The Last Link
Capítulo2: El canto de la mañanaLa ciudad era grande y luminosa, no estaba segura de por dónde empezar. Decidió caminar sin rumbo fijo y, después de unos minutos, llegó al mercado que como todos los días parecía estar lleno de vida.
Mientras recorría los puestos, divisó a Yadiel, en un puesto de frutas. Se dirigió hacia él para saludarlo, pero cuanto más se acercaba, más extraño le parecía su comportamiento.
Rápidamente, Yadiel guardó unas frutas en su capa mientras hablaba con la señora del puesto. La mujer ni siquiera pareció notarlo. Intrigada, Alana decidió observarlo más de cerca y seguirlo evitando que se diera cuenta.
Después de salir de ese puesto, Yadiel continuó "tomando prestados" algunos alimentos de personas distraídas. Finalmente, llegó a un callejón. Alana lo siguió de cerca y, al doblar la esquina, vio que no estaba solo. Había dos niños con él.
Yadiel les entregó una bolsa de buen tamaño. Los niños sonrieron emocionados al recibirla y salieron corriendo, perdiéndose en los callejones de la ciudad con la bolsa en brazos.
Alana: Vaya, eso sí es nuevo por tu parte.
La voz de Alana desde su espalda hizo que Yadiel se sobresaltara. Sin embargo, se corrigió rápidamente, recobrando su postura habitual.
Yadiel: ¿El qué? ¿Ayudar a niños ahora es delito?
Alana: Vi cómo tomabas esas cosas prestadas.
Yadiel: Bueno, uno hace lo que puede —dijo soltando un suspiro—. ¿Qué, me vas a delatar con algún guardia?
Yadiel puso una mano en su daga, como si se estuviera preparando para algo, pero manteniendo una falsa sonrisa.
Alana: No. Que ayudes a los niños me da igual. Pero ahora entiendo muchas cosas. Cada vez que hablamos, nunca quieres contar nada de ti... porque no quieres que Caín te arreste, ¿verdad?
Yadiel: No hay que ser muy listo para darse cuenta de eso —respondió, relajándose un poco mientras hablaba—.
Yadiel: Aunque, si lo hiciera, me las arreglaría para salvarme. No es mi primera vez en esos calabozos.
Rio despreocupadamente relajando un poco su expresión, parecía que no le importaba mucho ser arrestado.
Alana: ¿Y esos niños? ¿Los conoces?
Yadiel: Pensé que no te importaban los niños —replicó, alzando una ceja con burla.
Alana: Bueno, la curiosidad tampoco es delito. Desde que llegué a Kimas lo noté, parece haber muchos niños sin hogar.
Yadiel: Si, hace pocos años, una gripe azotó la ciudad llevándose a muchos adultos. Los niños que perdieron a sus padres terminaron en las calles, recluidos en la zona baja de la ciudad. Fueron abandonados por el rey y por la ciudad en general, así que aprendieron a robar para sobrevivir. Yo solo les ayudo y les enseño lo importante.
Una mezcla de emociones se reflejaba en sus ojos mientras narraba lo ocurrido. La ira, la rabia y la tristeza se alternaban en su mirada, como si reviviera el sufrimiento de aquellos días.

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