIN DEL Capítulo 3
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