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Cuervo y luna

Retomando el camino

Retomando el camino

Feb 09, 2026

Mientras Nikolay caminaba, se acercó al río para lavarse la cara. Dejó caer la mochila grande sobre la hierba con un suspiro de alivio; el peso en sus hombros era casi insoportable después de los golpes. El agua estaba fría, refrescante, con cuidado quitó los restos de sangre que estaban en su nariz y boca, el sabor metálico era molesto. Sus manos temblaban, manchadas de tierra, con cuidado limpió bien debajo de sus uñas cortas. Dio unas palmadas sobre la ropa para sacudir el polvo y acomodó la trenza enredada: un desastre. Anhelaba tomar un baño, pero no podía; no así, sería peligroso. 

Siguió el rio hasta encontrar un puente maltrecho de madera, rezaba a los dioses que no estuviera podrido o terminaría cayendo al agua e inclusive algo peor. Para su buena fortuna, la madera solo rechinaba con cada paso que daba, parecía que al menos podría cruzar de forma segura.

Al poco tiempo comenzó a ver casas de los campesinos de las orillas del pueblo, a diferencia de Peski las casas del proletariado no estaban hechas lodo y paja, esas al menos tenían una buena cimentación de madera, piedras y techo decente.

Su cuerpo aún dolía por aquella paliza, pero debía llegar primero al pueblo, aquel robo le iba a costar mucho tiempo, pues su andar era lento debido al dolor. Con cada paso, sentía como sus pies se hundían en sus botas, al poco tiempo terminó llegando a lo que parecía ser el mercado del pueblo. había gran cantidad de mujeres que iban de un lado a otro, unas vendiendo, otras comprando comida para sus familias, el ruido de las voces gritando sus ofertas y el cacaraquear de algunas gallinas y patos se hacía presente.

Sólo hasta ese momento su estómago se quejó, vio una panadería,  detrás del cristal se exhibían unos bollos dorados, se veían suaves cual almohadas y su corteza brillaba “¿Estarán rellenos? Quisiera uno de crema con moras… Se ve tan rico… Pero no, debo distraerme, más tarde puedo volver” Pensó para sí mismo. Aquellos rufianes se habían llevado su comida, no tenía nada para comer. Mientras caminaba, un curioso cartel llamó su atención, era grande y con letras rojas en él.


“¡Cuidado con los ladrones! Si los ha visto, haga aviso a los caballeros, precaución en las cercanías del río” Una ola de ira interna recorrió de pies a cabeza el cuerpo del frustrado mago, aquello era solo un recordatorio de lo tonto que era por haber creído en esos viles ladrones, y lo débil que fué por no haber podido defenderse.

Soltó un profundo suspiro de resignación, sintiendo una fuerte presión en su nariz y garganta a raíz del coraje. Continuó su camino mientras se prometía a si mismo que no volvería a confiar en desconocidos, menos si las condiciones eran desfavorables para él. No tenía varita, no tenía su abrigo ni tampoco varias de sus pertenencias, habría que abastecerse nuevamente y desembolsar más dinero (aparte del que le habían robado).

Debía buscar un nuevo mapa, caminó viendo los letreros en las afueras de las diferentes tiendas. Podía verse en el reflejo de las ventanas, se veía aún algo terroso, pero ya no tan mal como se antes. Finalmente encontró una librería, entró con la esperanza que hubiera algún cartógrafo o al menos mapas de la región. Conocía ese mundo, él era también un bibliotecario, entró con la urgencia de quien busca un santuario, Al cruzar la puerta, el olor a papel viejo y cuero lo envolvió; ese era su mundo.

Recorrió los pasillos al entrar, viendo los títulos de los libros, revisaba el lomo rápidamente con la vista. Varios de aquellos ya los conocía, los había leído e inclusive tenía dobles copias de los mejores, una para su colección privada, y otro para la biblioteca. Era celoso con los libros.

-Buenas tardes, caballero ¿Puedo ayudarle con algo?- Una amable y anciana voz se escuchó detrás de él, El más joven se volteó, encontrándose con un hombre de baja estatura, regordete, de cabellos blancos y rizados.

-Buenos días… ¿Maneja mapas? He perdido el mío en… circunstancias desfavorables.—no podía decirle al nombre que le habían robado, no quería parecer un tonto ante un colega de oficio. Notó como el hombre asentía y caminaba por los angostos pasillos, a lo que él solo le seguía, con cuidado de que su mochila no fuera a tirar algo.

A diferencia de su biblioteca, donde cada libro tenía su lugar y su orden, ahí reinaba el caos, algunos libros encimados uno sobre otro formando pequeñas torres, otros pocos maltratados y con portadas gastadas. Era tortuoso ver aquel desorden, quizá tendrían la misma cantidad de libros, pero a diferencia de que Nikolay tenía una biblioteca con estantes para organizarlos, esa era una librería pequeña.

-¿Puedo preguntar tu nombre? Me recuerdas a un hombre que conocí hace varios años.—Comentó el hombre mayor con una sonrisa, antes de entregarle algunos pergaminos doblados, donde al abrirlos venían mapas detallados, algunos eran muy grandes, más generales, con los principales pasos de agua, reinos y el inicio de la costa lejana.

-Me llamo Nikolay Petrov, quizá me confunde con mi padre, que en paz descanse, nos parecemos mucho— Al oír aquel nombre, los labios arrugados del hombre formaron una sonrisa, como si hubiera dado al clavo.

-Sabía que te conocía de algún lado… O bueno, conocí a tu papá, muy buen hombre, y amante de los libros, a veces hacíamos intercambios. Que los dioses lo tengan en gloria. ¿Y qué pasó con su biblioteca?¿Sigue abierta?—

Nikolay seguía revisando los mapas mientras oía al hombre hablar, no quería ser grosero, pero no solía ver a las personas a los ojos, menos cuando el tema de conversación era su padre. Puso atención especial en un mapa de la región, el cual estaba mucho más detallado que los demás. Podía ver que había un pueblo más grande si continuaba al norte, en donde vivía uno de los Señores, seguramente habría transporte de carreta, calculaba unos dos días de camino a pie, eso si sus ya cansadas piernas le permitían recorrer esa distancia sin descanso. Lo cual dudaba mucho.

—Sí, la biblioteca sigue abierta —respondió al fin, con voz contenida—. Desde «aquel incidente» con mi padre, me he hecho cargo de ella. Si un día gusta visitarnos, las puertas estarán abiertas para usted.- Aquella invitación era completamente sincera, aunque el rostro del mago seguía inexpresivo viendo aquel mapa. -¿Cuánto sería por estos dos mapas? Voy a llevar ambos.-

-Serían ochenta Kruks, por favor. Y claro que aceptaré tu invitación, muchacho. Un día llegaré de visita.—Aquel hombre tenía una idea muy remota de quien era Nikolay, al menos por lo poco que había llegado a hablar con Legasov. Se sentía bien saber algo sobre aquella familia luego de tanto tiempo.

Finalmente terminó la compra, no sin antes agregar algunos libros que llamaron discretamente su atención. Lo que eran ochenta Kruks, terminaron siendo trescientos, aunque pudiera sonar como mucho dinero, se redujo en quince monedas doradas;  Cada “Kantor” valía veinte Kruks. Algo de culpa carcomía al mago, pero era un gusto difícil de controlar.

Siguió explorando un poco más del mercado. Tenía hambre. Aún pensaba en aquellos bollos dorados que había visto antes. “¿Debería…?” pensó para sí mismo, mientras pasaba frente a los mercaderos. Unos vendían ropa, otros zapatos, utensilios para la cocina, objetos para la casa y demás cosas útiles. Las voces se mezclaban con el crujido de las pocas carretas que pasaban por las calles.

Finalmente, se detuvo ante un puesto de golosinas. Lo primero que acudió a su mente fue el recuerdo de su hermana; ella adoraba los dulces. Se acercó al mostrador, examinando las bandejas con una mezcla de nostalgia y cansancio.

—Adelante, ¿algo que le guste? —dijo una joven que atendía con amabilidad. Por la vestimenta y la gran mochila que llevaba el mago a la espalda, supuso que era un viajero. —¿Busca algún regalo? Tengo cajitas variadas, por si no quiere llevar solo un tipo de dulce. Todo lo que quepa en la caja, por solo dos Kantores. ¿Qué tal? ¿Cuántas cajas quiere? —añadió con una sonrisa radiante, mientras él otro solo observaba los dulces en las bandejas mientras calculaba mentalmente cuánto le quedaba en la bolsa tras su impulsiva compra de libros.

Sobre la mesa había cubitos de miel envueltas en tela, trozos de fruta seca, pastelitos coronados con semillas de amapola y otros con glaseado opaco, además de las tradicionales y coloridas paletas de gallito que destacaban por su forma artesanal. El mago, tras una breve vacilación, tomó dos cajas. Una sería para su hermana y la otra para… Lanzeloth. Le avergonzaba un poco haber pensado en él, pero… sería un detalle para cuando volvieran a verse, después de todo, Lanz le había obsequiado unos buenos cigarros la vez anterior.


Tomó varios dulces para ambas cajas y otros extra para él mismo, sentía una debilidad particular por los oreshki, aquellas eran unas deliciosas galletas en forma de nuez, con generoso relleno de dulce de leche y nuez. Ahí se habían ido otros 100 Kruks. Curiosamente, en comparación con el desembolso previo en la librería, este gasto no le causaba tanto remordimiento, era un detalle para personas que le importaban, y lo obvio; cien Kruks eran menos que trescientos.

-Disculpa… ¿Sabes dónde puedo encontrar las carretas de viaje? Necesito llegar al siguiente pueblo.—Preguntó amablemente mientras guardaba las cajas en su mochila, quedándose con la bolsita de galletas en mano.

-Claro, ¿Ve esa calle grande? Va a seguir derecho, luego de tres calles dará vuela a la izquierda hasta un establo, ahí es—Respondió la joven, Nikolay agradeció la indicación y se fue de ahí. Pecó de comer galletas mientras seguía caminando de acuerdo con las indicaciones de la chica, no iba a irse caminando hasta el otro pueblo, sería una locura. Y aunque la poción que había ingerido había relajado el dolor sobre sus magulladuras, el agotamiento físico seguía presente en cada fibra de su ser.

Tal y como le dijeron, llegó a unos establos, pero no había carretas, no había nada, estaban solo un par de caballos y un hombre parado en lo que parecía ser la entrada.

-Buenas tardes ¿Aquí es el servicio de viaje?- Preguntó el mago, asomando un poco adentro, el hombre le miró de regreso, estaba fumando plácidamente. Sacó una nube de humo y respondió –Si, ¿Quieres un espacio para hoy? Se fue hace poco una, la próxima llega en la noche.—

Faltaban varias horas para la noche, el azabache pensaba en los tiempos, si tomaba camino en la noche, vendría llegando en la mañana al siguiente pueblo si bien iba. Así no tendría que quedarse en alguna posada y se ahorraría un par de monedas.

--Me parece bien… ¿Qué precio tiene el viaje? - Comenzó a buscar su monedero, esperaba que no fuera tan caro. Había partido de casa con diez mil kruks, pero la fortuna le había dado la espalda: mil seiscientos se habían perdido en el robo, y a eso debía sumar los gastos de aquella tarde y las provisiones necesarias para las próximas dos semanas.

—Serían quinientos cincuenta kruks —respondió el hombre con una sonrisa cargada de cansancio—. Tiene derecho a una valija de carga y el viaje es continuo, sin paradas innecesarias. Puede darme la mitad ahora para asegurar su espacio y, al llegar a su destino, le entrega el resto a mi compañero. ¿Qué le parece?- Respondió el hombre con una sonrisa cansada. Definitivamente era una cantidad de dinero mayor de lo que esperaba, pero con algo de preocupación, aceptó. Sacó varias monedas y pagó, recibiendo en cambio, un pequeño papel por “Un viaje”.

-La carreta va a salir cuando el sol termine de meterse y vendrán llegando en la mañana seguramente- Con el boleto resguardado, Nikolay regresó al mercado. Sus planes incluían acampar un par de días a las afueras de su destino, buscando una soledad similar a la que encontraba en su casa de campaña. Recorrió los puestos con ojo crítico, seleccionando papas terrosas, un repollo grande de hojas brillantes y firmes, zanahorias, cebollas y una colorida variedad de frutas, entre las que destacaban manzanas y moras silvestres. Fue más cauteloso con la carne, consciente de que el calor del viaje podría traicionarlo; finalmente, optó por un kilo de cerdo y un pollo entero. Había invertido otros quinientos kruks, pero cargaba con bienes suficientes para subsistir tres días e inclusive más.

Su mochila pesaba un poco más que antes, su nariz ya no dolía, pero al tocarla, podía sentir la desviación de su tabique, había sanado chueca y no pensaba quebrársela de nuevo, solo para reacomodarla en un deseo vanidoso.

Terminó por entrar a un pequeño y sencillo comedor, pidiendo un estofado de repollo y carne molida para cenar, pidiendo unas empanaditas pierogi de carne para llevar, Ahí iban otros cuarenta Kruks, pagado en esta ocasión con cuatro Firenes; los cuales eran monedas de cobre, con un valor de 5 kruks, dos por cada comida. le pareció justo. No era la comida más exquisita que había probado, pero la calidez del plato y la textura reconfortante de la masa le devolvieron una paz por un momento.


Nadie hablaba con él, ni tampoco esperaba hablar con alguien más allá de los vendedores que se topaba. No estaba ahí para socializar, aun así, miraba alrededor en busca de aquellos ladrones. La vara improvisada que llevaba consigo era apenas un sustituto mediocre; necesitaba encontrar madera de calidad, una fibra que resonara con su magia, para tallar un catalizador digno.

Finalmente, cuando el sol bajó, regresó al establo, ya estaba esperando una carreta pequeña, un vehículo ligero tirado por cuatro ciervos trufa. Eran criaturas de corta estatura pero complexión robusta, famosas por su capacidad para devorar leguas sin que el cansancio les mermara.


-Hola ¿tú también vienes a Velden?  Mucho gusto, me llamo Boris- Un hombre delgado de unos 50 años comenzó a hablar con él, tenia la mano extendida esperando que el mago le regresara el gesto. Nikolay miró con algo de duda al hombre, pero le dio la mano por mera cortesía. -Si, voy para allá- respondió con una sequedad que buscaba cortar cualquier intento de charla prolongada.

Al poco tiempo llegó otro hombre y finalmente el cochero, quien recibió los “boletos” de cada uno, dejándolos subir y guardando sus valijas. Las calles obscuras eran alumbradas por lámparas de aceite, la carreta también llevaba unas para poder iluminar el camino.

—Disculpe, quisiera pedirle un favor. ¿Podría dejarme antes de llegar a nuestro destino? —mencionó Nikolay, desplegando su mapa recién adquirido y señalando con el dedo una zona boscosa cercana al cauce de un río—. Me gustaría descender por esta área si usted fuera tan amable.- El cochero observó el punto indicado y, sin pronunciar una sola palabra, se limitó a asentir con un gesto brusco antes de ocupar su puesto al frente. Aquel silencio, aunque breve, punzó el orgullo de Nikolay. Él se había esforzado por ser amable, por mantener las formas a pesar de su agotamiento, y recibir a cambio una respuesta tan gélida le resultó insultante. Sin embargo, al menos había obtenido lo que quería.

Sin más preámbulos, el viaje comenzó con el leve crujido de las ruedas y el trote silencioso de los ciervos.

atipicaespectra
Oasis Espectral

Creator

Niko llega al primer pueblo, luego de haber sido despojado de sus pertenencias, intenta retomar el rumbo de su viaje

#yaoi #cottagecore #Wizard #fairycore #magic #boyslove #Magia #Fantasy #bl #elf

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