Él se encontraba fijo en la nieve, no temblaba de frío y parecía que no respiraba, así como mantenía su mano puesta para que el portal no fallará en ningún momento; sin embargo al cautivarse y verme a los ojos, él parecía algo distraído así que sin querer; el se sonrojo y por accidente el portal se cerró, haciendo que cayera de golpe sobre la nieve.
Al caer, mi cuerpo empezó a enfriarse por la nieve y el portal a mi espalda se cerró, haciendo que apareciera ahora a los pies de ese sujeto. No sabía su nombre, tampoco si en realidad era la persona que mire en ese sueño, sin embargo... Tenía las mismas características de siempre. Intenté levantarme, sin embargo antes de poder poner una mano apoyada al suelo, pude sentir como ese hombre me cubría con su capa... Era extraño... ¿Qué intenciones tiene?
Sin siquiera preocuparse por si estaba herida, me cubrió con su capa con tanta delicadeza y con una caricia tan suave que me hizo sentir protegida. Después de hacerlo, posó su mano bajo mi mentón y levantó mi rostro para que lo mirara a los ojos. Se quedó un momento observando, y pude notar cómo mis ojos lo embelesaban. Tras un instante de silencio, habló con un tono de voz calmado que me hizo estremecer.
— ¿Estás bien? — mencionó el hombre, mientras seguía fijando su mirada en mis ojos.
Mis mejillas temblaron, así como mi cuerpo al sentir aquellas caricias en mi piel, él tenía una mano tan fría y sin pulso que se me congelaba el alma entera, al estar temblando; pareciera que él empezara a darse cuenta que no podría hablar en ese momento. Pues el aire frío de la montaña penetraba en mi piel como dagas heladas. No fue cuestión de minutos para que él me levantara en sus brazos, como si no pesara ni un kilogramo.
Me alzó en sus brazos con cuidado, asegurándose de no lastimarme, manteniéndome envuelta en su capa. Me sostenía con un brazo alrededor de mi espalda y el otro bajo mis piernas. Sin embargo, al verme temblar, notó el frío que estaba soportando.
Él no parecía afectado por el clima helado, casi como si fuera inmune a él, pero su expresión se volvió ligeramente seria al sentir mis temblores. Me acercó más a su cuerpo, tratando de calmarme.
— Estás helada — mencionó mientras intentaba acercarme más a su cuerpo.
Intentó calentarme con su propio calor, aunque él no parecía sentir el frío. Notó cómo el color de mis mejillas se acentuaba ligeramente, probablemente por la temperatura y también porque mi cuerpo, casi instintivamente, se aferraba un poco más a él en busca de calor.
— Deberías ir más preparada si vas a pasear por montañas nevadas en medio de la noche, especialmente si tienes tan poca resistencia al frío — mencionó mientras seguía caminando por la montaña.
— Yo... S-si tenía mi ropa de invierno... Pero tú... ¿Quién eres y por qué me metiste en tu portal? — pregunté mientras mis dientes rechinaban de frío.
Cuando miré al horizonte, me di cuenta que estábamos llegando a una mansión entre las montañas, una que había visto antes... Sin embargo, la había visto en ruinas, en ese momento me preguntaba interiormente... ¿Realmente estoy viva?
Soltó una risa suave ante mi pregunta, claramente entretenido por ella. Me acercó un poco más, no solo para intentar calentarme, sino también para poder hablar más cómodamente. Cuando miré directamente hacia la mansión, él ladeó ligeramente la cabeza, aunque antuvo esa sonrisa en su rostro.
— Te parecerá algo extraño, pero yo también tengo algunas preguntas — mencionó el hombre, mientras abría su boca levemente y se le asomaban sus colmillos.
Observe los colmillos de él con detenimiento, no parecen haberse usado por mucho tiempo; así como tampoco parecieran de un vampiro salvaje. Eran los colmillos de un aristócrata, o eso era lo que creía en el momento.
— Eres... Un vampiro... Por eso no sientes frío — dije ligeramente mientras él volteaba a mirarme con interés, viendo que yo había adivinado sin problemas su naturaleza.
Sonrió ampliamente al escuchar cómo deduje con rapidez lo que era.
—Así es, soy un vampiro, uno muy viejo incluso... ¿Te parece familiar? — mientras caminaba, me mantenía cerca, disfrutando de cómo me aferraba a él.
Podía sentir cómo el color de mis mejillas se acentuaba ligeramente, y se preguntaba si era por el frío o si quizá yo era de esas personas que se ruborizan con facilidad. Comenzaba a sospecharlo, aunque aún tenía sus dudas.
— ¿...Has lidiado antes con algunos de mi especie? Pareces sorprendentemente calmada para estar a un paso de un vampiro… — él mencionó mientras volvía a mirarme, está vez más interesado en mi actitud.
Yo simplemente desvié levemente la mirada, sin embargo no podía dejar de ver sus colmillos, no parecía haber tomado sangre en mucho tiempo y eso me inquietaba demasiado.
— Parece que, no eres del tipo que toma sangre... Y sobre eso, leí un poco.. Sobre vampiros… — mi voz temblaba nuevamente, al pronunciar algunas palabras.
Sin embargo en esta ocasión el frío era más soportable debido a la cercanía que había ya con la cabaña, incluso podía ya sentir el calor de la entrada. Pero de la nada, solo pude sentir como él se paraba de golpe antes de entrar; y sus ojos se tornaban levemente de un color dorado, su ojo blanco izquierdo me parecía extraño, ya que aunque se tornaba un poco dorado, no lo hacía del todo.
Se detuvo al escuchar mi mención de sangre, y justo cuando iba a responderme, noté que el color de su ojo cambiaba ligeramente al llegar a la mansión. Se quedó unos momentos observando a su alrededor, como si estuviera analizando algo que yo no podía ver. Soltó un suspiro cuando su ojo volvió a la normalidad y, entonces, me miró de nuevo antes de responder.
— Yo no tomo a las personas como banquetes, si es lo que te preocupa — me dijo, mientras dejaba de preocuparse por los alrededores.
No me sorprendió su respuesta, o al menos eso pensaba antes de poder sentir como él se acercaba levemente a mi cuello. Yo claramente me aleje un poco, sin embargo podía sentir como él respiraba en el... Luego, fue cuando lo escuché susurrar algunas palabras, como sí había encontrado algo importante para él.
Se acercó a mi cuello, como si estuviera tratando de percibir algo distinto de cerca. Después de un momento, abrió ligeramente la boca y se acercó aún más, con cuidado de no lastimarme, casi rozando mi piel con sus colmillos, sin apartar la vista de ese punto específico. Pasaron unos segundos antes de que soltara un suspiro y levantara la mirada. Al hacerlo, parecía sorprendido, incluso incrédulo por lo que había encontrado.
Me dejó ligeramente en el suelo y se alejó más de un par de pasos de mí y me observó detenidamente, casi analizándome de pies a cabeza, con una expresión difícil de interpretar. Después de unos momentos, pasó una mano por su cabello y suspiró de manera casi exasperada.
— Esto tiene que ser una jodida broma... No puede ser… — mencionó mientras seguía mirándome y todavía no podía creer lo que pasaba.
Se acercó nuevamente a mí, tomando una de mis manos en la suya y mirándola con atención. Giró mi mano con cuidado, como si estuviera analizando algo. Sus caricias me provocan ligeros escalofríos. Después de un momento, soltó un suspiro y volvió a hablar, esta vez con un tono un tanto seco y desesperado.
— No puede ser que realmente seas tú — dijo mientras soltó mi mano y se alejó un par de pasos.
Parecía agitado y frustrado, sin apartar la mirada de mí. Era como si estuviera observándome con atención, buscando algún defecto. Después de unos momentos, soltó un suspiro más largo y habló mientras se pasaba la mano por el cabello nuevamente.
— ¿Cómo va a ser posible que seas la jodida persona que he estado buscando durante más de 500 años? — mencionó con incredulidad, como si se negara a creer eso.
Empecé a sentirme un poco más confundida, ¿Quién era este hombre y porque ahora se sorprende tanto? Si él ya había estado en mis sueños... ¿Por qué ahora parece tan sorprendido? No entendía nada, así que solo crucé mis brazos.
— No entiendo, yo te miraba en mis sueños... Tú, no se si... Ibas a buscarme pero, ¿Qué quieres decir de que soy esa persona? — exclamé mientras lo miraba.
Se acercó de nuevo a mí, de manera un tanto insistente, incapaz de evitar el deseo de olfatear de nuevo mi cuello. Al hacerlo, soltó otro suspiro y emitió un pequeño sonido de agrado, casi como un maullido de felicidad, antes de hablar una vez más.
— Llevo buscándote toda mi vida y ahora, de repente, apareces ante mis ojos... ¿Cómo se supone que voy a creer que no es un maldito... sueño? — mencionó mientras se acercaba un poco más a mi.
Él permaneció cerca de mí, pero esta vez no hizo ningún intento por tocar o agarrar otra parte de mi cuerpo. Sin embargo, se mantenía tan cerca que apenas había un par de centímetros entre nosotros. Me observaba fijamente y, esta vez, parecía incluso algo desesperado. Su desesperación provenía de la duda de si realmente estaba ante él. En su cabeza, parecía estar en un conflicto sobre si creer o no que yo era su persona destinada.
Me quede pensando un momento en blanco, no sabia que decir o que habría de hacer para demostrar que realmente era real o si enserio yo estaba también en esta realidad.
Fue entonces que recordé los arañazos de mi brazo y empecé a quitarme las vendas, al ver las garras de él... Pude ver que coincidían con exactitud, sin embargo necesitaba una prueba que nos hiciera a ambos saber si estábamos en la misma hora y lugar.
— Tú me hiciste estas heridas anoche... Si no me crees, entonces... Muérdeme, entonces ambos sabremos si no estamos en un sueño — mencioné con un poco de miedo, mientras acercaba mi muñeca hacia él.
Cuando escuchó que le pedía que me mordiera, se sobresaltó de nuevo y me miró con un gesto de sorpresa y algo de horror.
— ¿Qué? No... No puedo, te haré… — él pronunció, sin embargo yo con determinación decidí tomar el riesgo.
— Hazlo, necesito saber si esto es real… — mencione con determinación, acercándome hacia él.
La decisión con la que pronuncié esas palabras lo tomó por sorpresa. Sin embargo, no pudo desobedecerme, aunque estaba sumamente preocupado y hasta asustado al verme tan determinada a que lo hiciera.
— No te quejes cuando lo haga — respondió con un tono serio antes de agarrar suavemente mi muñeca y llevarla a su boca, preparándose para morder.
Yo cerré levemente los ojos, al hacerlo; solo pude sentir levemente como él me besaba la muñeca, para después introducir sus colmillos en mi piel.

Comments (0)
See all