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rescribiendo lazos de sangre

capitulo 18 un avance corto pero avance

capitulo 18 un avance corto pero avance

Jan 07, 2026


kaius no penso en las concecuencias de la magia de proteccion de alto nivel ya que nunca lo habia intentado mas alla de las piedras 

No lo midió.

No lo calculó.

Simplemente… cayó.

Cuando abrió los ojos, el cielo afuera aún estaba oscuro. Tardó unos segundos en entender dónde estaba, y otros más en notar el silencio extraño de la mansión. No había pasos. No había voces. No había nada.

Tomó su celular.

Lunes. 5:03 a.m.

Se incorporó de golpe.

—¿…qué demonios?

Nunca había dormido tanto. Un día completo. Veinticuatro horas enteras borradas de su conciencia. El pensamiento le atravesó el pecho con un filo incómodo.

Por favor… por favor que Nicolas haya estado tan ocupado con Ivana como para no notar mi existencia.

Se levantó rápido y fue directo a la ducha. El agua fría le ayudó a despejar la cabeza, aunque no tardó mucho ahí. Al vestirse, mientras ajustaba la camisa, la sensación llegó.

La recordó.

La pastilla.

El dolor respondió antes de que pudiera terminar el pensamiento. Un pinchazo brutal en el pecho, idéntico a los primeros días, cuando aún no estaba medicado. Kaius se dobló apenas, respirando con dificultad.

—Mierda… —murmuró.

Tomó la cantimplora y abrió el frasco con manos torpes. Metió una pastilla en su boca y bebió. Pasaron unos minutos eternos antes de que el dolor comenzara a ceder, como una marea que retrocede a regañadientes.

Cuando por fin pudo enderezarse, se quedó quieto un segundo, respirando.

No se me puede volver a olvidar.

Salió de su habitación en silencio. Bajó las escaleras con cuidado, más por costumbre que por necesidad. Tenía hambre. Hambre humana.

★ ★ ★

Entró a la cocina y, sin saber por qué, el recuerdo llegó solo.

México.

Su mamá haciendo chilaquiles.

Su papá cocinando frijoles con chorizo.

De esos que te llenaban con tres cucharadas… pero aun así seguías comiendo.

Sonrió apenas.

—Eso —dijo para sí—. Eso quiero.

Pidió a Rouge frijoles, chorizo y bolillos. Mientras tanto, comenzó a picar cebolla y jitomate, puso el agua a hervir, añadió especias. Sus manos se movían solas, siguiendo una memoria que no había usado en más de un año.

Y fue ahí.

En medio del vapor y el olor familiar.

Cuando se dio cuenta.

No había pensado en ellos.

No una sola vez.

Durante un año entero.

No en los padres que lo abandonaron en esta vida.

Sino en los otros.

En los que sí lo amaron.

Sintió la garganta cerrarse.

Sus padres no eran perfectos. Se separaron. Tuvieron problemas. Pero nunca se odiaron. Nunca la culparon. Siempre la abrazaron. Siempre la hicieron sentir suficiente.

Recordó a su papá y a su hermana escogiendo helados. A ella caminando detrás, incómoda, con los audífonos puestos porque las multitudes la abrumaban… pero feliz. Cansada, sí. Pero feliz.

Recordó los abrazos.

Los besos en la frente.

Esa sensación de ser especial sin tener que demostrar nada.

Las lágrimas cayeron sin permiso.

—Soy… una pésima hija —susurró.

¿Cómo pudo vivir un año sin recordarlos? ¿Cómo pudo olvidarlos hasta ahora? Pensó en ese último abrazo, en esas últimas palabras. Los amo. Y luego… nada. La encontraron sin vida en su cama. Sin heridas. Sin explicación.

El dolor se volvió más profundo.

Nunca estaría ahí cuando su hermana entrara a la universidad de derecho.

Nunca la ayudaría a elegir su vestido de novia.

Nunca le diría que era la novia más hermosa del mundo.

Nunca sería la tía que cargara a sus hijos.

Nunca.

Los ingredientes aparecieron en la encimera, pero Kaius no los vio. Lloró en silencio, pidiendo que sus padres no sufrieran más, que avanzaran, que vivieran. Que su hermana tuviera la vida que ella no pudo.

★ ★ ★

Fue entonces cuando escuchó un ruido.

Kaius se giró apenas un segundo… y lo vio.

Nicolas estaba en la entrada de la cocina.

Kaius reaccionó de inmediato, girando el rostro y abriendo la llave para mojarse la cara, fingiendo normalidad. Notó entonces que todo estaba listo para cocinar.

—Nico —dijo, con voz más firme de lo que se sentía—. ¿Vas a entrar o planeas quedarte ahí hasta que se te duerman las piernas? Ven, siéntate. Estoy haciendo desayuno. Y no, no acepto quejas.

Nicolas entró con cautela y se sentó en la barra.

—Huele bien —admitió.

—Eso dicen antes de arrepentirse.

★ ★ ★

Kaius terminó de cocinar y sirvió dos platos.

Frijoles con chorizo. Bolillos recién calentados. El olor llenaba la cocina como un abrazo.

Nicolas lo observaba en silencio mientras Kaius se movía por la cocina.

Había algo diferente en él esta mañana. Algo más suave. Más… humano.

¿Siempre fue así?, se preguntó Nicolas. ¿O nunca me tomé el tiempo de verlo?

Apartó el pensamiento. Era incómodo. No sabía por qué.

Nicolas probó un bocado.

Luego otro.

—Ok —admitió—. No me arrepiento.

Kaius alzó una ceja.

—Correcto. Punto para mí.

Comieron unos minutos en silencio. El único sonido era el de los cubiertos contra los platos y el crepitar de la estufa apagándose.

Nicolas fue el primero en hablar.

—No saliste ayer.

—Dormí.

—Todo el día.

Kaius asintió sin mirarlo.

—Eso no es normal —dijo Nicolas en voz baja—. Somos vampiros.

Kaius evitó su mirada.

—Lo sé.

—¿Te duele algo?

—No.

La mentira salió fácil. Demasiado fácil.

—Si algo te pasa… dime —insistió Nicolas—. No es normal verte así.

Kaius lo miró, sorprendido por la firmeza en su voz. Por la genuina preocupación.

¿Desde cuándo te importo tanto, hermanito?

—Estoy bien —dijo finalmente—. Solo… necesito acostumbrarme a algunas cosas.

Nicolas no pareció convencido, pero asintió.

Siguieron comiendo.

—Gracias por cocinar —dijo Nicolas después de un rato—. Me gusta cuando haces cosas… humanas.

Kaius soltó una risa baja.

—Qué alivio. Pensé que dirías "raras".

—También —sonrió Nicolas—. Pero bien raras.

Kaius le lanzó una servilleta.

Nicolas la esquivó, riendo.

Y por un segundo — solo un segundo — se sintieron como hermanos de verdad.

★ ★ ★

Después de desayunar, Kaius recogió los platos. Un gesto pequeño. Humano.

—Te llevo a la escuela —dijo.

Nicolas lo miró.

—No es necesario.

—Sí lo es —insistió Kaius—. Vamos.

Nicolas aceptó a regañadientes.

En el coche, el silencio no fue incómodo.

Era… cómodo.

Kaius sentía algo parecido a ser el hermano mayor que siempre quiso ser. Nicolas, algo parecido a haberlo recuperado.

★ ★ ★

Al llegar a la escuela, Kaius bajó con él.

Las miradas no tardaron. Extrañeza. Deseo.

Ya estaba acostumbrado.

Rouge se encontraba cerca, oculto a plena vista.

Kaius observó a los estudiantes llegar. El grupo de chicas también estaba ahí, acercándose como buitres hacia carroña fresca.

Pero antes de que llegaran, alguien lo agarró por detrás.

De hecho, eran dos pares de brazos.

—¡Kaius! ¡Hola, amigo! ¿Cómo estás?

—¡No pensamos que te encontraríamos aquí!

Kaius sonrió genuinamente.

—Micha, Marcos. Hola. —Se giró para verlos—. Sí, tampoco esperaba verlos. Solo estoy aquí dejando a mi hermanito en la escuela. ¿Están aquí para saludar a Ethan?

Ambos rieron.

—Oh, no. De hecho, nuestra hermanita tenía cosas que hacer. Papeleo y todo eso. Así que nos ofrecimos a llevar a Ethan a la escuela.

Marcos le guiñó un ojo.

—¿Por qué no vamos por un café después?

Kaius ya había cambiado de opinión sobre muchas cosas. Tal vez no sería un héroe. Pero no quería estar solo. Y todo su ser quería… tal vez… tener un amigo. O dos.

—Claro —respondió—. ¿Dónde está ese niño?

Vio a Ethan a lo lejos, conversando con Emmet. Lo saludó desde donde estaba.

La sirena de inicio de clases sonó.

★ ★ ★

Antes de que Nicolas entrara, Kaius sacó algo de su abrigo.

—Toma —dijo, entregándole una botella de cristal—. Jugo de arándano. Sé que te gusta. Y como no comes mucho, al menos esto te dará energía extra.

La botella era… demasiado llamativa.

Nicolas la tomó con cuidado, sorprendido por el brillo extraño del cristal. La giró entre sus dedos, observando cómo la luz se refractaba de maneras imposibles.

—Es… bonita —admitió—. ¿De dónde la sacaste?

Kaius se encogió de hombros con falsa modestia.

—La hice yo.

Nicolas levantó una ceja.

—¿Tú?

—Tengo una joyería —explicó Kaius—. Un negocio humano. Nada del otro mundo. Pero últimamente he estado desarrollando productos nuevos.

—¿Una joyería? —Nicolas parpadeó—. ¿Desde cuándo tienes una joyería?

—Desde hace un año, más o menos. —Kaius señaló la botella—. Esas son parte de una línea nueva. Botellas de cristal artesanal. Son regalos para los clientes que compran ciertas piezas.

Nicolas observó la botella con nuevos ojos.

—Es impresionante —dijo—. El trabajo es muy fino. Casi parece… mágico.

Si supieras, pensó Kaius.

—Gracias —respondió en voz alta—. Me tomó tiempo perfeccionar la técnica.

Nicolas sonrió ligeramente.

—¿Sabes? Deberías abrir una sucursal aquí. En el pueblo.

Kaius soltó una risa.

—¿Aquí? ¿En Crimsonwood? ¿Donde todos se conocen y los chismes vuelan más rápido que los murciélagos?

—Exacto —dijo Nicolas—. Imagina los titulares: "El hijo pródigo de los Lindverg abre negocio local. Las señoras del pueblo hacen fila para comprar".

—"Kaius Lindverg vende joyas y arruina matrimonios" —añadió Kaius con tono dramático—. "Las esposas gastan la herencia. Los maridos lloran".

Nicolas se rio. Una risa real. De esas que Kaius no había escuchado en décadas.

—Deberías considerarlo —insistió Nicolas, todavía sonriendo—. En serio. Tienes talento.

Kaius lo miró por un segundo.

¿Eso fue un cumplido genuino?

—Lo pensaré —dijo finalmente—. Ahora entra a clases antes de que llegues tarde.

Nicolas volvió a oler la botella. Para él, era sangre animal. Nada más.

—Gracias por esto —dijo—. Y por el desayuno. Y por traerme.

—No te acostumbres —respondió Kaius, aunque su tono decía lo contrario.

Nicolas sonrió una última vez y entró a la escuela.

★ ★ ★

Andrea lo había visto todo.

No solo el objeto.

El brillo contenido.

La magia sellada.

La ausencia de huella reconocible.

Eso no es normal era magia que jamas habia visto y ella la deseaba .

Se acercó con decisión.

—Kaius —saludó—. Hola, ¿cómo has estado?

—Andrea.

kaius estrecho su mano Cuando sus manos se tocaron, ella entró en su mente.

ahi kaius lo entendio habia sentido la magia en la botella.

Kaius la sintió inmediatamente. Una intrusión torpe, codiciosa. Buscando la receta y su magia 

Maldita perra pero tal vez sea una buena oportunidad.

La expulsó con una precisión cruel. La llevó a recuerdos que eran suyos la historia de la serie — la muerte de la Andrea ficticia, su madre muriendo en una masacre, su magia siendo arrancada de su cuerpo fibra por fibra.

No la tocó físicamente.

Pero la destruyó por dentro.

Andrea gritó.

Cayó de rodillas, temblando. Sus ojos estaban abiertos pero no veían nada. Solo muerte. Solo fuego. Solo el vacío donde su magia solía estar.

Cuando volvió en sí, lo supo.

Kaius Lindverg era peligroso.

Él soltó su mano sin decir nada.

Y se fue con los gemelos.

★ ★ ★

En su interior, Kaius sonrió.

Primera venganza completa.

 bueno ella sabe si se sigue metiendo conmigo o lo deja asi .

Era cruel. Lo sabía.

Pero esta vez, la crueldad fue SU elección.

Y eso hacía toda la diferencia.

★ ★ ★

Con los gemelos, el café supo a victoria.

Se sentaron en la cafetería frente a la escuela. El lugar olía a café recién hecho y pan dulce. Kaius pidió un americano; los gemelos, lattes.

Mientras esperaban, Kaius preguntó lo que había estado pensando desde que llegaron.

—Me alegra mucho que estén aquí. —Hizo una pausa—. Pero tengo una pregunta, si no es por ofender. ¿Dónde está Margaret? Creí que vendría a dejar a su hijo. Siempre lo hace.

Los gemelos intercambiaron una mirada.

Como diciendo: ¿En serio no lo sabes?

Michael sacó un periódico y se lo pasó.

—Lee.

El encabezado lo golpeó:

LA MÁS FAMOSA PAREJA DEL PUEBLO EN DISPUTA LEGAL

Alegan violencia intrafamiliar — Proceso de divorcio iniciado

Kaius leyó rápidamente.

—El proceso completo tomará unos seis meses —explicó Marcos—. Así funcionan estos casos. Pero esta mañana hubo una audiencia de emergencia.

—¿Y qué pasó?

—Margaret ganó la custodia temporal de Ethan —dijo Michael con una sonrisa—. Harold tiene prohibido acercarse a menos de cincuenta metros de ella o del niño mientras dure el proceso.

—Pero eso no es todo —añadió Marcos, señalando otra parte del periódico—. Sigue leyendo.

Kaius bajó la mirada.

EMPRESAS GRAYWOOD VUELVEN A MANOS DE SU HEREDERA LEGÍTIMA

El artículo detallaba cómo Margaret había recuperado el control de los negocios familiares. Harold nunca tuvo documentos legales que lo incluyeran como propietario. Todo había sido su palabra. Manipulación. Mentiras.

Pero sin papeles firmados, no tenía ningún derecho.

—Los abogados de nuestra familia revisaron todo —dijo Michael—. Harold no tenía nada. Ni un solo documento.

—El muy imbécil se confió demasiado —añadió Marcos—. Pensó que ella nunca se atrevería a dejarlo.

Kaius sintió un orgullo inmenso.

Esa es mi chica.

—¿Y el divorcio?

—Eso sí tomará tiempo —admitió Michael—. Seis meses mínimo. Pero mientras tanto, Harold perdió el acceso a Ethan, a las empresas, y a la casa familiar. del solo tiene la casa de sus padres .

—Y si las pruebas de abuso se sostienen en el juicio final… —Marcos hizo una pausa dramática— podría terminar en prisión.

★ ★ ★

Kaius siguió ojeando el periódico.

Y encontró otro encabezado:

LAS HIJAS DEL PUEBLO MANCHANDO EL LINAJE

La foto mostraba a tres chicas que conocía muy bien y lo que dijeron ese dia estaba citado eso fue cosa de margaret de seguro.

Andrea. Ivana. Rebeka.

Interesante.

 Pero le convenía siempre y cuando no se filtrara su historia.

Recordaba cómo en la historia original, esas tres se habían burlado de Margaret durante años. La veían como patética. Trataban a Harold como "un buen hombre".

Qué irónico.

Ahora el pueblo las está juzgando a ellas.

Kaius sonrió.

—Bien por ella —murmuró, tomando su café—. Como buena mexicana… esto se celebra así.

Pan dulce. Café caliente.

Una pequeña victoria.

★ ★ ★

El camino sería largo para Margaret. Seis meses de juicios, de pruebas, de abogados. Pero ya no estaba sola. Sus hermanos estaban con ella. Tenía el control de sus negocios. Tenía a su hijo.

Y Harold…

Harold solo tenía su orgullo herido.

Y su membresía en cierto culto con capuchas negras.

Pero eso era un problema para otro día.

Por ahora, Kaius disfrutó el momento.

El café caliente.

Los nuevos amigos.

La venganza silenciosa contra Andrea.

Las grietas que empezaban a formarse en el grupo de chicas.

Y por primera vez en mucho tiempo…

…no se sintió completamente solo.

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