El bar tenía un ambiente cálido y acogedor. Al fondo se encontraba la barra, y el resto del lugar estaba bien distribuido con mesas iluminadas por luces tenues. Nosotros ocupamos una mesa casi al final, cerca de la barra.
—Te has vuelto cercano a Ian, ¿eh? —comentó Matthew mientras nos reuníamos con el resto del grupo.
—Es un cliente frecuente en la cafetería —respondí con tranquilidad.
—Oigan, chicos —añadió Matthew dando unas palmaditas—, invitamos a otro amigo. Fue a estacionar su coche, así que hagan espacio.
Minutos después, la silueta de Ian apareció en la entrada. Se había quitado la chaqueta; ahora solo llevaba la camisa y la corbata roja, con el saco colgando de una mano. Aun con el cabello ligeramente despeinado, destacaba demasiado. Varias miradas se dirigieron hacia él sin disimulo.
Matthew levantó la mano para llamarlo.
—Buenas noches, un gusto. Soy Ian —saludó de manera general antes de sentarse a mi lado.
Pedimos un paquete de alitas para compartir y varias cervezas. La noche avanzó entre risas y anécdotas.
—Andru, ¿recuerdas aquella vez que una chica de Economía se te confesó? —dijo alguien entre carcajadas—. Todos estábamos escuchando a escondidas. Te pusiste tan nervioso que saliste corriendo.
Las risas estallaron al mismo tiempo. Yo sentí que me ardían las mejillas. Al girar el rostro, me encontré con la mirada de Ian. Parecía… fascinado. Como si estuviera observando algo delicado, casi adorable.
Una chica se acercó entonces a nuestra mesa.
—Ho-hola… Mis amigas y yo estamos sentadas allá —señaló—. ¿Les gustaría unirse?
Yo estaba a punto de responder cuando Félix se adelantó.
—¡Claro que sí!
Unimos las mesas para acomodarnos todos. Extrañamente, Ian no se separó de mi lado en ningún momento. Las chicas eran amables y, poco a poco, comenzaron a hacerle preguntas más personales a Ian, intentando acercarse a él.
—Ian… ¿tú también estudias? ¿En qué facultad estás? —preguntó una de ellas con voz dulce y mirada coqueta.
—No. Trabajo —respondió él con cortesía, pero sin interés. De inmediato giró hacia mí—. Andru, ¿estás bien? Te ves algo rojo. Creo que has bebido de más.
—Oh… sí —respondí, sintiéndome un poco mareado.
—Vaya, olvidé que Andru tiene poco aguante para el alcohol —comentó Matthew mientras me acercaba un vaso de agua.
—No… hoy vamos a beber —murmuré, apartando el vaso.
Todo comenzó a darme vueltas. Las voces se mezclaron, las luces se volvieron borrosas… y poco a poco, todo se oscureció.
Sentí algo cálido rodeándome.
Como si un enorme oso me envolviera con cuidado, sin hacerme daño.
Qué es esto… está tan cálido… se siente bien.
Intenté moverme, pero cuando traté de zafarme, el agarre se hizo más firme.
¿Qué…?
—Mmh… —escuché un murmullo ininteligible.
Abrí los ojos y lo primero que vi fue un pecho amplio, firme. Brazos fuertes me sostenían con seguridad mientras mi rostro quedaba hundido contra él.
Me sobresalté y caí de la cama.
—¿Qué…? ¿Dónde estoy? —murmuré, desorientado—. ¿Quién es…?
Recuerdos borrosos comenzaron a surgir.
Ian tomándome del hombro.
Su voz tranquila.
—Yo lo llevaré a casa. No se preocupen. Vayan con cuidado.
—¿Estás seguro? Yo puedo llevarlo conmigo —decía Matthew.
—No te preocupes. Yo vine en coche. Es más fácil así.
Oscuridad otra vez.
Luces moviéndose.
Música suave de fondo.
—Andru… despierta. Si no me dices dónde vives, tendré que llevarte conmigo —decía Ian mientras acariciaba mi cabello.
—Ajá… —respondí, incapaz de articular palabras.
—Bien… sigue durmiendo.
Después de eso… nada.
Solo silencio.
¿Qué pasó…?

Comments (1)
See all