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The Last Link

Capítulo1-Parte4

Capítulo1-Parte4

Mar 15, 2026


                                                                      The Last Link

Capítulo1: La capital



Mientras todo eso ocurría, del otro lado estaban Yadiel, Alana y Eleanor. Buscaban la forma de combatir a los más pequeños

Alana: Bueno, uno para cada uno, ¿no?

Yadiel: Parece que sí. No es mi especialidad el combate cuerpo a cuerpo, pero puedo apañármelas.

Eleanor, con terror en la voz, respondió:

Eleanor: Disculpen, pero, yo… no sé pelear.

Alana y Yadiel la miraron, sorprendidos.

Yadiel: Tienes que estar bromeando…

Eleanor negó con la cabeza tímidamente. Pero sin mucho tiempo para hablar, una de las criaturas se lanzó contra ellos. Yadiel apenas logró frenar el golpe con una de sus dagas, mientras que Alana cubría a Eleanor para que no resultara herida. Las criaturas aun no eran tan grandes como el enemigo que enfrentaban Caín y Yadiel pero si eran lo suficientemente altas como para dar problemas.

Yadiel: Yo me encargo de este, intenten ir a por los rehenes.

Se alejó un poco, enfrentándose a la criatura para ganar tiempo. Alana quedó sola frente a dos ciempiés gigantes. Lo único que le quedaba era pelear, así que, con una daga en una mano y su flauta en la otra, se dispuso a enfrentarlos.

Alana: Eleanor, necesito que te quedes atrás y te mantengas a salvo. Cuando terminen Daiki y Caín, vendrán a ayudarnos. Hasta entonces, ¡huye!

El primero de los ciempiés se lanzó contra Alana, quien, por suerte, logró desviar el primer ataque. Pero había algo raro en estas criaturas, pudo recordar entonces una historia que le contaba su maestra: los ciempiés gigantes no pertenecían a ese continente, pero si alguna vez se encontraban con uno, debían saber que tenían un punto débil: la magia. Su gruesa coraza los hacía muy resistentes a armas comunes, pero eran vulnerables a esta.

Mientras recordaba esto, vio que otro ataque venía hacia ella. Con agilidad, esquivó el golpe. A lo lejos, Eleanor parecía cada vez más asustada, La criatura faltante ya la estaba acorralado. Sin tiempo para reaccionar, Alana intentó correr hacia ella, esquivando los golpes del ciempiés que la atacaba, pero no lograba alcanzarla a tiempo.

Yadiel, dándose cuenta de la situación, intentó también ir en ayuda de Eleanor, pero no logró liberarse de los ataques de su propio enemigo.

Alana: ¡Son débiles a la magia! —exclamó, esperando que esas palabras fueran suficientes para ayudar a Eleanor a defenderse.

Como si fuera un milagro, tras un grito de Eleanor, la criatura que la acorralaba se prendió en llamas. Yadiel y Alana la miraron anonadados por la fuerza de la joven, sin darse cuenta de sus propios enemigos ya estaban lanzando otro ataque, que venía por un costado. Alana logró esquivarlo, pero Yadiel no tuvo tanta suerte y repelió el golpe como pudo, rompiendo su hoja en el proceso.

Alana dio varios pasos atrás y tomando su flauta, decidió usar su magia. De la melodía nació una pequeña bola de luz que, volando gentilmente, se dirigió hacia el centro, donde estaban las dos criaturas restantes. En el momento en que la luz tocó el suelo, ambas criaturas soltaron un grito desgarrador; la criatura más cercana a Yadiel cayó muerta al instante, mientras que la otra quedó congelada, retorciéndose sobre sí misma.

Alana: ¡Hazlo de nuevo, Eleanor! —gritó, mirándola.

Sorprendida, Eleanor asintió, tomó su colgante y, apuntándolo hacia la criatura, recitó el mismo rezo de antes. En pocos instantes, el otro ciempiés se prendió en llamas y murió.

Alana: ¿Eleanor, estás bien?

Eleanor: Sí, gracias. Solo me sorprendió un poco, nada más.

Alana ayudó a Eleanor a levantarse con cuidado mientras Yadiel se acercaba.

Yadiel: ¿Están bien? Gracias... Justo me había quedado sin armas —dijo, mostrando su daga rota, a la cual le faltaba media hoja.

Eleanor: No hay de qué, pero primero salvemos a los rehenes antes de hacer nada más.

Yadiel: Sí, será mejor, antes de que vuelvan más criaturas.

Alana: Así parece que Daiki y Caín se están encargando bastante bien del grande.

Distraídos unos segundos por la pelea de sus compañeros, quienes lograron derrotar a la criatura, todos se dirigieron al lugar donde estaban los supuestos rehenes. Eleanor fue la primera en acercarse, seguida de Alana.

Eleanor: ¿Se encuentran bien? —preguntó con preocupación, reflejada en su rostro.

Los supuestos rehenes, cubiertos con capas, parecían cada vez más jóvenes a medida que se acercaban. Dos de ellos lloraban sobre uno de sus compañeros, que estaba gravemente herido, al parecer sin haber logrado esquivar el ataque de una de las criaturas.
Eleanor, viendo la gravedad de sus heridas, sin pensarlo dos veces se apresuró a atender al joven, usando su símbolo sagrado para canalizar su magia curativa.

Caín y Daiki se acercaron para evaluar la situación.

Caín: No se preocupen, ya están a salvo. Los llevaremos de vuelta a la ciudad, donde les tratarán las heridas.

Tras estas palabras, uno de los jóvenes encapuchados soltó una carcajada amarga.

Joven: ¿De verdad crees que nos ayudarán? ¿Crees que confiaré en ti? —exclamó el joven encapuchado. En un rápido movimiento, sacó un cuchillo y lo colocó en el cuello de Eleanor, tomándola como rehén. Daiki, con el hacha aún en mano, se dispuso a atacar, pero Yadiel, que estaba a su lado, lo detuvo.

El joven con ese movimiento se dejó ver un poco tenía pelo oscuro y con una mirada cansada y llena de resentimiento, gritó hacia Caín.

Joven: ¿De verdad crees que podemos confiar en ti? Seguro que nos matarás, y si no eres tú, lo hará él. No pienso dejar que salgan de esto. Si me arrestan o matan, ella se va conmigo —amenazó, apretando el cuchillo contra el cuello de Eleanor, quien, asustada, no pudo soltar palabras.

Alana: No sé de qué estás hablando, pero esa chica está intentando salvar la vida de tu amigo. Podrías ser más agradecido. Nosotros solo somos aventureros. Si no quieres volver a la ciudad, adelante, pero te advierto que mandarán a verdaderos guardias y entonces te acusarán de cosas mucho peores.

Joven: No lo entiendes... Si vamos con vosotros, él nos matará. Hemos fallado, la mercancía... se escapó. —Poco a poco mientras más hablaba, el joven comenzó a entrar en pánico, sus manos temblando empezó a perderse en sus pensamientos.

Daiki: Tranquilízate, chico. Sé un hombre y dinos, ¿quién es él? —dijo, intentando dar un paso hacia el joven. Sin embargo, el encapuchado reaccionó como un gato acorralado, presionando aún más el cuchillo en el cuello de Eleanor dejando caer así unas pequeñas gotas.

Joven: ¡Atrás o la mato! No dejaré que me engañen de nuevo. —La ira y la rabia se reflejaban en sus ojos, tan intensas que parecían brillar en la oscuridad de la cueva.

Yadiel: No eres de la ciudad, ¿verdad? Vienes de fuera… Lo mejor sería que buscaras más aliados, no más enemigos. Podemos ayudarte, pero si no la dejas ir, no llegaremos a nada.

Alana: Él tiene razón, tu amigo se está muriendo. Solo estamos intentando ayudar. Déjanos hacer nuestro trabajo. —dijo con voz suave y tranquilizadora—. ¿Qué te parece si te muestro que no somos peligrosos?

El joven no apartaba la mirada de Alana, vigilando cada uno de sus movimientos. Con cuidado, ella sacó su flauta y empezó a tocar una melodía suave que resonaba en las paredes de la cueva. La tensión en el ambiente se disipó, y la melodía envolvió a todos, calmándolos y haciéndolos bajar la guardia.

Cuando la música cesó y el silencio regresó a la cueva, el joven sin darse cuenta había dejado ir a Eleanor, quien rápidamente se refugió detrás de Daiki.
Caín, el primero en notarlo, aprovechó la oportunidad y, con un rápido movimiento, inmovilizo al joven, que al recibir el impacto volvió en sí.

Caín: Lo lamento, pero tengo que llevarte a la ciudad. Tranquilo, te prometo que no dejaré que te hagan daño.

La rabia en los ojos del joven se transformó rápidamente en lágrimas, y su mirada apagada reflejaba una profunda desesperación.

Joven: No lo entienden... Moriremos. —Su voz se desvaneció, mientras sus ojos se perdían en la nada.

Caín: ¿El resto puede caminar? —preguntó Caín, mirando a los otros chicos encapuchados, quienes asintieron, pero había algo extraño en su mirar.

Daiki: Será mejor que volvamos antes de que oscurezca.

Todo el grupo comenzó a moverse hacia la entrada, pero Caín, Eleanor y Alana notaron algo extraño en los chicos encapuchados: una especie de bruma oscura que los rodeaba, como si estuvieran atrapados sin mirada sin expresión, sin sentimientos.

Alana: Esas criaturas que vimos antes no son de este continente. ¿Quién os las dio? —intentó preguntar, pero ninguno de los chicos respondió. Parecían estar en un trance, como marionetas sin voluntad, o al menos eso creían hasta que llegaron a la entrada de la cueva.

En cuanto salieron, Caín tiró suavemente del prisionero, pero los demás encapuchados se detuvieron. Ninguno de ellos dio un paso fuera de la cueva como si no quisieran salir. Caín, notando su pausa, insistió:

Caín: Dije que os protegeríamos. Vengan al carro; si las criaturas se han escapado, podrían quedar más en la cueva, aparte está anocheciendo de noche son más hostiles.

El silencio del viento corriendo en los árboles cercanos reinó entre ellos. Entonces, uno de los chicos encapuchados se apartó hacia un lado y, con un movimiento rápido, tiró de una roca, provocando un derrumbe que bloqueó la entrada de la cueva. Todo el grupo se quedó impactado. Por suerte, todos habían logrado salir antes de que se activara la trampa.

Yadiel: Se nos han escapado. — grito

Eleanor: ¡El que estaba herido sigue adentro! —exclamó con preocupación—. Tenemos que liberarlos cuanto antes. No aguantará la noche en esas condiciones.

El joven prisionero, con un destello de locura en la mirada, logro hablar.

Joven: Es inútil. Ellos no querían salir. Esa cueva no tiene otra salida. Saben que el destino que les espera aquí fuera es peor que ser devorados por la mercancía.

Daiki, con impotencia, tomó al joven prisionero por los hombros, mirándolo con intensidad.

Daiki: ¿A qué le tenéis tanto miedo? Mientras sangre o respire ¡todo se puede vencer! —Las palabras del joven parecieron tocar una fibra sensible Daiki.

Con la mirada perdida, el prisionero murmuró en voz baja:

Joven: Ninguno de nosotros verá la luz del día… por eso somos hijos de la noche.

Esas extrañas palabras captaron la atención del grupo.

Caín: ¿"Hijos de la noche"? ¿Es ese el nombre de vuestro grupo?

El joven calló, sin emitir más sonidos, perdido en sus propios pensamientos. Daiki, impaciente, volvió a sacudirlo.

Daiki: ¡Responde!

Pero por mucho que lo zarandearan, el joven no volvió a hablar. Parecía haberse retraído, como si algo más allá de él no le permitiera hablar.

Eleanor: Deberíamos regresar a la ciudad y pedir ayuda cuanto antes. Tenemos que encontrar una forma de salvar a esos chicos.

Alana: Creo que Eleanor tiene razón. Lo mejor será actuar rápido. Caín, ¿tú te encargarás del chico?

Caín: Sí. Mañana os vere en la taberna y os llevare con la recompensa por lo de hoy, pero debo decírselo a mis superiores.

Durante el viaje de regreso, un extraño silencio reinó en el carro. El joven prisionero, en su calma, hacia parecer que incluso dejaba de respirar por momentos, lo cual preocupo profundamente a Eleanor. Al llegar a la ciudad, el grupo decidió separarse para abordar diferentes responsabilidades: Caín y Eleanor se dirigieron a la iglesia con el joven para reportar lo ocurrido, mientras que Daiki, Yadiel y Alana se fueron sus propios asuntos.

Alana volvió a la taberna, con el propósito de descansar antes de ir de compras al día siguiente. El día había sido más largo de lo que esperaba, así que, para despejar su mente, trabajó un par de horas con Wilbur, haciendo un pequeño espectáculo en el salón principal, conociendo un poco al personal. Y después tras quedar completamente agotada, se fue a su habitación y cayó rendida en la cama, incapaz de poder pensar en lo sucedido.

Sin embargo, aunque estaba completamente cansada, su cabeza segua pensando en las palabras del joven, “hijos de la noche”, y preguntándose porque le sonaban aquellas palabras.

Mientras tanto en otra aparte de la ciudad
En la penumbra de una celda húmeda y lúgubre, el joven permanecía sentado, en una esquina de la celda esperando su juicio. Parecía perdido en pensamientos, hasta que el eco de pasos firmes y pausados rompió el silencio, resonando por las paredes de esa fría cárcel de piedra y hierro. 

Una figura sombría se paró enfrente a los barrotes. Y con una voz siniestra y llena de un desprecio retumbó

Figura: No cumplisteis vuestro trato.

El joven alzó la cabeza, temblando, con el terror pintado en su rostro. Antes de poder articular alguna respuesta, un grito desgarrador rompió la quietud de la prisión, atravesando las paredes y desapareciendo en los pasillos oscuros. El eco de aquel grito resonó unos instantes y luego, el silencio absoluto volvió a reinar, como si en la celda nunca hubiese estado nadie.


alicephamtom
E.B.H

Creator

#adventure #epic_fantasy #dark_fantasy #Fantasy

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