The Last Link
Capítulo2: Un mes despuesHa pasado un mes desde que llegué. Me costó menos de lo que pensaba acostumbrarme a la ciudad, aunque debo comentar que fue gracias a Wilbur que pude asentarme sin problemas. Hacer un espectáculo a cambio de alojamiento es un trato justo, y gracias a las misiones que ofrece la ciudad he podido ganar dinero suficiente para comer. Obviamente, estas misiones las hacemos entre todos, y hemos tomado la costumbre de reunirnos por las noches en la taberna para conversar. Ese primer encargo nos dejó bastante perturbados a algunos.
A veces, Eleanor viene y pasa un rato con nosotros, pero suele retirarse temprano a su hospedaje. De igual forma, después de cada misión, siempre nos viene bien reunirnos. Poco a poco me he acostumbrado a las manías de cada uno: Daiki, a pesar de su mala cara, siempre está dispuesto a ayudar; Eleanor, a veces, parece un conejo asustándose por todo, y su fuerza es... deplorable. Caín es algo tonto, pero tiene buen corazón, aunque eso lo hace caer en trampas con demasiada facilidad. Y Yadiel... bueno, sigue siendo un misterio para nosotros. Aparece y desaparece cuando quiere, supongo que es lo que tiene ser alguien de la ciudad.
A pesar de pasar un mes juntos haciendo pequeños encargos, mi cabeza no olvida las palabras de aquel joven: “Todos moriremos”. ¿Nos incluía a nosotros también? Esta última semana no he podido dejar de pensar en ello.
Y mientras alana estaba perdida en sus pensamientos Wilbur la llamo.
Wilbur: ¡Niña, ven aquí!
Alana: ¿Sí, señor? ¿Qué quiere? –dijo con una sonrisa, esperando que me mandara a hacer algo en la taberna.
Wilbur: Llevas un mes en esta ciudad y no has hecho más que trabajar para la taberna, así que extiende las manos.
Alana extendió las manos, algo desconcertada.
Alana: Es cierto que solo trabajé, pero pude conocer a mucha gente de la ciudad, como Hélix de la herrería, el pequeño Orin, María, algunas de las señoras del mercado...
Orin es un joven de cabello cobrizo y muy buen ánimo que trabaja en la taberna ayudando a Wilbur junto con maría una señora igual de bondadosa que viene del sur al igual que Wilbur
Wilbur le entrego una pequeña bolsa con algunas monedas en su interior.
Alana: –al revisar la bolsa, quedo sorprendida– ¿Qué es esto? –pregunto con incredulidad.
Wilbur: Es una paga extra. He recibido más clientes gracias a tus actuaciones, y últimamente te noto más distraída de lo habitual.
Alana sostuvo la bolsa, dudando si era buena idea aceptar aquel regalo.
Alana: No hacía falta, señor. Realmente me conformo con poder dormir aquí.
Wilbur, cruzándose de brazos y mostrando una expresión severa pero paternal, respondió con firmeza:
Wilbur: Claro que hacía falta. No se trata de si te gusta o no, niña. Se trata de lo que vales. Además, últimamente tienes la mirada perdida. Sea lo que sea que tengas, resuélvelo. A ver si con esto te despejas un poco y te das un gusto.
Alana, conmovida, sonrió con cariño y respondió:
Alana: Gracias. Tienes razón, empezar de cero no es nada fácil. No malgastaré lo que me diste, te lo prometo.
Wilbur soltó una risa grave y seca.
Wilbur: No tienes que prometerme nada, ese dinero te lo ganaste. Solo asegúrate de no volverte más rara de lo que ya eres. Y ahora vete, hoy hay poca gente. Tienes el día libre; resuelve tus asuntos.
Conmovida por su amabilidad, Alana asintió y subió a su cuarto para preparar su equipo. Finalmente, ahora que conocía un poco mejor la ciudad, podría moverse con más confianza. Sin embargo, la pregunta seguía rondando en su mente: ¿por dónde debería empezar?
La última misión casi destruyó la única daga que tenía, así que decidió que sería buena idea visitar al herrero. Mientras bajaba las escaleras para ir a la tienda, escuchó la voz de Caín hablando con preocupación a Wilbur. Alana apenas cruzó miradas con él cuando Caín la miró intensamente y caminó hacia ella con rapidez.
Alana: Buenos días, Caín. ¿No es muy temprano para ponerse a beber?
Caín: Déjate de burlas. Tenemos que hablar seriamente con el resto.
Alana: ¿Qué pasó ahora? —dijo con un suspiro de molestia—. Por fin tengo un día libre. A menos que me hables de muerto, no pienso trabajar hoy.
Caín permaneció en silencio unos instantes, lo suficiente para que Alana notara que hablaba en serio.
Caín: Es importante.
Alana, sorprendida ante la seriedad de Caín, respondió con un tono más neutral:
Alana: De acuerdo, ¿qué necesitas?
Caín: Encuentra a los demás y llévalos a la iglesia. Yo tengo que hacer guardia. Os esperaré allí. Será lo mejor.
En cuanto terminó de hablar, Caín salió corriendo, dejando a Alana confundida.
Alana (pensando): Perfecto, mi día libre, y tengo que buscar a estos.
Con un suspiro resignado, Alana se despidió de Wilbur y salió de la taberna.

Comments (0)
See all