Mariela no tenía muchos amigos ni muchas amigas. De hecho, la única con la que hablaba diariamente era con La Alejandra, porque vivían juntas.
Pero de alguna forma rara había logrado congeniar con Anthony.
Anthony o Tony, como ella le decía, era un muchacho tímido que había conocido en un taller de escritura. Le gustaba escribir pero su pasión era la música. Tocaba el piano y la guitarra y escribía unos cuentos de la puta madre. Pero por alguna razón trabajaba en una ferretería atendiendo la caja. Mariela se preguntó porqué hay tantas personas que nunca logran cumplir sus sueños sin importar cuánto se esfuercen. Sintió miedo. Como siempre estar con Tony le recordaba su falta de empleo ya que él pagaba todo. Sentía que era una carga para él y su familia y se odiaba mucho por eso. Se decía a si misma: “Algún día cumpliré mi sueño de ser una gran artista… Tony también será un músico famoso… Solo espero que no me deje cuando eso ocurra”.

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